Inicio: entramos en el oratorio. Nos postramos ante
la Presencia de Jesús sacramentado, Dios de infinita majestad. Desde la tierra
y en el tiempo, nos unimos a la adoración perpetua que la Virgen María, los
ángeles y los santos realizan en el cielo por la eternidad. Pedimos la
asistencia de María Santísima para que nuestra humilde y pobre oración sea
llevada por nuestros ángeles a su Corazón Inmaculado, para que desde allí se
eleve, en canto de alabanza, de adoración y de acción de gracias, a Dios
Nuestro Señor Jesús, Presente en el Santísimo Sacramento del altar. Ofrecemos esta
Hora Santa en acción de gracias por su infinita bondad, por su misericordia
divina, por su eterno amor, derramado en la Sangre de Jesús en la Cruz y donado
a las almas sin reservas en cada eucaristía. Ofrecemos también en reparación
por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales su Presencia
eucarística es ofendida continuamente, principalmente por aquellos que se
profesan seguidores de la secta luciferina “Nueva Era”, “New Age” o “Conspiración
de Acuario”, y pedimos y suplicamos su conversión y la nuestra propia, a fin de
que reconociendo en Cristo Jesús a Dios Hijo encarnado, Presente con su Cuerpo,
Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía, lo adoren y lo amen y así,
adorándolo y amándolo, salven sus almas.
Canto de entrada: “Sagrado Corazón eterna alianza”.
Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te
amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman”
(tres veces).
Meditación
Jesús Eucaristía, Tú eres el Dios que nos redime; sólo Tú, Presente
en Persona en la Eucaristía, eres la Gracia Increada a partir de la cual nos
comunicas la gracia santificante que nos salva. De Ti depende toda gracia, de
Ti depende todo pensamiento bueno, todo deseo bueno, toda obra buena. Nada somos
sin Ti, de Ti hemos venido, de tus manos creadoras, y en las heridas de tus
manos sangrientas, clavadas en la Cruz, nos introducimos, para así entrar en el
Reino de los cielos. Te pedimos perdón y reparamos por el principal error de la
Nueva Era, el gnosticismo, error que consiste en creer que no es necesaria tu
gracia para salvarnos; error que otorga una falsa seguridad en la propia razón;
error que conduce a la negación de la Verdad revelada por Ti y custodiada e
interpretada por el Magisterio de la Iglesia Católica; error que al mismo
tiempo que Te desplaza a Ti, Jesús Eucaristía, del corazón del hombre,
entroniza al hombre en su propio corazón, llevándolo a la adoración de sí
mismo. Jesús Eucaristía, te pedimos perdón por los gnósticos y por todos los
que difunden su errónea doctrina, y te pedimos también perdón por las veces en
que nos hemos comportado como gnósticos, para que conociéndote a Ti, única
Verdad absoluta de Dios, te adoren en la Eucaristía y salven sus almas. Amén.
Silencio para meditar.
Jesús Eucaristía, Tú eres el Rey del universo visible e invisible;
Tú eres el Rey de los ángeles y de los hombres; Tú eres el Rey de reyes y Señor
de señores, ante quien se postran en adoración los espíritus bienaventurados; a
Ti te adoran, en alabanza perpetua, los miembros de la Iglesia Triunfante, los
ángeles y santos en el cielo; a Ti te adoran, en el tiempo y en el espacio,
esperando continuar luego la adoración en la eternidad y en los cielos, los
miembros de la Iglesia Peregrina, que movidos por tu gracia se postran ante tu
Presencia sacramental; a Ti te aman y te adoran, esperando hacerlo plenamente
una vez que se cumpla su purificación, los miembros de la Iglesia Purgante. Oh Jesús,
Tú que reinas desde el madero; Tú que reinas desde la Eucaristía, así como
reinas en los cielos; oh Jesús, Rey victorioso y triunfante, que en la Cruz derrotaste
para siempre a los tres grandes enemigos de los hombres: el demonio, la muerte
y el pecado; oh Jesús, Tú que reinas coronado de espinas y que nos haces
partícipes de tu corona de espinas en la tierra para luego darnos tu corona de
luz en el cielo; a Ti debe consagrarse, por medio del Corazón Inmaculado de
María Santísima, toda la humanidad, porque toda la humanidad ha salido de tus
manos creadoras y por tus manos perforadas por los clavos y bañadas en sangre
debe volver al seno del Padre. Jesús Eucaristía, Rey de reyes y Señor de
señores, te pedimos perdón por quienes, en la Nueva Era y a través de sus
errores, buscan la iniciación luciferina planetaria para, una vez conseguida
esta, se consagre la humanidad entera a Lucifer, según las declaraciones públicas
de sus propios mentores, ideólogos y propulsores. Apiádate de ellos, Jesús,
pues no saben lo que hacen; envíales al Espíritu Santo para que ilumine sus
mentes y corazones y así, desde lo más profundo de sus almas, te conozcan, para
que conociéndote te amen, amándote te adoren, y adorándote en la Eucaristía,
salven sus almas y continúen adorándote por la eternidad. Amén.
Silencio para meditar.
Jesús Eucaristía, postrados ante Ti, nos unimos a la
adoración y alabanza que a Tu infinita Misericordia entonan los ángeles del
cielo, para reparar por los desvaríos de los hombres, desvaríos que se
convierten en verdadera locura mental y espiritual cuando Te sustituyen a Ti,
Dios Tres veces santo, posponiéndote por el Ángel caído. Te pedimos perdón por
los satanistas y brujos, por los ocultistas y los hechiceros, por los
espiritistas, adivinos, magos y nigromantes, en quienes se ha desplegado, con
particular fuerza, el “misterio de iniquidad” que anida en el corazón del
hombre; estos hijos tuyos, oh Jesús, han cometido la peor de las abominaciones
y se han internado en el más negro de los abismos, abismos en donde habitan las
tenebrosas sombras vivientes, los seres que rechazaron servirte, amarte y
adorarte. Engañados por los ángeles de la oscuridad, estos hijos tuyos han
extraviado el camino quemando incienso y cantando alabanzas a quien no deberían,
poniéndose de esta manera en estado de condenación. Apiádate de estos hijos
tuyos, Jesús, porque han sido engañados por los falsos dioses, surgidos desde
los más profundos abismos del Averno; dioses que solo traen confusión, caos,
dolor, discordia, angustia y muerte; dioses que se presentan disfrazados de
ángeles de luz, pero en realidad son ángeles de la oscuridad, portadores de destrucción
y de odio. Apiádate de ellos, Jesús, y concédeles la gracia de la conversión,
para que se den cuenta del grave error en el que se encuentran y puedan
corregirse y enmendarse a tiempo, para que salgan de su ceguera espiritual y Te
adoren solo a Ti, único Dios verdadero, Tres veces santo, el único que mereces
ser adorado por los siglos sin fin. Amén.
Silencio para meditar.
Jesús Eucaristía, Tú eres la Gracia Increada, la Fuente
Inagotable de aguas vivas, de aguas que saltan hasta la vida eterna. Tu gracia
es para el alma fuente de vida, de amor, de paz, de luz y de alegría. Quien vive
en gracia, vive en tu Amor, de tu Amor, para tu Amor. Quien vive en gracia
sacia la sed del Amor de Dios que se encuentra en lo más profundo de todo ser
humano. Vivir en gracia quiere decir no pasar jamás sed; quiere decir aplacar
la sed ardiente con el agua más fresca, pura, cristalina y exquisita que pueda
existir, porque la gracia nos hace partícipes de tu Ser divino y de tu
Naturaleza divina, y así nos infunde nueva vida en el alma, una vida que no es
la nuestra sino la tuya, una vida que es Vida eterna, Vida eterna que eres Tú
mismo, Dios eterno. Quien bebe de la fuente inagotable de gracia que es tu
Corazón traspasado, jamás muere de sed en esta vida y jamás morirá de sed en la
otra, porque será saciado en su sed de Amor por la contemplación de tu rostro
radiante y glorioso. Jesús, que eres la “Fuente de aguas vivas”, te pedimos
perdón por quienes te abandonan para cavarse cisternas, cisternas agrietadas, que
no retienen el agua, cisternas que no sacian la sed, porque no contienen el
agua viva que es tu gracia; cisternas agrietadas que contienen otras aguas,
aguas inmundas, pútridas, aguas servidas, que son las alabanzas dirigidas al
ángel caído; aguas pútridas que habrán de beber forzadamente por la eternidad
quien no se arrepienta de esta iniquidad; aguas infectas que envenenan al alma
en esta vida sembrando en los corazones discordia, rencor, maledicencias,
peleas, mentiras, engaños, todos anticipos del odio sin fin que vivirán en el
infierno quienes se nieguen obstinadamente en esta vida a amar y adorar al
único Dios verdadero, Jesús Eucaristía. Te pedimos, oh Jesús, por estos hijos
tuyos, que erróneamente sacian su sed en las aguas pútridas de la Nueva Era; que
tu Madre Santísima interceda para que les concedas la gracia de la conversión
en el tiempo y la salvación en la eternidad. Amén.
Silencio para meditar.
Jesús, cuando te apareciste a Santa Margarita María, le
mostraste tu Corazón envuelto en llamas y coronado de espinas, y le hiciste
saber cuánta amargura te causaban los hombres ingratos, al despreciar el Amor
de tu Sagrado Corazón. Esta ingratitud fue lo que más dolor te provocó en el
Huerto de Getsemaní, porque veías que muchos se condenarían al imitar al ángel
caído en su soberbia y en el rechazo de tu Amor y servicio, despreciando tu
sacrificio en Cruz y el don de tu Vida por su salvación. Jesús, no adorarte es
ultrajarte; adorar a quien no se debe, es injuriarte; entonar alabanzas a un
ser pervertido y pervertidor es cometer sacrilegio; te pedimos perdón y reparamos por
quienes, movidos por una inconcebible ceguera, se convierten en seguidores de
la Nueva Era en sus múltiples vertientes neo-paganas –reiki, yoga, espiritismo,
tarot, wicca, brujería, ocultismo, angeleología nueva era, budismo, religiones
orientales, gnosticismo, etc.-, encaminándose en un camino radicalmente opuesto
y contrario al camino del Calvario, camino áspero y difícil pero en cuyo final
te encuentras Tú, para dirigirse por un camino ancho y fácil de andar, pero
camino en bajada que finaliza en un abismo en donde habita el ángel de la
oscuridad. Jesús, te suplicamos por los hermanos nuestros que se han dejado
engañar por la Nueva Era, para que les concedas la gracia del arrepentimiento
perfecto y así, con el corazón contrito y humillado, retornen a la Iglesia, a
su Magisterio y a sus sacramentos, de los cuales nunca debieron separarse.
Amén.
Silencio para meditar.
Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te
amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman”
(tres veces).
Canto final:
“Los cielos, la tierra y el mismo Señor
Dios”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario