miércoles, 15 de febrero de 2017

Hora Santa en reparación por ultraje a la Perpetua Virginidad de María Santísima


         Inicio[1] : ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado, en reparación y desagravio por las gravísimas ofensas cometidas contra la Madre de Dios y Madre nuestra, María Siempre Virgen, por parte de una religiosa dominica. La información relativa al lamentable ultraje se encuentra en el siguiente enlace: http://observatorioantisectas.blogspot.com.ar/2017/01/monja-profiere-blasfemia-publicamente.html

         Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Dios te salve, Santa María, Madre de Dios, Siempre Virgen; el excelso Arcángel enviado desde el cielo te saluda con una reverencia y nosotros junto con él; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, en quien Dios Hijo, por obra de Dios Espíritu Santo y por voluntad de Dios Padre, se hizo hombre sin dejar de ser Dios para que nosotros, hombres pecadores, nos hiciéramos Dios por participación. Dios te salve, Madre Siempre Virgen, por ti nos viene la alegría y el gozo celestial, Cristo Jesús; Dios te salve, Madre del Amor hermoso, por ti no solo nos viene Aquel que nos cancela la pena, sino que también nos concede la Alegría y el Júbilo de nuestras almas, el Verbo de Dios Encarnado, que naciendo milagrosamente de ti y dejando intacta tu Purísima Virginidad, se nos dona como alimento super-substancial en el Verdadero Maná bajado del cielo, la Santa Eucaristía. Dios te salve, oh Santa Madre de Dios, María Siempre Virgen, Madre del Dios Viviente, Cristo Jesús; tú eres de veras el Trono Viviente, la Custodia Viva, el Sagrario Amoroso, el Tabernáculo Feliz, el Regazo Celestial en el que el Dios Invisible se encarna y así por ti se vuelve Visible; por ti, el Dios que es Puro Espíritu se hace Carne, la Carne del Cordero de Dios que alimenta nuestras almas con la substancia exquisita del Divino Amor; Dios te salve, Madre Purísima y Amantísima, Siempre Virgen, que permaneciste Virgen antes y durante el parto celestial del Verbo de Dios y permaneces Virgen por la eternidad en el Reino de los cielos; Dios te salve, Madre del Dios Viviente, en cuyo seno virginal y purísimo mora Aquél que ha creado el universo visible e invisible, y que por ti se nos dona en el Altar Eucarístico como Pan Vivo bajado del cielo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dios te salve, Relámpago que alcanzas nuestras almas; Dios te salve, con un trueno espantas tus enemigos; Dios te salve, más potente que un ejército formado en batalla; Dios te salve, Madre de Dios siempre Virgen, Estrella brillante de la mañana, Lucero de la aurora que nos anuncia la llegada del Nuevo Día, el Sol que alumbra nuestras almas con la gracia santificante, Cristo Jesús, Nuestro Dios; Dios te salve, en ti se aloja Aquél que es la delicia de los ángeles en el cielo; Dios te salve, en tu seno virginal y Purísimo anida como embrión humano, sin dejar de ser Dios y sin intervención de hombre alguno, el Verbo Eterno del Padre, Nuestro Dios Jesucristo, llevado a tu seno materno por Dios Espíritu Santo, por Voluntad de Dios Padre; Dios te salve, Custodia Viviente y Purísima del Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del Cordero, tú eres el anticipo y el modelo del Altar Eucarístico, en donde la Iglesia, Madre y Virgen como tú, concibe al Verbo del Padre, por el poder del Espíritu Santo, por las palabras de la transubstanciación, pronunciadas por el sacerdote ministerial; Dios te salve, Hija predilecta del Padre, Madre amorosísima de Dios Hijo, Esposa amabilísima de Dios Espíritu Santo, a ti te alabamos, te veneramos y te exaltamos, porque en ti se ampara la Iglesia, de quien eres su Madre y celestial Protectora. Dios te salve, oh Virgen Santa y Pura, que por tu “Fiat” a la Voluntad del Padre anunciada por el Arcángel, concebiste por el Espíritu Santo y sin intervención de amor humano, a tu Creador, al Creador Omnipotente de ángeles y hombres y del universo entero; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, Diamante celestial, que encierras la Luz Eterna e Increada que proviene de la Luz Eterna e Increada y, luego de nutrirla por nueve meses con tu substancia materna y luego de recubrirla con tu carne y tu sangre, la derramas milagrosamente a esta Luz Increada, Cristo Jesús en la Eucaristía, para que ilumine las tinieblas de nuestras almas, mientras permaneces Virgen después del parto, tan Virgen como eras antes y durante el mismo.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dios te salve, Virgen y Madre Purísima, Virgen del parto, Virgen antes, durante y después del parto; Dios te salve, celestial Custodia Viviente del Cuerpo y la Sangre del Verbo de Dios Encarnado; Dios te salve, Madre del Dios Viviente, compendio sagrado e intangible de los dogmas sobrenaturales de Cristo, el Hombre-Dios; Dios te salve, Portal santo por el cual viene a nuestro mundo el Dios Tres veces Santo, Cristo Jesús, para salvarnos por su Cruz y para donarnos su Vida y su Amor en el Pan Eucarístico; Dios te salve, Celestial Escalera por la cual desciende a la tierra el Dios Eterno, el Creador Omnipotente, para revestirse en tu seno y manifestarse a nuestros ojos en Belén como un Niño pequeño y recién nacido; Dios te salve, Puente celestial por el que los hombres suben al cielo; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, que nos das en la Eucaristía a tu Hijo, Dios hecho Niño sin dejar de ser Dios para que nosotros, recibiendo de Él su Vida divina y el Amor inefable de su Sagrado Corazón, seamos hechos partícipes, ya en la tierra, de los gozos celestiales, como anticipo de la feliz bienaventuranza que por la Divina Misericordia esperamos, oh Madre de Dios, alcanzar al fin de nuestra vida terrena. Dios te salve, gozo de los ángeles de luz, terror de los ángeles caídos, tu solo Nombre de Madre y Virgen hace huir al Príncipe de las tinieblas, el cual tiembla ante tu solo recuerdo; Dios te salve, Reina de los Ángeles de Dios, que junto a ti adoran al Cordero por los siglos sin fin; Dios te salve, Celestial Vencedora de la Serpiente Antigua, que por la Sangre de tu Hijo y por tu participación en su Pasión, haces huir al infernal enemigo cuando un alma te invoca desde el abismo de su miseria; Dios te salve, Virgen y Madre, que ante el anuncio del Arcángel, concebiste a la Sabiduría de Dios en tu mente sapientísima, libre de toda mancha de error, de falsía y herejía; Dios te salve, Madre de Dios y de los hombres, que ante el anuncio del Arcángel, concebiste a la Palabra de Dios en tu Inmaculado Corazón y la atesoraste como Tesoro Preciosísimo, más precioso que los cielos eternos; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, que ante el anuncio del Arcángel, engendraste en las entrañas purísimas de tu Cuerpo Sin mancha, y por obra del Espíritu Santo, al Verbo de Dios que de ti, de tu purísima substancia materna, recibió Carne y Sangre y las unió a su Persona Divina, para luego así entregarse por nuestra salvación, en la Última Cena, en la Cruz y en la Eucaristía.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dios te salve, Madre Siempre Virgen, a ti te aclaman las generaciones, porque el Poderoso hizo en ti grandes cosas: te creó para Él, para que seas la Morada Santa del Verbo de Dios hecho Carne; te cubrió con su Espíritu, el poder del Altísimo; te conservó Madre Virgen y Esposa Intacta, resguardando tu seno virginal, por Dios fecundado, para que germine en él el Árbol de la Vida, Jesús crucificado, de cuyo costado traspasado brota, como de una fuente inagotable, la gracia santificante que nos da la vida divina. Dios te salve, Virgen de la Eucaristía, que alojaste en tu seno purísimo al Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, lo diste a luz en Belén, Casa de Pan, como un Niño, y nos lo continúas donando cada vez, en la Santa Misa, oculto en apariencia de pan, en la Santa Eucaristía. Dios te salve, Madre Siempre Virgen, rama del Fruto incorrupto, el Hombre-Dios, Cristo Jesús, Quien venció a la Muerte, al Demonio y al Pecado, de una vez y para siempre con su sacrificio en Cruz; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, tallo bendito del verde Retoño; Dios te salve, campo fecundo y fragante donde Dios se planta; Dios te salve, mesa repleta de dones divinos, tu seno virginal es anticipo y modelo del altar eucarístico, donde se nos dona el fruto bendito de tu vientre: el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dios te salve, Refugio de pecadores, Consuelo de los atribulados, Esperanza de los hijos pródigos de Dios, Nueva Arca de Dios, Asilo de las almas que, refugiadas en tu Inmaculado Corazón, se libran de la Ira Divina; Dios te salve, tú albergaste en tu seno purísimo a Dios Hijo por nueve meses y lo diste a luz, y por eso eres Madre de Dios, pero también eres Madre de los hombres, porque los concebiste en tu Inmaculado Corazón al pie de la cruz, para darlos a luz como hijos adoptivos de Dios, como don del Padre para el mundo sediento del Verdadero Amor. Dios te salve, tú que nutriste con tu carne y tu sangre al Cordero en tu vientre materno, dándole así un Cuerpo para ofrecer en el Santo Sacrificio de la Cruz, Cuerpo que habría de ser entregado cada vez en la Santa Misa, por medio del Santo Sacrificio del Altar Eucarístico, para nuestra salvación y redención. Dios te salve, Celestial Capitana del Ejército de Dios, que ahuyentas al orgulloso Lobo Infernal, el Ángel caído, con tu solo nombre, María, Virgen y Madre; Dios te salve, por ti Dios viene del cielo a la tierra, y por ti los hombres ingresan al Paraíso, el Corazón de tu Hijo Jesús. Dios te salve, celestial Reina, Virgen, Madre, Esposa, por ti se alegran los hombres pecadores, que en tu Corazón Inmaculado encuentran refugio; Dios te salve, por ti los ángeles exultan y admiran tu belleza, porque Dios te creó más hermosa que los cielos eternos, ya que el Hijo al encarnarse, debía fijar en ti su Morada terrena. Dios te salve, te ensalzamos, Santa Madre de Dios, Virgen Santa y Pura, Refulgente Estandarte de gracia divina, por ti es despojado el Averno, por ti contemplamos la gloria del Padre, Jesús de Nazareth, nacido milagrosamente de ti -como el rayo de sol atraviesa el cristal y lo deja intacto- como Pan de Vida eterna, para ser alimento y manjar celestial de nuestras pobres almas.

         Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.




[1] Las meditaciones están basadas en el Himno Akathistos, Himno Litúrgico Mariano, compuesta en acción de gracias por el patriarca Sergius en 626 d. C., en acción de gracias por la liberación de Constantinopla del asedio musulmán, liberación atribuida a la Madre de Dios. El aniversario de la victoria, y en el que se canta el Himno Akathistos –de pie- es el 8 de Agosto.

viernes, 10 de febrero de 2017

Hora Santa en reparación por ultraje al Altar del Sacrificio Eucarístico en Alemania 200117


Altar Eucarístico en el momento en el que es profanado por
el pseudo-artista Alexander Karle en la 
Basílica San Juan en Saarbrücken, Alemania,
en febrero de 2016.


Inicio: Ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por el ultraje cometido contra el Altar Eucarístico en Alemania por parte de un “pseudo-artista”. La información pertinente acerca del lamentable hecho se encuentra en las siguientes direcciones electrónicas:
http://www.elmundo.es/sociedad/2017/01/24/58874d7ae5fdeac52c8b45f9.html  ; https://www.youtube.com/watch?v=0RpNWhBTYII Cabe destacar que el susodicho pseudo-actor cumplió su ridícula “performance” –consistente en hacer flexiones de brazo sobre el Altar Eucarístico- no solitariamente, sino delante de la presencia de algunos fieles, ninguno de los cuales atinó a decir ni una sola palabra.

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

El Altar Eucarístico es el lugar sagrado por excelencia, pues en él se renueva, cada vez, en la Santa Misa, por el poder del Espíritu Santo, el Santo Sacrificio de la Cruz, sólo que de modo incruento y sacramental. En el Altar Eucarístico sucede, de modo invisible, que escapa a la percepción de los sentidos, pero también de un modo supra-racional, que supera la capacidad de la razón humana, el misterio sobrenatural absoluto, obrado por la Trinidad, misterio por el cual las substancias inertes del pan y del vino se convierten en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Junto al Sagrario, que alberga y custodia el Cuerpo de Cristo ya consagrado, el Altar Eucarístico es el lugar más sagrado del Templo de Dios, pues en Él se lleva a cabo la confección del Sacramento del Amor, la Sagrada Eucaristía. El Altar Eucarístico se convierte, en la Santa Misa, en una parte del cielo, en donde se encuentra, en Persona, el Rey de los cielos, Cristo Jesús, el Cordero de Dios, ante quien los ángeles se postran en adoración exclamando el triple “Sanctus”: “Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo”, y por esa razón, cuando nos encontramos ante el Altar del Sacrificio, en la Santa Misa, nos encontramos ante el Cordero de Dios que ha bajado del cielo para ser adorado por nosotros, pobres hombres pecadores e indignos de su Presencia.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

El Altar Eucarístico es símbolo y representación de otro Altar, un Altar sobrenatural, celestial, místico, el mismo Jesús, el Hombre-Dios que, con su Humanidad Santísima, se ofrece al Padre en holocausto por la salvación de los hombres. La Humanidad Santísima de Jesús, consagrada en el momento de ser concebida virginalmente en el seno de María con el óleo del Espíritu Santo, es el Ara Santa, el Altar Purísimo, en donde se ofrece la Víctima Perfectísima, el Cordero de Dios, en expiación por los pecados de los hombres. Al besar el Altar al inicio de la Santa Misa, el sacerdote ministerial besa la Humanidad Santísima de Cristo, Humanidad que, unida hipostáticamente, personalmente, a la Persona Segunda de la Trinidad constituye, en el Ara Santa de la Cruz, el sacrificio perfectísimo y agradabilísimo a Dios, por medio del cual la Ira de Dios, encendida por la malicia del corazón del hombre, queda aplacada, la Justicia Divina satisfecha y la Misericordia Divina honrada. Al besar el Altar Eucarístico, el sacerdote ministerial besa la Sacratísima Humanidad de Jesús que, ofrecida en el Ara Santa de la Cruz, se interpondrá entre los hombres y la Ira divina, recibiendo en sí misma los castigos, todos y cada uno, que los hombres nos merecemos por nuestros pecados, y por esto, el beso al Altar es un beso de acción de gracias al Santo Sacrificio de Jesús en el Calvario.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

En el Antiguo Testamento y obedeciendo el mandato de Dios, Abraham llevó a su hijo Isaac para ser sacrificado. En Isaac, niño inocente, estaba prefigurado Jesús, y es por eso que Isaac llevaba consigo el atado de leño con el que se iba a consumar el sacrificio, prefigurando así la Cruz de madera en la que el Cordero de Dios habría de ser sacrificado. Isaac llevaba también el cuchillo con el cual se consumaría el sacrificio al ser aplicado sobre su corazón, prefigurando también así la lanza de hierro del soldado romano que atravesó el Sagrado Corazón de Jesús, una vez que hubo consumado el sacrificio en la cruz. La leña que llevaba Isaac, figura de Cristo, representaba el altar de la cruz, y el fuego que habría de ser aplicado sobre esta leña, representaba al Fuego del Divino Amor, el Espíritu Santo, que al descender sobre la Humanidad Santísima de Cristo en la Encarnación, la ungió con la santidad Increada de Dios y la convirtió en Víctima Perfectísima y agradabilísima a Dios. La razón por la que el Cuerpo de Jesús es Víctima agradabilísima, es porque en él está “contenido” el Hijo de Dios, la Persona Segunda de la Trinidad, que se ofrece, por medio del sacrificio cruento en la Cruz, como Víctima Pura y Santa al Padre, para expiar nuestros pecados, para recibir en su Humanidad Inocente y Pura el castigo debido por nuestra malicia, y para que a través de esa Humanidad lacerada, se derrame sobre nuestras almas impuras la Sangre Preciosísima del Cordero, que lava nuestros pecados y nos concede la gracia de ser hijos amados de Dios.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

El Altar Eucarístico fue representado y figurado en el altar que levantó el profeta Elías, quien hizo descender fuego del cielo (cfr. 1 Re 18, 38) para quemar la ofrenda, carne de novillo regada con agua y colocada sobre un hato de leña (cfr. 1 Re 18, 33-35). En este episodio está prefigurada la Santa Misa: la víctima, el novillo sobre la madera, es prefiguración de Cristo, el Cordero de Dios inmolado en el leño de la Cruz; Elías, el sacerdote de Dios, prefigura a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote; el altar, es también prefiguración de Cristo que, con su Humanidad, se ofrece al Padre por nuestra salvación; el fuego que cae del cielo, prefigura al Espíritu Santo, Fuego de Amor Divino que, por las palabras de la consagración pronunciadas por el sacerdote ministerial –“Esto es mi Cuerpo, Esta es mi Sangre”-, desciende desde el cielo enviado por el Padre y el Hijo sobre las ofrendas eucarísticas del pan y del vino, convirtiéndolas en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Y así como el Pueblo de Dios se postró ante el altar luego de que el fuego que bajó del cielo por invocación de Elías y consumió el holocausto, así también el Nuevo Pueblo de Dios, los bautizados en la Iglesia Católica, adoran al Cordero de Dios que, por el Espíritu Santo, Fuego de Amor Divino, se hace Presente en Persona en el Altar Eucarístico luego de ser convertidas las substancias del pan y del vino en la Eucaristía, y se postra en adoración al Cordero de Dios, entonando el triple Sanctus. Por el poder del Espíritu Santo que desciende sobre el Altar Eucarístico en la consagración, se produce el milagro de la Transubstanciación, milagro por el cual el pan y el vino no conservan ya más su esencia, quedando sólo las apariencias, porque las substancias respectivas del pan y del vino se han convertido en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del Señor Jesús, quien de esta manera se hace Presente real, verdadera y substancialmente, y no de manera simbólica o espiritual. Y puesto que permanece Presente en Persona, con su substancia humana glorificada, en la Eucaristía, el Cordero de Dios es adorado sobre el Altar Eucarístico, en el Sagrario y en la Custodia, y en el momento mismo de tomar la Sagrada Comunión Eucarística.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Jesús es Sacerdote, Altar y Víctima, y esta triple función la cumple en la Sagrada Eucaristía: Sacerdote, porque Él es el Sumo y Eterno Sacerdote que, en la Eucaristía, adora, da gracias, expía y pide al Padre por nosotros; Altar, porque por su Humanidad sacratísima, glorificada y resucitada, Él, en cuanto Persona Segunda de la Trinidad, se ofrece al Padre en el Amor del Espíritu Santo, para reparar por nuestras iniquidades; Víctima, porque siendo Él el Cordero Inmaculado, el Cordero Inocente; siendo Él el Dios Tres veces Santo, se interpone con su Humanidad sacratísima, entre la Ira de Dios, justamente desencadenada por la malicia de nuestros corazones, y nosotros, para recibir, de forma vicaria y expiatoria, todos y cada uno de los castigos que todos los hombres, desde el primero al último, deberíamos recibir de modo personal, recibiendo así el castigo que nosotros deberíamos haber recibido, obteniéndonos el perdón divino al satisfacer, con su Inocencia Inmaculada y con su Sangre Preciosísima, además del perdón, la gracia de la filiación divina. La Eucaristía es por lo mismo, la suprema muestra del Divino Amor para con el hombre pecador, en donde Jesús oficia su triple rol de Sumo y Eterno Sacerdote, de Altar Sacrosanto y de Víctima Inmaculada y Perfecta que se ofrece en holocausto santo Él mismo por toda la eternidad ante los ojos de Dios.

Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.




sábado, 4 de febrero de 2017

Hora Santa en reparación por ultraje a imagen de Nuestra Señora de Belén en España


         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por la profanación de la imagen de la Virgen María Santísima de Belén Coronada, patrona de la localidad de Córdoba, España, cuya corona fue robada, además de sufrir la imagen la ruptura de un dedo y también un brazo a la talla del Niño Jesús. La información pertinente del lamentable suceso se encuentra en los siguientes enlaces: https://twitter.com/gjbelenmontilla/status/823551668272893953/photo/1?ref_src=twsrc%5Etfw ; https://www.aciprensa.com/noticias/roban-y-profanan-imagenes-de-la-virgen-y-el-nino-en-ermita-de-cordoba-81679/ ; http://www.actuall.com/laicismo/mutilan-las-imagenes-la-virgen-belen-del-nino-jesus-palma-del-rio

         Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

El Hijo de Dios, el Verbo Eterno del Padre, el Verbo que “era Dios y estaba junto a Dios” (cfr. Jn 1, 1), se encarnó y se hizo hombre en el seno virgen de María, la Nueva Eva, para finalizar y reparar la desobediencia de la primera Eva: esta, siendo virgen, prestando oído al silbido de la Serpiente Antigua, concibió en su corazón la palabra de la Serpiente y, engendrando el pecado, dio a luz a la rebelión y a la muerte[1]; la Nueva Eva, la Siempre Virgen María, luego de recibir el Anuncio del Ángel, concibió por obra del Espíritu Santo a la Palabra de Dios que, de esta manera, se encarnó en su seno, siendo luego esta Palabra dada a luz, revestida de carne y manifestándose al mundo como Niño recién nacido, para iluminar a los que vivían en “tinieblas y en sombras de muerte” (cfr. Lc 1, 68) y para concederles, junto con su luz, su Vida, su Amor, su Paz y su Alegría divina. Y si la Serpiente triunfó al seducir a la primera Eva, esta misma Serpiente fue derrotada por la Nueva Eva, la Virgen María, quien aplastó su orgullosa cabeza por medio de la obediencia y humildad de su Inmaculado Corazón, porque Dios da el triunfo no a los soberbios y orgullos, sino a quienes participan de las mismas virtudes del Sagrado Corazón, la primera entre todas, María Santísima. Mientras la primera Eva, al prestar oídos a la Serpiente y su palabra de odio a Dios, engendró el pecado, la rebelión y la muerte, la segunda Eva, María Santísima, al abrir su Corazón Purísimo al Anuncio de la Encarnación de la Palabra de Dios en su seno virginal, la concibió, la nutrió con su substancia materna, le tejió un cuerpo de carne humana para hacerla visible y la dio a luz, engendrando así al Verbo de Vida eterna humanado que, al ofrecer su Cuerpo Purísimo en la Cruz y al derramar su Sangre Preciosísima en el Calvario, concede a las almas la gracia santificante y con la gracia, su vida divina y con ella todas sus virtudes, la primera, la obediente y humilde sumisión amorosa a la amabilísima Voluntad de Dios Trino, que quiere que todos, todos los hombres, sin excepción alguna, nos salvemos y vivamos en el Reino eterno de los cielos, para siempre, en la feliz contemplación de la esencia y el Ser trinitario divino. Así como la primera Eva fue causa de muerte para el género humano, así la Segunda Eva, la Madre de Dios, fue causa de vida y de vida eterna, al engendrar y dar a luz a la Vida Increada en sí misma, el Nuevo Adán, el Hombre-Dios, Cristo Jesús.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La Madre de Dios es la Siempre Virgen María: fue Virgen antes del parto, durante el parto y después del parto, y lo seguirá siendo por eternidades de eternidades. La Virgen no concibió por obra de varón alguno, sino por obra del Amor de Dios, el Espíritu Santo, porque fue el Espíritu Santo el que condujo al Verbo del Padre, desde el seno del eterno Padre, al seno de la Madre Virgen; fue el Amor de Dios el que llevó al Hijo de Dios, desde el cielo en el que vivía en la eternidad, en el seno del Padre, a ese cielo en la tierra y en el tiempo, que era el seno de la Virgen Madre, y lo hizo, para que el Hijo de Dios, que vivía en el Amor de Dios en el cielo, al encarnarse, no extrañara ese mismo Divino Amor, que inhabitaba en el cuerpo, en el alma y en el Inmaculado Corazón de María. Así fue la Concepción Inmaculada del Hijo de Dios en el tiempo: no hubo intervención alguna de ningún varón, sino que fue el Divino Amor el que condujo a la Persona del Verbo al seno de la Madre Virgen y, en concurso con el Padre y el Hijo, creó en el momento de la Concepción del Verbo en el seno de la Virgen, la naturaleza humana de Jesús de Nazareth, el Hijo de Dios. Y así, el Verbo de Dios, al encarnarse, puesto que en el seno virginal de María inhabitaba el mismo Amor Divino con el cual el Hijo de Dios inhabitaba con el Padre desde la eternidad, al adquirir un cuerpo y un alma humanos en el vientre de María, no tuvo en falta el Amor de Dios, porque este Amor de Dios moraba en María. Es por esto que la Encarnación de la Palabra de Dios fue obra del Amor de Dios y no obra del amor humano, por casto y puro que este pudiera llegar a ser y por esta razón la Virgen fue Virgen antes, durante y después del parto, y lo seguirá siendo por eternidades de eternidades.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         San Juan Evangelista es representado por un águila, debido a las características místicas de su contemplación del Verbo de Dios, que supera a la de los demás Evangelistas: lo contempla junto al Padre y lo contempla luego, ya Encarnado. En efecto, así como el águila se eleva hasta las alturas inconmensurables y fija su vista en el sol, así el Evangelista Juan se eleva hasta las alturas inconmensurables de la contemplación del Verbo Eterno del Padre, describiéndolo como Dios igual al Padre, que vive con Él y es Dios desde la eternidad: “El Verbo era Dios, el Verbo estaba en Dios” (cfr. Jn 1, 1); pero así también como el águila, desde las alturas y gracias a su agudeza visual, es capaz de contemplar con todo detalle lo que está en la tierra, así también el Evangelista Juan, en su Prólogo, contempla a este Verbo que, desde las alturas del seno del Padre, ha descendido a la tierra y se ha encarnado en el seno de María Virgen: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y nosotros hemos contemplado su gloria”. Pero el Evangelista, si bien llevado por el Espíritu Santo e  iluminado por este, contempla al Verbo, tanto en las alturas inefables de su condición de Hijo en el seno del Padre, como ya en su condición de Verbo hecho carne, con todo, sólo lo contempla, y por esto es llamado el más grande teólogo, comparable al águila que se eleva hasta el sol y fija su vista en él, al mismo tiempo que puede ver, con toda claridad, a ese Verbo que ha descendido ya a la tierra y se ha encarnado: “Hemos visto su gloria”. Es decir, el Evangelista Juan es representado con el águila debido a la excelsa contemplación del Verbo, pero sólo lo contempla: hay Alguien, y es la Virgen, quien lo supera en su contemplación, en una medida mayor a la distancia que hay entre la tierra y el sol, porque la Virgen, además de contemplarlo, a este Verbo Eterno del Padre, lo lleva en sus entrañas virginales.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Entonces, si se dice del Evangelista Juan que es un teólogo místico, ¿qué podemos decir de la Siempre Virgen María, la Madre de Dios, la Virgen Inmaculada y Purísima, que no sólo lo contempla a este Verbo Eterno, sino que lo porta con Ella en su seno virginal? ¿Qué podemos decir de la Madre de Dios, que a ese mismo Verbo Eterno que es Dios y que está con el Padre, contemplado por San Juan, se encarna, por el Espíritu Santo, en sus entrañas purísimas, para darle al Verbo de Dios, Invisible en sí mismo, de sus nutrientes maternos, tejiéndole un cuerpo humano, para que el Hijo de Dios Invisible, al nacer de la Madre de Dios, sea visible y pueda ser contemplado y adorado por los hombres? El Evangelista Juan es como el águila que se remonta hasta las alturas, fijando su ojo sobrenatural en el Sol de justicia, Cristo Jesús, que está con el Padre desde la eternidad: “El Verbo era Dios (…) el Verbo estaba junto a Dios” y desde allí es testigo de la Encarnación del Verbo: “El Verbo se encarnó y habitó entre nosotros”, pero la que hace posible que el Verbo sea contemplado en su gloria, poseyendo ya su naturalezas humana, es la Virgen, porque es Ella la que le da al Verbo Invisible de su carne y de su sangre materna, de manera tal que el Hijo de Dios, alojado en su seno purísimo y revestido de la substancia materna, adquiere un cuerpo que puede ser adorado por los hombres y así cada hombre, al ver al Hijo de Dios, revestido con la substancia materna de la Virgen, pueda decir: “Hemos visto su gloria, gloria como de Hijo Unigénito”. Y ese Cuerpo Sacratísimo, dado por la Virgen Madre y tejido por Ella con su propia substancia materna en los nueve meses que duró su gestación, es el mismo Cuerpo que luego habría de entregar en la Cruz, en sacrificio para la expiación de nuestros pecados, y es el mismo Cuerpo que continúa entregando en cada Eucaristía, para donarnos su Vida y su Amor divinos.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Si la Virgen Santísima engendró en su seno virginal al Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, para darlo al mundo en Belén como Pan de Vida eterna, esto lo hizo en cuanto Madre y Modelo de la Iglesia, para que la Iglesia, a su imagen y semejanza, también engendrara por el Espíritu Santo, en su seno inmaculado y puro, el altar eucarístico, el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, donándolo a las almas como Pan de Vida eterna en cada Santa Misa. El mismo Don que hizo la Virgen al mundo en Belén, Casa de Pan, de dar a su Hijo Jesús como Pan Vivo bajado del cielo, ese mismo don lo continúa la Iglesia, Nuevo Belén, al dar al Hijo de Dios, Jesús, como Pan Vivo bajado del cielo, en la Eucaristía. Es por esto que, parafraseando a María Santísima en el Magnificat, como Iglesia le decimos: “El Señor hizo en ti, oh Virgen Santa y Pura, amabilísima Madre de Dios y Madre nuestra, grandes maravillas”.

Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

        
          



[1] Cfr. San Justino, Diálogo con el judío Trifón.

lunes, 30 de enero de 2017

Hora Santa en reparación por robo de la Eucaristía en Ferrara, Italia, en Enero de 2017


         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por el robo sacrílego de un copón conteniendo Hostias consagradas. El horrible sacrilegio ocurrió el Domingo 22 de enero de 2017 en la localidad de Ferrara, Italia. La información acerca del lamentable hecho se puede encontrar en el siguiente enlace: http://blog.messainlatino.it/2017/01/ferrarahanno-rubato-il-signore-sante.html Por medio de esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado, nos unimos a las Horas Santas y Santas Misas ofrecidas en reparación, por pedido del Sr. Obispo de la Diócesis de Ferrara, Monseñor Luigi Negri. Al mismo tiempo, pedimos por la conversión de quienes cometieron este horrendo sacrilegio, así como también la devolución intacta de todas y cada una de las Formas consagradas.

Oración inicial: "Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman" (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén".

Canto inicial: "Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.     
     
La Eucaristía es el Corazón de la Iglesia y así como el cuerpo del hombre no puede vivir sin el corazón, así tampoco la Iglesia porque, al igual que el hombre, que del corazón recibe la sangre que la da la vida, así la Iglesia, de la Eucaristía, recibe la Sangre del Cordero, que contiene la Vida eterna. La Eucaristía es para la Iglesia y para todo bautizado su razón de ser y de existir; es el fundamento y la Roca firme sobre la cual la Iglesia se edifica, y sin la Eucaristía, la Iglesia se desmoronaría como un edificio construido sobre arena. La Eucaristía da sentido al cristiano y a la Iglesia toda, y sin la Eucaristía, la Iglesia y todo bautizado carecerían de razón de ser y no subsistirían. La Eucaristía es el “Sacramento de la fe” de la Iglesia; es el Sacramento de los sacramentos; es el Sacramento sobre el que se funda nuestra fe católica, la fe que ilumina con la luz celestial del Cordero a las naciones que viven “en oscuridad y sombra de muerte” (cfr. Lc 1, 68). La Eucaristía es el “Don de dones”, la suprema muestra de amor de la Trinidad por la humanidad –Dios Padre envía a su Hijo, quien por el Espíritu Santo se encarna en María Virgen y prolonga su Encarnación en el seno virginal de la Iglesia, el altar eucarístico-, y este Don inefable del Divino Amor se transmite y comunica a los hombres por medio del sacerdocio ministerial, sacerdocio que obtiene el poder divino de transubstanciar el pan y el vino en el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del Redentor, al participar del divino poder del Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo. Sin la Eucaristía, que es Cristo Jesús en Persona, de nada le valdría al hombre el haber nacido y la Iglesia sería solo una congregación de hombres piadosos y no el Cuerpo Místico de Cristo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         La Eucaristía es, para el católico, el “verdadero Maná bajado del cielo” (cfr. Jn 6, 44-51), enviado por el Padre para que, alimentado el hombre con la substancia divina, adquiera la fortaleza celestial que le permita atravesar el desierto de la vida y llegar a la Jerusalén celestial. El maná que recibió el Pueblo Elegido, en su marcha hacia la Jerusalén terrena, era solo una figura y una prefiguración del verdadero Maná, el Pan Vivo bajado del cielo, el Cuerpo y la Sangre de Jesús, la Eucaristía. Así como en el desierto, en su peregrinación a la Tierra Prometida, el Pueblo Elegido, Yahvéh obra para ellos el milagro del maná del cielo y de las codornices, además del agua que brota de la roca luego de golpear Moisés su bastón: “(…) Entre las dos tardes comeréis carne y por la mañana os hartaréis de pan; y conoceréis que Yo soy Yahvéh, vuestro Dios” (cfr. Éx 16, 12), así también Jesús, en la Santa Misa, multiplica el Pan de Vida eterna y la carne del Cordero en el altar eucarístico, para que el alma se colme de esa agua límpida que es la gracia del Sagrado Corazón. El maná del Pueblo Elegido era de origen celestial, pero era sólo un alimento terreno, para un objetivo terreno, permitir la sobrevida del cuerpo en el tiempo, para poder así atravesar el desierto y llegar a la Jerusalén terrena. El Maná verdadero, la Eucaristía, es también un don celestial, venido del cielo, concedido al Nuevo Pueblo Elegido, los bautizados en la Iglesia Católica, por medio del más grande milagro de todos los grandes milagros de Dios, la transubstanciación, y si bien es un alimento que se obtiene en el tiempo y en la tierra, allí donde se encuentra un altar eucarístico, y si bien tiene la apariencia de un alimento –un pan- terreno, es sin embargo un alimento celestial, el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, que alimenta el alma con la substancia misma de Dios Trino, para que el alma, viviendo en el tiempo y en la historia, tenga la fortaleza necesaria para atravesar el desierto de la vida y alcanzar, más allá del tiempo y del espacio, la Jerusalén celestial, la Ciudad Santa del cielo, cuya “Lámpara es el Cordero” (cfr. Ap 21, 23).

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Porque Aquel que en la Eucaristía se ofrece al Padre en el Amor del Espíritu Santo no es otro que el mismísimo Hijo de Dios en Persona[1], la Eucaristía es el único culto digno de la divina majestad trinitaria, en la que se contiene todo el deber de amor que el hombre tiene con Dios Trino: es la suprema acción de gracias, la adoración a la Trinidad, la expiación por los pecados de los hombres, y la petición de dones y favores que los hombres esperamos de la Bondad infinita de Dios. En la Eucaristía, renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio del Calvario, el Hijo de Dios se inmola en el altar de la cruz, ofreciendo al Padre su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad, por el Espíritu Santo, el Amor de Dios. En la Eucaristía, el que adora al Padre en el Amor del Espíritu Santo es el Hijo de Dios; el que expía la malicia de los pecados de todos los hombres, con el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico, es el Hijo de Dios; el que da gracias al Padre por la redención de la Cruz, es el Hijo de Dios; el que pide por nosotros al Padre sus dones, favores y milagros, es el Hijo de Dios, y es por esto que no hay culto más agradable y perfecto que el de la Eucaristía. Por el culto eucarístico se tributa todo el amor, la adoración y la gloria que Dios Trino se merece, al ser la obra suprema de las Tres Personas de la Santísima Trinidad: en cada Santa Misa, en cada Eucaristía, Dios Padre envía a su Hijo, por el Amor del Espíritu Santo, para que renovando de modo incruento y sacramental, sobre el altar eucarístico, el Santo Sacrificio de la Cruz, todos los hombres, de todos los tiempos, seamos capaces de acceder al fruto más preciado de la Redención: el Amor del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         La Iglesia se funda en la Eucaristía y de la Eucaristía obtiene su nutriente vital, la substancia, la vida y el Amor divinos; hacia la Eucaristía tienden todos sus esfuerzos apostólicos y es el fin hacia el cual se dirige en su peregrinar terreno hacia el Reino de los cielos. En la Eucaristía la Iglesia prueba ya, en medio de las tribulaciones de la vida terrena, un anticipo del Amor celestial que espera gozar en la eternidad, porque la Eucaristía es el Rey del cielo, Cristo Jesús, en Persona, que se dona a sí mismo con todo el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico. La Iglesia nace de la Eucaristía porque fue fundada el Jueves Santo, cuando en la Última Cena los Apóstoles, “en cuanto comunidad nueva del Pueblo de Dios”[2], son hechos partícipes, por la Comunión Eucarística, “del Cuerpo y la Sangre del Señor bajos las especies del pan y del vino”[3]. Obedeciendo al mandato de Jesús –“tomad y comed”, “tomad y bebed”, y comulgando en la Eucaristía del Jueves Santo su Cuerpo y su Sangre, los Apóstoles, en cuanto Columnas de la Nueva Iglesia del Cordero, la Iglesia Católica, entran en comunión sacramental con el Hijo de Dios, que se les dona bajo las especies eucarísticas del pan y del vino, recibiendo por esta Comunión Eucarística la participación en la vida eterna del Ser divino trinitario. Desde entonces –y hasta el fin de los tiempos-, la Iglesia se construye por la Eucaristía[4], al entrar los bautizados en la Iglesia Católica, los miembros del Nuevo Pueblo de Dios, en comunión sacramental con el Hijo de Dios, Jesucristo, prenda de la Pascua Eterna. Adorar y comulgar la Eucaristía es, por lo tanto, para el bautizado, que vive en el tiempo y en la historia, el anticipo de la adoración y de la contemplación cara a cara con el Cordero de Dios en la feliz eternidad.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La Eucaristía es a la vida del cristiano, lo que el alma al cuerpo y mucho más todavía, porque mientras el alma da al cuerpo la vida, una vida que es puramente natural y terrena, la Eucaristía concede al cristiano una nueva vida, la vida misma de Dios Trino, la misma vida divina con la cual viven las Tres Divinas Personas en su perfecta y feliz eternidad, pero al mismo tiempo, junto con esta vida divina, la Eucaristía concede al alma la Paz, la Alegría, la Fortaleza, la Sabiduría y el Amor de Dios, y lo concede al Amor en tal medida, que si el alma estuviera dispuesta –por la gracia- a recibir ese Amor en su total magnitud, moriría en éxtasis de amor con el sólo comulgar, tal como sucedió con algunos santos en la Iglesia. Es decir, la Eucaristía no sólo recuerda el Amor de Dios, sino que lo significa y lo hace presente en su realidad sobrenatural y no meramente en el recuerdo; en otras palabras, la Eucaristía, al poseer el Acto de Ser trinitario, subsistente en sí mismo, del cual brota, como de una Fuente inagotable el Divino Amor, hace presente a este Divino Amor, no de un modo simbólico o metafórico, sino de un modo real y verdadero, lo cual quiere decir que, para el hombre de todo tiempo y lugar, el misterio del Amor de Dios contenido en el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, se encuentra, por así decirlo, delante de sus ojos, cada vez que la Eucaristía se consagra en el Altar del Sacrificio. Adorar la Eucaristía, por lo tanto, es adorar al Cordero de Dios, el mismo Cordero al cual adoran los ángeles y santos en el cielo, y aunque está oculto a los ojos corporales bajo las especies eucarísticas, el Cordero de Dios es “visible” al alma con los ojos de la fe bimilenaria de la Iglesia. Por la misma razón, comulgar la Eucaristía –acto de amor que debe ser precedido por la adoración-, es unirse al Cordero de Dios, ya desde la tierra y sacramentalmente, como un anticipo de la unión por la visión beatífica en la gloria, en el Reino de los cielos.

         Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.




[1] Cfr. Juan Pablo II, Carta a todos los Obispos de la Iglesia sobre el Misterio y el Culto de la Eucaristía, n. 3.
[2] Cfr. ibidem, n. 4.
[3] Cfr. ibidem, n. 4.
[4] Cfr. ibidem, n. 4.