jueves, 21 de noviembre de 2013

Hora Santa en honor a Cristo Rey


Inicio: entramos en el Oratorio, nos encomendamos a nuestros ángeles custodios, para que nos ayuden en esta Hora Santa, la que ofreceremos en honor a Cristo Rey y en reparación por todos los hombres que no reconocen su reyecía. Pedimos también la asistencia de nuestra Madre del cielo, María Santísima, Ella también nuestra Reina y Señora.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón, y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.

Canto inicial: “Tú reinarás”.

Meditación

         Jesús Eucaristía, te adoramos y te bendecimos porque Tú eres Rey desde la eternidad y eres Rey por ser Dios de infinita majestad; fuiste ungido “entre esplendores sagrados” en el seno del Padre, desde toda la eternidad; Tú eres Rey desde la eternidad y lo serás por siglos y siglos infinitos, porque posees el mismo Ser trinitario divino y la misma naturaleza divina de Dios Padre y por esto es que tienes la misma majestad, el mismo honor, el mismo poder que Dios Padre y que Dios Espíritu Santo, porque eres Dios igual que el Padre y el Espíritu Santo; Jesús, te adoramos y te bendecimos y te damos gracias, junto con los ángeles y los santos de la corte celestial, por tu inmensa gloria, por tu inmensa majestad y te agradecemos por habernos llamado ante tu Presencia; te damos gracias por ser Tú quien eres, Dios de gloria celestial y te damos gracias porque nos creaste con sed inagotable de gloria, una sed que solo la puede calmar Tú mismo y por eso no somos felices ni tenemos paz hasta que no glorificamos tu inconmensurable majestad divina. Te pedimos perdón y reparamos porque en el mundo de hoy, son pocos y cada vez menos quienes te reconocen como a su Rey y Señor y en vez de adorarte en la Eucaristía y darte gracias por tu sacrificio redentor en la Cruz, cometen el abominable pecado del neo-paganismo, adorando las estrellas y la naturaleza en vez de a Ti. No les tengas en cuenta, oh Rey de los cielos, este aborrecible pecado; más bien, ten piedad de ellos y ten piedad también de nosotros y atiende al clamor de nuestra plegaria. Ven, oh Jesús, Tú solo eres nuestro Rey y porque eres nuestro Rey que reina desde la Eucaristía, te pedimos que escuches nuestras oraciones, perdona a los neo-paganos que idolatran a la naturaleza y a las fuerzas de la oscuridad, y concédenos a todos, por tu gracia, tu amor y tu misericordia, la gracia  de la conversión. Amén.

Silencio para meditar.

         Jesús Eucaristía, Tú eres Rey en la Encarnación y en el Nacimiento, y por este motivo, como rey que eres, fuiste adorado en el Pesebre por los pastores y los ángeles y en Navidad eres adorado por los hombres de buena voluntad; acepta, oh Rey que vienes a nosotros como un Niño recién nacido, nuestros pobres corazones y dígnate nacer en ellos, porque Tú naciste en Belén, Casa de Pan, para donarte como Pan de Vida eterna; acepta nuestros corazones como humilde ofrenda, corazones que son fríos y oscuros, como la gruta de Belén y, al igual que esta gruta, que con su pobreza y a pesar de su indignidad, tuvo el honor de recibir a tu Madre encinta, quien te dio a luz virginalmente para alegría de la humanidad entera, haz que también nosotros te recibamos por la gracia en la Eucaristía, Pan Vivo bajado del cielo; haz, te lo suplicamos, que nuestros corazones sean como otras tantas grutas de Belén, para que tu Madre Santísima te dé a luz en nosotros y así nos alegres con tu Presencia y seas Tú la única alegría de nuestras vidas. Jesús, haz que tu Madre, que así como preparó la gruta de Belén para que Tú nacieras en un lugar digno, así también prepare nuestros corazones para tu Nacimiento en ellos y que Ella nos consiga de Ti las gracias que necesitamos para amarte y adorarte, en el Pesebre y en la Eucaristía, como a Nuestro Rey y Señor. Te pedimos perdón y reparamos por quienes se postran ante ídolos mundanos y te dejan de lado a Ti, Rey nacido como Niño en un pesebre, Rey que reinas en la Eucaristía y en los cielos, Rey que reinarás por los siglos sin fin. Amén.

Silencio para meditar.

         Jesús Eucaristía, Tú eres Rey en la Pasión y en la Cruz y como todo rey que se precie, llevas una corona, pero tu corona real no es de oro y plata, ni está adornada de rubíes y diamantes y toda clase de piedras preciosas, como las coronas de los reyes de la tierra; tu corona real es una corona de gruesas espinas, espinas filosas y agudas que atraviesan tu cuero cabelludo y te hacen sangrar abundantes ríos de Sangre, ríos que inundan tus ojos, tus oídos, tu boca, tu rostro entero, recordándonos que derramaste tu Sangre Preciosísima para que, cayendo sobre nosotros, nos santificara en cuerpo y alma, purificando nuestro cuerpo y nuestros sentidos e iluminando con la luz divina nuestras oscuras inteligencias, incendiando en el Fuego del Amor Divino a nuestros fríos corazones. Jesús, Tú eres Rey en la Pasión y en la Cruz, y como todo rey, llevas un manto, pero tu manto no es de fina púrpura y de lino suave, sino que Tu manto real está formado por tu Sangre que brota a borbotones de tus heridas abiertas por nuestros pecados, y por eso tu manto es de color rojo escarlata y es de valor inestimable, porque es tu Sangre Preciosísima que cubre tu Purísimo Cuerpo; Jesús, Tú eres Rey en la Pasión y en la Cruz, y como todo rey, llevas un cetro que indica tu poder real, pero tu cetro no es un bastón de marfil, como los de los reyes terrenos, sino que son tus clavos, los gruesos clavos de hierro que taladran tus manos y tus pies, manos y pies taladrados que ofreces al Padre en reparación por las obras malas hechas con nuestras manos y en reparación por los pasos malos dados en dirección opuesta a Ti y a tu Santísima Voluntad. Jesús, Tú eres Rey en la Pasión y en la Cruz, y como todo rey, tienes un trono, pero tu trono no es de oro recamado ni tiene un mullido almohadón, sino que es el duro leño de la Cruz, Cruz desde donde reinas sobre las almas de quienes se acercan a Ti con un corazón humillado y contrito. Te pedimos perdón, oh Jesús crucificado, Nuestro Rey, por aquellos hermanos nuestros que, dejándote de lado, te posponen por los reyes y césares del mundo, y para reparar como lo exige la Justicia Divina, te ofrecemos a Ti mismo crucificado. Amén.

Silencio para meditar.

       Jesús, Tú eres Rey en la Eucaristía, en donde te encuentras Presente con tu Cuerpo glorioso y resucitado, lleno de la luz, de la vida y del Amor de Dios, y quieres reinar en los corazones para colmarlos de toda gracia y bendición; Jesús, haz que nuestros cuerpos sean templos del Espíritu Santo y que nuestros corazones sean como otros tantos sagrarios, en donde seas adorado, bendecido y glorificado, en el tiempo y luego en la eternidad. No permitas que el lugar reservado exclusivamente para Ti, en nuestros corazones, sea ocupado por los ídolos del mundo y no dejes que nuestros corazones, creados por Ti para ser altares en donde seas adorado en el tiempo y en la eternidad, sean profanados por amores mundanos, impuros, terrenos. Antes bien, aumenta en nosotros de tal manera el amor por Ti, que consideremos como basura todo lo que nos aparte de tu Sagrado Corazón. Danos la gracia de amarte por sobre todas las cosas, por sobre todas las creaturas, por sobre todos los ídolos del mundo, por sobre los becerros de oro que el mundo nos invita a adorar. Ilumínanos con la luz de tu gracia para que nunca caigamos en las tinieblas del error, del pecado, de la idolatría y de la ignorancia, para que adorándote a Ti y solo a Ti, oh Jesús, Rey nuestro, continuemos la adoración en los cielos, por los siglos infinitos. Amén.

Silencio para meditar.

         Jesús Eucaristía, Tú eres Rey del universo y vendrás a juzgar el mundo en el Último Día, el Día del Juicio Final; en ese Día terrible no vendrás como Dios Misericordioso, sino como Justo Juez; en ese Día todos te contemplarán en tu gloria y Tú darás a cada uno el destino eterno merecido según sus obras: a los que obraron el bien, les concederás como premio tu eterna compañía; a los que obraron el mal, los apartarás de tu Presencia para siempre. Oh Buen Jesús, por los méritos de Pasión y Muerte en Cruz, concédenos la gracia de estar entre los elegidos y bienaventurados y haz que en esta vida, reconociéndote como Nuestro Rey y Señor, te glorifiquemos con nuestras buenas obras, para así poder adorarte y ensalzar tu majestad por los siglos sin fin, en el Reino de los cielos. Te pedimos perdón y reparamos por quienes no solo no te reconocen como Rey sino que, despreocupándose de su destino eterno, se entregan a toda clase de maldades y abominaciones, invocando a las oscuras fuerzas de las tinieblas, por medio de la wicca, el ocultismo y toda clase de maldades similares. Te suplicamos que les concedas la gracia de conocerte para que, conociéndote, te amen, y amándote, se salven y así, ellos y nosotros, por tu infinita Misericordia, y en unión con los ángeles y santos del cielo, podremos glorificar tu Amor por toda la eternidad. Amén.

Silencio para meditar.

Meditación final   
       
Jesús, Tú eres Rey de Misericordia; tu atributo que te distingue, entre los infinitos atributos de tu divinidad, es la Misericordia; Tú eres la Misericordia de Dios encarnada y donas esta Misericordia en la entrega de tu Cuerpo crucificado y en la entrega de tu Cuerpo glorioso en la Eucaristía; Tú eres la Misericordia de Dios hecha visible y por eso, quien te contempla, contempla a Dios Misericordioso; Tú eres la Misericordia Divina, que se dona a todo hombre sin reservas, sin límites, pero necesitas que el hombre pida libremente recibir la Divina Misericordia; por esto te suplicamos que, por medio del Inmaculado Corazón de María, derrames todas las gracias que el mundo necesita para conocerte, amarte y adorarte como a su Único Rey y Señor, para que así, amándote y adorándote en la Eucaristía, continuemos todos los hombres, sin excepción, amándote y adorándote por toda la eternidad. Amén.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón, y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.

Canto final: “Los cielos, la tierra, y el mismo Señor Dios”.


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