sábado, 27 de junio de 2020

Hora Santa en reparación por profanación de imagen de Jesucristo a manos del movimiento marxista Black Lives Matter en Phoenix 250620



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ultraje sufrido por una imagen del Sagrado Corazón a manos de integrantes izquierdistas de Black Lives Matter en Phoenix, EE. UU. Para mayores detalles acerca del lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:


Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

Sin la gracia de Dios, nada somos y de nada tenemos para enorgullecernos, salvo el pecado y la desdicha que éste trae. De nada bueno podemos enorgullecernos, pues todo lo bueno y santo que podamos tener, se lo debemos a Dios y su gracia. Recibimos el mismo ser de Dios y recibimos dones y pensamientos sobrenaturales que no son debidos a nuestra naturaleza humana y por eso somos indignos de tales dones y mercedes[1]. Si tenemos algo bueno, es Dios la causa y por eso de nada tenemos para gloriarnos, sino es en la Cruz de Cristo, Fuente de toda gracia.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Aunque tuviéramos la santidad de San Pablo, afirma un autor[2], si Dios apartara su mano de nosotros y nos dejara de asistir, caeríamos desde lo más alto del Cielo, a lo más profundo del Infierno. Que nos sirva de lección lo que le pasó al Ángel caído: nadie pudo estar más alto que el primer ángel y no fue él quien se puso en ese estado, sino Dios y una vez producida la rebelión, Dios le suspendió todos sus auxilios y fue así que el Ángel cayó a lo más profundo del Infierno.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Hay caídas semejantes a lo largo de la historia, por eso no podemos confiarnos en nuestras propias fuerzas, sino en Dios, que es quien nos sustenta y nos da buenos y santos deseos y, si Él cesara de ayudarnos, nos perderíamos irremediablemente. Por esta razón, no hay motivos para ensoberbecernos por nada bueno y santo que tengamos, ya que si algo bueno y santo hay en nosotros, proviene de Dios y por esto es de Él y sólo de Él la gloria; de nosotros, sólo hay mal y confusión[3].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

San Agustín dice: “Abriste, Señor, mis ojos y me alumbraste y vi que el hombre no se debe gloriar delante de Ti, porque si alguna cosa tiene buena, grande o pequeña, es don tuyo y nuestro no es sino el pecado: ¿pues de dónde se gloría el hombre? Si de lo malo, no es gloria, sino miseria; y si de lo bueno se quiere gloriar, es ajeno; porque tuyo es el bien, Señor y a Ti se te ha de dar la gloria”[4].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Es por esta razón que debemos conocernos y humillarnos y desconfiar de nosotros, pero al mismo tiempo, debemos confiar mucho y cada vez más en Dios. Elevemos, desde lo más profundo del corazón, clamores, súplicas y plegarias, que traspasen los cielos, pues necesitamos de la gracia de Dios para toda obra y pensamiento buenos y santos[5]. Así lo hacían los grandes santos, pidiendo luz y acierto para dar con el camino del Cielo. Por ejemplo, David, decía: “Muéstrame, Señor, tus caminos y enséñame tus sendas” (Sal 24); y también: “Haz que conozca el camino que debo andar” (Sal 142). Imitemos a los santos y pidamos a Dios que nos muestre el camino al Cielo y Él nos indicará cuál es: Cristo Jesús, Nuestro Señor, con su Cruz a cuestas, camino del Calvario.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al Cielo iré y la contemplaré”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 372.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 372.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 372.
[4] Soliloq. 15.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 373.

miércoles, 24 de junio de 2020

Hora Santa en reparación por la vandalización de la imagen de la Virgen en Holanda 240620



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la vandalización de una imagen de Nuestra Señora de Chesztokowa ocurrida en Holanda. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:


Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

          La necesidad de la gracia por parte del género humano se puede constatar por el estado de decaimiento moral y espiritual en el que quedó luego del pecado original de Adán y Eva. Después de este pecado, nuestra naturaleza quedó tan contaminada por el pecado, que de suyo no tenía ni tiene otra cosa sino mentira, maldad, corrupción y muerte. Quedó ciega con la ignorancia, encorvada con la mala inclinación al mal, sin brazo para obrar el bien, tullida para no avanzar en la virtud y corrupta hasta las entrañas y huesos[1]. De esto se ve la necesidad absoluta que de la gracia tenía y tiene la naturaleza humana.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

          Nuestra naturaleza, luego del pecado original, quedó como un hombre ciego, sin manos y sin pies y enfermo, sin poder valerse por sí mismo. Un tal hombre no tiene de suyo sino miseria, enfermedad y muerte. De la misma manera, nuestra naturaleza no tiene de suyo obra alguna meritoria, sino sólo pecado y miseria y muerte eterna; no se puede valer por sí, si no la asiste Dios, pero siendo enemiga de su Creador y aborrecida por el mismo que la puede valer, no puede presumir de nada ni tampoco puede confiar de sí. La gracia de Dios solamente la puede ayudar, aunque esta gracia no la merece.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

          Después del pecado de Adán y Eva, la naturaleza humana quedó en tal estado, que si no fuera por nuestro Redentor Jesús, cuya Sangre es la que sólo puede socorrerla y vivificarla y sanarla, sólo habría tenido un futuro de desesperanza y muerte. El que tengas un buen pensamiento, un afecto santo y una obra de misericordia, es por obra de la Sangre y la gracia de Cristo. No está en el hombre el tener fe, ni el tener padres que lo eduquen en el temor de Dios y maestros que le enseñen el camino del cielo. Por eso dicen los santos: “Todo es gracia de Dios”.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

          Dios es tan bondadoso y misericordioso, que todo lo mueve para nuestro bien y así por ejemplo, de Dios y su gracia dependen que tengamos pensamientos y afectos no sólo buenos sino santos, que nos lleven a obras meritorias para el cielo. La naturaleza humana, estando tan inficionada por el pecado, no puede disponer ni hacer nada bueno ni mucho menos santo, porque de suyo no tiene más que mentira, pecado y corrupción. Todo lo bueno y santo viene de Dios y su gracia: Dios empieza nuestro bien, con Dios cooperamos a él y sin Dios no lo podemos consumar[2].

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

          El hombre, nada bueno tiene de sí: la hacienda y la cosecha es engaño y mentira; la verdad y la virtud son de Dios y en Él tienen principio, en cambio en el hombre sólo tiene principio la perdición. Los buenos y santos pensamientos y sentimientos, más las ocasiones que son su causa, provienen de Dios, así como el quitar los impedimentos que han de estorbar para la obra virtuosa. Sólo Dios puede disponer todo lo bueno y santo que tenemos en esta vida; por esto, no tenemos de qué ensoberbecernos, porque nada tenemos que no hayamos recibido y si lo recibimos de Dios, ¿por qué hemos de gloriarnos?

          Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 370.
[2] Cfr. ibidem, 371.

martes, 16 de junio de 2020

Hora Santa en reparación por inauguración de primera iglesia satánica en Sudáfrica 150620



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la inauguración de la primera iglesia satánica en Sudáfrica. Puesto que en estas iglesias se adora falsamente a Satanás y puesto que el Único que merece ser adorado es Dios Uno y Trino, se impone siempre, en estos casos, la reparación y la adoración eucarística. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:


Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

Sin la gracia, estamos literalmente perdidos, pues, como dice Jesucristo, “Sin Mí, nada podéis hacer”. Es decir, sin la gracia de Jesucristo, nada, literalmente nada bueno para la salvación, podemos hacer. Sin la gracia, estamos perdidos[1]; por esta razón, la gracia posee una gran excelencia, pues por ella nos hacemos agradables a Dios, al sernos quitada la indignidad del pecado que teníamos y al concedernos el don de la gracia santificante que nos hace hijos de Dios, la cual no teníamos.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La necesidad que tenemos de los auxilios de Dios es tanta, que sin ellos no podemos poner en ejecución ni un propósito bueno, ni tampoco podemos hacer ninguna obra meritoria para la eternidad. Todo auxilio y pensamiento con que en efecto obramos bien para la eternidad, no es debido a nuestra naturaleza, sino que es un favor singular que se le hace por la gracia y por esto se llaman estos pensamientos “gracia”, porque no son debidos a nosotros[2]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que siempre elevemos cánticos de alabanza a Jesucristo, pues por Él tenemos la gracia que nos hace merecedores del Cielo!

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Se llama “gracia actual” para distinguirla de la “gracia habitual”, con la cual somos gratos y amigos de Dios. De manera que, aunque de sólo poder obrar bien o poder no obrar mal fuéramos capaces con aquel mínimo pensamiento con el que se salvaría nuestra libertad, nunca sin embargo llegaríamos a obrar bien para la eternidad, con méritos suficientes para el Reino de los cielos, porque sin la gracia no podemos, de ninguna manera, obrar sobrenaturalmente[3]. Cuando obramos el bien sobrenaturalmente, esto es, meritoriamente para el Cielo, eso se debe a la gracia.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

De esta manera, el poner por obra una obra buena y meritoria para la vida eterna, no se puede hacer de modo alguno sin auxilio de Dios, que es su gracia. Con la culpa de Adán, nuestra naturaleza quedó corrupta e inficionada por el pecado, destituida de todo favor del Cielo, aborrecida de Dios, indigna de toda gracia; y así, muerta también para obrar obra alguna meritoria para la eternidad. Por esta razón, sin la gracia no podemos tener ni siquiera un pensamiento santo[4]. Nuestro Señor Jesucristo lo enseñó claramente, diciendo (Jn 12): “Sin Mí, nada podéis hacer”, esto es, sin la gracia de Jesucristo, estamos incapacitados para ejecutar obra alguna buena para el Cielo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

De la misma manera dice San Pablo (2 Cor 3): “No somos suficientes para pensar alguna cosa de nosotros como de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios”. El Profeta Jeremías (10, 23) dice: “Conocí, Señor, que no está el hombre en su camino, ni es del varón que ande y enderece sus pasos”. Por lo cual define el Concilio Milevitano (c. 4, canon 9) que uno y otro es don de Dios, el saber lo que debemos hacer y el querer hacerlo. El Concilio Arausicano (can. 22) dice: “Nadie tiene de suyo sino mentira y pecado”. El obrar bien, o el saber para obrar bien, es de Dios: beneficio divino es, del cual éramos indignos y ahora son indignos cuantos están en pecado[5]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que vivamos siempre en gracia, para que nuestras obras nos abran las puertas del Cielo!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del Cielo”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 367.
[2] Cfr. ibidem, 368.
[3] Cfr. ibidem, 368.
[4] Cfr. ibidem, 368.
[5] Cfr. ibidem, 369.

domingo, 14 de junio de 2020

Hora Santa en reparación por asesinato de joven cristiano en Mumbai 060620



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el cruel asesinato de un joven cristiano en India. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:


Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

Los ángeles nos respetan a nosotros, los hombres, por la gracia que recibimos de Cristo Jesús; por lo tanto, si así nos respetan los ángeles, nosotros debemos, por la misma causa, también respetarnos a nosotros mismos, no haciendo cosa indigna de la misma gracia ni tampoco nada que desdiga a Nuestro Redentor, que pagó nuestra gracia al precio altísimo de su Preciosísima Sangre. Consideremos cuánto le debemos por lo que nos dio y por el modo en que nos dio -su sacrificio en Cruz- y por haberlo dado a nosotros. Jesús nos dio la gracia en mayor grado y con más beneficios que la gracia dada a los ángeles. Por esta causa solamente, aunque no hubiera otros títulos, nos habíamos de dar por más obligados a Dios que los más abrasados serafines[1].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Pregunta Santo Tomás: “¿Cuál debe ser más agradecido a Dios por la gracia que recibe el inocente o el pecador penitente?”. Y responde que, no mirándose la cantidad del beneficio, sino el ser más beneficio; esto, es, dado más graciosamente, debe el penitente ser más agradecido, porque se le da más de gracia lo que se le da, pues siendo digno de pena se le hace beneficio. Y así, aunque el bien que se hiciese al inocente fuese, absolutamente considerado, mayor, con todo eso, el bien que se hace al pecador penitente es mayor en comparación de su persona; como también el beneficio menor que se hace al pobre es para él mayor que para el rico uno grande[2].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Debemos estar agradecidos enormemente a Dios por la gracia que recibimos de Cristo Jesús que, para dárnosla, sufrió muerte y muerte de Cruz. Además, Jesús nos dio la gracia siendo nosotros pecadores, estando mendigos y necesitados y siendo en consecuencia deudores del castigo eterno[3]. En vez de castigo, Dios nos da su gracia y su misericordia a través del sacrificio en Cruz de su Hijo Jesucristo, sacrificio renovada incruenta y sacramentalmente en cada Santa Misa. Seamos por lo tanto nosotros misericordiosos con nuestro prójimo, en señal de agradecimiento a Dios por tantos beneficios recibidos en su Hijo Cristo Jesús.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

A esto se agrega que no sólo debemos a Dios más que las jerarquías del Cielo por el modo de dar, sino también por lo que nos dio, porque nos dio gracia más privilegiada y estimable por los méritos de Jesucristo. Y así, por la mayor estimación y dignidad del beneficio y mayor indignidad de aquellos a quienes se hace, debemos servir, adorar y amar a Dios y a Jesucristo su Hijo más que los coros de los ángeles. Ponga uno la mano en el pecho y mire cómo responde a esta obligación: si debiendo más que los ángeles, ofende a Dios como los demonios, o si debiendo ser más agradecido que los serafines, está tan olvidado de Dios como las bestias irracionales[4].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Afirman algunos autores que la gracia quita la indignidad que tienen los pecadores de recibir los auxilios divinos e inspiraciones del Espíritu Santo[5]. Es decir, la gracia con la que somos agradables a Dios es tan grande excelencia, que sin ella estamos perdidos y, literalmente, “nada podemos hacer”, puesto que solo con la gracia de Cristo recibimos los auxilios divinos para pensar santamente y obrar virtuosamente[6]. Por todo esto, ofrezcamos siempre sacrificios y acciones de gracias a Dios, postrándonos ante el Santísimo Sacramento del altar.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.


[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 365.
[2] Cfr. ibidem, 365.
[3] Cfr. ibidem, 366.
[4] Cfr. ibidem, 366.
[5] Cfr. ibidem, 367.
[6] Cfr. ibidem, 367.