Inicio:
ofrecemos esta Hora Santa en reparación por el cruel asesinato de cuatro
hermanas pertenecientes a la orden de Santa Teresa de Calcuta, las Hermanas de
la Caridad, en Yemen. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:
Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido
perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres
veces).
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo
os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor
Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los
ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente
ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del
Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.
Amén”.
Canto inicial: “Tantum ergo, Sacramentum”.
Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer
Misterio (a elección).
Meditación.
San Pío
de Pietralcina, el fraile estigmatizado de Gargano, al que acudían multitudes
de todos los lugares del mundo, después de sus horas diarias de confesión,
pasaba casi todo el tiempo del día y de la noche cerca del Sagrario en adoración
con María Santísima (rezando centenares de Rosarios). Una vez, el obispo de
Manfredonia, Monseñor Cesarano, hizo un retiro espiritual en el convento del
Padre Pío. Todas las noches, el obispo se levantaba a diferentes horas para ir
a la capilla y todas las noches, a todas las horas, ¡estaba siempre el Padre
Pío! El amor del Padre Pío a la Eucaristía debe llevarnos a querer imitarlo,
aunque sea mínimamente, para lo cual debemos decidirnos a hacer Adoración
Eucarística, si no la hacemos, o a incrementarla si ya la hacemos[1].
Silencio
para meditar.
Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.
Segundo Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
El
Beato Giacomo Alberione, pone expresamente como fundamento de toda su obra
apostólica a la Adoración Eucarística, con la Congregación de los Piadosos
Discípulos del Divino Maestro, que tiene la única y específica misión de adorar
día y noche a Jesús Eucaristía solemnemente expuesto. Y el Padre Pío de
Pietralcina solía decir: “Cuando queráis encontrarme, venid cerca del sagrario”[2].
Silencio
para meditar.
Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.
Tercer Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
La Adoración
Eucarística es “la mejor parte” de la que habla Jesús en el reproche a Marta
que se afanaba tras de “muchas cosas” secundarias, descuidando “la única
necesaria” elegida por María: la adoración humilde y amorosa (Lc 10, 41)[3]. Muchas
veces nos pasa como a Marta: nos enfrascamos en las cosas del mundo, que son
pasajeras y superficiales, y olvidamos aquello que da sustento y sentido a
nuestro paso por la vida terrena, Jesús Eucaristía. Adoremos más a Jesús
Eucaristía y ocupémonos menos de las cosas del mundo.
Silencio
para meditar.
Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.
Cuarto Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
¿Con
qué empeño deberíamos nosotros amar la Adoración Eucarística, tal como lo
hicieron los santos? Si Jesús es en quien “Todo tiene en Él su consistencia” (Col 1, 17), ir a Él, estar con Él,
unirse a Él, significa encontrar, adquirir, poseer la consistencia de uno mismo
y del universo entero. “Sólo Jesús es todo, lo demás nada”, decía Santa
Teresita. Luego, renunciar a la nada por el Todo, consumirse uno a sí mismo
para el Todo antes que para la nada, ¿no debería ser nuestra verdadera riqueza
y nuestra suprema sabiduría?[4]. Una
vez más: dejémonos de ocupar tanto de las cosas del mundo y acudamos prestos a
postrarnos ante Jesús Eucaristía, para adorarlo en el tiempo y en la eternidad.
Silencio
para meditar.
Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.
Quinto Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
San
Pedro Julián Eymard razonaba así: “Una buena hora de Adoración ante el
Santísimo Sacramento hace un bien mayor que todas las visitas que se puedan
hacer a las iglesias de mármol, que todas las veneraciones de las tumbas”. Así razonaba
también el Padre Pío de Pietralcina cuando escribía: “Mil años que se pasen en
medio de la gloria de los hombres no compensan ni una sola hora pasada en dulce
coloquio con Jesús Sacramentado”. Nosotros deberíamos, como los santos,
envidiar a los ángeles, que rodean ininterrumpidamente los sagrarios[5] e
ininterrumpidamente, noche y día, se postran en adoración ante Jesús
Eucaristía.
Oración
final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido
perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres
veces).
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo
os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del
mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los
cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su
Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la
conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Canto final: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.
[1] Cfr. Stefano María Manelli,
Jesús, Amor Eucarístico, Testimonio
de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 117.
No hay comentarios:
Publicar un comentario