viernes, 22 de enero de 2021

Hora Santa en reparación por ultraje contra la Santa Cruz en España 210121

 

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el indecible ultraje sufrido por la Santa Cruz en España: fue retirada por el ayuntamiento de una localidad y luego arrojada impiadosamente a un depósito de residuos. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/photo/?fbid=878720536283882&set=pcb.450456306095285

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

          Cuando el Ángel Gabriel le anunció a María Santísima que había sido elegida para convertirse en la Madre de Dios, la Virgen Purísima dio su “Sí” a la Divina Voluntad, dando inicio, con la Encarnación del Verbo, tanto al plan de salvación de la humanidad, como al punto de encuentro de cada alma con Dios Uno y Trino. En efecto, desde la Encarnación, la Virgen Santísima es Aquella que nos conduce a la unión perfectísima con su Hijo, Cristo Dios y a través de Él, con la Santísima Trinidad. Por haber dado su “Sí” al Divino Plan de redención, para que el Verbo se encarnara en su seno virginal y se convirtiera en Pan de Vida eterna, es que la Virgen es llamada “Nuestra Señora de la Eucaristía”.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

          Nuestra unión con Cristo se da a través de la Virgen, porque es Ella quien nos lo dona, al engendrarlo por obra del Espíritu Santo y luego darlo a la luz en Belén, Casa de Pan, como Pan de Vida eterna. Así, la Virgen se convierte para nosotros en el camino más sencillo, perfecto, humilde y pleno del Divino Amor, para la unión con Jesús Eucaristía.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

          Pero también es cierto el camino inverso: así como por la Virgen nos unimos a Jesús Eucaristía, así mismo, por Jesús Eucaristía, nos unimos moral y espiritualmente a la Virgen, por medio de la Sagrada Comunión Eucarística. En efecto, según afirma un autor, “Con Jesús Hostia ingresa también la Virgen en nuestras almas, haciéndose toda una -en un sentido místico y sobrenatural- con cada uno de nosotros sus hijos, derramando su amor maternal sobre nuestras almas y sobre nuestros cuerpos; por eso dice San Hilario de Poitiers: “La mayor alegría que podemos dar nosotros a María es la de llevar a Jesús Eucaristía en nuestro pecho”[1].

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

          Es verdadero el dicho que dice, refiriéndose a la Virgen y a Jesús: “Donde está la Madre, está el Hijo y donde está el Hijo, está la Madre”. Esto se ve desde el momento mismo de la Encarnación y se hace visible y manifiesto en el Nacimiento del Niño Dios en Belén y esto mismo se repite, misteriosa e invisiblemente, en el Nuevo Belén, que es el altar eucarístico. Afirma un autor: “Cuando vemos a Jesús en el altar, siempre encontramos, como los Reyes Magos en Belén, a Jesús “con su Madre María” (Mt 2, 11); y Jesús Hostia, en el altar de nuestro cuerpo, puede repetir a cada uno de nosotros, como a San Juan en el altar del Calvario: “Ahí tienes a tu Madre” (Jn 19, 27)[2].

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

          También los santos nos enseñan que la Virgen se une espiritualmente a nosotros en cada comunión eucarística: según San Agustín, “María Santísima se hace nuestra y se une a cada uno de nosotros en la Sagrada Comunión: “El Verbo es alimento de los Ángeles. Los hombres no tienen fuerza para alimentarse, a pesar de la necesidad que tienen de hacerlo. Sucede que encuentran una madre que come de este Pan supersubstancial y lo transforma en leche para alimentar a sus pobres hijos. Y aquí está María: Ella se alimenta del Verbo y lo transforma en la Santísima Humanidad, lo transforma en Cuerpo y Sangre, en esta leche dulcísima que se llama Eucaristía”[3].

          Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al Cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

         



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonio de Autores Católicos Elegidos, Madrid 2006, 154.

[2] Cfr. ibidem, 155.

[3] Cfr. ibidem, 155.

sábado, 16 de enero de 2021

Hora Santa en reparación por atentado sacrílego contra catedral San Patricio en Nueva York 060121

 


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el atentado sacrílego sufrido por la catedral de San Patricio en Nueva York, Estados Unidos. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:

https://www.catholicnewsagency.com/news/cardinal-dolan-condemns-ugly-and-unlawful-defacement-of-st-patricks-cathedral-57590?fbclid=IwAR3SPw4VCbTZgB_TzMURr65givkS3aUHsrDd4BTiVEbwi7hSf5O1LUiMlrQ

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

          La siguiente anécdota es narrada por el fundador de una próspera institución religiosa, los Franciscanos de la Inmaculada Concepción. Dice así: “En la vida de San Jacinto, dominico, se lee que, una vez, para evitar una profanación del Santísimo con Sacramento, el Santo corrió a sacar del Sagrario el copón con las Sagradas Hostias para ponerlo en un sitio seguro- Mientras San Jacinto se iba con Jesús Eucarístico apretado en su pecho, oyó una voz que salía de la imagen de María Santísima que estaba a un lado del altar: “¿Cómo? ¿Te llevas a Jesús sin llevarme también a mí?”. El Santo se detuvo, sorprendido y entendió el pedido de la Virgen, aunque dudaba de si podría hacerlo, pues tenía sólo una mano libre y la imagen de la Virgen era pesada: entonces, sucedió un prodigio, al tomarla con su única mano libre, la imagen de la Virgen resultó más liviana que una pluma, con lo cual el Santo pudo cumplir con su cometido. El significado del prodigio es delicadísimo: tomar a María con Jesús no puede pesar ni costar absolutamente nada, porque Ellos “están el Uno en el Otro” (Jn 6, 56), de una manera divinamente sublime”[1].

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

          “Allí donde está la Madre, allí está el Hijo; y allí donde está el Hijo, está la Madre”, nos dicen los santos. La presencia de la Virgen al lado de su Hijo sea corporal, física o espiritual y sobrenatural, es inseparable y esto no es una metáfora o una expresión de deseos, sino una realidad sobrenatural. Así nos lo enseñan los santos, como, por ejemplo, Santa Bernardita Soubirous: una persona quiso ponerla a prueba con esta pregunta: “¿Qué te gusta más: recibir la Santa Comunión o ver a Nuestra Señora en la Gruta?”. A lo que la Santa respondió: “¡Qué pregunta tan extraña! Son cosas que no se pueden separar, Jesús y María van siempre juntos”[2].

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

          Afirma un autor: “La unión entre Nuestra Señora y la Eucaristía permanecerá indisoluble por su naturaleza “hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20), porque María Santísima, con su Cuerpo y su Alma -Purísimos y Llenos de la gracia de Dios- constituye la “Morada de Dios” (Ap 21, 3): es la hostia incorruptible “Santa e inmaculada” (Ef 5, 27) que reviste de ella al Verbo de Dios hecho hombre; San Germán llega a llamarla “Paraíso dulcísimo de Dios”. Y más bien, según una sentencia piadosa, también en el Cielo la Virgen conserva y conservará eternamente a Jesús Hostia visible en su pecho y eso para su “eterno consuelo, para júbilo de todos los Beatos y especialmente para alegría perenne de los devotos del Santísimo Sacramento”[3]. En otras palabras, la Virgen será para siempre, para toda la eternidad, “Nuestra Señora de la Eucaristía”.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

          No es mera intuición religiosa de un artista piadoso el representar a la Virgen con Jesús Eucaristía en su pecho: la Virgen lleva, desde la Anunciación, al Pan Vivo bajado del cielo en su Corazón Inmaculado, porque su “Sí” a la Encarnación del Verbo está motivado por el amor que inhabita en su Corazón virginal, el Espíritu Santo. Con toda razón, la Virgen es llamada “Nuestra Señora de la Eucaristía”, porque Ella nos da el fruto de sus entrañas virginales, Cristo Jesús, Pan de Vida eterna, la Sagrada Eucaristía. Y será la Virgen, Nuestra Señora de la Eucaristía, quien continuará llevando eternamente a Jesús Eucaristía en su pecho, para ofrecerlo a la contemplación gozosa de los bienaventurados “a quienes ya ahora les es dado ver la Divina Persona de Jesús en las especies eucarísticas”[4].

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

          Ahora bien, si la Virgen, como Nuestra Señora de la Eucaristía, nos da a su Hijo, el Pan de Vida eterna, Cristo Jesús y así se convierte en instrumento privilegiado de la Trinidad para nuestra unión sacramental con la Segunda Persona de la Trinidad encarnada, también es cierto que nos unimos a la Virgen por medio de la Eucaristía: “Nuestra unión con Nuestra Señora encuentra su punto fervoroso de fusión plena y más amorosa en la Eucaristía y especialmente en la Santa Comunión: con Jesús Hostia entra Ella dentro de nosotros, se hace todo una con cada uno de nosotros sus hijos, derramando su amor materno sobre nuestra alma y nuestro cuerpo. San Hilario dice: “La mayor alegría que podemos dar nosotros a María es la de llevar a Jesús Eucaristía en nuestro pecho”[5].

          Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

         



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús. Amor Eucarístico, Testimonios de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 152.

[2] Cfr. Manelli, ibidem, 153.

[3] Cfr. Manelli, ibidem, 153.

[4] Cfr. Manelli, ibidem, 154.

[5] Cfr. Manelli, ibidem, 154.

domingo, 10 de enero de 2021

Hora Santa en reparación por película blasfema “María, Madre de Jesús” 100121

 


          Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la película blasfema “María, Madre de Jesús”. En dicha película se describen una serie de inexactitudes que constituyen una verdadera blasfemia, no solo contra la Madre de Dios, sino también contra su Hijo, Cristo Dios. Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace:

          https://www.facebook.com/photo?fbid=10223735621688958&set=gm.3283726775064958

          Canto inicial: “Tantum ergo Sacramentum”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Con toda razón y justicia, la Virgen Santísima es llamada, entre otros títulos, como “Nuestra Señora de la Eucaristía”, porque fue de su seno virginal de donde surgió el Pan de Vida Eterna, Cristo Jesús en la Eucaristía. Si Jesús es el Pan Vivo bajado del cielo, la Virgen es el horno ardiente de caridad en donde este Pan celestial se puso a punto gracias al Fuego del Divino Amor, el Espíritu Santo.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

          Que la Virgen sea la Madre de la Eucaristía se prueba también por otros nombres y títulos que le pertenecen, como el de “Nuestra Señora del Santísimo Sacramento” y esto no como si fuera un título que se le adjudica solo nominalmente, sino porque fue Ella quien contribuyó, con sus nutrientes maternales, a que el Santísimo Sacramento del altar, Jesús Eucaristía, creciera seguro durante nueve meses en su seno materno y virginal.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

          Los santos también reconocían a la Virgen como “Nuestra Señora de la Eucaristía”, o títulos análogos; por ejemplo, el Padre Pío de Pietralcina, les decía a sus hijos espirituales: “Pero, ¿no veis a Nuestra Señora siempre junto al Sagrario?”[1], es decir, él la llamaba “Nuestra Señora del Sagrario”, porque la Virgen está siempre a los pies de cada Sagrario del mundo, adorando y amando a su Hijo, y haciendo reparación por quienes no lo adoran, no lo aman, no creen en su Presencia Eucarística y no esperan en su Venida Eucarística al alma por la Comunión sacramental.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

          La Virgen está siempre donde está el Hijo, y el Hijo está siempre donde está la Madre. Así, la Virgen está en el Calvario, cumpliendo su rol de Corredentora de la humanidad, junto a su Hijo Jesús, Redentor de los hombres. Por esta presencia adorante de la Virgen delante de cada Sagrario, San Alfonso María de Ligorio, en cada visita a Jesús Eucaristía unía siempre la visita a María Santísima; a su vez, San Juan Bosco decía: “Os recomiendo a todos primero hacer la adoración a Jesús Eucaristía y después el respeto a María Santísima”.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

          Muchos, al leer las vidas de los santos, probablemente experimenten el santo deseo de que la Virgen se les apareciera en sus vidas, pero pocos se dan cuenta de que, si hacen una visita a Jesús Sacramentado, se encontrarán en persona con la Virgen -aunque no la vean con los ojos del cuerpo-, debido a que la Virgen está en cada Sagrario del mundo, como dijimos, adorando, amando y reparando ante Jesús Eucaristía. Por esta razón, San Maximiliano María Kolbe recomendaba que, al ir a Jesús Eucaristía, no se dejase nunca de recordar la presencia de la Virgen, invocándola -como Nuestra Señora de la Eucaristía, agregamos nosotros- y uniéndose a Ella en su adoración, amor y reparación a Jesús Eucaristía.

          Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Editorial Testimonio de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 132.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Hora Santa en reparación por aprobación de ley del aborto en Argentina 301220

 


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la aprobación de la cruel e inhumana ley del aborto en Argentina. Para mayores detalles acerca de este horrible crimen, consultar el siguiente enlace:

         https://infovaticana.com/2020/12/30/el-senado-de-argentina-aprueba-el-aborto/?fbclid=IwAR2kSJ4B6VD6l31NqMSR0h79IiErO6De1mxwOVUa2EtHaN1AUSmk-DgcO7I

         Canto inicial: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

De la misma manera a como un alma en gracia es agradable a Dios, así el alma en pecado es aborrecible a Dios. Es decir, aunque Dios es la Suma Bondad y la Bondad Increada y el Amor en Sí mismo, no por eso deja de probar el más absoluto aborrecimiento al alma que lo desprecia por causa del pecado. Afirma un autor que “es tal el odio que Dios tiene al pecado, que después de haber privilegiado con tan notables prerrogativas a su Santísima Madre, si al cabo de la vida hallara en ella un solo pecado mortal, bastaría solo eso para condenarla a eternos tormentos”[1].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Puede darnos una idea del odio que Dios tiene al pecado, que basta con ver cómo en la Persona de su Hijo muy amado se castigó un pecado ajeno –ya que su Hijo era Purísimo y no podía jamás pecar-, que fue el de Adán, con atroces tormentos y penosísima muerte. El infinito Amor que tuvo Dios a su Hijo no fue parte para disminuir el odio que tiene al pecado; y así, por serle aborrecible la culpa hizo tan severa justicia en cosa que le agradaba tanto[2].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Para poder entender el odio que Dios tiene al pecado, no vaciló Dios en pedirle a su Hijo que sufriera y padeciera una muerte humillante y dolorosísima en una cruz, y todo por hacer que su Hijo expiara por un pecado ajeno. También podríamos preguntarnos qué infinidad de castigos le habrían correspondido a Adán y a los pecadores impenitentes, si el Hijo de Dios no hubiera sufrido muerte tan cruel y dolorosa en la cruz.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Los hombres deberían reparar en cuánto odia Dios al pecado, al contemplar con espanto aquello con lo que Dios castiga al pecador impenitente: el lago de fuego eterno y los tormentos que le vienen agregados. Es tan horrenda la malicia del pecado –aun el que se comete en un instante, con el pensamiento-, que no se terminará la eternidad de dolores, con los que Dios castiga a los impenitentes; es a esto a lo que obliga un pecado a Dios, porque Dios, aun siendo infinitamente misericordioso, es también Justicia infinita y es en virtud de esta Justicia que Dios se ve obligado a castigarlo, aun cuando sean sus hijos los que lo cometen y los que sufren el castigo[3].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         La contemplación de las penas del Infierno debe llevar al alma a estremecerse al ver cómo Dios castiga a sus creaturas, aun cuando sean hijas suyas, a causa del pecado que no confiesa y del cual el alma no se arrepiente[4]. Pero también la contemplación del Hijo de Dios crucificado, sufriendo tan espantosa agonía en la Santa Cruz, a causa del pecado ajeno, debe llevar a considerar cuánto odia Dios al pecado y cuánto ama al pecador, que porque éste no se condene eternamente en el Infierno, envía a su Hijo a morir en la Cruz, expiando el pecado de los hombres.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.   



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 438-439.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

jueves, 24 de diciembre de 2020

Hora Santa en reparación por postal blasfema de Navidad en Alemania 241220

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por un afiche blasfemo en el que a la adoración del Niño Dios, se la reemplaza por la idolatría de la ciencia: los magos presentan al Niño Dios la vacuna, como si se depositara en la vacuna la fe y la adoración que sólo al Niño Dios se debe tributar. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/groups/460589750712022/permalink/3261262073978095

Canto inicial: “Tantum ergo, Sacramentum”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Así como el alma que está en gracia glorifica a Dios Trino en cuanto Creador y también en cuanto Redentor y Santificador, así el alma que no está en gracia, porque libremente eligió el pecado, desprecia a Dios Trino por tres veces, en cuanto Creador, en cuanto Redentor y en cuanto Santificador, porque la gracia contiene todos esos bienes y por esos bienes los títulos con los  cuales Dios se debe honrar y cuando no se tiene la gracia, se pierden esos bienes y se pierde la triple glorificación que el hombre debe dar a Dios Uno y Trino[1].

 Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Por el pecado se desprecia a Dios como Redentor, como dijimos, porque se posponen la Sangre, la Pasión y la Muerte en Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, porque por el pecado es como si el Señor Jesús no hubiera padecido para salvarnos en la Cruz o como si su Sacrificio Redentor, sangriento y doloroso, pero también lleno de Amor de parte suya, no tuviera valor, ya que se le da más valor al bien efímero, pasajero y vil del pecado, antes que a la Pasión del Redentor[2].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Por el pecado se desprecia también a Dios en su condición de Supremo Legislador y Señor del mundo, porque se atropellan sus leyes –las leyes naturales, que indican al hombre, entre otras cosas, cómo deben ser sus actos- y se lo menoscaba en su autoridad, dando en cambio autoridad y lugar de señorío no a la gracia y a Dios, sino al pecado y, por detrás de este, a la concupiscencia y al demonio[3].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Se lo desprecia también como Justo Juez, porque no se da crédito, cuando se comete un pecado mortal o venial a sabiendas, que Él es el Sumo y Eterno Juez, que ha de venir a juzgar al mundo, dando a cada uno de los hombres lo que cada uno se mereció con sus obras libremente realizadas; al pecar, el pecador demuestra que no le importan la justicia y las penas, incluso las eternas, con las que el Justo Juez amenaza[4] a quien, con tal de satisfacer su concupiscencia, quebranta las leyes divinas y se alza contra Dios Trino, tal como lo hizo el soberbio Ángel caído, lo que le valió la expulsión para siempre del Cielo y sus alegrías.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.   

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Por el pecado se desprecia a Dios como amigo, al no querer darle gusto ni de estar en su gracia, tal como lo hace el alma que sí corresponde a la amistad ofrecida por Dios en Cristo; de esta manera, el pecador demuestra que ni le teme a Dios como Justo Juez, ni le ama como Amigo verdadero que nunca falla, lo cual demuestra suma locura e irracionalidad por parte del pecador. Se desprecia a Dios, por el pecado, porque el pecado es el fruto del mal que anida en el corazón del hombre, mientras que Dios es el Bien, la Bondad, el Amor y la Misericordia Sumos, Infinitos y Eternos y así se abusa de Dios y de su paciencia, que no es infinita; se desprecian finalmente todos los atributos y perfecciones que tiene el Ser divino trinitario, lo cual vuelve al pecador, ante los ojos de Dios Trino, como un ser infinitamente despreciable, infame, vil y miserable. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, guárdanos de caer en el pecado y guíanos y ampáranos como Madre nuestra celestial, para que nunca dejemos la gracia santificante que nos concede la Vida del Corazón de tu Hijo Jesús!

Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.

 

 

 

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 437.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 438.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 437.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 438.