viernes, 13 de septiembre de 2019

Hora Santa en reparación por ataque de extremistas hindúes a un colegio católico en la India 120919



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por el violento ataque sufrido por un colegio católico en la India, a manos de extremistas hindúes. El informe completo acerca del lamentable hecho se encuentra en el siguiente enlace:


Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         El alma que está en gracia debe en todo contentar a su Divino Esposo, Dios Trino, que inhabita en ella por la gracia y por la gracia la desposa en unión esponsal[1]. En efecto, afirma un autor, “el alma en gracia debe corresponder a la lealtad de Dios y no hacer nada en que falte a la fe de esposa fiel. Ha de hacer lo que esté a su alcance para dar gusto a su esposo querido; toda ha de ser para su amado, así como su Amado es todo para ella; todo  su afecto ha de estar en servirle, todo su corazón en amarle, toda su memoria en acordarse de Él, todo su entendimiento en conocerle y admirarle” [2].

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Si bien todas las creaturas le deben a Dios, con todas sus fuerzas, el servicio y el amor por el solo hecho de ser creaturas suyas, el alma que está en gracia adquiere una nueva obligación, a causa de esta unión esponsal tan admirable que se establece entre el alma y Dios por la gracia y esta obligación es tan grande, que debe el alma emplear todas sus fuerzas, todo su ser, su querer, su pensar, en agradarle y evitar el más mínimo disgusto a Dios, su Divino Esposo[3]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que en todo seamos capaces de agradar a Dios, nuestro Divino Esposo!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

En la unión del alma con Dios por la gracia se encuentra otro bien del matrimonio terreno y es el de la inseparabilidad: Dios quiere estar eternamente con su esposa, el alma en gracia y por parte suya no puede faltar, porque es inmortal y no puede morir, pero además es inmutable y no puede arrepentirse y es justísimo, por lo que no puede agraviar[4]. A todas y cada una de estas características del Divino Esposo, debe el alma en gracia corresponder con todas sus fuerzas, con todo su ser, con todo su querer. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nos esforcemos, con todo nuestro ser, en darle contento a Dios Nuestro Señor!

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Entre los seres humanos, sucede que el vínculo matrimonial se puede deshacer con la muerte de uno de los cónyuges, o también se pueden dar faltas en la lealtad y en el amor que mutuamente se juraron una vez ante el altar; sin embargo, en el matrimonio místico que se establece entre Dios y el alma por la gracia, nada de esto puede suceder, de parte de Dios, porque Dios es, como dijimos, inmutable y justo y por esa inmutabilidad y justicia no puede quebrantar su unión de amor con el alma[5]. Si fuera por Dios, Él no se apartaría eternamente del alma, amándola hasta el extremo, sin jamás siquiera pensar en el divorcio. Lamentablemente, este divorcio puede ocurrir por parte del alma, cuando esta se deja seducir por los falsos encantos del pecado, apartándose así de su Amado Esposo.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.  
 
Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Refiriéndose a la unión del alma con Dios, dice así Santo Tomás: “Alma mía, el matrimonio que entre ti Dios se comenzó en el bautismo y es ratificado con la buena vida, en la Patria celestial será consumado y después de aquel primer consorcio será imposible hacer divorcio. Porque así el esposo como la esposa serán inmortales en el cielo. En esta vida sólo puede faltar este matrimonio por la muerte del alma cuando cae en pecado; porque así como se acaba el matrimonio humano con la muerte de uno de los casados, así el matrimonio divino del alma con Dios acaba con la muerte del alma si comete algún pecado mortal. Pero aún en esto hay gran diferencia entre el matrimonio de Dios y de los hombres: que el excusar la muerte del cuerpo no está en nuestras manos y así no está en la libertad humana continuar el matrimonio; pero el excusar la muerte del alma está en nuestra mano y así puede el alma eternizar este divinísimo vínculo conyugal con Dios”. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestro vínculo de amor con Dios por la gracia se mantenga más allá de esta vida, de modo que podamos gozar eternamente de su Amor esponsal!

         Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 237.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 237.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 238.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 238.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 238.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Hora Santa en reparación por profanación de la Santa Cruz de la Inquisición en Sevilla, España 100919



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por el atentado y profanación de la Santa Cruz de la Inquisición cometido por una mujer en Sevilla, España. La información relativa al lamentable hecho se encuentra en el siguiente enlace:


         Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Afirma Santo Tomás que en la unión entre el alma en gracia y Dios, se encuentran los tres bienes del matrimonio y esto de parte de Dios[1]. Estos bienes son: fe, contra el adulterio; inseparabilidad, contra el divorcio y finalmente fecundidad, contra la esterilidad. Y esto porque en el matrimonio espiritual la fe es más inviolable, la inseparabilidad mayor y la fecundidad más grande, porque es Dios quien asegura estos bienes. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que siempre demos gracias a Dios por los dones esponsales que nos concede al unirnos con Él!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Con respecto a la fe, no hay mayor fe de Dios al alma y aún guarda fe al alma, después que ella ha sido infiel[2]. Dice así Dios por Jeremías: “Con muchos enamorados has adulterado, pero, con todo esto, vuélvete a Mí”[3]. No hay mayor extremo ni muestra de amor, por parte de Dios, que éste, que después de haber sido traidores a Dios nos busque Él en persona y Él nos quiera perdonar nuestras infidelidades. De parte de Dios, nunca faltarán ni la lealtad ni la fe: nunca se ha podido quejar un alma de que Dios haya quebrantado su palabra o que haya dado menos muestras de amor.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dice Santo Tomás que Dios ama al alma por ella misma, aún si ama también a otras almas y el amor con que ama al alma es con el Amor substancial de Dios, el Espíritu Santo: “Con tan maravilloso modo te ama Dios, ¡oh alma mía!, todo Dios a ti toda, que no por eso te ama menos, aunque ama contigo a otra, esto es a otra distinta de ti en substancia, pero una contigo en la caridad y amistad. Y no te amara más, si sola te amara, antes si no te diera compañeras, por ventura te pudiera amar menos que ahora”[4].

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         El amor más fiel es el dar la vida por las almas y esto lo demostró claramente Nuestro Señor Jesucristo, al ofrendar su vida en la Cruz por nuestra salvación. Y mayor muestra de amor es que, cuando Él dio su vida por nosotros en la Cruz, nosotros éramos sus enemigos, porque estábamos en el pecado. Es decir, si Dios nos amó hasta dar la vida en la Cruz siendo nosotros pecadores, ¿cuánto más habrá de amarnos si nuestras almas están, no ya en pecado, sino en gracia? ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nunca dejemos de lado el Amor esponsal que Dios nos manifiesta en la gracia!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria. 
  
Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

San Pablo propuso a los casados por idea del amor matrimonial, el amor de Cristo Esposo para con la Iglesia Esposa, esto es, con las almas santas, que son las que forman la Iglesia[5]. Y así, dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia, entregándose a Sí mismo a la muerte por ella para santificarla, limpiándola con un baño de agua en la palabra de vida, para hacerla gloriosa para Sí; sin que tuviese mancha o arruga o cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada”. Así debe ser el alma que está en gracia, porque ha sido lavada con la Sangre del Cordero: debe ser, para su Esposo Dios, un alma santa e inmaculada, en donde no exista ni la más pequeña traza, no ya de pecado, sino de imperfección. Sólo así el alma podrá corresponder, mínimamente, el Amor con el que Dios la amó desde lo más profundo del Sagrado Corazón de Jesús, suspendido en la Cruz.

Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.




[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 236.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 236.
[3] Cap. 3.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 237.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 237.

martes, 10 de septiembre de 2019

Hora Santa en reparación por el crimen del aborto en México 100919



         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por los intentos de profundizar la “cultura de la muerte” mediante la introducción del aborto generalizado en México. Más información acerca de este lamentable hecho se puede encontrar en el siguiente enlace:


         Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         Una figura del alma que, de estado de pecado pasa al estado de gracia, es “la reina Esther, que de cautiva y extranjera fue ensalzada al trono e imperio de toda Asia, desposada con el monarca del mundo, querida por él y favorecida en todo extremo”[1]. Ahora bien, esta dicha terrena no fue más que una sombra oscura respecto de lo que sucede en el alma cuando recibe la gracia, que de esclava vil del demonio es ensalzada al reino de los cielos y elegida por esposa de Dios y hecha celestial y divina. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestra alma permanezca siempre unida a Dios por la gracia!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         El alma, prefigurada en la reina Esther, que de la esclavitud del pecado, del demonio y de las pasiones, pasa de la vileza a la majestuosidad de ser convertida en esposa de Dios y partícipe de su naturaleza, debe guardar lealtad a su Esposo celestial, evitando toda mirada, todo pensamiento y todo deseo que sea contrario a tan divino consorte[2]; debe procurar agradarle con todo tipo de deseos, pensamientos y obras santas y debe procurar, sobre todo, amarlo por sobre todas las cosas, incluso sobre sí misma. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, ayúdanos para que en todo agrademos a Dios y nunca nos apartemos de Él por el pecado!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Afirma un autor que “si bien la unión del alma con Dios por la gracia puede ser simbolizada con la unión esponsal, con todo, hay una gran diferencia entre la unión del matrimonio humano y la del matrimonio espiritual y divino, en cuanto a la comunicación de títulos de grandeza. En efecto, en el matrimonio humano sólo da a la esposa el nombre de los títulos del esposo, pero no la propiedad de ellos: en cambio, en el matrimonio espiritual, por la gracia da al alma, no sólo nombres, sino realidades”[3], porque real y verdaderamente participa el alma de la vida divina. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que sepamos apreciar y conservar la unión esponsal de nuestra alma con Dios por la gracia!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Esta comunicación real de dones se ve en el siguiente hecho: Dios es un ser sobrenatural y divino y el alma en gracia no sólo se llama divina de nombre, sino que por forma intrínseca es divina y está verdaderamente sublimada a un estado sobrenatural y divino[4]. Es decir, por la gracia, el alma recibe dones espirituales celestiales, real, verdadera y ontológicamente, de manera que puede decirse que es un alma humana que ha sido “divinizada”. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nunca cambiemos nuestro estado divinizado por el estado de almas en pecado y que siempre vivamos en la gracia de Dios!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.   

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dios es santo, dice un autor, y el alma en gracia no sólo se llama santa, sino lo que lo es verdaderamente. También, Dios es justo, Dios es hermoso, Dios es misericordioso, Dios es caritativo, Dios es bueno y el alma que está en gracia tiene las mismas virtudes, no sólo su nombre, sino la participación en su ser y en su naturaleza divina. La razón es que, al infundirse en el alma las virtudes sobrenaturales, se hace como Dios, porque participa de lo que Dios Es: se hace justa, hermosa, misericordiosa, caritativa y buena. Finalmente, la reina terrena, aunque toma el título de reina, no tiene derecho al reino[5]; sin embargo, el alma que por la gracia se hace hija adoptiva de Dios, se hace heredera del Reino de los cielos.

Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 235.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 235.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 235.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 235.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 236.


viernes, 6 de septiembre de 2019

Hora Santa en reparación por profanación de santuario en Jaén, España 210819



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación del santuario de Jaén y de la imagen de Cristo por parte de un joven. La información relativa al lamentable episodio se encuentra en el siguiente enlace:


Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         Para graficar la grandeza de la unión del alma con Dios por medio de la gracia, un autor hace la siguiente comparación: “Si viéramos que un monarca soberano tomara por esposa una labradora del campo y la ensalzara al trono y corona real y la amara más que a su propia vida, ¿qué género de felicidad fuera esta? ¿Sería razón para que aquella labradora no le amase ni le fuese leal, sino que cometiese adulterio y quisiera divorciarse con su esposo y rey que tanto la amaba, volviendo a la bajeza de lo que antes era?”[1]. Pues bien, el rey es Dios; la labradora es el alma; su elevación al trono es la gracia; el adulterio de la labradora y su divorcio, es el pecado en el alma.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Si una labradora –siguiendo con el ejemplo del autor- decidiera divorciarse de su rey, que tanto la ama hasta el punto de enaltecerla al grado de reina, no podría concebirse mayor bajeza, villanía y traición[2]. Desgraciadamente, hay hombres que se atreven a hacer esto con Dios, porque después que Dios los levantó a una unión tan estrecha consigo por la gracia, quieren divorciarse de su Creador, eligiendo el pecado en vez de la gracia.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         El alma que está en gracia, para apreciar tal estado, debe considerar el estado de suprema majestad a la que ha sido elevada, esto es, el ser esposa de Dios y aun más que esposa, ya que esta figura es, a la realidad, lo que la sombra al cuerpo y lo que lo pintado a lo vivo, ya que el matrimonio humano es sombra respecto de la unión divina con el alma que está en gracia, por el motivo de que las obras de Dios exceden incomparablemente a las de los hombres.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Del mismo modo a como la filiación adoptiva de Dios por la gracia excede a la filiación natural de los hombres, así la unión y desposorios de Dios exceden, con incomparables ventajas, al matrimonio humano. Si en un matrimonio humano la esposa se eleva a la dignidad de reina al casarse con el rey, mucha más dignidad da Dios al alma cuando la eleva, por desposorios místicos, a la unión con Él por medio de la gracia. Por esta razón es que el alma es llamada “reina” en el Salmo cuarenta y cuatro. En otras palabras, aunque no tiene la gracia por esencia, el solo hecho de adquirirla la convierte en esposa del Espíritu Santo, siendo ensalzada el alma sobre todo ser natural, colocándose en un estado soberano en relación a la Creación.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.   

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         El alma en gracia debe, por lo tanto, estimar con gran aprecio esta honra de la unión por la gracia con Dios y no hacerle traición a su Esposo por el pecado, que si eso hace, lo pierde todo en un solo instante. No debe el alma darle disgusto a su Dios, pues si esto hace, merece ser depuesta del Reino de Dios. Así sucedió con la reina Vasti, que de emperatriz y señora fue desechada del mayor rey de la tierra, por haber quebrantado un solo precepto suyo. Mucho más miserable es la caída del alma cuando quebranta un precepto divino, porque es desechada de Dios, repudiada por su Esposo, rey omnipotente y degradada a su vileza anterior, además de ser hecha cautiva del demonio. Sólo considerar esto hace temblar: ¿qué miseria no tendrá en quien pasa todo esto real y verdaderamente? ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nunca traicionemos el Amor de Dios, para vivir siempre en su gracia!

         Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

        



[1] 233.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 233.