Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el
rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el violento ataque sufrido
por diversas iglesias en la Ciudad de México el pasado 08 de marzo de 2020, en
el marco de la marcha feminista proaborto. Para mayores datos, consultar el
siguiente enlace:
Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido
perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres
veces).
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo
os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor
Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los
ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente
ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del
Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.
Amén”.
Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.
Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer
Misterio (a elección).
Meditación.
A los cristianos que están sin gracia sólo les queda libre
el Sacramento de Penitencia para que por él se reconcilien con Dios; y mientras
no lo hicieren, están privados de esta reconciliación[1]. El
que carece de gracia está fuera de la comunión estrecha y total de los santos y
es maldito a los ojos de Dios. “Y no es necesario –dice un doctor- que para
contraer delante de Dios esta censura, que algún Pontífice fulmine y tire un
rayo sobre la cabeza del que peca; tu misma conciencia, oh desdichado pecador,
te hace delante de Dios y de todos los espíritus celestiales que no tengas
parte en esta comunión”.
Silencio
para meditar.
Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.
Segundo Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
Al contrario, si a un justo inocente, convencido con
testigos falsos, castigare su superior con censura como a delincuente, si
muriere no hallará cerrado el cielo y mientras viviere será participante de la
gracia con que todos los santos viven, como miembro que tiene vida y que está
unido con los demás, aunque para lo exterior esté muerto y apartado. Porque el
ramo del árbol que en el rigor del invierno parece seco, con todo eso en el
interior vive y trae vida y jugo vital de su raíz[2].
Silencio
para meditar.
Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.
Tercer Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
Pues si una censura de la Iglesia es tan formidable, que algunas
veces aun los hombres más perdidos la tienen por sumo mal y deshonra; si les
parece cosa horrible ser privados del sacrificio de la Misa, de la entrada en
los templos, de la sepultura sagrada, de estar presente en las oraciones
comunes, ¿cuánto más formidable cosa es un pecado que propiamente priva al
hombre de la comunión antes que sea denunciado? ¿Cómo no tiembla el pecador de
esta oculta excomunión?[3].
¿Cómo por cosas que no tienen ser ni substancia, como el deleite, la honra, el
interés que se encuentra con la Ley de Dios, permite ser proscrito, entregado a
Satanás y ser borrado de la lista de los hijos de Dios?
Silencio
para meditar.
Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.
Cuarto Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
En todos estos bienes está el pecador fuera de la comunión
entera de los santos, pero goza de ellos el que tiene gracia; porque el mismo
Espíritu que vivifica a los serafines y endiosa a los bienaventurados, participa
de él y tiene dentro de sí; satisface con todas sus obras buenas por las penas
que debe y puede satisfacer por quien quisiere y otros justos por él; goza del
tesoro de la Iglesia, del Sacrificio de la Misa, de los Sacramentos y de muchos
otros bienes espirituales, de modo que por sólo esto, sería incomparable bien
de la gracia[4].
Silencio
para meditar.
Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.
Quinto Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
Y es bien lleno de bendiciones de Dios y de sus santos, de
cuyos bienes comunica. Dios echa por bendición al que está en gracia que todos
le bendigan, no como al pecador, que como descomulgado, está maldito. A quien
está en gracia conviene aquella bendición de Dios (Éx 25): “Echaré mi bendición a quien te echare bendiciones y echaré
mi maldición a quien te maldijere”. Pero los que carecen de gracia son tan
execrables a Dios, que lo bueno que parece que tienen le es abominable y como
con descomulgados no quiere hablarles, ni quiere que le hablen[5]. Terrible
estado el del pecador que está sin gracia; que la Virgen de la Eucaristía,
Mediadora de toda gracia, nos preserve de este gran mal y nos conserve siempre
en estado de gracia santificante.
Oración
final: “Dios
mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen,
ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo
os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del
mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los
cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su
Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la
conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.
[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio
y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 352.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 352.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 352.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 353.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 353.
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