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domingo, 9 de marzo de 2025

Hora Santa en reparación por misa negra satánica en Catemaco México 070325

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el horrible sacrilegio cometido en el pueblo mexicano de Catemaco, en el que se celebran con suma frecuencia sacrílegas “misas negras”, a cargo de siniestros brujos, hechiceros y magos al servicio del Ángel caído, Satanás. Para mayores detalles acerca de esta abominación que clama al Cielo, consultar el siguiente enlace:

https://www.infocatolica.com/blog/infories.php/2503070956-misa-negra-en-catemaco-mexico

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         El amor de la Santísima Trinidad hacia nosotros los hombres es tan incomprensible, que no solo ha dejado en nuestras manos, en el sentido de nuestro libre albedrío, sino también ha facilitado en grado sumo, al punto de bastar acceder a los Sacramentos, el hacernos partícipes de su vida divina, de su Amor Trinitario, de su naturaleza celestial. ¡Y somos tan necios que dejamos de lado la gracia de los Sacramentos, por la nada y el barro del oro del mundo!

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Si a alguien se le ofreciera, en un supuesto caso, adquirir la inteligencia, la hermosura, la perfección de los ángeles, que aun siendo creaturas creadas por Dios no dejan de ser admirables, este tal, de ninguna manera dejaría pasar la ocasión de adquirir tales perfecciones, porque mucho antes que pensar en las perfecciones de una naturaleza superior, como la angélica, envidiamos las cualidades y perfecciones de naturalezas inferiores a la nuestra, a la naturaleza humana, porque si de nosotros dependiera, adquiriríamos la fuerza del león, la velocidad del leopardo, el vuelo del águila, etc. Si esto es así, debe causarnos una profunda vergüenza el comprobar cómo los esplendores infinitos y eternos de la naturaleza divina están a nuestro alcance y apenas con un pequeño esfuerzo de nuestra parte y aun así los desaprovechamos[1]. ¿Dónde está nuestra fe en los Santos Sacramentos de la Santa Iglesia Católica, que nos conceden la participación en la vida divina trinitaria?

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Supongamos, dice un autor[2], que Dios resumiera en un solo hombre todas las maravillas de la Creación; supongamos que este hombre fuera más fuerte que el león, más hermoso que la aurora, más refulgente que el sol, más radiante incluso que los querubines. Supongamos que ese tal aventurara todos esos bienes en una jugada de dados. ¿Quién contemplaría sin estremecerse tamaña locura? Pero nosotros demostramos poseer una locura en grado mayor cuando vendemos nuestra intimidad con Dios, cuando regalamos por nada el esplendor del sol divino, la fuerza de las virtudes divinas a la carne miserable, hija de la corrupción, hermana y madre de gusanos. Por eso, debemos pedir a los ángeles de paz que lloren la profanación de tantos tesoros divinos, por parte de los hombres desagradecidos.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Aquellos que tienen todavía los ojos puros y el alma sana, guarden con honor su dignidad; están en el deber de amar con todas las fibras de su corazón a su Padre, el Padre de las luces. Si los planetas pudieran darse cuenta de su belleza, se mostrarían reconocidos al sol, ya que gracias a la luz recibida de él se convirtieron en su imagen resplandeciente. Si cada quien expresa su amor a su semejante, ¿no debemos elevarnos de la tierra hacia Dios con un pensamiento de parentesco y semejanza, ya que hemos recibido este parentesco con Dios por la gracia?

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Los católicos debemos tomar ejemplo de algunos de los filósofos paganos pre-cristianos, porque ellos, esclarecidos por la sola razón natural, tenían un gran aprecio por la dignidad humana: para ellos, el hombre constituía una obra maravillosa, era el corazón del mundo, el rey de la creación[3]. Si el hombre, a la luz de la razón natural, encarnada en los más lúcidos filósofos paganos pre-cristianos, aparecía tan grande y majestuoso, ¿qué será entonces a la luz de la fe, ya que por la gracia se convierte en hijo adoptivo de Dios, partícipe de la vida del Ser divino trinitario, heredero del Reino de los cielos? Abramos los ojos del alma y sigamos el consejo de San Juan Crisóstomo: “Os ruego y os suplico que no permitáis que los más bellos dones del cielo (aquéllos que hemos recibido por la gracia de Cristo) aumenten a causa de su misma grandeza, el pecado de nuestra negligencia”.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “La Virgen María nos reúne en Nombre del Señor”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 

 



[1] Cfr. Matías José Scheeben, Las maravillas de la gracia divina, Editorial Desclée de Brower, Buenos Aires 1951 29.

[2] Cfr. Scheeben, ibidem, 29.

[3] Cfr. Scheeben, ibidem, 30.


jueves, 9 de marzo de 2023

Hora Santa en reparación por sacrílega “misa negra” en honor al Ángel caído en Catemaco, México 010323

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por las sacrílegas “misas negras” ofrecidas en también sacrílego honor al ángel caído, Satanás. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://plumaslibres.com.mx/2022/11/17/para-marzo-del-2023-en-catemaco-se-realizara-la-primera-misa-en-honor-a-satanas-informa-el-brujo-mayor/

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Para descubrir por lo menos algunas de las riquezas que encierra el misterio eucarístico, debemos hacer un triple ejercicio: de la mente, del corazón y de la voluntad, porque este misterio ilumina la mente con la luz divina, arrastra a la voluntad al divino querer y enciende el corazón en el Fuego del Divino Amor. San Pedro Julián Eymard decía que “cuando se ha prendido una chispa eucarística en el alma, se ha puesto en su corazón una semilla divina de ida y de todas las virtudes, que es eficaz por sí misma, por decirlo de alguna manera”[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Cuando San Pedro Julián Eymard fundó la Congregación de los Sacerdotes del Santísimo Sacramento, ofreció su vida por el Reino Eucarístico de Jesús y escribió entonces: “Querido Jesús, aquí está mi vida. Heme dispuesto a comer piedras y a morir abandonado, con tal de poder erigirte un trono y darte una familia de amigos, una nación de adoradores”. Si tan solo conociéramos, al menos ínfimamente, el don de Dios que es la Eucaristía, no dudaríamos en pertenecer a esta “nación de adoradores” del Santísimo Sacramento.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

San Bernardo decía: “La Eucaristía es ese amor que sobrepasa todos los amores en el Cielo y en la tierra. Y Santo Tomás de Aquino escribió: “La Eucaristía es el Sacramento de Amor: significa Amor, produce Amor”. Un hecho concreto que nos habla de manera evidente de ese amor es el Milagro Eucarístico de Lanciano, donde se venera una Hostia consagrada transformada en carne viva y conservada así desde hace más de un milenio. Pues bien: según los análisis químicos más recientes de una partícula de aquella Hostia, ha resultado que se trata de carne aún viva, perteneciente al tejido del corazón de un hombre. La Eucaristía es realmente, toda ella, solamente ¡Corazón!

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Un día, un príncipe árabe, Abd-ed-Kader, al pasar por las calles de Marsella en compañía de un oficial francés, se encontró con un sacerdote que llevaba los Sagrados Viáticos a un hombre moribundo. El oficial francés se detuvo, se descubrió la cabeza y se arrodilló. Su amigo le preguntó la razón de ese saludo. “Adoro a mi Dios, que el sacerdote está llevando a un enfermo”, replicó el valiente oficial. “¿Cómo es posible -dijo el emir-, que tú creas que Dios, que es tan grande, se haga tan pequeño y permita que se le lleve aún a la casa de los pobres? Nosotros los mahometanos tenemos una idea mucho más grande de Dios”. El oficial respondió: “Eso se debe a que ustedes sólo tienen una idea de la grandeza de Dios, pero no conocen su Amor”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

San Pedro Eymard declara: “La Eucaristía es la manifestación suprema del amor de Jesús. Después de ella no existe nada más que el Cielo mismo”. Sin embargo, ¡cuántos cristianos ignoramos el alcance inmenso del amor contenido en la Eucaristía! Y tanto más, cuanto que la Eucaristía es infinitamente más grande que los Cielos eternos y es que es el Rey de los Cielos eternos, Jesús, el Hijo de Dios.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, 16.

sábado, 21 de marzo de 2020

Hora Santa en reparación por misa negra realizada en Catemaco México 010320



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la misa negra (satánica) realizada en Catemaco, México. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:


Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

         A quien está en gracia conviene aquella bendición de Dios[1] (Éx 25): “Echaré mi bendición a quien te echare bendiciones y echaré mi maldición a quien te maldijere”. Pero los que carecen de gracia son tan execrables a Dios, que aún lo bueno que parece que tienen le es abominable y como son descomulgados no quiere hablarles, ni quiere que le hablen.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

¿Se puede hacer más con un descomulgado que lo que amenaza Dios a unos pecadores por el profeta Isaías (1, 11-12): “Cuando extendiereis vuestras manos, apartaré mis ojos de vosotros y cuando multiplicareis la oración no os oiré”?[2]. Por el mismo profeta y por Amós (5, 21) y Malaquías (1, 12) abomina de los sacrificios que le hacían los malos, del incienso que le ofrecían, de las fiestas que le hacían. El Sabio dice (Prov. 23): “El que aparta sus orejas para no oír la Ley, su oración será execrable”.
Silencio para meditar.


Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Y en un salmo (49, 16) prohíbe el Señor al pecador contar su justicia y tomar su testamento con la boca. David, que era según el corazón de Dios y conocía que quien está sin gracia es maldito y execrable al Señor, le echa en varias partes grandes maldiciones y una vez ésta tan terrible, que dice (Sal 108): “Su oración se le vuelva en pecado”.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Los ángeles también, como se cuenta en las Vidas de los Padres, huyen de los pecadores, tratándolos como descomulgados[3]. Al profeta Jeremías le mandó el Señor no orase por los malos de su pueblo, diciendo (Jer 6): “No quieras orar por este pueblo, ni hagas por el oración ni alabanza; y no me resistas, porque no te oiré”. A este extremos aborrecimiento pueden llegar algunos pecadores, que ni Dios se agrade en sus oraciones, porque no son para querer salir del pecado, ni quiere que sus siervos rueguen por ellos.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

El pecador, como pecador, siempre es detestable y maldito de Dios y ninguna cosa que como tal hiciere le puede agradar; si bien es la misericordia divina tan grande, que cuando le piden los pecadores su gracia y perdón de los pecados los oye y favorece y quiere que se la pidan y es tan grande la excelencia y dignidad de la gracia, que gusta que los que la tienen oren por los que carecen de ella, mandando a sus siervos intercedan por ellos para que salgan de su desdicha y maldición eterna; porque los justos que están en gracia son los benditos, los agradables, los favorecidos, los amigos del Señor, los que conversan con los ángeles, que con particular providencia los guardan, los que comunican todos los bienes de los santos[4].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.





[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 353.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 353.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 353.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 354.