jueves, 5 de diciembre de 2019

Hora Santa en reparación por incendio de la Cruz por feministas en Salta, Argentina 041219



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el incendio sufrido por la Santa Cruz en la ciudad de Salta, Argentina, a manos de hordas feministas. Para mayor información acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:


Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         La gracia santificante no sólo es preciosísima en sí misma, por los bienes, virtudes y dones del Espíritu Santo que consigo trae, sino también por los males que quita, porque cuanto es buena en sí y fértil para causar el bien, es de la misma manera eficaz para destruir el mal. En el Libro de los Cantares se compara el alma que está en gracia a “los ejércitos bien ordenados y terribles”, por la fuerza que tiene contra sus enemigos[1].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         San Bernardo repara por qué siendo el alma una, se dice semejante a tan grande multitud como la de una caballería militar: la causa es que por las grandes fuerzas que tiene con la gracia, el alma se vuelve poderosa como un ejército. Dice así el santo: “No te maravillarás, que siendo una el alma se diga semejante a una muchedumbre de caballería, si adviertes cuán grandes ejércitos de virtudes están en un alma santa, cuán grande es el orden en sus oficios, cuán grande armería en sus oraciones, cuán grande fortaleza en sus acciones, cuán grande terror en su celo; finalmente, cuánta continuación de batallas con el enemigo y cuán numerosos sus triunfos”[2].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Sea por donde sea que se la considere, la gracia es buena: buena por lo que es, buena por lo que causa, buena por los bienes que trae y buena por los males que ahuyenta, que son los mayores de todos, pues son los pecados[3]. En el orden natural, hay muchos medicamentos que se estiman mucho, aunque al gusto son amarguísimos y al olfato violentos y sin embargo se buscan porque quitan algunas enfermedades. Sin embargo, la gracia, es infinitamente más poderosa que estos medicamentos y es así que quita suave y dulcemente los males más terribles que afectan al hombre en esta vida, que son los pecados.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         A diferencia de los medicamentos terrenos y naturales, que quitan sólo pocas enfermedades y esto a veces con gran dolor y a grandes dosis, la gracia por el contrario quita, suave y dulcemente, el mayor mal –del que se derivan todos los males-, que es el pecado; esto lo hace ya sea un átomo de gracia que millones de grados, no dejando nada, ya que destruye todo lo malo y esto lo hace de forma instantánea[4]. Si no tuviera otra virtud, solo por esta sería algo estupendo y maravilloso, porque no hay fuerza más eficaz contra el pecado, por el modo en que lo destruye y aniquila.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

La gracia quita el mayor de los males, aquel que es imposible curar, ni siquiera uniendo las fuerzas de los hombres y de los ángeles. Para el pecado, sólo la gracia es remedio y esto porque el pecado es un mal tan extraño, que en su comparación no hay otro mal, ya que sólo de él se puede decir que es verdadero mal. El mundo se engaña cuando estima por menos mal al pecado que a otras cosas temporales. Por menos mal suelen estimar ofender a su Creador, que carecer de un gusto de bestias, que pasar una pobreza, que sufrir una injuria, que padecer una fuerte dolencia[5]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nunca nada nos aleje de la gracia santificante!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Te vengo a pedir, oh Madre de Dios”.




[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 293.
[2] Serm. 39 in Cantic.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 294.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 295.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 295.

martes, 3 de diciembre de 2019

Hora Santa en reparación por profanación de iglesia en China 011219



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación de una iglesia parroquial en China, en donde las autoridades comunistas reemplazaron las imágenes sagradas con la foto de Xi Jinping, el actual presidente del Partido Comunista Chino. Según afirman las noticias, “Las autoridades comunistas eliminaron una pintura de la Virgen María con el Niño Jesús, colocando en su lugar un retrato del presidente Xi Jinping, rodeado de eslóganes de propaganda en ambos lados”. Para mayor información acerca de este lamentable episodio, se puede consultar el siguiente enlace:

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

La gracia trae al alma bienes incalculables, porque con ella vienen los dones del Espíritu Santo, los cuales así consuman el edificio espiritual, perfeccionándola al alma en grado sumo[1]. Sin embargo, sucede con mucha frecuencia que nosotros no dejamos obrar al Espíritu Santo, porque no respondemos a sus santas inspiraciones. Si dejáramos obrar al Espíritu Santo según es su Divina Voluntad, cada alma que recibiría sus dones, podría contarse entre los más grandes santos del cielo y justos de la tierra. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nunca pongamos obstáculos al obrar del Espíritu Santo en nuestras almas!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Hay una gran distancia entre estar en gracia y no estarlo: quien carece de la gracia, carece de todas las virtudes, fuerzas y riquezas divinas que con ella vienen infusas[2]. El que está sin gracia es como quien tiene amputados los brazos, sin tener a nadie que pueda ayudarlo, pero quien está en gracia es como quien tiene los brazos sanos y enteros, que son las virtudes infusas y además de esto tiene los brazos del Espíritu Santo, por así decirlo, que con sus dones ayuda y mueve para lo que no puede con las virtudes.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Uno de los canales por los que viene la gracia de modo habitual es el Sacramento de la Penitencia: quien recién sale de confesarse, queda bien fortalecido y prevenido de parte de Dios y el servicio divino le es para tal alma grato y fácil de llevar a cabo[3]. Por el contrario, quien no se confiesa, deja al Espíritu Santo, por así decirlo, con las manos atadas, pues no puede el Santo Espíritu de Dios obrar en esta alma la obra de la salvación eterna y de la perfección espiritual, quedándose el alma sin ser una imagen vivísima y semejante a la imagen de Dios.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Cuando Dios da a alguien su gracia, es porque tanto la ama, que desea adornarla de toda clase de bienes y dones: la enriquece con virtudes teologales, luego con las infusas y por último con los dones del Espíritu Santo[4]. Ahora bien, el Espíritu Santo hace esto para que el hombre no se quede como estaba antes de su acción, insensible a las cosas de Dios y cautivo de su carne y de sus sentidos. El Espíritu de Dios obra en el alma pero no para que ésta permanezca sujeta al Príncipe de este mundo, que es el demonio, y guiándose por leyes mundanas y apeteciendo vanos honores mundanos. No es para que codicie y amontone el estiércol de los bienes de esta tierra, sino para que, dejando de ser hijo del demonio, comience a ser hijo de Dios, hijo de la luz, hijo de la gracia.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Quien se ha confesado y ha recibido en su alma la gracia divina, se ve templado en sus gustos y moderado en sus vanidades, además de evitar entretenimientos seglares y mundanos y despreciar honras terrenas; por el contrario, se dedica a realizar obras santas, a tener conversación con el cielo y pasar en diálogo con Dios largos ratos de santa oración y meditación. Quien ya es un espíritu con Dios, no puede, de ninguna manera, ser como antes, esto es, impaciente, hablador, holgazán, dado a las pendencias y a toda clase de cosas malas. Quien tiene al Espíritu Santo consigo y además a sus dones y virtudes, debe ser muy diferente –tan diferente a como lo es la luz de la oscuridad- que cuando era cueva de demonios[5].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.





[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 292.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 292.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 293.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 293.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 293.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Hora Santa en reparación por evento satánico y por cierre de capilla en la Universidad Complutense de Madrid 291119



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado para una doble reparación: por un evento satánico a realizarse en la Universidad Complutense de Madrid y por el cierre de la capilla de la misma Universidad, para impedir que se rece un Rosario en reparación. Para mayor información acerca de estos dos lamentables hechos, se puede consultar el siguiente enlace:


Canto inicial: “Tantum ergo, Sacramentum”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         Uno de los divinos dones del Espíritu Santo que vienen concedidos con la gracia es el don de sabiduría, que “sirve para que el alma conozca a Dios y sus divinos atributos”[1]. Junto con este, viene el don de ciencia, que permite conocer a las creaturas para usarlas bien y hacer de ellas un juicio acertado; el don entendimiento es para penetrar los misterios divinos; el don de consejo es para usar con prudencia en orden al bien obrar, todos estos divinos dones. Estos dones consuman una prudencia divinísima y perfeccionan la parte intelectiva del hombre con las virtudes que en ella están.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Los otros tres dones del Espíritu Santo perfeccionan la fortaleza, la templanza y la justicia, es decir, la parte apetitiva y las virtudes que ella viven[2]. El don de fortaleza perfecciona el apetito irascible y la virtud de la fortaleza, lo cual hace dejar de lado los temores mundanos y los respetos humanos. El don de temor de Dios perfecciona a la virtud de la templanza, con la cual el hombre refrena su apetito y deseos desordenados. El don de piedad, a su vez, perfecciona a la voluntad y a la justicia, para querer el Bien Absoluto y obrar según este mismo Bien, que es divinísimo.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         En el alma que está en gracia y si ella no lo estorba, el Espíritu Santo está obrando de continuo su santidad y perfección, por medio de sus dones, los cuales consuman la perfección y el edificio espiritual del alma[3]. San Anselmo y también Dionisio Cartujano afirman que “el primero de estos dones, es el temor del Señor. Este don pone al Espíritu Santo por cimiento en el campo de nuestra alma, cimiento sobre el cual se construye el edificio espiritual del alma. Lo primero que hace el Espíritu Santo es hacer que el hombre tema el ser atormentado por los demonios”[4], por lo cual inculca una gran aversión al pecado y sobre todo al pecado mortal.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Luego del temor de Dios, coloca el Espíritu Santo el don de piedad, inspirando al alma temerosa de Dios la compasión de sí y de los prójimos, dándole a conocer cuán miserable será si se apartare de Dios y fuere condenada al Infierno[5]. Por eso se dice en el Eclesiástico: “Ten misericordia de tu alma agradando a Dios”[6]. Y en otra parte se dice: “El varón misericordioso hace bien a su alma”. Y así, con mucha razón, se sube al don de la piedad por medio del don del temor de Dios.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Sostiene un autor que “sobre el don de piedad está el don de ciencia, porque temiéndose y compadeciéndose de manera que busque el camino de la salvación, le comunica el Espíritu Santo su conocimiento. Sobre el don de ciencia, viene el de fortaleza, para que el alma ejecute lo que aprendió que es bueno, para la salvación; a este don se añade el de consejo, para que así el alma aprenda del Espíritu Santo el temor piadoso y lo que se ha de hacer según el último fin, que es la salvación del alma y según  los consejos divinos; luego viene el don de entendimiento, para que el hombre entienda por qué debe hacer unas cosas y evitar otras y que de sólo Dios debe esperar galardón y premio. Finalmente, concede el Espíritu Santo el don de sabiduría para que lo que se conoce con el don de entendimiento sea sabroso y dulce con el don de la sabiduría y así, sólo por amor de la justicia y santidad siga el alma lo que entiende que debe seguir”[7] para salvarse y evitar la eterna condenación.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.




[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 290.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 290.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 291.
[4] Anselm., lib. De Similit.; Dion., tract. 1, art. 12.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 291.
[6] 30, 24.
[7] Cfr. Nieremberg, ibidem, 291.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Hora Santa en reparación por profanación de Hostias consagradas en Goya, Argentina 251119


Profanación en Capilla Inmaculada Concepción. Crédito: Capilla Inmaculada Conepción.

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por la profanación eucarística ocurrida en una capilla dedicada a la Inmaculada Concepción en la ciudad de Goya, Corrientes, Argentina. Para mayor información acerca del lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:


         Canto inicial: “Oh Buen Jesús, yo creo firmemente”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         Los dones del Espíritu Santo que se reciben con la gracia son –afirma un autor- “unas calidades soberanas que nos disponen para oír las inspiraciones del Santo Espíritu de Dios y nos ayudan a movernos según sus divinas inspiraciones”[1]. La diferencia con las virtudes infusas es que estas últimas se dan para obrar excelentemente, por propia elección, según el libre y propio arbitrio –aunque siempre ayudados por la gracia-, mientras que los dones el Espíritu Santo son para obrar, movido el hombre por el Espíritu de Dios, según el Querer de este Santo Espíritu.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         El profeta Isaías significó el bien de los que están en gracia cuando pregunta: “¿Quiénes son éstos que, como nubes vuelan y como palomas?”[2]. Con las palomas representa las virtudes y con las nubes, los dones del Espíritu Santo. Esto lo dice porque los siervos de Dios, los que están movidos por la gracia, han de “ser levantados del mundo y no han de andar por la tierra, sino volar vecinos al cielo” y así los compara con las palomas voladoras y las nubes, porque cuando obran por las virtudes sobrenaturales vuelan como las palomas y cuando obran por los dones del Espíritu Santo, son como las nubes que, sin voluntad propia, movidas por el viento y elevadas con impulso exterior, se encuentran en una posición más alta[3]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestro obrar esté siempre guiado por las virtudes y los dones del Espíritu Santo!

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Santo Tomás afirma que en el hombre hay dos principios con los que puede obrar virtuosamente: uno interior, que es la razón; otro, que no es del hombre, sino algo fuera de él, que viene de Dios. Entonces, así como se necesitan las virtudes para que el hombre se mueva según la razón, así se necesitan los dones de Dios para que el hombre se mueva según Dios y esto lo proporciona la gracia santificante[4]. Estas altísimas perfecciones que son los dones de Dios son los dones del Espíritu Santo que con la gracia son concedidos.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Al serle concedidos los dones del Espíritu Santo, estos disponen al hombre para actos más excelentes y heroicos que los de las virtudes solas; por los dones, se mueve con más facilidad y alegría que para con las virtudes. Esto, porque en las obras sobrenaturales no ha de faltar un modo de obrar por las virtudes infusas ordinarias y otro más excelente y divino por los dones del Espíritu Santo, que es un movimiento más por instinto divino que por elección humana[5]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que siempre seamos dóciles a las mociones del Espíritu Santo!

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Los divinos dones del Espíritu Santo son siete, cuatro intelectuales, necesarios para ilustrar el entendimiento y tres para la voluntad, para que ésta ejecute obras excelentes  y divinísimas[6]. Es este obrar con los dones del Espíritu Santo –y además con las virtudes infusas- que concede la gracia, lo que distingue a justos de pecadores, a santos de hombres vulgares y es lo que le concedió, a los santos, el ganar el Reino de los cielos para toda la eternidad.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 288.
[2] Cfr. Is 60.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 288.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 289.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 289.
[6] Cfr. Nieremberg, ibidem, 290.