Inicio: ingresamos en el Oratorio. Hacemos
una genuflexión, acompañada por un acto interior de amor y adoración a Jesús
Sacramentado. Nos encontramos ante la Presencia del Rey de los cielos, que se
ha quedado en la Eucaristía en cumplimiento de su palabra de que “no nos
dejaría solos” y que se quedará con nosotros “hasta el fin del mundo”. Jesús en
la Eucaristía es el “Emmanuel”, el Dios con nosotros, y venimos a adorar su
Presencia sacramental en acción de gracias por su infinito amor. Nos unimos a
la adoración de María Santísima y de los bienaventurados habitantes del cielo,
pidiendo su intercesión para que nuestra pobre y humilde adoración suba hasta
el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús. En el Año de la Fe, ofrecemos esta
adoración también en reparación por las faltas contra la fe –cometidas por
nosotros y por nuestros hermanos- en la Presencia real de Jesús en la
Eucaristía.
Oración
de entrada: “Dios
mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen,
ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
Canto
inicial: “Oh buen Jesús”.
Meditación
Jesús
Eucaristía, Tú eres el Dios tres veces santo, por quien todo fue hecho; a Ti te
adoran, en éxtasis de amor continuo, miríadas y miríadas de ángeles en el
cielo, extasiados por la majestuosa hermosura de tu Ser divino. Tú, con el
Padre y el Espíritu Santo, eres el único Dios verdadero, “en quien vivimos, nos
movemos y somos”. Por Ti hemos sido creados, y hacia Ti nos dirigimos cada día
de nuestras vidas, y cada segundo de nuestra existencia, y cada respiración
nuestra, depende de Ti, oh Dios de majestad soberana. Sin embargo, a pesar de
tu inconmensurable amor, que nos mantiene en el ser a cada instante, muchísimos
hombres, entre ellos muchos cristianos, profesan voluntariamente el ateísmo,
que ofende tu condición de Dios Creador, Redentor y Santificador. Te pedimos
perdón y reparamos por quienes se profesan ateos, y te suplicamos les concedas
la gracia de creer en Ti, único Dios verdadero.
Silencio
para meditar.
Jesús Eucaristía, te pedimos perdón y
reparamos por los agnósticos, es decir, por quienes creen vagamente en Dios,
pero sostienen que no se involucra en los asuntos terrenos ni en las vidas de
los hombres, con lo cual cometen un grave ultraje contra tu Encarnación,
Pasión, Muerte y Resurrección, porque Tú sufriste la muerte en Cruz por amor a
toda la humanidad, pero hubieras padecido con el mismo amor aún si se tratara
de un alma sola, porque amas con la misma intensidad tanto a un alma sola, como
a toda la humanidad.
Silencio
para meditar.
Jesús Eucaristía, te pedimos perdón y
reparamos por los que sostienen el error del relativismo, según lo ha
denunciado recientemente el Papa Francisco, error por el cual “cada uno tiene
su verdad”, al tiempo que “no hay una verdad definitiva”, porque la verdad “se
construye con el consenso”, con lo cual Te ultrajan una vez más a Ti, que
además de ser “el Camino y la Vida”, eres “la Verdad”, la Verdad absoluta,
sobrenatural, celestial, acerca de Dios Uno y Trino, que con tu misterio
pascual de Muerte y Resurrección se ha empeñado con todo lo que es, para
salvarnos. Jesús Eucaristía, Tú eres, como dice el Papa Francisco, “la Verdad
hecha carne” y por esto pedimos la luz del Espíritu Santo, que es quien nos
permite reconocerte y confesarte como nuestro Señor.
Silencio
para meditar.
Jesús Eucaristía, te pedimos perdón por aquellos hermanos
nuestros que, habiendo recibido el don de la fe en el Bautismo, y habiendo
conocido la Verdad de tu Revelación por el Catecismo de Primera Comunión y por
la Confirmación, han sin embargo rechazado esta fe, cometiendo el pecado de la
apostasía. Te suplicamos, Jesús Misericordioso, que te apiades de estos
hermanos nuestros, y que los ilumines con la luz del Espíritu Santo, para que
regresen al único redil que salva, la Iglesia.
Silencio para meditar.
Jesús,
que te has quedado en el sagrario, llamado “Cárcel de Amor”, para “estar con
nosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, cumpliendo así tu promesa de
que “no nos dejarías solos”, te pedimos perdón por los que, imitando a tus
discípulos en el Huerto, que no pudieron “hacer oración ni siquiera una hora” a
causa de la tibieza, la pereza y la indiferencia, Te suplicamos por los
cristianos –entre los cuales muchas veces nos encontramos nosotros- que son
indiferentes e incrédulos ante tu Presencia eucarística, y te dejan solo,
abandonado, desperdiciando de esta manera los torrentes inagotables de tu Amor
misericordioso, que derramas sin medida en los corazones de quienes se acercan
hasta Tu morada terrena, el sagrario. Despiértalos, Jesús, de su sueño letargo,
y concédeles la gracia de alegrarse en la contemplación de tu Presencia
eucarística.
Silencio
para meditar.
Jesús,
Te pedimos perdón por quienes cometen el pecado de la credulidad o
superstición, construyéndose “cisternas agrietadas, que no retienen el agua”, y
Te abandonan a Ti, que en la Eucaristía eres “la fuente de aguas vivas”.
Apiádate de quienes se construyen ídolos mundanos –“santos” paganos, estrellas
del cine, de la música, de la televisión, del fútbol, de la política, etc.-, y
Te dejan solo en el sagrario, despreciando Tu amorosísima Presencia. ¡Cuánto lo
lamentarán, cuando se den cuenta de Quién eres Tú, pero para muchos será tarde!
Te suplicamos que no permitas que eso suceda, y acepta nuestra pobre y humilde
adoración, en reparación por los pecados de credulidad y superstición.
Silencio
para meditar.
Oración
final: “Dios mío, yo creo, espero, te
adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran,
ni te aman” (tres veces).
Canto
de salida: “El trece de mayo”.
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