martes, 20 de septiembre de 2016

Hora Santa en reparación a los Sagrados Corazones de Jesús y María profanados en un colegio de EE.UU.



Hora Santa en reparación a los Sagrados Corazones de Jesús[1] y María[2] profanados en un colegio de EE.UU.

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado, en reparación por la profanación cometida contra una imagen de la Virgen y contra Jesús en un colegio católico de EE.UU. La respectiva noticia acerca del lamentable sacrilegio se encuentra en la siguiente dirección:   https://www.aciprensa.com/noticias/indignacion-en-colegio-catolico-tras-profanacion-de-la-virgen-maria-y-burla-a-jesus-20490/
A modo de reparación por este sacrilegio, ofreceremos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado honrando en las meditaciones a los Sagrados Corazones de Jesús y María, al tiempo que, como lo hacemos siempre, pediremos por la conversión de quienes cometieron esta horrenda profanación, además de pedir por nuestra conversión y también la de nuestros seres queridos y la de todo el mundo.

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.  

         ¡Oh María, Santa Madre de Dios, tú eres la Causa de nuestra alegría, pues de tus entrañas purísimas y virginales, nació Aquel que es la Alegría infinita, el Verbo de Dios Encarnado, Cristo Jesús! Dios te salve, Santa María, Hija predilecta del Padre, Templo del Espíritu Santo, Sagrario y Custodia Viviente del Verbo de Dios Encarnado, Dios te salve; nosotros, pobres pecadores, te cantamos y te alabamos y por ti nos alegramos, porque Dios Trino te creó sin mancha de pecado original y te concedió el privilegio de ser Virgen y Madre de Dios, e hizo de tus entrañas virginales un trono purísimo donde habría de alojarse por nueve meses, en forma de embrión humano, Aquel al cual los cielos no pueden contener, Aquel ante cuya Presencia los ángeles se postran en adoración y prorrumpen en cantos de júbilo, alabanza y bendición, Nuestro Señor Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y gracias a tu “Sí” a la voluntad santísima del Padre, que para cumplir su plan de salvación era su querer que el Verbo tomara carne en tus entrañas purísimas, vino a nosotros, que yacíamos “en tinieblas y en sombras de muerte” la Luz Eterna que proviene de la Luz Eterna, Cristo Jesús, que viene a nuestras almas como Pan de Vida eterna, para alimentarnos con la substancia y la vida misma de la Trinidad, como anticipo de la feliz bienaventuranza que, por su gracia y misericordia, habremos de gozar un día en el Reino de los cielos.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Dios te salve, oh Virgen Purísima, eres la Causa de nuestra alegría, pues de ti se alimentó Aquel que creó el universo, el Dios Tres veces Santo, Cristo Jesús; Dios te salve, Virgen Inmaculada, pues de ti recibió un vestido de carne y sangre el Dios Invisible, Quien así se hizo visible, manifestando su gloria a través de su Cuerpo en la Epifanía, en el Tabor y en la Resurrección a nosotros, pobres pecadores; Dios te salve, Reina Inmaculada, pues la Palabra de Dios, recibiendo de ti carne y sangre, obtuvo un Cuerpo Purísimo, Cuerpo que sería luego inmolado en el altar de la Santa Cruz para, luego de haber pasado por la Pasión y Resurrección, ser donado, glorioso y resucitado, lleno de la luz, la gloria y la vida de la Trinidad, como Pan de Vida eterna, como Verdadero Maná bajado del cielo, en la Eucaristía, el Pan de los Ángeles.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación

Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, que ardes en las llamas del Divino Amor y deseas comunicarlas a los hombres en cada comunión eucarística, para encenderlos en el Fuego del Espíritu Santo; Tú has venido a traer este Fuego, el Fuego del Amor de Dios a los corazones de los hombres, ¡y cuánto quieres ya verlo encendido! (cfr. Lc 12, 49). Y sin embargo, la inmensa mayoría no desea recibirte en la Eucaristía y muchos de entre quienes sí lo hacen, sólo tienen para Ti una recepción tan fría e indiferente, que frustra por completo tus planes de entregarte todo entero para cada uno, sin reservarte nada. Se repite así en nuestros días, a los pies de cada sagrario y en cada Santa Misa, la respuesta fría, indiferente y falta de amor de tus discípulos en el Huerto de Getsemaní cuando, llevados por la acedia y el desinterés por las almas y por tu Amor, en vez de obedecer a tu pedido de que oraran junto a Ti, se dejaron vencer por la somnolencia, abandonándote en las horas más tristes y amargas de tu Pasión (cfr. Mt 26, 40). Al igual que entonces en el Huerto, cuando tus enemigos se mostraban frenéticos, vigiles y febrilmente dedicados a perseguirte y darte caza para juzgarte ante un inicuo tribunal y condenarte a muerte a Ti, oh Cordero Inocente de Dios, también hoy, tus discípulos, que somos nosotros, nos mostramos, la mayor parte de las veces, aletargados y dormidos, porque en vez de acudir a postrarnos ante el sagrario y tu Presencia Eucarística, pidiéndote que nos hagas partícipes de los dolores y las amarguras de tu Pasión, en un misterio de iniquidad que no encuentra similar, con nuestra acedia nos unimos a tus enemigos, o al menos los dejamos actuar, permitiendo que Tú y tu Santísima Madre sean ofendidos y ultrajados continuamente por los hombres pecadores e ingratos. ¡Oh Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, por la Sangre que derramaste de tu Costado traspasado, sacude nuestra somnolencia, despiértanos del letargo de la acedia, enciéndenos en el Fuego del Amor de tu Sagrado Corazón, para que tengas el contento de “verlos ya ardiendo” en las Llamas del Divino Amor!

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación

Sagrado Corazón de Jesús, que al aparecerte a Santa Margarita María de Alacquoque, le pediste su corazón y ella te lo entregó y Tú, luego de introducirlo en tu adorabilísimo Corazón, se lo devolviste convertido en una llama de tu Amor, mira que nuestros corazones son pobres, pequeños, miserables, duros como la piedra, fríos como la roca, y llenos de un amor humano contaminado con el pecado, que ama lo bajo y lo terreno, lo que satisface la concupiscencia. Apiádate, oh Buen Jesús, de nuestra miseria e indigencia, y obra con nosotros el milagro de convertir estos nuestros pobres y míseros corazones, en imágenes vivientes de tu Sagrado Corazón, que ardan con el Fuego del Divino Amor. Tú obras con nosotros, oh Jesús, Cordero de Dios, con un amor más grande con el que amaste a Santa Margarita, porque no nos pides nuestro corazón como a ella, sino que en cada Comunión Eucarística, nos das tu propio Sagrado Corazón, envuelto en las llamas del Divino Amor, para fundirlo con el nuestro y para que sea tu propio Corazón, nuestro único corazón, para que nuestro corazón desaparezca en el tuyo, fundido y derretido en las Llamas del Amor de Dios, para que nuestro corazón, así como el hierro se funde y se vuelve uno con el fuego y, de opaco, gris y frío, por la acción del fuego se vuelve incandescente, brillante y luminoso y transmite el mismo calor del fuego, de manera que parece uno solo con el fuego, así también quieres hacer Tú con nuestros corazones por la Comunión, transmitiéndonos el Fuego del Divino Amor, el Espíritu Santo, para que sean nuestros corazones, uno solo con tu Sagrado Corazón Eucarístico.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación

Sagrado Corazón de Jesús, en Ti arde el Amor que proviene de Ti y del Padre, el Espíritu Santo; sin este Divino Amor, nuestros corazones son oscuros, fríos y sin vida, como un trozo de carbón; por eso te rogamos que nos concedas una pequeñísima llama de tu Amor, para que se vuelvan como una brasa incandescente, que resplandezca con la luz y el calor del Fuego del Amor de Dios, el Espíritu Santo. Llénanos de este tu Divino Amor, el Espíritu Santo que proviene de Ti y el Padre, para que seamos capaces de irradiar el calor de tu Amor en este mundo que yace en “tinieblas y en sombra de muerte”, para que seamos capaces de iluminar este mundo en el que vivimos, en donde la ausencia de Dios en las almas y corazones lo ha convertido en un erial, en un desierto sin vida, en una estepa colmada de lobos, en donde no hay ni hermandad ni caridad entre los hombres, sino solo violencia del hermano contra el hermano. Sólo con el Amor Santo de tu Divino Corazón Eucarístico, puede un alma iluminar la oscuridad de este mundo en tinieblas; sólo con las Llamas del Fuego de Amor de tu Sagrado Corazón que late en la Eucaristía, puede un alma dar a sus hermanos el calor del Amor de Dios; sólo con un Amor Purísimo, como el Amor de tu Corazón traspasado, que se dona todo entero cada vez en la Eucaristía, puede el alma ser un rayo de luz en medio de tanta oscuridad. Apiádate de nosotros, los hombres, oh Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, y envía desde la Eucaristía un rayo de tu Amor, una chispa de tu Amor, así las almas se iluminen y se incendien en el Fuego del Amor de Dios, el Espíritu Santo. Oh Jesús Eucaristía, Tú eres la Luz del mundo, la Luz eterna que proviene de la Luz eterna, y sin Ti, el mundo y los corazones no somos más que tinieblas de pecado y muerte; ven, oh Corazón Eucarístico de Jesús, ven, desde el cielo del sagrario, e ilumina las mentes y los corazones de los hombres extraviados en las siniestras sombras caídas, que día a día cubren con su perversa oscuridad, cada vez más, los corazones de los hombres sin Dios.

Meditación final.

Oh Jesús Eucaristía, Tú eres la Luz de Dios, Tú eres Dios, y por eso eres la Luz eterna e increada en sí misma; sin Ti, oh Dios de la Eucaristía, las almas de los hombres vivimos en “tinieblas y en sombras de muerte”, sumergidos en las más horrendas de las oscuridades del pecado, del error, de la ignorancia, de la impiedad y de la malicia, y somos dominados y esclavizados por las tinieblas vivientes, los ángeles caídos. Oh Jesús Eucaristía, ven, e ilumínanos con la luz de tu Ser divino Trinitario, y conviértenos en antorchas vivientes que iluminen e irradien tu luz; a Ti, que eres la Luz de Dios. Ven, Jesús Eucaristía, ilumina nuestras tinieblas con tu Luz, una luz que al que ilumina lo vivifica con la vida de la Trinidad y lo incendia en el Amor del Espíritu de Dios, que es Amor. Ven, ilumínanos, sácanos de las tinieblas espirituales en las que vivimos, para que seamos como tantas otras antorchas que guíen a los hombres hacia la Luz Inaccesible que eres Tú, Jesús, el Dios del sagrario. Ven, Jesús Eucaristía, ilumínanos, que sin Ti, estamos perdidos en la inmensidad de la oscuridad; sólo Tú puedes vencer a las tinieblas que nos rodean y convertirnos en imágenes vivientes de tu Sagrado Corazón Eucarístico.

Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.





[2] Las meditaciones en honor al Inmaculado Corazón de María están inspiradas en el Himno Akathistos.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Hora Santa en honor a Jesús Eucaristía


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado, en reparación por la profanación cometida contra la Eucaristía en la ciudad de Mar del Plata, según consta en el siguiente portal informativo: https://www.aciprensa.com/noticias/profanan-la-eucaristia-y-asaltan-a-misioneras-de-la-caridad-en-argentina-14409/  A modo de reparación por este sacrilegio, ofreceremos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado, tomando como tema las figuras de la Eucaristía: el cordero pascual, el maná del desierto, Melquisedec, el Arca de la Alianza, y el profeta Elías. pediremos por la conversión de quienes perpetraron este sacrilegio, además de nuestra conversión, la de nuestros seres queridos, y la de todo el mundo.

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.  

El cordero de la Pascua hebrea, sacrificado primero y asado luego al fuego, es imagen de Jesucristo, Cordero Pascual que fue muerto y sacrificado en el altar de la cruz, para ser luego abrasado en el Fuego del Divino Amor, el Espíritu Santo, en la Resurrección. La cena pascual hebrea consistía en cordero asado, pan ázimo -es decir, sin levadura-, y vino que se servía en el cáliz de bendición, todo acompañado por hierbas amargas. Sin embargo, la pascua judía era solo una figura de la verdadera Pascua, que es la que celebramos nosotros en la Santa Misa: allí nos alimentamos con la Carne del Cordero de Dios, el Pan Vivo bajado del cielo y el Vino de la Alianza Nueva y Eterna, todo lo cual es acompañado por las hierbas amargas de la tribulación de la Santa Cruz de Jesús. Por la Eucaristía, los cristianos no solo recordamos a nuestro Redentor, sino que nos unimos a Él por la gracia, la fe y el amor, y nos hacemos participamos de su Pasión comiendo su carne en la Sagrada Comunión, y al recordar que Cristo subió a la cruz para sacrificarse y entregar su vida por nosotros como manso cordero, nos unimos a Él en la Santa Misa como víctimas de la Divina Justicia y de la Divina Misericordia, para la salvación de las almas. Los hebreos celebraban con gran unción y piedad la Cena Pascual, cena por la cual agradecían a Yahvéh por las maravillas que había obrado a su favor, los grandiosos milagros por las cuales los había sacado de Egipto; nosotros, los cristianos, no celebramos la figura de la Pascua, sino la Pascua real y verdadera, Cristo Jesús, el Cordero de Dios que obra la maravilla de llevarnos, por su Cruz y su Sangre, desde la miseria de nuestra nada en la tierra, al seno eterno del Padre en el Reino de los cielos.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Luego de salir de Egipto, los israelitas caminaron por cuarenta años por el desierto, peregrinando hacia la Tierra Prometida, la Jerusalén terrena, y en este largo peregrinar, los hebreos recibieron un alimento milagroso caído del cielo, llamado “Maná”, gracias al cual pudieron atravesar el desierto y llegar a Jerusalén. Sin embargo, ese Maná, aún siendo milagroso, porque venía del cielo, era sólo una figura y un anticipo del verdadero Maná bajado del cielo, la Eucaristía. El Maná que recibieron los israelitas era milagroso por su origen, pero era solo un alimento terreno, que alimentaba los cuerpos, pero no las almas, y al ser alimento terreno, era perecedero y, sobre todo, no alimentaba el alma ni concedía la vida eterna. Los cristianos no caminamos por un desierto de arena en dirección a la Jerusalén terrena, sino que caminamos por el desierto de la vida hacia la Jerusalén celestial y así como los israelitas necesitaron de un Maná celestial para fortalecer sus cuerpos y no perecer en el desierto, así también los cristianos necesitamos un alimento celestial, que es el Verdadero Maná bajado del cielo, el Pan de Vida eterna, la Eucaristía, que nos alimenta el alma con la substancia misma de Dios, con su Vida eterna y con su Amor infinito, dándonos así la fuerza espiritual más que suficiente para llegar a nuestro destino final, la Patria del cielo, la Jerusalén celestial, cuya Lámpara es el Cordero.

 Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         En el Antiguo Testamento el rey y sacerdote Melquisedec ofrece pan y vino al Único y Verdadero Dios, Yahvéh, en acción de gracias por una gran victoria obtenida por Abraham. En Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo, está representado Jesucristo, “Rey de reyes y Señor de señores” y Sumo y Eterno Sacerdote de la Nueva Alianza, y la ofrenda de Melquisedec, hecha de pan y vino simboliza y representa a su vez a la ofrenda de la Iglesia, que sin embargo no ofrece a Dios Trino las substancias materiales e inertes inertes del pan y vino terrenos, sino la substancia humana glorificada del Hombre-Dios Jesucristo, unido a la substancia divina y a la Persona divina del Cordero de Dios, contenidas en acto en el Pan de Vida eterna y en el Vino de la Alianza Nueva y definitiva, la Eucaristía; por su parte, la Iglesia, al igual que Melquisedec, ofrece por manos del sacerdote ministerial, representante del Sumo Sacerdote Jesucristo y que actúa in Persona Christi, la ofrenda eucarística, no por una victoria terrena sobre enemigos terrenos, como la de Abraham, sino por la victoria obtenida por el Cordero de Dios, inmolado en la cruz, sobre los tres grandes enemigos del hombre, el Demonio, el mundo y la carne.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         En el Arca de la Alianza se guardaba una porción del maná, el pan milagroso caído del cielo, con el cual Dios había alimentado a su Pueblo y gracias al cual el Pueblo Elegido no solo no había perecido en el desierto, sino que había sido hecho capaz de alcanzar la Tierra Prometida, la Jerusalén terrena. Así, el Arca de la Alianza del Antiguo Testamento se convierte en figura de los sagrarios de la Iglesia Católica, en donde se guarda el Verdadero Maná, el Pan Vivo bajado del cielo, la Eucaristía, el Pan celestial con el que Dios Padre alimenta al Nuevo Pueblo Elegido en su peregrinar, por el desierto de la vida y la historia humana, hacia la Jerusalén celestial, cuya “Lámpara es el Cordero” (cfr. Ap ). A diferencia del Arca de la Alianza, que contenía un maná milagroso, pero no dejaba de ser una substancia inerte, en los sagrarios de la Iglesia Católica se contiene al Dios de la Eucaristía, Jesucristo, el Hombre-Dios, la Persona Segunda de la Trinidad encarnada en el seno virgen de María Santísima, el Dios Viviente y la Vida Increada en sí misma, Creador de toda vida creatural y participada, y por esta razón es que los católicos debemos acudir a los tabernáculos de la tierra, para postrarnos en acción de gracias y adoración al Dios de los sagrarios, Cristo Jesús, Pan Vivo bajado del cielo, que nos alimenta con el contenido de su Sagrado Corazón Eucarístico, el Amor de Dios, el Espíritu Santo. El Maná del Arca de la Alianza no era el Dios Viviente, sino el recuerdo de su amor, porque por amor a su Pueblo les había enviado el Maná; el Maná del Sagrario católico ES el Dios Viviente, el mismo Yahvéh del Antiguo Testamento, revelado como Trinidad de Personas por Jesús de Nazareth y encarnado en la Persona del Hijo, y así es la Eucaristía la Segunda de estas Tres Divinas Personas, Presente en el Tabernáculo, en la Eucaristía, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, encarcelado en el sagrario, para darnos el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         El profeta Elías, en su peregrinación al Monte Horeb, experimentó un agotamiento tal de sus fuerzas, que le resultaba imposible cumplir con la misión que Dios le había encomendado. Para auxiliarlo en la misión y para que pudiera llevarla a cabo, Dios envió a un ángel del cielo, quien le dio pan y así pudo el profeta, fortalecido por este pan, continuar su peregrinación por cuarenta días más y llegar al Monte santo. A nosotros, Dios no nos envía un ángel para que nos dé un pan terreno, sino que Dios Padre envía a Dios Hijo, por el Amor de Dios Espíritu Santo, para que se encarne en María Santísima y, naciendo en Belén, Casa de Pan, como Pan Vivo bajado del cielo, se nos dé a nuestras almas todo Él, no un pan sin vida, como el que recibió Elías, sino Él, que es el Dios Viviente y Autor de toda vida, oculto en algo que parece pan sin levadura, pero ya no es más pan terreno, sino que es el Pan del cielo, la Eucaristía, que nos nutre con la substancia misma de la divinidad para que, así fortalecidos con este manjar celestial, lleguemos al Nuevo Monte Horeb, el Reino de los cielos.

         Meditación final.

         El cordero pascual hebreo no podía perdonar los pecados, como sí lo puede hacer Jesús Eucaristía, el Cordero de Dios, que viene a su Iglesia desde el cielo en cada Santa Misa, invisible, para renovar su sacrificio en cruz, para entregar su Cuerpo en la Eucaristía y derramar su Sangre en el cáliz, por nuestra salvación. Son las palabras de la consagración, pronunciadas por el Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo, a través de la voz del sacerdote ministerial humano, las que producen el milagro de la Transubstanciación, por el cual el pan y el vino, sin vida, se convierten en el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Jesús baja del cielo, por el poder del Espíritu Santo, en cada Santa Misa, para quedarse en la Eucaristía y para donar, a quien lo reciba con fe y con amor, el Amor infinito y eterno de su Sagrado Corazón Eucarístico. Jesús Eucaristía es Dios Hijo en Persona, y es a Él a quien adoramos en la Adoración Eucarística y en la Sagrada Comunión, cuando nos acercamos a comulgar. Y a quien lo recibe con fe y con amor en la Eucaristía, Jesús le concede la Vida eterna: “Si alguno come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi carne… El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y Yo lo resucitaré el último día” (Jn 6, 51-57).

         Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.


           

            

domingo, 28 de agosto de 2016

Hora Santa y rezo del Santo Rosario meditado en honor al Inmaculado Corazón de María[1]


Hora Santa y rezo del Santo Rosario meditado en honor al Inmaculado Corazón de María[1]
         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en honor al Inmaculado Corazón de María.
Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.
Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).
Meditación.
La Virgen es nuestra Madre del cielo y así como un niño pequeño, cuando hay algo que lo asusta, o cuando experimenta temor, dolor, o angustia, eleva sus bracitos en busca de su madre y se calma y tranquiliza con el solo hecho de que su madre lo abrace, así también hace con nosotros la Virgen, Nuestra Madre celestial, abrazándonos como a niños pequeños para protegernos en las tribulaciones de la vida y dándonos su consuelo y amor maternal; de igual manera, así como una madre alimenta a su pequeño hijo para que este pueda crecer sano y fuerte, así también nos alimenta, pero no con un alimento terreno, sino con el alimento más substancioso y exquisito que pueda ser concebido, y es el Pan Vivo bajado del cielo, la Santa Eucaristía, que nos concede la vida y la fortaleza misma de Dios. También, como una madre que toma de la mano a su niño para llevarlo a un lugar seguro, caminando a su lado, así también la Virgen nos toma de la mano y nos guía por el camino seguro del Calvario, que conduce al Reino de los cielos, y con su amor y su presencia maternal nos conforta y nos ayuda a llevar la cruz, como también lo hizo con su Hijo Jesús, acompañándolo en su doloroso subir al Calvario y confortándolo con su amorosa presencia maternal. Por último, así como una madre terrena instruye a su hijo en la sabiduría de las cosas cotidianas, así también la Virgen, nuestra Madre celestial, nos instruye en la Sabiduría divina, que es la sabiduría de la cruz, enseñándonos que no hay nada bueno, ninguna alegría, ningún gozo, ningún solaz verdadero, ningún descanso para el alma, que no pase por la Santa Cruz de Jesús, porque en la Cruz Jesús transforma nuestros dolores en gozos y alegrías imposibles de imaginar. ¡Oh María, Madre nuestra celestial, estréchanos entre tus brazos y nunca nos abandones!
Silencio para meditar.
Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Segundo Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
María, nuestra Madre del cielo, para que estemos más profundamente unidos a Ella y a su Hijo en el Amor de Dios, quiere que nos consagremos a su Inmaculado Corazón, para instruirnos en la Sabiduría Divina, la Sabiduría que impide que no solo no seamos seducidos por la falsedad mundana, sino que, al iluminarnos con la luz del Espíritu Santo, impide que caigamos en el error, la herejía, el cisma o la apostasía, sobre todo en lo relativo a la Presencia real de su Hijo en la Eucaristía. Consagrándonos a su Inmaculado Corazón, la Virgen nos revestirá de la luz del Espíritu Santo, para que seamos capaces de conocer en profundidad los misterios de la Encarnación de su Hijo Jesús, llevada a cabo en su seno virginal y los misterios de su Crucifixión realizada en el Monte Calvario, misterios ambos renovados, prolongados y actualizados por el Espíritu Santo, a través de la liturgia eucarística en la Santa Misa. Por la consagración a su Inmaculado Corazón, la Virgen nos llevará a despreciar los falaces encantos del  mundo, para que nos gocemos solo en los deleites del Pan Vivo bajado del cielo, el Cuerpo de su Hijo, Jesús resucitado. Por la consagración, la Virgen configurará nuestros corazones a los Sagrados Corazones de Jesús y María, para que sean copias e imágenes vivientes del Amor de Dios que en ambos inhabita, para que el mundo que yace en las tinieblas y sombras de muerte vea la luz del Amor misericordioso de Dios por medio de la caridad de sus hijos adoptivos. Por la consagración, la Virgen nos hace crecer en la fe en su Hijo Jesús en la Eucaristía, para que alimentándonos con el verdadero Maná bajado del cielo, su Cuerpo glorioso y resucitado en la Eucaristía, no decaigamos en las duras tribulaciones que acontecen en nuestro peregrinar por el desierto de la vida hacia la Jerusalén celestial.
Silencio para meditar.
Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Tercer Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
María, nuestra Madre del cielo, nos fortalece en la fe cuando nos consagramos a su Inmaculado Corazón, porque aunque decimos creer en Dios y en su Mesías, Jesús, nos comportamos muchas veces, con respecto al Milagro de los milagros, la Santa Eucaristía, como incrédulos, al no reflejar en nuestras vidas cotidianas la inmensidad del Amor Misericordioso del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, derramado en nuestras almas en cada comunión. Y al fallar nuestra fe en aquello que es el cimiento y el fundamento de nuestra vida espiritual, la Eucaristía, luego fallamos en otros aspectos de la fe, como el no abandonarnos a los Misterios de la Divina Providencia, atreviéndonos no solo a cuestionar los designios de Dios, sino a sugerirle nuevas rutas y caminos, no dispuestas por Él, pero sí aceptas a nuestros gustos y pareceres. Por la consagración, María Santísima nos iluminará con la luz celestial que inhabita en su Inmaculado Corazón, la luz del Espíritu Santo, que nos llevará a creer firmemente en los misterios de la redención de Nuestro Señor Jesucristo y a ver la cruz como el único camino para llegar al cielo, aceptando pacientemente las tribulaciones y pruebas que Dios nos envíe, aquellas que Él dispone para el bien de todos los que lo aman y lo adoran “en espíritu y en verdad”. María Santísima fortalecerá nuestra fe de tal manera, que aunque soplen los vientos huracanados de las acechanzas del Maligno y aunque se precipiten las torrenciales lluvias de las tribulaciones y crezcan los ríos de las tentaciones mundanas, nuestros edificios espirituales, es decir, nuestras almas y corazones, firmemente anclados en la Roca que es Cristo Jesús, no solo no se tambalearán, sino que permanecerán en la calma, la paz y la serena alegría que sólo el Espíritu de Dios, comunicado por el Corazón de Jesús en la Eucaristía, puede otorgar. María fortalecerá nuestra fe en la Presencia real de Nuestro Señor Jesucristo, y lo hará de tal manera, que aunque nuestro edificio espiritual sea azotado por el viento de las tentaciones, de las tribulaciones y de las acechanzas del Enemigo de las almas, al estar edificado sobre la Roca que es Jesucristo, no sólo permanecerá incólume y sin una fisura, sino que será de refugio para muchos de nuestros hermanos, que no supieron, no pudieron o no quisieron edificar sobre la Roca que es Cristo. Además, la Virgen hará que nuestra fe sea tan fuerte, que sea capaza de demostrar su fortaleza y vitalidad por medio de las obras de caridad: “Muéstrame tu fe sin obras, que yo por mis obras te mostraré mi fe”.
Silencio para meditar.
Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Cuarto Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
Al consagrarnos a su Inmaculado Corazón, María Santísima fortalecerá nuestra esperanza, que no radica en ningún bien de este mundo terreno y pasajero, sino en la vida eterna en el Reino de los cielos, vida eterna que nos es comunicada a nosotros, que vivimos en este “valle de lágrimas”, en medio de “tinieblas y sombras de muerte”, por la Eucaristía que recibimos en cada comunión, porque la Eucaristía nos infunde la vida misma del Hombre-Dios Jesucristo, que alimenta así nuestra esperanza en llegar al Reino de Dios. La Virgen nos ayudará a que cultivemos esta esperanza con la oración, la cual penetrará en lo más profundo de nuestras almas, insuflando la vida del Corazón de Jesús, así como la savia penetra en lo más profundo de la raíz, dándole vida e impidiendo que se marchite. Es la esperanza en la vida eterna en el Reino de Dios, contemplando en la feliz eternidad a Dios Trino y al Cordero, junto a los ángeles y santos, lo que nos permite superar las dolorosas tribulaciones a la que esta vida terrena está sometida, y es lo que nos permite ver más allá del horizonte de nuestra existencia, al elevar la vista del alma en el destino de bienaventuranza que nos espera si somos fieles a la gracia y a los mandatos del Señor Jesús.
Silencio para meditar.
Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Quinto Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
Por la consagración a su Inmaculado Corazón, la Virgen fortalecerá y hará crecer en nosotros la caridad, virtud por la cual, como hijos de la Iglesia, no brindamos a nuestros prójimos una mera fraternidad humana, ni como Iglesia nos comportamos como organizaciones de justicia social, sino que buscamos comunicar el Amor Misericordioso derramado en nuestras almas por la Sagrada Comunión, Amor que late con la fuerza del Divino Amor en el Corazón Eucarístico de Jesús y que debe ser dado a nuestros hermanos, sobre todo los que más sufren. En cada comunión eucarística, recibimos al Sagrado Corazón de Jesús, que arde en el Fuego del Divino Amor, que nos comunica de ese Amor al tomar contacto con un corazón dispuesto, así como el fuego se propaga por medio de las llamas, al tomar contacto con el leño o la hierba seca. Al consagrarnos a su Inmaculado Corazón, la Virgen nos ayudará a desprendernos de aquello que nos ata a esta tierra y nos impide elevarnos al cielo, los bienes terrenos, el oro, el dinero, la plata, pero al mismo tiempo, nos hará desear –con la avidez de un avaro- los verdaderos bienes, los bienes celestiales, y nos hará acumular, no tesoros terrenos, sino “tesoros en el cielo”, tesoros formados por las obras de misericordia corporales y espirituales. Así, la Virgen, al cortar los lazos que aprisionan nuestras almas y la encadenan a la tierra, que son los bienes materiales, y al hacernos desear el Reino de los cielos, hará que nuestros tesoros estén en el cielo y así también nuestros corazones, aun cuando todavía estemos en la tierra, estarán anticipadamente en el cielo, según las palabras de Jesús: “Donde esté tu tesoro, ahí estará tu corazón”.
Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.
Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.





[1] Las siguientes meditaciones están adaptadas de Agustín del Divino Corazón, Consagración a mi Inmaculado Corazón, Tomo I, Editorial Fiat Voluntas Tuas, 25ss.

domingo, 14 de agosto de 2016

Hora Santa en reparación por los ultrajes contra la Eucaristía a ser cometidos en la misa negra satánica programada para el día de la Asunción de la Virgen en Oklahoma, EE. UU.


          Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la misa negra programada para el 15 de Agosto, día de la Asunción de María Santísima en la ciudad de Oklahoma, EE.UU. en ese día, una secta satánica planea burlarse sacrílegamente de la Eucaristía, de la Santa Misa y de María Santísima, Virgen y Madre de Dios. Nos sumamos al pedido del Arzobispo Mons. Paul Coakley, quien ha pedido reiteradamente que se suspenda dicho acto blasfemo y sacrílego. Acerca de la misa negra, el Arzobispo de Oklahoma ha dicho lo siguiente: “Es un grave sacrilegio y una blasfemia (…) Obviamente horrendo y ofensivo bajo todo punto de vista”. Las informaciones respectivas acerca de este horrible sacrilegio que intenta ser perpetrado por parte de sectas satánicas, se pueden encontrar en las siguientes direcciones electrónicas:http://www.citizengo.org/es/pr/36180-paremos-misma-negra-oklahoma;http://www.hispanidad.com/eeuu-miles-de-apoyos-para-detener-una-misa-negra-en-oklahoma.html

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).


Meditación. 

Nuestro Señor Jesucristo, Dios eterno por los siglos, engendrado y no creado en el seno del Padre desde la eternidad, siendo igual al Padre en naturaleza, majestad, gloria y poder, se encarnó en el seno virgen de María Santísima en el tiempo, en el Portal de Belén, Casa de Pan, para donarse como Pan de Vida eterna. Ese mismo Dios Hijo, que en cuanto Dios es la Vida Increada en sí misma y fuente de toda vida, y es la Gracia Increada en sí misma y fuente de toda gracia, se encarnó en el seno purísimo de la Virgen y Madre de Dios, María Santísima, para manifestarse y donarse al mundo como Pan Vivo bajado del cielo, y ese mismo Niño Dios, que manifestó su gloria en la Epifanía ante los Reyes Magos venidos de Oriente, que subió a la cruz y entregó su Cuerpo y derramó su Sangre para nuestra salvación, continúa donándose, como Fuente de Vida eterna y como Fuente de gracia, a las almas que lo reciben con fe y con amor, en el Pan Eucarístico, el verdadero Maná bajado del cielo, el Pan de Vida eterna, que comunica la vida misma del ser trinitario a los hombres de buena voluntad. ¡Jesús, Dios de la Eucaristía, yo creo en tu Presencia Eucarística, Espero en tu Presencia Eucarística, te adoro en tu Presencia Eucarística, te amo en tu Presencia Eucarística, y te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman en la Eucaristía!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

En el desierto, el Pueblo Elegido, en su marcha hacia la Tierra Prometida, Jerusalén, se alimentó del maná llovido del cielo y sació su sed con el agua cristalina que brotó de la roca golpeada por la vara de Moisés; en el desierto de la vida, el Nuevo Pueblo Elegido, los bautizados en la Iglesia Católica, en su marcha hacia la Jerusalén celestial, la Ciudad del Cordero, se alimenta del verdadero Maná llovido del cielo, el Maná que da el Padre celestial, la Eucaristía, y sacia su sed de paz y amor con la gracia santificante, que brota de la Roca que es Cristo, al ser su Corazón traspasado por la lanza del soldado romano. En el desierto, los miembros del Pueblo Elegido añoraban “las cebollas y la carne de Egipto”, que son los manjares terrenos y la atracción de la concupiscencia propia del hombre viejo, mientras que los integrantes del Nuevo Pueblo Elegido, alimentándose del manjar de los cielos, el Pan de Vida eterna, el Cuerpo de Jesús resucitado, desprecian los manjares terrenos y rechazan la concupiscencia, porque el que se alimenta de la Vida nueva que concede el Pan Eucarístico, el Cuerpo glorioso y resucitado del Señor Jesús, nada desea y nada tiene en común con el hombre viejo y el mundo y sus falsos atractivos. ¡Jesús, Dios de la Eucaristía, yo creo en tu Presencia Eucarística, Espero en tu Presencia Eucarística, te adoro en tu Presencia Eucarística, te amo en tu Presencia Eucarística, y te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman en la Eucaristía!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Los hebreos fueron preservados del paso del ángel exterminador por medio de la sangre del cordero, colocada en los dinteles de las puertas y los umbrales de las casas. De esa manera, el ángel exterminador, al ver la sangre del cordero, no hacía descender sobre el Pueblo Elegido la ira de Dios y los preparaba así para el éxodo que habría de comenzar y portarlos, luego de la travesía por el desierto, a la Jerusalén terrena, la Tierra Prometida. Los miembros del Nuevo Pueblo Elegido, los bautizados en la Iglesia Católica, son librados del Juicio de Dios y protegidos de su ira cuando, estando en gracia, el ángel exterminador ve en sus labios y sus corazones la Sangre roja, rutilante, Preciosísima, del Cordero de Dios, y pasa de largo, recibiendo así los cristianos la Divina Misericordia y no su Divina Justicia, y es con esta Sangre, que además ahuyenta a los ángeles caídos, con la que los cristianos, bebiéndola del Cáliz de salvación y del Costado traspasado del Redentor, son fortalecidos para atravesar el desierto de la vida, para alcanzar la Jerusalén celestial, el Reino de Dios. ¡Jesús, Dios de la Eucaristía, yo creo en tu Presencia Eucarística, Espero en tu Presencia Eucarística, te adoro en tu Presencia Eucarística, te amo en tu Presencia Eucarística, y te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman en la Eucaristía!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

En la Última Cena, cuando Jesús pronuncia las palabras de la consagración sobre el pan y el vino “Tomad y comed, esto es mi Cuerpo; tomad y bebed, esta es mi Sangre”, lo que hace es anticipar sacramental incruentamente el Santo Sacrificio de la Cruz, sacrificio que habría de dar cumplimiento a su vez al acto sacramental del Jueves Santo. Y ambos, Santo Sacrificio de la Cruz y Última Cena, es decir, el sacrificio cruento en la cruz y su anticipación sacramental en el Cenáculo, se hacen presentes en el memorial de la Santa Misa, pero no como mero recuerdo simbólico, sino como presencia viva del misterio de Cristo que, por la Cruz, anticipada en la Última Cena y actualizada en la Santa Misa, se entrega con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía. Así, Última Cena, Sacrificio de la Cruz y Sacrificio del Altar, forman una unidad indisoluble que conforman, en su conjunto, el misterio pascual del Hombre-Dios Jesucristo, el Cordero de Dios que con su muerte en cruz quita el pecado del mundo, nos dona la filiación divina, nos abre las puertas del cielo y, en el don de su Sagrado Corazón Eucarístico, nos une al Padre en el Amor de Dios, el Espíritu Santo. ¡Jesús, Dios de la Eucaristía, yo creo en tu Presencia Eucarística, Espero en tu Presencia Eucarística, te adoro en tu Presencia Eucarística, te amo en tu Presencia Eucarística, y te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman en la Eucaristía!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Para quien quiera aprender a amar y adorar a Jesús Eucaristía, todo lo que tiene que hacer es contemplar a la Virgen, Nuestra Señora de la Eucaristía. Con su “Sí” al Anuncio del Ángel, la Virgen adoró a su Hijo, la Verdad y la Sabiduría de Dios, con su mente sapientísima, libre de todo error, de toda herejía, de todo cisma y de toda falsedad acerca del Verbo de Dios hecho hombre sin dejar de ser Dios; con su “Sí” a la Voluntad de Dios, comunicada por al Ángel, por el cual le comunicaba que Ella habría de ser la Madre de Dios, la Virgen amó y adoró a su Hijo, la Palabra de Dios, en su Inmaculado Corazón, inhabitado por el Espíritu Santo, el Amor de Dios, con su “Sí” al plan salvífico de Dios, que establecía la Encarnación del Verbo para que fuera visible a los ojos de los hombres y tuviera un Cuerpo para ofrendarlo en el altar de la cruz y en la cruz del altar, la Virgen adoró, con su cuerpo purísimo, a Dios Hijo que se encarnaba en su seno virginal, y así la Virgen se convirtió en Nuestra Señora de la Eucaristía, porque en Ella la Divinidad del Verbo se recubrió con un Cuerpo, recibió su sangre materna para nutrirse, y le fue creada e insuflada su Alma santísima en el momento de la Encarnación. Quien desee aprender a adorar y amar a Jesús Eucaristía, que contemple a Nuestra Señora de la Eucaristía, que alojó en su Mente sapientísima, en su Corazón Inmaculado y en su Cuerpo Purísimo, a la Palabra de Dios hecha carne, a Jesús, el Hijo de Dios, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, la Eucaristía. ¡Jesús, Dios de la Eucaristía, yo creo en tu Presencia Eucarística, Espero en tu Presencia Eucarística, te adoro en tu Presencia Eucarística, te amo en tu Presencia Eucarística, y te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman en la Eucaristía!

Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.