martes, 9 de mayo de 2017

Hora Santa en reparación por profanación satánica del Monasterio de la Santa Faz en Alicante, España 090517


Monasterio de la Santa Faz en Alicante.

         Si bien no se trata de una profanación propiamente eucarística, igualmente ofrecemos esta Hora Santa y el Santo Rosario en reparación por el atentado satánico, llevando siempre en la mente y en el corazón las palabras de Jesús: “Las puertas del Infierno no prevalecerán contra mi Iglesia” (cfr. Mt 16, 18). La información acerca del lamentable hecho se encuentra en el siguiente enlace:   https://infovaticana.com/2017/05/09/profanan-monasterio-la-santa-faz-murcia/ Según informa el portal católico “Infovaticana”, “el sacerdote encargado de la apertura del Monasterio encontró en la mañana del domingo, tres pintas del número seis y una cruz invertida en el cristal blindado que protege la reliquia de la Santa Faz, así como mayo varias cruces del Via Crucis también invertidas (…) En un comunicado, el Obispado de Alicante ha asegurado que está estudiando “ampliar o mejorar” las medidas de seguridad en el monasterio tras estos actos vandálicos. El Obispado también ha asegurado que “se suplica a Dios, nuestro Señor, por quien o quienes han causado este daño” y han pedido a los fieles de Alicante que “las lamentables circunstancias no sean en detrimento del amor y devoción que sentimos hacia esta reliquia secular de la Santa Faz”. Uniéndonos al pedido del Sr. Obispo de Alicante, ofrecemos esta Hora Santa y el Santo Rosario meditado, eb reparación y desagravio por el atentado sufrido por la sagrada reliquia, pidiendo al mismo tiempo por la conversión de quienes perpetraron, intelectual y materialmente, este horrible sacrilegio. Pedimos también por nuestra propia conversión, la de nuestros seres queridos y la de todo el mundo.

         Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         Luego de la Última Cena, Jesús se dirigió con sus discípulos al Huerto de los Olivos, para orar al Padre al haber comenzado ya su Pascua, su “Paso”, de esta vida a la vida eterna; en esta Pascua, en este “Paso”, habría de cargar consigo, sobre sus espaldas, todos nuestros pecados, uno por uno, los pecados de todos los hombres de todos los tiempos, para lavarlos con la Sangre derramada en la Pasión y en la Cruz, recibiendo Él el castigo merecido por nuestra malicia a fin de que nuestras almas pudieran presentarse impecables y libres de toda mancha ante Dios Padre. Ya en el Huerto, su Sagrado Rostro se vio surcado por el rictus de la amargura, de la desolación, de la tristeza y a tal punto, que hubo de exclamar: “Mi Alma está triste hasta la muerte”. Y esta amargura, esta desolación, esta tristeza que ensombrecieron su Rostro hermosísimo, se debían a la acedia, la indiferencia, la indolencia de sus discípulos –en quien estábamos todos representados-, los cuales, lejos de secundar el pedido de Jesús de que oraran junto a Él, para compartir con Él las amargas horas de la Pasión, los discípulos, llevados por la frialdad y la indolencia, se ponen a dormir, en vez de rezar con Él. En nuestros días, la indolencia de los cristianos se repite y se agiganta, toda vez que Nuestro Señor es dejado solo en el sagrario, porque los cristianos, dominados por el desamor y la acedia, prefieren los vanos atractivos del mundo, en vez de orar a los pies del sagrario, postrados ante Jesús Sacramentado. Y, al igual que entonces, de la misma manera a como los enemigos de Cristo se mostraban frenéticos en su intento de arrestarlo para condenarlo a muerte y, amparados en las tinieblas cósmicas y guiados por las tinieblas vivientes, los demonios, apuraban el paso para arrestar al Señor mientras sus discípulos dormían, también hoy, los enemigos de la Iglesia, las sociedades secretas y los enemigos internos y externos de la Esposa del Cordero, se muestran igualmente frenéticos en su intento desesperado de borrar, si fuera posible, de la faz de la tierra y del corazón del hombre, hasta el más mínimo recuerdo de Dios y del Dulce Nombre de Jesús. ¡Oh Jesús, cuyo Rostro Santo se vio surcado por el rictus de la amargura, al comprobar la soledad en la que te abandonaban tus discípulos, no permitas que nos dejemos ganar por el desamor, la indolencia y la frialdad; enciende nuestros fríos corazones en el calor del Amor de tu Sagrado Corazón, y haz que participemos del dolor y de la amargura del Huerto de Getsemaní!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Si la amargura y la desolación, originadas en su Alma Santísima, marcaron su Sagrado Rostro con un rictus de tristeza mortal, siendo este sufrimiento de origen espiritual, su Rostro Santísimo sufrió también físicamente, puesto que desde su arresto, Jesús recibió innumerables golpes de puño en pleno Rostro, además de bofetadas y un corte en su mejilla, producto del brutal cachetazo dado, con irreverencia diabólica y sin justificativo alguno, por el servidor del sumo sacerdote Caifás. Contribuyen a la deformación del Rostro Divino de Jesús –el mismo Rostro ante el cual los ángeles del cielo no se atreven a mirar a los ojos, cubriéndose con sus alas-, el sudor intenso, que se mezcla con la Sangre Preciosísima que brota de sus mejillas heridas y de su boca golpeada, todo lo cual forma una máscara que afea la Santa Faz del Cordero, Santa Faz que en el cielo es el deleite del Padre y de los ángeles, pero que en la tierra y por la malicia de nuestros corazones, es casi irreconocible a causa de la hinchazón y el mazacote que se forma por las lágrimas, el sudor y la Sangre del Cordero. Pero además de los hematomas, las heridas cortantes, en el Rostro de Jesús eran visibles también las huellas del cansancio extremo, del hambre, la sed, la deshidratación, la falta de la más mínima compasión y consideración humana, la ausencia total de la más pequeña muestra de humanidad, para Aquel Dios que, sin dejar de ser Dios, había asumido nuestra humanidad para quitarle el pecado, santificarla con su gracia y conducirnos a la gloria del cielo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La Santa Faz es uno de los dos sudarios con los que la Verónica limpió el rostro de Cristo durante la Pasión. El Rostro Santo de Jesús, que en los cielos embelesa a ángeles y santos con los fulgores de su divinidad y con la Belleza Increada del Ser divino trinitario que en Él se refleja, en la tierra es sin embargo golpeado, abofeteado, salivado, cubierto de tierra, de polvo, de lágrimas, de sangre, a causa de la malicia que, anidando en el corazón de los hombres desde el pecado de los primeros padres, se desencadena con toda su perversión, azuzados los hombres necios y ciegos que no reconocen en el Rostro de Jesús el Rostro mismo de Dios, por el Demonio, que así ve cumplidos sus irracionales sueños de humillar y dar muerte al Hombre-Dios. Si en el cielo el Rostro de Jesús resplandece con la belleza de la gloria divina, que embriaga de alegría a los espíritus puros y a los bienaventurados, en la tierra, sin embargo, este mismo Rostro, tumefacto, cubierto de heridas, escupitajos, hematomas, sangre y tierra, resulta casi irreconocible, y a tal punto, que quienes lo ven, menean la cabeza y dan vuelta la cara, como quien niega el rostro a un despojo humano sanguinolento. Tan desfigurado está, que no parece hombre, dice el Profeta Isaías, sino un gusano, y a pesar de que somos nosotros quienes, con nuestros pecados, le provocamos estas heridas, Él las lleva y las soporta en lugar nuestro para que, presentando al Padre su rostro irreconocible, el Padre se apiade de nosotros y, en vez de descargar su justa ira divina, encendida por nuestros pecados, nos ilumine con la luz del Rostro de Jesús.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario. 

Meditación.

         En el Camino Real de la Pasión, Jesús, agotado por el peso de la Cruz, debilitado en su Cuerpo Sacratísimo al extremo por la falta de alimento y deshidratado por la abundante pérdida de Sangre por sus heridas abiertas, y por el sudor intenso producto del esfuerzo de llevar la pesada cruz, cuyo peso, más que por el leño, está dado por nuestros inmensos pecados, cae en tierra, provocando la compasión en el corazón de la Verónica, quien se acerca con un lienzo en donde el Señor recompensará esta obra de misericordia, estampando en el blanco paño su Amabilísimo Rostro, que habría de quedar para siempre como nuestro consuelo y solaz, porque al contemplar el Rostro Santísimo del Señor, contraído por el dolor y la tristeza, nuestros dolores y tristezas habrían de aliviarse, al comprobar que Él ya las llevaba consigo, estampadas en su Rostro Sacratísimo.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Nosotros no tenemos un lienzo blanco como el de la Verónica, pero a cambio, le ofrecemos a Jesús nuestros pobres corazones, para que Él se digne estampar en ellos su Santa Faz, de manera que descanse al menos en pequeñísima parte de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias que recibe en el Santísimo Sacramento del Altar. ¡Oh Buen Jesús, que nuestros corazones sean como otros tantos lienzos blancos, como el de la Verónica, para que imprimas en ellos tu Amabilísimo, Adorabilísimo y Santísimo Rostro, para que eternamente nos gocemos en la contemplación de tu Santa Faz!

 Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.


domingo, 7 de mayo de 2017

Hora Santa y rezo del Santo Rosario meditado en reparación por atentado contra Nuestra Señora de los Desamparados en Málaga España 030517


         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por la ofensa recibida contra Nuestra Señora de los Desamparados en Málaga, España, el 03 de Mayo de 2017. La información sobre el lamentable episodio se encuentra en los siguientes enlaces:
         Pedimos también por nuestra conversión, la de nuestros seres queridos, la de quienes cometieron el ultraje a María Santísima, y la de todo el mundo.

         Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

El Inmaculado Corazón de María es la maternal escuela en la que los hijos de Dios aprenden las lecciones que imparte la Divina Sabiduría. Allí, la Virgen, Madre y Maestra, forma a las almas con las lecciones del Divino Amor, que hacen crecer en la fe y en la santidad; lecciones que despejan de las almas los oscuros nubarrones de la ignorancia espiritual, relativa a las verdades de fe, principalmente las relativas a Dios como Uno y Trino y al Hijo de Dios encarnado, que prolonga su Encarnación en la Eucaristía. El Inmaculado Corazón de María es el Arca de la Sabiduría, porque en él se contiene el Amor a Jesús, Sabiduría encarnada, y quien entra en este materno Corazón de María recibe las lecciones celestiales que conducen el alma al encuentro con la Verdad Absoluta, Cristo Jesús, el Dios Encarnado que prolonga su Encarnación en la Eucaristía. En el Inmaculado Corazón de María, el alma aprende a secundar las mociones del Espíritu Santo, de manera tal que aprende a “atesorar tesoros en el cielo”, esto es, empieza a desear los bienes eternos y a despreciar los bienes terrenos, en tanto y en cuanto la separan de la Fuente de su felicidad, el Cordero de Dios, Cristo Jesús en la Eucaristía.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Desde su Inmaculado Corazón, la Virgen imparte la divina sabiduría, instruyendo a las almas en los más grandes y admirables secretos obrados por Dios en favor del Nuevo Pueblo Elegido, los bautizados en la Iglesia Católica y les hace así gustar el infinito y eterno Amor que Dios Uno y Trino posee por todos y cada uno de sus hijos, a quienes ama con tanta locura, que no dudó en enviar a su Hijo Unigénito para que, muriendo en la cruz y derramando su Sangre por todos y cada uno de los hombres, todos vinieran en conocimiento de la Verdad y fueran salvados. La Virgen, Madre y Maestra, enseña con la luz del Espíritu Santo a sus hijos adoptivos, luz que les permite discernir entre las tinieblas, que rechazan a la Luz Eterna, Jesucristo, y la gracia santificante, que hace al alma conocer a Jesús y amar a Jesús con el conocimiento y amor mismo de Dios.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         En el Corazón Inmaculado de María, el alma aprende a vivir en plenitud las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, porque la Virgen le concede al alma piadosa la gracia de participar de sus propias virtudes, al tiempo que la fuerza para imitarla. El alma crece en la virtud de la fe, necesaria para fortalecer y preparar al alma para la prueba, que inevitablemente sobreviene a quienes se deciden a servir al Señor (cfr. Eclo 2, 1-2). Fortalecida por la Virgen, el alma imita a María y vive de la fe en Cristo Jesús, Dios Hijo encarnado en el seno purísimo de la Virgen y que prolonga su Encarnación en el seno virginal de la Iglesia, el Altar Eucarístico. Fortalecida por la fe, el alma se dispone a librar el combate espiritual contra sí misma, a fin de cargar la cruz de cada día en pos de Jesús, para crucificar al hombre viejo y nacer a la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, los hijos de la luz. Por la fe, el alma profundiza la vivencia de los misterios absolutos del Hombre-Dios Jesucristo, esto es, su proveniencia en la eternidad del seno del Padre, su Encarnación en el tiempo en el seno virgen de María y su prodigioso Nacimiento en Belén como Pan de Vida, para continuar luego donándose como Pan de Vida eterna en la Eucaristía. El Inmaculado Corazón de María concede al alma la gracia de participar de su “Sí” a la voluntad del Padre, manifestada en la Encarnación, y así el alma, imitando a María Virgen en la Anunciación, recibe sin dudar a la Palabra de Dios en la mente, sin la impureza de la duda, el error, la herejía o el cisma, concibiéndola en su mente como Verbo de Dios que se encarna para la salvación de los hombres; imitando a la Virgen, el alma recibe en el corazón a esta misma Palabra de Dios, con el amor purificado de la atracción de las cosas terrenas y dirigido sólo al Hijo de Dios que, por Amor, se encarna para nuestra salvación; por la fe, el alma recibe a la Palabra de Dios encarnada, que prolonga su Encarnación en la Eucaristía, en la boca, por la comunión eucarística, para convertirse en templo del Espíritu Santo y en tabernáculo viviente del Dios Altísimo, que se dona al alma como Pan de Vida eterna.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario. 

Meditación.

         El Inmaculado Corazón de María hace crecer al alma en la virtud de la esperanza, ayudando al alma a desprenderse del afecto desordenado por esta vida terrena junto con todos los bienes perecederos, para fijar el deseo en la vida eterna y en el Reino de los cielos. Por la esperanza, el alma va dejando de lado los amores profanos y mundanos, para comenzar a suspirar solo y exclusivamente por el Amor del Sagrado Corazón de Jesús, que late en la Eucaristía. La Virgen auxilia al alma para que la virtud de la esperanza no solo no decaiga frente a la adversidad, sino para que crezca día a día, viviendo cada vez esta vida terrena sólo como un preludio para el Reino de los cielos, preludio en el que se debe combatir con todas las fuerzas, para vencer la concupiscencia, la tentación, el mal y elevar los ojos a Jesús crucificado, Puerta abierta que conduce al seno del Eterno Padre. Junto con la oración y con la gracia, la virtud de la esperanza se vuelve la savia vital que recorre el organismo espiritual del alma, haciendo que permanezca firmemente adherida, como el sarmiento a la vid, a la Vid Verdadera, Cristo Jesús. Por la virtud de la esperanza, que la Virgen ayuda a vivir en su plenitud, el alma deja de esperar en la inmanencia de este mundo terrestre, “cuya figura se acaba pronto”, para elevar los ojos del espíritu hacia la trascendencia, que va más allá del tiempo y del espacio, proyectando al alma hacia el Sagrado Corazón de Jesús, Portal de eternidad que introduce al alma en aquello que es infinitamente más hermoso que los cielos, el seno del Padre eterno. Por la virtud de la esperanza, cultivada por la Virgen en el alma que a su Corazón Inmaculado se consagra, el alma vive, aun en medio de las tribulaciones y persecuciones de esta vida, en la serenidad, la paz, la fortaleza y la alegría del Dios del sagrario, Cristo Jesús, y así se vuelve capaz de fortalecer a sus hermanos, con la fortaleza misma de Cristo, con la que ella es fortalecida.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

En el Inmaculado Corazón inhabita el Amor de Dios, el Espíritu Santo, con sus llamas de amor que desea comunicarlas a todos los hombres. Es el fuego que Jesús ha venido a traer en la tierra y ya quisiera verlo ardiendo, y el primer lugar en el que arde, es el Corazón de María. La Virgen, a quien se consagra a su Inmaculado Corazón, le hace partícipe de este amor, el verdadero y único amor con el que se puede y debe cumplir el Primer Mandamiento, el Mandamiento más importante de todos, el Mandamiento de la caridad, por el cual se ama a Dios, al prójimo y a uno mismo, con el mismo Amor con el cual Dios se ama a sí mismo y a los hombres. Para poder vivir este mandamiento de la caridad, que nos hace amar a Dios por sobre todas las cosas y a las creaturas por Dios y sólo para Dios, la Virgen nos ayuda a desprendernos del amor superficial y pasajero a las cosas de este mundo; ayuda al alma a desprenderse de todos los bienes materiales, que son un obstáculo para la vida eterna, a fin de que el alma se encuentre libre de toda atadura terrena, al momento de pasar de esta vida a la otra; la Virgen nos ayuda a despojarnos de los bienes materiales, donándolos a los prójimos más necesitados para que, en el encuentro definitivo con Jesucristo, Sumo Juez, en el Juicio Particular, Jesús nos encuentre con nuestras manos llenas de buenas obras, vacías de bienes materiales y con el corazón lleno del Amor a Dios y al prójimo.

 Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.


sábado, 29 de abril de 2017

Hora Santa en reparación por profanación de imagen de la Virgen en Monserrat, España, el 250417


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el Santo Rosario meditado[1], en reparación y desagravio por la ofensa cometida contra Nuestra Señora de Montserrat el pasado 25 de Abril de 2017, por parte de activistas feministas. La información acerca de la profanación se puede encontrar en el siguiente enlace:
         Las meditaciones girarán en torno a la Virgen como modelo de amor, humildad y aceptación sumisa y amorosa a la voluntad de Dios, además de su condición de ser Madre de la Eucaristía –recibiendo, por lo tanto, el nombre de “Nuestra Señora de la Eucaristía”-. Como lo hacemos siempre, ofreceremos esta reparación pidiendo, al mismo tiempo, nuestra propia conversión, la de nuestros seres queridos y la de aquellos que perpetraron este horrendo sacrilegio.

         Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

María Santísima es nuestra Madre y nuestro modelo en la fe: ante el anuncio del ángel, la Virgen no dudó un instante en aceptar la voluntad de Dios, creyendo en su Palabra y recibiéndola en su mente, en su corazón y en sus entrañas virginales. Para el cristiano, la fe es más necesaria e imprescindible aunque el alimento corporal, porque mientras que la ausencia de alimento corporal debilita el cuerpo, la falta o ausencia de fe en Cristo Jesús debilita y termina por dar muerte al alma misma. No es suficiente, para el cristiano, creer en Dios, puesto que es depositario de la totalidad y plenitud de la Revelación, transmitida por el Magisterio de la Iglesia, y es por eso que el cristiano debe profundizar y fortalecer su fe en los misterios sobrenaturales de la Redención, principalmente, el misterio de Dios Uno y Trino y el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios, y es en esta fe en la que la Virgen es nuestra Madre a quien escuchar y nuestro Modelo a quien imitar. La Virgen aceptó, por la fe, el Anuncio del Ángel de que habría de ser la Madre de Dios, sin dejar de ser Virgen, porque el fruto bendito de sus entrañas virginales habría de ser concebido no por obra humana, sino por obra del Espíritu Santo. La Virgen aceptó, por la fe, ser la Madre del Redentor y así unirse a su Hijo en la redención de la humanidad, convirtiéndose en Corredentora de los hombres. Por la fe en su Hijo, el Hombre-Dios, la Virgen aceptó abrazar la cruz del sufrimiento, siendo atravesado su Inmaculado Corazón por la espada de dolor profetizada por Simeón, manteniéndose firme en el dolor, al confiar en que Dios mismo se ocuparía de Ella, y así es nuestro modelo en la fe en los momentos de prueba y tribulación.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Gracias a que María Virgen dio su “Sí” a la voluntad de Dios, que deseaba que su Hijo Dios se encarnara en su seno virginal para salvar a los hombres por el sacrificio de cruz, es que viene a nosotros el Salvador, que es la Vida Increada y que en los cielos está inseparablemente unido al Padre y al Espíritu Santo, y en la tierra se entrega a la muerte con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, en el Santo Sacrifico del Calvario primero y en el Santo Sacrificio del Altar después, siendo adorado por los serafines y los demás coros angélicos, que tiemblan ante la contemplación de su divina majestad. Gracias a la Virgen y a su “Sí” al plan redentor del Padre, el Verbo se encarnó en su seno purísimo, convirtiéndose la Virgen Santísima en Sagrario viviente y Custodia más preciosa que el oro, al alojar en sus entrañas inmaculadas la Eucaristía, esto es, Cristo Dios, el Hijo eterno del Padre, encarnado. Gracias al “Sí” de la Virgen, los hombres tenemos acceso al Cuerpo de Cristo, ese mismo Cuerpo que en el seno de María fue alojado y nutrido con la substancia materna de la Virgen, y que por la Santa Madre Iglesia viene a nosotros oculto en apariencia de pan, y aunque no podemos ver, con los ojos del cuerpo, al Cuerpo de Jesús en el sacramento del altar, porque el Cuerpo de Cristo está a modo de substancia y la substancia no puede ser percibida por los sentidos, sí podemos percibir o “ver”, con la luz del entendimiento, iluminada a su vez por la luz de la fe y de la gracia, al Cuerpo sacramental de Cristo y, con su Cuerpo, también su Sangre, su Alma y su Divinidad y, ante todo, el Amor de Dios, el Espíritu Santo, que arde con las llamas del Divino Amor en su Sagrado Corazón Eucarístico.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Al ser la Madre de Dios Hijo encarnado, la Virgen es Madre de la Eucaristía y adquiere el nombre de Nuestra Señora de la Eucaristía, al concebir, por obra del Espíritu Santo, a la Persona de Dios Hijo, que asume hipostáticamente una naturaleza humana. Creciendo en su seno virginal desde la etapa de cigoto, el Verbo de Dios Encarnado es dado a la luz por la Virgen en Belén, Casa de Pan, para entregarse al mundo como Pan Vivo bajado del cielo, como el Verdadero Maná de Dios Padre, como Pan de Vida eterna, que concede al alma que lo recibe, con fe, con amor y piedad, la vida misma de Dios y el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico. La Virgen es Nuestra Señora de la Eucaristía porque, concibiendo en su seno a la Eucaristía, Cristo Dios encarnado, nos dona a su Hijo, por medio de la Santa Misa, también como Eucaristía, esto es, como Dios Hijo encarnado con su Cuerpo glorificado, con su Sangre Preciosísima, con su Alma Purísima y con su Divinidad Santísima, y es en este don de su Hijo, Cristo, el Dios de la Eucaristía, al alma, en lo que consiste el triunfo de su Inmaculado Corazón.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario. 

Meditación.

         Cuando el alma comulga con fe, amor, piedad y devoción, cuando tanta más fe, amor, piedad y devoción comulgue, tanto más resonante es el triunfo del Inmaculado Corazón en esa alma, porque su triunfo consiste, no solo en que aplastará la cabeza de la Serpiente Antigua, sino en que preparará los corazones para que estos se conviertan en otros tantos sagrarios y custodias vivientes, en donde el Hijo de Dios sea alabado, amado, ensalzado y adorado, en el tiempo y en la eternidad. Y este triunfo del Inmaculado Corazón de María, que se extenderá al mundo entero, comenzará por la Iglesia, por la conquista de los corazones de los hijos de Dios, los bautizados en la Iglesia Católica, cuando estos reciban de la Eucaristía la Sangre del Cordero, que oxigena las almas del Cuerpo Místico de Jesús, concediéndoles la vida eterna y la fuerza misma del Cordero, sucediendo de la misma manera a como el corazón de un hombre, al enviar la sangre por las arterias, oxigena los órganos que conforman su cuerpo, dándoles vitalidad y energía.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Gracias a la Virgen y a su “Sí” a la voluntad de Dios, los hombres tenemos el privilegio inmerecido de ser testigos y de contemplar, por medio de la luz de la fe, la máxima manifestación de la Presencia de Jesús en la tierra, puesto que el Jesús Eucarístico, el que viene a nosotros por el milagro de la Transubstanciación en la Misa y que se queda en el sagrario para estar con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo”, es el mismo Jesús que, en los cielos, es adorado y glorificado por los coros angélicos que, extasiados por su belleza y el esplendor de su gloria divina, se postran en adoración, entonando en su honor cantos de alabanza. Y cuando el alma comulga la Eucaristía, viviendo aún el alma en la tierra, se vuelve semejante a los ángeles, porque el Dios de la Eucaristía, Cristo Jesús, hace participar al alma de su gracia y, por esta, de su vida divina, volviéndose el alma, que aún vive en esta vida mortal, más parecida a Dios que a los hombres, cuanto más abra el alma su corazón al Amor del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús. La Eucaristía que nos da la Virgen, Nuestra Señora de la Eucaristía, nos alimenta con un alimento super-substancial, la substancia divina del Hombre-Dios Jesucristo, un alimento que deleita a los ángeles y que diviniza al hombre. Con el alimento eucarístico, el alma se fortalece y se llena de luz, pero no porque se multiplique su propia fuerza, o porque su propia luz se haga más intensa, sino porque el Dios de la Eucaristía, Cristo Jesús, le comunica al alma de su misma fuerza y lo ilumina con su misma luz divina, además de hacerla partícipe del Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico, el Espíritu Santo, que arde con sus divinas llamas, esperando el momento propicio para encender a las almas en el Divino Amor.

         Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.




[1] Las meditaciones son una adaptación del libro Consagración a mi Inmaculado Corazón, de Agustín del Sagrado Corazón.

domingo, 23 de abril de 2017

Hora Santa en reparación por profanación de imagen de la Virgen en Catamarca el 080417


Imagen decapitada de Nuestra Señora del Valle 
en la gruta de Choya, Catamarca.

         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado, en reparación y desagravio por la profanación de la imagen de Nuestra Señora del Valle sufrida en Catamarca el 08 de Abril de 2017[1]. La información respecto a este lamentable hecho se encuentra en el siguiente enlace:
         Puesto que Nuestra Señora del Valle es una advocación de la Inmaculada Concepción, las meditaciones del Santo Rosario girarán en torno a las bondades celestiales que significan para el alma la consagración al Inmaculado Corazón de María. Y como lo hacemos siempre, pediremos la conversión de los autores de esta profanación, como así también nuestra propia conversión, la de nuestros seres queridos, y la del mundo entero.
Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.
Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).
Meditación.
La Virgen María, la Madre de Dios, es también Madre de todos los hombres y, como Madre amorosísima que es, desea nuestra salvación y es por eso que nos muestra el camino de nuestra eterna salvación, el camino al Cielo, que no es otro que su Hijo Jesús. Nuestra Madre del cielo nos lleva entre sus brazos, así como una madre lleva a su hijo pequeño, y nos alimenta y nutre, con la leche de la sabiduría espiritual y celestial y con el Pan Vivo bajado del cielo, la Eucaristía. Como una madre amantísima que desea proteger a sus hijos de todo peligro, la Virgen quiere refugiarnos en el aposento seguro de su Inmaculado Corazón, por medio de la Consagración a su Corazón Purísimo. Puesto que desea lo mejor para nosotros, no solo no quiere que caigamos en el error, en la ignorancia, en la herejía y el cisma, sino que desea instruirnos en la Sabiduría Divina, la cual ilumina el alma con la luz esplendorosa de la Verdad revelada por Jesucristo, que Dios es Uno y Trino y que la Segunda Persona de la Trinidad se ha encarnado en Jesús de Nazareth para morir en cruz y así salvarnos de la eterna condenación. Sin la instrucción de esta celestial Madre, el alma se inexorablemente envuelta en las tinieblas del error y de la confusión, principalmente en lo que respecta a los misterios sobrenaturales absolutos de la Santa Fe católica, como la Trinidad de Personas en Dios Uno y la Encarnación del Verbo de Dios, que prolonga su Encarnación en la Sagrada Eucaristía.
Silencio para meditar.
Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Segundo Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
         La Virgen, Madre del Amor Hermoso, nos llama a consagrarnos a su Inmaculado Corazón, para allí calentarnos con el Fuego que en él inhabita desde su Concepción sin mancha, el Espíritu Santo, para que así, calentados e iluminados con las Llamas del Divino Amor, seamos puestos a salvo de la frialdad y oscuridad espirituales propias de un corazón sin Dios. Al consagrarnos a María, seremos revestidos de la Luz del Espíritu Santo, de modo que lleguemos al conocimiento de la Sabiduría Encarnada, Jesucristo, alejándonos al mismo tiempo de las tinieblas del gnosticismo, del relativismo, del humanismo y del materialismo. Consagrados a María, tendremos la iluminación necesaria para despreciar los falaces encantos del mundo, llenos de peligros mortales para el alma, mientras que al mismo tiempo desearemos, aun viviendo en la tierra, solo y exclusivamente los bienes eternos, el primero de todos ellos, la Eucaristía, el Cuerpo y Sangre de Jesús. La consagración a la Virgen también nos ayudará a tener horror del pecado y a alejarnos de este, e incluso preferir la muerte antes que cometer un pecado mortal o venial deliberado, además de hacernos amar la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, como nunca antes la habíamos amado y apreciado.
         Silencio para meditar.
Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Tercer Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
         Cuando el alma se consagra al Inmaculado Corazón de María, la gracia actúa de tal manera que el corazón humano se configura a los Sagrados Corazones de Jesús y María, y se vuelve una copia y una imagen viviente de los Sagrados Corazones, tanto cuanto más dócil a la gracia el alma sea. Quien se consagra al Inmaculado Corazón de María, se une místicamente a los Corazones de Jesús y María de tal manera, que puede decirse que Jesús y María viven en ese corazón y en ese corazón encuentran su agrado y alegría. La Consagración a la Virgen adelanta el triunfo final del Inmaculado Corazón y lo anticipa, por cuanto el triunfo de María Santísima sobre el Dragón consistirá, precisamente, en lograr gloriosos despojos allí donde el Enemigo de las almas reina, los corazones de los hombres. Por la consagración, se adelanta el triunfo final de la Madre de Dios, porque en un alma consagrada a Ella, es un alma en la que flamean el estandarte celeste y blanco de la Inmaculada Concepción y el estandarte ensangrentado del Cordero, la Santa Cruz, y por lo tanto, es un corazón en donde se alaba, se glorifica, se ensalza y se adora al Único Dios Verdadero, Dios Uno y Trino, y a su Mesías, el Hombre-Dios Jesucristo.
         Silencio para meditar.
Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Cuarto Misterio del Santo Rosario. 
Meditación.
         La Virgen, “fuerte como un ejército formado en orden de batalla”, es la Celestial Capitana del Ejército Mariano, ejército formado por quienes se consagran especialmente a su Inmaculado Corazón y combaten, bajo sus órdenes, con las celestiales armas de los hijos de María: el Santo Rosario, la Adoración Eucarística, la Confesión sacramental; estos combatientes marianos acuden al campo de batalla revestidos con la armadura de la Santa Fe Católica, la fe de los mártires y de los santos de todos los tiempos, la fe del Credo y del Catecismo; estos combatientes marianos, además de luchar contra el Tentador, oponiéndole las armas que la Iglesia le proporciona, al mismo tiempo socorren, con la misericordia de Cristo, a los prójimos que han caído y sucumbido a la tentación y viven en la oscuridad del pecado, de la ignorancia, del error, de la herejía, de la superstición, la apostasía y el cisma. El ejército mariano combate, siguiendo las órdenes de la Capitana Victoriosa, contra el dragón rojo y la bestia negra, los ejércitos de Satanás, por medio de los cuales la Serpiente antigua busca hacer que los hombres participen de su pecado de rebelión contra Dios, negándolo en la teoría y en la práctica y buscando borrar, de la faz de la tierra, el Único Nombre dado a la humanidad para su salvación, el sagrado nombre de Jesús, nombre ante el cual se dobla toda rodilla en los cielos, en la tierra y en el abismo. La batalla entre el ejército mariano y el ejército de Satanás es continuación de la batalla en los cielos entre San Miguel Arcángel y los ángeles de luz, contra el Demonio y los ángeles apóstatas, y el final de esta batalla será el mismo que el de la batalla del cielo: así como el Demonio fue expulsado del cielo, así también el Demonio será expulsado de la tierra y, encadenado, será sepultado por María Santísima en lo más profundo del Averno.
         Silencio para meditar.
Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Quinto Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
         La Inmaculada Concepción es la señal que aparece en los cielos, signo del triunfo de Dios y su Cristo sobre el Demonio, la Muerte y el Pecado: la Virgen es la Mujer vestida de sol descripta en el Apocalipsis, resplandeciente de gracia y de gloria divina, con una corona de doce estrellas y con la luna a los pies, y que con la fuerza de la gracia de su Hijo Jesús aplasta la soberbia cabeza del Dragón. El triunfo definitivo de Dios en el sacrificio de la cruz de Dios Hijo encarnado, se hace actual y presente para todos los hombres de todos los tiempos, por medio de la renovación incruenta de su sacrificio en cruz, la Santa Misa, siendo la Virgen, Mediadora de todas las gracias la que, de acuerdo con el beneplácito divino, distribuye las gracias que brotan del Corazón traspasado de Jesús, y las aplica a las almas que más necesitadas están de la Misericordia de Dios. Por lo tanto, amar, venerar, honrar, ensalzar, alabar a la Inmaculada Concepción, la Madre de Dios y consagrarse a su Inmaculado Corazón, es el camino más rápido, fácil y seguro, para toda alma, para dar gracias a Dios por su Divina Misericordia encarnada en Jesús y, al mismo tiempo, recibir todavía más y más la infinita Misericordia que fluye, inagotable, desde las entrañas de misericordia del Corazón traspasado de Jesús.
         Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.
Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.




[1] Meditaciones basadas en el libro Consagración a mi Inmaculado Corazón, de Agustín del Sagrado Corazón.