domingo, 29 de diciembre de 2024

Hora Santa en reparación por invocación del demonio del fuego azteca en plena Santa Misa en iglesia de Estados Unidos 121224

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado, en reparación por el sacrílego atentado cometido contra el Santo Sacrificio del Altar, la Santa Misa, ocurrida en una iglesia en Estados Unidos el pasado 12 de diciembre, día de Nuestra Señora de Guadalupe. Para saber de qué se trata este sacrilegio, hay que tener en cuenta qué es lo que sucedió: en plena Misa, ingresó un bailarín ataviado al estilo azteca y realizó una “ceremonia del fuego”, que en realidad es una invocación a un demonio infernal, un falso “dios del fuego”, que es invocado para que venga desde el Infierno y se supone que es, en la creencia pagana pre-hispánica azteca, el “creador” del universo y que tiene el poder de conservarlo o de destruirlo. En la imagen se ve cómo el chamán o brujo azteca, mediante su danza ritual, rinde homenaje, no a Nuestro Señor Jesucristo, sino a esta deidad demoníaca llamada “Xiuhtecuhtli[1].

         Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         En la Santa Misa se ora por los fieles vivos y difuntos y por lo tanto, la Santa Misa se vuelve así una fuente de obras de misericordia espirituales para con nuestros prójimos[2]; una caridad inspirada y llevada a cabo por el Espíritu Santo, quien aplica la Sangre de Cristo tanto a vivos como difuntos y se convierte para el fiel que la practica, en una puerta abierta para el Reino de los cielos, según las palabras del Salvador, quien en el Día del Juicio Final nos juzgará según el bien que hayamos hecho o dejado de hacer a nuestro prójimo.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Es el Espíritu Santo quien establece la unión entre los miembros del Cuerpo Místico y esto es así porque la fe nos enseña que todo este Cuerpo, está congregado en la unidad por la recapitulación en Jesucristo de toda la creación. Precisamente, debido a esta presencia y acción del Espíritu Santo en la liturgia eucarística, es que nosotros, limitados y frágiles por naturaleza, podemos alcanzar, por así decir, a cada uno de los seres humanos que existieron en la historia, pidiendo por ellos y ofreciendo, para su eterna salvación, en unión con el ofrecimiento que realiza el sacerdote ministerial, la Hostia Santa, Pura, Perfectísima y Agradabilísima al Padre, el Cordero de Dios, Cristo Dios en la Eucaristía.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Esta intermediación, es posible, entonces, por el poder infinito del Espíritu Santo que obra en la liturgia de la Santa Misa. Por esta razón, es penoso constatar que la inmensa mayoría de las veces, asistimos a la Santa Misa y, si hacemos algún pedido, lo hacemos por lo general por nuestros seres queridos, por quienes conocemos, pero dejamos de lado a cientos de millones de creaturas humanas a las cuales les es completamente insuficiente e inútil nuestro limitado amor humano, pero para quienes el Amor de Dios, el Espíritu Santo, efundido con la Sangre Preciosísima del Cordero sacrificado en el Ara de la Cruz y que renueva sacramentalmente esa efusión de su Preciosísima Sangre, lo es todo, literalmente, puesto que esta Sangre las purifica si están en el Purgatorio, o les alcanza las gracias necesarias para la salvación si es que están en esta vida terrena. De esto se deduce la urgente necesidad de ser conscientes del valor infinito de la Santa Misa, tanto para vivos como para difuntos, conocidos o desconocidos, contemporáneos nuestros, o seres que han vivido en siglos anteriores; incluso el poder de la Santa Misa alcanza para quienes todavía no han nacido, ya que la Sangre de Cristo cubre a toda la humanidad, desde Adán y Eva, hasta el último hombre nacido en el Último Día, en el Día del Juicio Final.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         El corazón humano que se propusiera amar, como el de Cristo, a todos los hombres, sin excepción, y que se propusiera también, como el de Cristo, transmitir la Verdad y la Vida en abundancia, no vería reducida a la nada sus deseos, puesto que por el Santo Sacrificio de la Misa, Cristo Dios, al hacer partícipe al alma por la gracia, de su Santo Sacrificio Redentor, le dona al mismo tiempo al alma la capacidad de extender su caridad, su amor sobrenatural, hasta los últimos extremos de la humanidad viviente y aún más, hasta las profundidades insondables del Purgatorio[3].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Con relación a los difuntos, la Santa Misa también tiene una relación particular: si han muerto en estado de pecado mortal, no pueden convertirse en el otro mundo y recobrar, aun por la virtud propiciatoria de la Santa Misa, el estado de gracia. Sin embargo, es plausible pensar que, por la infinita Misericordia Divina, que se derrama abundantemente en cada Santa Misa, al convertir el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, hayan podido obtener la gracia de la conversión durante sus vidas y también la perseverancia en la fe, en el momento de la muerte y esto en virtud de la Santas Misas que la Iglesia ofrece pidiendo por la conversión de los pecadores. Porque confiamos en la infinita Misericordia Divina, que se hace presente en cada Santa Misa, es que esperamos que nuestros seres queridos difuntos, aun si hubieran muerto objetivamente en estado de pecado mortal, no se hayan condenado, sino que por el Amor de Dios hecho Sacramento en la Eucaristía, hayan obtenido la gracia de la conversión final, en el último momento de sus vidas terrenas, antes de ingresar en la eternidad[4].

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. https://www.traditioninaction.org/RevolutionPhotos/B119-Pag.htm ; The tribal Aztec dancer is clearly paying tribute to the fire, which was the deity Xiuhtecuhtli. This false god supposed came from Hell to create the universe and had the power to conserve or to destroy it.

[2] Cfr. Francois Charmot, La Messe, source de sainteté, Editorial Spes, París 1959, 95.

[3] Cfr. Charmot, ibidem, 96.

[4] Cfr. Charmot, ibidem, 96.

sábado, 21 de diciembre de 2024

Hora Santa en reparación por atentado sacrílego contra el Pesebre y el Niño Jesús en Buenos Aires, Argentina 171224

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el Santo Rosario meditado en reparación por el atentado sacrílego cometido contra el Pesebre de Belén y contra el Niño Dios por parte de unos pseudo-artistas en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Para mayores datos acerca de este horrible acto sacrílego, consultar el siguiente enlace: https://www.instagram.com/diario.todounpais/reel/DDsKtSVyn2O/

Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Si el fiel ofrece el Sacrificio de la Santa Misa pidiendo la gracia de una verdadera contrición y también la gracia del perdón, estas gracias son infaliblemente concedidas[1]. El Sacramento de la Eucaristía nos aporta el consuelo que no tendríamos si no mediara la eficacia del sacrificio. El alma que ofrece la Pasión de Jesucristo para la remisión de sus pecados no puede dudar de su contrición antes de recibir la Sagrada Hostia en la Comunión. Ella ha sido preparada por el valor propiciatorio de su ofrenda con las gracias inmensas que le sobrevendrán con la unión con Cristo Víctima.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Teniendo esto en cuenta, no es superfluo, de ninguna manera, la recomendación a las almas, por parte de sus confesores, de recibir como “penitencia”, la asistencia a la Santa Misa. Y, frente a toda confesión, nada es mejor que la ofrenda del Santo Sacrificio -la Santa Misa- para obtener las grandes gracias del Sacramento de la Penitencia.

 Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Nuestra confianza está en el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús; no solamente en la infinita perfección del Corazón del Hijo de Dios, sino en el poder del Amor que Él nos testimonia realmente al ofrecernos su Sagrado Corazón en la Cruz del Calvario y en la Cruz del Altar por nuestra salvación, cada día sobre nuestros Altares Eucarísticos; y también en su obediencia al Padre, por amor al Padre y por amor a nosotros; su Sangre derramada, sus súplicas, su Muerte Preciosísima, todos los frutos de su Santo Sacrificio.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Este fundamento es una verdad de fe y si el más criminal de los criminales no tuviera ya más confianza de ser perdonado, esta falta de confianza no tendría razón alguna de ser, puesto que el Amor Infinito y Eterno del Sagrado Corazón de Jesús supera infinita y eternamente cualquier pecado que el más grande pecador de la tierra pudiera jamás haber cometido, de manera que siempre hay que alentar a los pecadores, por pecadores que sean -y con mayor razón, cuanto más pecadores sean-, a que más confíen en la Divina Misericordia y a que más se abandonen a la Divina Misericordia.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Por último, hay una oración que nos da la pauta de cuán inmenso es el valor del Sacrificio de Jesús y también del Sacrificio Corredentor de su Madre, María Santísima; sacrificio al cual nosotros, como hijos adoptivos de Dios, podemos y debemos unirnos, de preferencia en la Santa Misa, en el momento de la Consagración, cuando el pan se convierte en el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús por medio de la Transubstanciación, aunque también podemos rezar esta maravillosa oración, que salva a millones de almas de caer en el Infierno, en cualquier momento del día. Esta oración dice así: “¡Oh, Jesús, Redentor del hombre!, que tanto sufriste por el amor y la salvación de los pecadores, sabiendo que no todos iban a aceptar tu Sacrificio... Yo quiero unirme a esos Tus sentimientos de Amor, de Perdón y Misericordia, y pedirte en este día la salvación de mil pecadores por cada latido de mi pobre corazón, unidos a los latidos del vuestro y a los del Corazón Inmaculado de María, vuestra Santísima Madre y nuestra, que nos disteis al pie de la Cruz. Os lo suplico, por vuestra Preciosa Sangre y vuestra Divina Misericordia. Amén”[2].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).


“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.


Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.


Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 

 



[1] Cfr. 89.

[2] Permitida su difusión. Pablo VI en A.A.S., 58-1966. 1185-1186) Pedidos -de estampas con la oración- a Tlf.: 955 68 02 98 Sevilla.

 


domingo, 1 de diciembre de 2024

Hora Santa en reparación por la profanación eucarística perpetrada contra el sagrario de la Parroquia San Pedro Apóstol en Durango, México 121124

 


         

         Inicio: La noche del 12-13 de noviembre en Durango ocurrió una grave profanación contra Jesús Sacramentado en la Parroquia San Pedro Apóstol, Nombre de Dios. Ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ultraje satánico cometido contra Jesús Eucaristía en dicha Parroquia y pidiendo también por la conversión de quienes cometieron tan aborrecible acto. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

         https://www.facebook.com/photo/?fbid=539447118846910&set=pcb.539447265513562&locale=az_AZ

         Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

                  Con relación al valor redentor de la Santa Misa, el Concilio de Trento nos recuerda la doctrina de siempre en el capítulo inicial: “Apaciguado por esta ofrenda (la ofrenda de su Cuerpo y Sangre gloriosos, es decir, la Sagrada Eucaristía, N. del R.) remite los crímenes y pecados aún los más enormes (…) si nos aproximamos a Dios con un corazón sincero y con una fe recta, con temor y temblor y con perseverancia”[1].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         La Misericordia infinita perdona a los niños que se acercan con amor a su Padre; ¿quién podría imaginar que esta condición ya no es más necesaria? Dice un autor: “El Sacrificio de la Nueva Alianza no es un homenaje verdaderamente agradable a Dios si, aquellos que de él participan, no realizan un mínimo don de su alma espiritual, de su espíritu interior, acompañando al gesto exterior”[2].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Ahora bien, ¿se puede decir que la eficacia de la Misa es infalible? Esto porque el valor eficiente de la Misa es infinito y la aplicación que hace la Iglesia es infalible. Sin embargo, en la respuesta, hay que hacer una distinción, porque todo dependerá de la “cantidad y calidad”, digamos así, del amor del que participa del Santo Sacrificio del Altar, la Santa Misa. Es decir, si bien, por parte de la Iglesia, el Sacrificio que la Iglesia ofrece a la Trinidad, por la remisión de los pecados, es infalible y si bien la aplicación es de valor infinito, sin embargo, no en todos los casos se logra el mismo resultado y esto se debe a la disposición interior de los corazones de quienes participan del Santo Sacrificio del Altar[3].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Dice así Charles Journet: “La eficacia de la ofrenda, en la Misa, del Sacrificio mismo de la Cruz, por la caridad de la Iglesia, operantis Ecclesiae, es variable pero infalible”. Variable, eso es evidente, porque en la Iglesia, a lo largo de los tiempos, hay mayor o menor caridad y sufrimiento corredentores. Es “infalible” porque en la Iglesia Militante, según los tiempos es, no sin pecadores, sino sin pecado”. Ella, la Iglesia, “es sin tacha, sin vicio, sino santa e inmaculada” (Ef 27). Jamás cesará de ser la Esposa; jamás las Puertas del Infierno prevalecerán contra Ella. En consecuencia, jamás la ofrenda válida de ninguna Misa, aún celebrada por el más miserable de los sacerdotes, caerá en la nada”[4]; su ofrenda será siempre pura y santa, porque es el Cuerpo y la Sangre gloriosos del Señor Jesús resucitado, la Sagrada Eucaristía.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         La misma teología acude en ayuda del texto de Cayetano quien afirma que “el valor impetratorio, meritorio y satisfactorio de este sacrificio (de la Misa) es infinito”, aunque la restricción es importante si “se considera el sacrificio de la Misa en tanto que se aplica a tal o cual, ya que su efecto es finito”, porque depende de las disposiciones de tal o cual, ya es medido -el efecto- por nuestra devoción. La Misericordia infinita parece más liberal, delicada, respetuosa de nuestra libertad, que así espera de nosotros un retorno de filial amor a la bondad amorosa del Padre[5] que se nos ofrece en el Sagrado Corazón Eucarístico de su Hijo Jesús.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Francois Charmot, s. j., La Messe, source de sainteté, Editorial Spes, París 1960, 87.

[2] Jungmann, s. j., Missarum solemnia, t. III, 147-148.

[3] Cfr. Charmot, ibidem, 87.

[4] Cfr. Journet, ibidem, 88.

[5] Cfr. Journet, ibidem, 88.


domingo, 17 de noviembre de 2024

Hora Santa en reparación por robo con fines satánicos de Hostias consagradas en una capilla de un hospital de Italia 140924

 



Inicio: ofrecemos esta Santa Misa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el robo con fines satánicos de Hostias consagradas ocurrido en la capilla de un hospital en Italia. Para más detalles acerca de este lamentable suceso, consultar el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=D8xFGSMoCCs

Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

La Santa Misa nos enseña a vivir en la paz de la infinita misericordia de Dios, porque según el Concilio de Trento, en el que se citan a los Padres de la Iglesia y en el que se resume la tradición y la teología del sacrificio, se afirma que “el Señor, serenado por la oblación del sacrificio concede la gracia y el don de la penitencia y remite los crímenes y los pecados, por más grandes que éstos sean”. Así se expresa el Concilio de Trento; y el Papa Inocencio III afirma que “por la inmolación de esta Hostia saludable nuestros pecados son remitidos y nosotros somos reconciliados con Dios Todopoderoso”. No hay nada más grandioso y de más valor entonces que el hecho de que Nuestro Señor Jesucristo obre por medio de sus ministros, los sacerdotes ministeriales, sobre el altar eucarístico, la oblación sacrificial que no es otra que la de la Santa Cruz y que Él aplica sobre las almas con todo su valor santificador[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

A través del ministerio de los sacerdotes, Jesús ofrece su Cuerpo inmolado y su Sangre derramada -por medio de las especies sacramentales-, por los pecados personales de cada uno de los bautizados y por los pecados de las multitudes de gentes. Por el hecho de ser Jesucristo el Hombre-Dios, la eficacia de su Sacrificio en la cruz del Calvario fue absoluta e infalible[2]. En la Santa Misa, la ofrenda se reproduce por la Iglesia y por un sacerdote anónimo -en el sentido de que puede o no ser conocido por el fiel laico- y que puede o no ser santo, pero aun así Jesús se ofrece sacramentalmente y nada puede quitar a esta ofrenda su carácter de identidad substancial con la ofrenda del Calvario. Y es también cierto que Dios, en su infinita misericordia, me perdona a causa de la oblación de Jesucristo, tanto sobre la cruz, como sobre el altar[3].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

San Belarmino afirma que la suma inmensa de satisfacción redentora fue derramada en el Calvario y que nosotros la alcanzamos y la hacemos nuestra gracias al misterio de nuestros altares, es decir, gracias al misterio de la Santa Misa. La Pasión aporta la remisión de los pecados como causa universal de salvación, dice Santo Tomás, pero la Pasión debe ser aplicada a cada persona en particular, debe ser alcanzada por la fe de cada persona y debe ser vivificada por la caridad y es por esto y para esto que se confecciona el Santísimo Sacramento del Altar, la Sagrada Eucaristía.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Entonces, tanto la Misa, como la Pasión, tienen un valor infinito, pero este valor es participado de una manera finita por la Iglesia según la intensidad de su amor y según el tiempo en el que viven sus hijos bautizados; el valor de la redención se aplica a cada generación por la mediación de la fe y de los sacramentos y es para este para el cual se instituye el Santísimo Sacramento del Altar, el Sacramento de la Eucaristía.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

El Cardenal Cayetano comenta así comenta así el texto de Santo Tomás (III, q 79): “La ofrenda de la Eucaristía, en razón de su propio valor, es suficiente para satisfacer por todas las penas; esta ofrenda es satisfactoria por todos los que la ofrecen y por todos los que es ofrecida, según la intensidad de su devoción. El resultado del primer punto es que la Misa es satisfactoria para todos los pecadores, tanto vivos como muertos; como tal, su valor es infinito, puesto que es el Cristo el que es ofrecido. El resultado del segundo punto es que una Misa única no pierde nada de su virtud satisfactoria para ser ofrecida por una, dos, tres personas”. La Santa Misa tiene entonces un valor infinito de redención, tanto para la Humanidad entera, como para una persona, tanto para vivos, como para difuntos, tanto para quienes aspiramos llegar al Cielo desde la tierra, como para quienes están purificando sus penas en el Purgatorio.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 

 

 

 



[1] Cfr. Francois Charmot, S. j., La Messe, source de sainteté, Editorial Spes, París 190, 83.

[2] Cfr. Charmot, ibidem, 86.

[3] Cfr. ibidem.


sábado, 28 de septiembre de 2024

Hora Santa en reparación por blasfemia contra Nuestra Señora de Lourdes por parte de la revista francesa "Charlie Hebdo"

 


Hora Santa en reparación por ultraje a Nuestra Señora de Lourdes por parte del semanario satírico francés Charlie Hebdo Francia 280824

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la blasfema, grotesca e insultante caricatura que la revista francesa “Charlie Hebdo” realizó contra la Madre de Dios en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes, el pasado 28 de agosto de 2024. Los cobardes se ensañan con la Virgen y el catolicismo, pero no se atreven a hacerlo con el Islam, porque ya saben cómo les va.

Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Jesús prometió que habría de hacer caer “fuego del cielo” y que ya “quería verlo ardiendo”. Es obvio que no se trata del fuego material, del fuego que destruye y quema todo a su paso: es el Fuego del Espíritu Santo, que enciende en el fuego del Divino Amor a los corazones de los fieles. Ahora bien, ¿Nuestro Señor, ya cumplió esa promesa, o falta todavía? Podemos decir que, al menos en parte, la cumplió desde la Primera Misa, que fue la Última Cena, porque en la Santa Misa Nuestro Señor hace descender, por medio del sacerdote ministerial, al Espíritu Santo, que convierte las substancias del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús: “por eso te pedimos que santifiques estos dones
con la efusión de tu Espíritu
[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Este descenso del Espíritu Santo en la consagración, está descripto en la oración Secreta de la Misa en memoria de San Juan María Vianney: “Dios eterno y todopoderoso, te pedimos que descienda sobre este sacrificio puro la plenitud invisible del Espíritu Santo, de manera que a imitación suya seamos castos de cuerpo y puros de corazón, para poder aprovechar tan grande Misterio (la Eucaristía, N. del R.)”[2].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

El descenso del Espíritu Santo se produce entonces durante la consagración de las especies del pan y del vino, para ser convertidas en el Cuerpo y la Sangre del Señor; pero también se produce este descenso en las almas de los fieles, según San Alfonso María de Ligorio: “Señor Jesucristo, que el fuego de los holocaustos descienda del Cielo para consumir nuestros corazones y hacerlos agradables para Ti” y nosotros agregamos que este descenso se vuelve realidad cuando el alma en gracia recibe la Comunión Sacramental, es decir, cuando Jesús ingresa en el corazón en gracia, Él sopla sobre este corazón el Fuego que envuelve a su Sagrado Corazón Eucarístico, el Espíritu Santo, para encenderlo en el Fuego del Divino Amor.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Es entonces en la Santa Misa en donde somos abrasados por el Fuego del Divino Amor, ese Fuego que Jesús ha venido a traer y que quiere verlo encendido en nuestros corazones, para que seamos un holocausto agradable a Dios[3]. Para comprender la Presencia y el actuar del Espíritu Santo a lo largo de toda la Misa, hay que recordar que Él es el Consagrador, el Santificador, el Intercesor de todas las almas en la Santa Misa y aun más, el único principio de la unidad de la Misa: “in unitate Spiritus Sancti”, “en la unidad del Espíritu Santo”[4]. Es decir, toda la Santa Misa está impregnada por la Presencia y el Obrar del Amor de Dios, el Espíritu Santo.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

En la Comunión de los Santos, que es una verdad de fe, también está presente el Espíritu Santo, ya que la Alianza Nueva y Eterna, en la que están comprendidos todos los hombres que aman a Cristo, es obra del Espíritu Santo. El Padre, por Amor, determina que los hombres se unan a Él por medio de la unión con la Sangre de su Hijo; la Sangre de Jesús, el Cordero de Dios, prefigurada en la sangre que esparcía Moisés al pueblo desde el altar, y la Alianza que con ella se establece entre Dios y los hombres, es imposible de romper debido a la inviolabilidad de la unión hipostática -de la Segunda Persona de la Trinidad con la Humanidad Santísima de Jesús de Nazareth- y de su muerte redentora, mediante la cual infunde sobre las almas el Amor del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Misal Romano, Plegaria II, 101.

[2] Cfr. Francois Charmot, La Messe, source de sainteté, Editorial Spes, París 1960, 58.

[3] Cfr. Charmot, ibidem, 58.

[4] Cfr. Charmot, ibidem, 59.