Mostrando entradas con la etiqueta Santa Misa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santa Misa. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de febrero de 2025

Hora Santa en reparación por profanación de la Santa Misa en Brasil en donde una ministra anglicana concelebró y comulgó 200225

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación de la Santa Misa ocurrida en Brasil, en donde el arzobispo del lugar permitió que una “ministra” anglicana “concelebrara” (¡?) y además le permitió ¡comulgar!, lo cual está prohibido para quien no haya recibido los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. Para mayores datos acerca de este lamentable suceso, consultar el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=0jX6gLNkRoE&t=2s

Canto de entrada: “Cristianos, venid, cristianos, llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Es causa de asombro comprobar con cuánta ligereza los católicos cambiamos la dignidad infinita de la gracia santificante, por los barros y lodos del pecado y su indignidad[1]. Es como si un príncipe, nacido en un palacio de marfil y en cuna de oro, cambiara su dignidad real por la mendicidad; el oro y la plata, el cedro y el ciprés de su mobiliario real, por mendrugos de pan y por harapos como vestimenta. ¿Qué nube oscura, de origen maligno, ciega las mentes de los católicos, que tan despectivamente desprecian la gracia santificante de los Sacramentos?

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Con la gracia sucede como con el que escala una montaña y, por un descuido negligente de su parte, pierde el equilibrio y cae de las alturas a las que había llegado. De la misma manera, cuanto mayor es la altura que conseguimos mediante la gracia, tanto más profunda es la caída, si llegamos a perderla. Un ejemplo que prefigura lo que decimos es Nabucodonosor: era un rey poderoso, invencible, con un reino inmenso, que luego fue transformado en un animal (cfr. Dn 4,30). Lo mismo sucede con el alma que pierde la gracia: de ser superior a los ángeles, por participar en la vida trinitaria, a ser rebajada a un nivel inferior a las bestias irracionales.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Es por esta razón que es imperioso reconocer, desde un principio y no cuando ya la hemos perdido, la hermosura celestial y sobrenatural que la gracia santificante concede al alma. Así, al apreciarla, el alma tendrá el mundo a sus pies, pues valdrá más que todo el universo visible e invisible juntos, porque participa de la vida de la Santísima Trinidad, de las Tres Divinas Personas. Si por la gracia hemos sido colocados en el cielo mismo, estando todavía en la tierra, ¿por qué habría un alma de revolcarse en el fango de la tierra y del pecado?

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Ya los filósofos paganos comprendieron, con su razón natural, que el amor a los bienes de aquí abajo es insensato cuando se lo compara con el cielo, con los astros. Decía uno de ellos: “Si se diera a las abejas la inteligencia humana, repartirían su pequeño dominio en numerosas provincias, como acostumbran hacerlo los reyes de la tierra”. Otro afirmaba: “Si miráramos a nuestro planeta desde el sol o desde la luna creeríamos ver un pequeño círculo: los reinos más dilatados, sin hablar de los campos y las praderas, aparecerían como puntos imperceptibles”. Si unos filósofos paganos, con la luz de su sola razón natural, se daban cuenta que los bienes de esta vida son nada si los comparamos con los del cielo, ¡cuánto más nosotros, iluminados por la luz de la gracia santificante, no debemos considerar como motas de polvo a las montañas de oro y plata, cuando la comparamos con el más mínimo grado de gracia, el mayor bien celestial concedido a nosotros los hombres por la Divina Misericordia!

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Entonces, al contemplar y reflexionar que, por la gracia santificante, obtenida al precio altísimo de la Sangre del Cordero de Dios en el Sacrificio del Calvario, Sangre que es derramada cada vez de modo sacramental e incruento en el Cáliz de salvación, en la Santa Misa, hagamos el propósito de que nuestro comportamiento, nuestros actos cotidianos, sean acordes a dicha gracia y el único modo en que lograremos este objetivo, es imitando a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Cuando nos acerquemos a recibir, por la Comunión Eucarística, al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, le pidamos a la Madre de Dios que sea Ella quien comulgue por nosotros, para que este Tesoro infinito que es el Corazón Eucarístico de Jesús derrame sus gracias sin medida sobre nuestros pobres corazones.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Matías José Scheeben, Las maravillas de la gracia divina, Editorial Desclée de Brower, Buenos Aires 1945 24.


viernes, 27 de septiembre de 2024

Hora Santa en reparación por profanación litúrgica por parte de Cardenal de Malasia 290824

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por grave ultraje litúrgico cometido contra la Santa Misa por parte de Cardenal católico el 10 de junio pasado. En la denominada “Conferencia Episcopal Regional sobre Comunicaciones Sociales”, las eucaristías se celebraron en las mesas de reunión en forma de U. El cardenal Francis presidió o copresidió estas Eucaristías. Todo el clero se sentó, obviamente también durante la consagración. No fue necesario ningún misal para la Eucaristía del cardenal. En las mesas había teléfonos, folletos y botellas de agua. Para la Comunión, se pasó un cáliz con hostias para el autoservicio. El abuso litúrgico fue expuesto por “Veritate Fideles” en una red social (29 de agosto). Rechazamos rotunda y profundamente este ultraje a la Santa Misa y a la Eucaristía.

         Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         Afirma un autor que la Tercera Persona de la Trinidad Sacrosanta, el Espíritu Santo, se encuentra “por todas partes” en la Santa Misa: “El Santo Espíritu, según la liturgia de la Santa Misa, está en todos los actos, en todas las oraciones, en todos los símbolos, en todos los frutos (espirituales), por todas partes”[1]. Esto significa que la Santa Misa es un acto de amor de la Santísima Trinidad hacia los hombres, además de ser el Santo Sacrificio del Altar, el cual es, obviamente, también un acto de amor, el Supremo Acto de Amor, del Hombre-Dios hacia la Santísima Trinidad.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         La lección que se deriva de esto es que debemos vivir tanto en el Espíritu como en Cristo; de otro modo, dice San Pablo, vivimos bajo la esclavitud del pecado y de la carne. La Santa Misa nos ayuda a vivir en el Espíritu y en Cristo: “La Misa nos hace vivir por el Padre, para Jesucristo, en la unidad del Espíritu Santo y es esta la única manera en la cual podemos concederle a la Trinidad lo que la Trinidad merece, todo el poder, el honor y la gloria”[2].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         La Santa Misa, ofrecida por la Santa Iglesia, es la obra de Cristo Sacerdote Sumo y Eterno y es también obra del Espíritu Santo, por medio del cual Cristo es consagrado redentor glorioso y vivificador. Por esto mismo, la presencia y la acción del Espíritu Santo es real y actúa de principio a fin en el Sacrificio Redentor de Cristo: en su Concepción milagrosa y en su  Nacimiento, la unción del Espíritu Santo consagra la naturaleza humana de Jesús como sacerdote; el Espíritu Santo se manifiesta sobre Jesús en la Sinagoga, cuando lee al Profeta Isaías –“El Espíritu del Señor está sobre Mí”-; su Cuerpo es consagrado por el Espíritu como Víctima de sacrificio; el fuego que lo consume y con el que Él quiere encender el mundo es el fuego del Espíritu Santo; finalmente, dice San Agustín, Jesucristo es Sacerdote y Víctima, que se ofrece a Sí Mismo al Padre en el Amor del Espíritu Santo, por medio de la perpetuación del misterio del sacrificio cotidiano de la Iglesia, la Santa Misa[3].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         A su vez la Eucaristía, llamada también “Sacramento del Amor”, difunde este Amor del Corazón de Cristo Sacerdote, inmolado en el altar de la cruz y en la cruz del altar, para expandirse y difundirse por todos los corazones de su Cuerpo Místico, así como el corazón expande y difunde la sangre por las arterias haciendo llegar así esta sangre a los órganos. Y así como Jesucristo no hizo nada en la Pasión y no hace nada en el misterio eucarístico que no sea dictado e inspirado por el Amor Divino, así también los sacerdotes y los fieles, en virtud de este mismo Espíritu Divino, deben también obrar por amor y una muestra de esto es el ofrecerse a sí mismos, en unión con Cristo, como víctimas en la Víctima, por la redención de los hombres, siendo copartícipes del Sacrificio del altar.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         En la Santa Misa, el Espíritu Santo obra una triple santificación: a través del sacerdote ministerial, la Iglesia bendice el Cuerpo y la Sangre de Cristo sobre el altar, luego de la consagración, de manera que la Iglesia realiza esta ofrenda Purísima, desde el altar terreno, hasta el altar celestial, puesto que lo que ofrecen los sacerdotes y los fieles no es a otro que a Jesucristo sobre la Cruz; el Espíritu Santo bendice y santifica las oraciones que se elevan hacia la Majestad del Padre y es por eso que las oraciones finalizan diciendo: “In unitate Spiritu Sancti”, en la unidad del Espíritu Santo; finalmente, la tercera santificación que obra el Espíritu Santo en la Santa Misa, es sobre las almas, según lo dicen los Santos Padres: “El Espíritu Santo, debido a que es Santo por esencia, es el principio de toda santidad” (San Basilio). Es por esto que no es necesario que el Espíritu Santo sea nombrado del mismo modo que el Padre y el Hijo, puesto que está en todas partes[4]. Y quiere estar en nuestros corazones, por medio de la Comunión Eucarística, ya que el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús sopla el Espíritu Santo sobre los corazones de las almas que lo reciben en gracia, con fe, con piedad, devoción y amor.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Francois Charmot, S. J., La Messe, source de sainteté, Editorial Spes, París 1960, 51.

[2] Cfr. Charmot, ibidem, 51.

[3] Cfr. Charmot, ibidem, 53.

 

[4] Cfr. Charmot, 58.

domingo, 25 de agosto de 2024

Qué dicen los Santos sobre la Santa Misa

 



1. Cuando se celebra la eucaristía, el santuario se llena de incontables ángeles que adoran el sacrificio divino inmortalizado en el altar. 

⚜ San Juan Crisóstomo

2. Los ángeles rodean y ayudan al sacerdote mientras celebra la misa.

⚜ San Agustín

3. El mejor momento para pedir y obtener favor de Dios es el momento de la Elevación.

⚜ San Juan Bosco

4. La celebración de la Santa Misa es tan preciosa como la muerte de Jesús en la cruz.

⚜ San Tommaso d'Aquino

5. Santa Teresa fue abrumada por la bondad de Dios y fue a Nuestro Señor

"¿Cómo puedo agradecértelo? " "

Nuestro Señor respondió:

"ASISTIR A UNA MISA".

6. "Mi Hijo ama tanto a los que asisten al Sagrado Sacrificio de la Misa que, de ser necesario, moriría por ellos tantas veces como las Misas que escucharon. " ⚜ Nuestra Señora del Bendito Alan.

7. Cuando recibimos la Sagrada Comunión, experimentamos algo extraordinario:

Una alegría, una fragancia, un bienestar que emociona todo el cuerpo y lo exalta

⚜ San Giovanni Vianney

8. No hay nada tan grande como la eucaristía. Si Dios tuviera algo más precioso, nos lo hubiera dado.

⚜ San Giovanni Vianney

9. Esté ansioso por ir a misa incluso entre semana, incluso si implica un sacrificio. Nuestro Señor te recompensará con sus bendiciones y te hará triunfar en tus emprendimientos

⚜ Don Bosco

10. Cuando hemos hecho la Sagrada Comunión, el bálsamo del amor envuelve el alma como la flor envuelve a la abeja.

⚜ San Giovanni Vianney

11. Sería más fácil para el mundo sobrevivir sin el sol que vivir sin la Santa Misa.

⚜ San Pío de Pietrelcina

12. Si realmente entendiéramos la Misa, moriríamos de alegría.

⚜ San Giovanni Vianney

Fuente del Corazón Eclesiástico de Jesús

jueves, 22 de agosto de 2024

Hora Santa en reparación por exposición satánica en iglesia francesa

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por la exposición explícitamente demoníaca y por lo tanto blasfema, llevada a cabo en la iglesia parroquial de San Aubin en Épinay, archidiócesis de Rouen, Francia, entre los días 29 de junio y 01 de julio de 2014. La exposición constaba de dibujos y esculturas demoníacos, los cuales representan la abominación de la desolación y la muerte, la revolución y el odio contra Dios, en un lugar -la Iglesia- en el que se celebra la Santa Misa, en donde se hace Presente el Dios Viviente, Cristo Jesús en la Eucaristía y por eso el ultraje y la blasfemia inaceptables, que de ninguna manera podemos aceptar. Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace:

https://religionlavozlibre.over-blog.com/2024/08/diocesis-francesa-clausura-una-exposicion-demoniaca.html

Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

La Encarnación del Verbo de Dios, de Dios Hijo, de la Segunda Persona de la Trinidad, supone para nosotros una fuente infinita de gracias, desde el momento en el que en Jesucristo, al unirnos a Él por la gracia santificante, nos convertimos en Hijos de Dios, en miembros de su Cuerpo Místico y en sus coherederos[1], un privilegio jamás concedido antes de la Encarnación del Verbo a nadie, ni siquiera a los ángeles, un privilegio que deifica a la naturaleza humana, tal como lo dice el mismo Señor Jesús: “Sean perfectos como Dios, vuestro Padre” (cfr. Mt 5, 48).

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

La Encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad procura a Dios una gloria infinita, según Santo Tomás de Aquino, gloria que resulta ser la consecuencia de un acto de amor infinito -por parte de Dios Hijo encarnado hacia Dios Padre, en el Amor del Espíritu Santo-, que así repara todas las obras del pecado del mundo caído luego del Pecado Original. Y esto es así, porque nada es más digno del Sumo y Eterno Bien que comunicarse a Sí mismo a las creaturas, aún cuando las creaturas sean pecaminosas.

 Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Este principio -la auto-comunicación de Dios al hombre pecador- lo expone San Francisco de Sales en su “Tratado del Amor de Dios”: “Dios conocía eternamente que Él podía hacer una cantidad innumerable de creaturas, en diversas perfecciones y cualidades, a las cuales Él se podía comunicar”. Este don de Sí mismo sería más perfecto si se hiciera por la Encarnación: “Así como el Padre comunica toda su infinita e indivisible divinidad al Hijo, produciendo así al Espíritu Santo, de la misma manera (la Persona del Hijo) se comunicó a una naturaleza creada -la naturaleza humana de Jesús de Nazareth-, uniéndose ambas naturalezas, la humana y la Divina, pero sin confusión, guardando cada una sus propiedades, unidas ambas en la misma y única Persona del Hijo (unión hipostática)”[2]. Por eso es que Jesús no es un hombre más entre tantos, ni tampoco un hombre simplemente santo, ni siquiera el más santo entre los santos, sino que es Dios Tres veces Santo, el Dios que Es la Santidad Increada en Sí misma.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Si bien nosotros, en cuanto creaturas humanas, debemos dar gloria a Dios por ser Él Quien ES, Dios de infinita majestad y gloria, esa acción de gracias, realizada por nosotros mismos, es absolutamente inferior a la que Dios se merece. Para que Dios reciba la gloria y la acción de gracias que Él se merece, viene en nuestro auxilio, por así decirlo, la liturgia[3] eucarística, por cuanto la misma nos revela que, prolongando su Encarnación en el Santísimo Sacramento del Altar, Jesús Sacramentado, a través de su Esposa, la Iglesia, rinde honor y gloria a Dios en el tiempo y en el espacio, en todo tiempo histórico entendido como devenir histórico y en todo espacio geográfico de nuestra tierra, allí donde está la Iglesia y allí donde la Santa Iglesia celebra el Santo Sacrificio del Altar, la Santa Misa.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

La Eucaristía aumenta todavía más -aún más, sin medida- la glorificación que cada creatura, cada ser humano -yo, en persona, como persona humana-, puedo dar a la Trinidad, porque por medio de la Encarnación y por medio de la prolongación de la Encarnación, que es la Eucaristía, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, deciden llevar a cabo el Misterio Pascual de la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección del Verbo Eterno del Padre, tanto para salvar a toda la especie humana, como si fuera para una sola persona, es decir, para mí solamente, entendido como ser persona en particular. El Verbo no solo se encarna, sino que además se dona como alimento celestial que nutre el alma con la substancia super-abundante y sobrenatural de la naturaleza divina trinitaria; yo lo hago mío según mis disposiciones de gracia y hago míos todos los bienes sobrenaturales que la Carne inmolada y la Sangre derramada del Cordero de Dios comunican a Su Cuerpo Místico. De esta manera la Santa Iglesia Católica glorifica a Dios por medio de la Santa Misa, que es una Acción de Gracias por antonomasia y por partida doble, por la Encarnación, que se prolonga en la Eucaristía y por el Amor esencial que por este medio sacramental -el Santísimo Sacramento del Altar- quiere comunicarse del modo más entera y perfectamente posible a su Cuerpo Místico, al ser recibido por la Eucaristía Jesús, el Cordero de Dios.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré, y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Francois Charmot, S. J., La Messe, source de sainteté, Editorial Spes, Francia 1959, 40.

[2] Cfr. Charmot, ibidem.

[3] Cfr. Charmot, ibidem, 41.


martes, 11 de abril de 2023

Hora Santa en reparación por presentación sacrílega de ofrendas de pan y vino en envases plásticos descartables 110423

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la gravísima ofensa, blasfemia y sacrilegio que supone la “venta” de hostias y vino en envases plásticos, como si se tratara de un producto de supermercado. Para mayores datos acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:

https://www.amazon.com/-/es/celebraci%C3%B3n-hostias-vasos-prellenados-unidades/dp/B001GOLW0Q

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Una sola Santa Misa, escuchada con devoción, con piedad y con amor, nos obtiene méritos infinitos para el Cielo, muchos más que cualquier otra obra buena que seamos capaces de hacer. Dice así San Bernardo: “Uno obtiene más mérito asistiendo a una Santa Misa con devoción, que repartiendo todo lo suyo a los pobres y viajando por todo el mundo en peregrinación”[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Que la Santa Misa nos proporcione gracias infinitas, no puede ser de otra manera, siendo el mismo Hombre-Dios quien se ofrece con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad por la salvación de mi alma. El Santo Cura de Ars decía: “El martirio no es nada en comparación con la Santa Misa, porque el martirio es el sacrificio del hombre a Dios, mientras que la Misa es ¡el sacrificio de Dios por el hombre!”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Deberíamos preferir mucho más la Santa Misa sobre cualquier diversión, la cual si bien es necesaria y debe ser sana y santa, nos hace sin embargo perder tiempo y no nos trae ninguna ganancia a nuestras almas. San Luis IX, Rey de Francia, asistía a Misa todos los días y algunos días, dos o tres veces. Un ministro del gobierno se quejó, sugiriéndole que debería dedicar ese tiempo a las cosas del reino. El santo rey le hizo notar: “Si me gasto el doble de ese tiempo en diversiones como la cacería, nadie pondría ninguna objeción”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Como afirma un autor, “seamos generosos y hagamos sacrificios voluntarios a fin de no perder tan gran beneficio. San Agustín decía a los fieles: “Todos los pasos que uno da para ir a oír una Santa Misa, son contados por un Ángel y así cada uno recibirá de Dios una incomparable recompensa en esta vida y en la eternidad”. El Cura de Ars agrega: “¡Qué feliz es ese Ángel de la Guarda que acompaña al alma cuando va a Misa!”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Una vez que uno se da cuenta del valor infinito de la Santa Misa, no se sorprende del ardor de los Santos y del cuidado que ponían en oírla. San Pío de Pietrelcina dijo a un penitente: “Si los hombres comprendiesen el valor de la Santa Misa, sería necesario que hubiera guardias en todas las Misas para mantener en orden a la multitud en las iglesias”.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Ediciones del Alcázar, Buenos Aires 2005 32.

miércoles, 5 de abril de 2023

Hora Santa en reparación por sacrílega “misa-tecno” en Alemania 050423

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la planificación para Pascuas de una misa sacrílega denominada “misa tecno” en Alemania. Para obtener mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://www.katholisch.at/aktuelles/143274/vorarlberg-kirche-laedt-jugendliche-zu-techno-osternacht

Canto de entrada: “Sagrado Corazón, Eterna Alianza”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         Con relación a los efectos saludables de la Santa Misa en el alma del fiel que ama a Jesús Eucaristía, San Lorenzo Justiniano decía: “Ninguna lengua humana puede enumerar los favores que se correlacionan con el Sacrificio de la Misa. El pecador se reconcilia con Dios; el hombre justo se hace aún más recto; los pecados son borrados; los vicios eliminados; la virtud y el mérito crecen y las estratagemas del demonio son frustradas”[1].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         A su vez, San Leonardo de Porto Mauricio decía: “¡Oh, gente engañada, ¿qué están haciendo? ¿Por qué no se apresuran a ir a las iglesias a oír tantas Misas como puedan? ¿Por qué no imitan a los ángeles, quienes cuando se celebra una Misa, bajan en escuadrones desde el Paraíso y se estacionan alrededor de nuestros altares en adoración, para interceder por nosotros?”. Nosotros podríamos agregar: ¿Qué puede haber que sea mejor que adorar al Cordero de Dios en la Eucaristía?

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         San Felipe Neri solía decir: “Con oraciones pedimos gracias a Dios; en la Santa Misa comprometemos a Dios a que nos las conceda”. Y en verdad, todos y cada uno de nosotros, necesitamos infinidades de gracias para salvar nuestras almas y todas esas gracias nos la puede conceder la Santísima Trinidad a través de la Santa Misa, Fuente inagotable de gracias. La oración ofrecida durante la Santa Misa, implica todo nuestro sacerdocio, ya sea el sacerdocio ministerial, exclusivo del sacerdote particular en el altar, y el sacerdocio común de los fieles. En la Santa Misa, nuestras oraciones se unen a la plegaria de la agonía de Jesús, al sacrificarse Él mismo por nosotros.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         De una manera especial durante el Canon, que es el corazón de la Santa Misa, la oración de todos nosotros se convierte también en la oración de Jesús, presente entre nosotros. Los dos Mementos del Canon Romano, durante los cuales se recuerda a los vivos y a los muertos, son momentos preciosos para que nosotros presentemos nuestras necesidades, podemos encomendar a nuestras personas queridas, vivas y difuntas, justamente en el instante supremo de la Pasión y Muerte de Jesús entre las manos del sacerdote. Sepamos aprovechar esto: los Santos lo estimaron muy importante y cuando se encomendaban a las oraciones de los sacerdotes, pedían que se les recordara sobre todo en el Canon.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

En la hora de nuestra muerte, en el momento de pasar de esta vida terrena y temporal a la vida eterna, entonces será el momento en el que las Misas que hemos oído devotamente, nos traerán nuestro más grande consuelo y esperanza y una Misa oída por nosotros mismos durante nuestra vida, nos traerá más réditos que las muchas oídas por otros en nuestra memoria, después de muertos. San José Cottolengo garantizaba una santa muerte a quien participa frecuentemente de la Santa Misa. San Juan Bosco considera un signo de predestinación escuchar muchas Misas.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Ediciones del Alcázar, Buenos Aires 2005, 28.

jueves, 24 de noviembre de 2022

Hora Santa en reparación por ritual idolátrico pagano realizado durante la Santa Misa Seattle, Estados Unidos 061122

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación sufrida por la Santa Misa en Seattle, Estados Unidos, al realizarse en la misma un ritual pagano e idolátrico en el que se invocó a espíritus malignos. Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace:

         https://religionlavozlibre.blogspot.com/2022/11/danza-idolatrica-en-la-iglesia-de-san.html

         Canto de entrada: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         A la pureza del alma, que debe procurarse para conservar la gracia, ha de ayudar la del cuerpo, porque el cuerpo del justo es templo de Dios, es “templo del Espíritu Santo”[1]. Así se expresa San Pedro Damiano: “El alma del hombre no está a propósito para el don de la gracia divina, si no es que primero esté seca de todo humor de gusto carnal”. Y San Crisóstomo dice: “La vida impura extingue el espíritu”.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         San Bruno se expresa de la siguiente manera, en relación a la pureza: “Si no se apagare el fuego inferior, no podrá lucir el superior. La lujuria es el fuego inferior, pero el superior, ¿qué otra cosa es sino la gracia del Espíritu Santo?”. Y puesto que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y nuestro corazón es el altar en donde solo debe ser adorado Jesús Eucaristía, el único fuego que debe arder es el superior, es decir, el Fuego del Divino Amor, el Espíritu Santo.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Al Espíritu Santo, la Sublime Tercera Persona de la Santísima Trinidad, a quien lo recibimos cuando se nos infunde la gracia, se lo debe hospedar no solo en un alma santa, sino también en un cuerpo igualmente santo. La santidad del cuerpo ha de acompañar a la del espíritu y así como la santidad del alma es la gracia, así la santidad de la carne es la castidad y pureza.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Los Padres de la Iglesia, aprendiendo del Apóstol, iluminado éste por la Sabiduría Divina que es Jesucristo, afirmaban que el cuerpo es templo del Espíritu Santo, por acción de la gracia santificante. Así se dice en las Escrituras: que el cristiano que ha recibido la gracia “sepa poner el vaso de su cuerpo en santificación y honra, no con la pasión de su deseo, como lo hacen los gentiles, que no conocen a Dios”. La santificación y honra del cuerpo es guardarlo puro y casto; así, la castidad es la santidad de la carne y la honra del hombre[2].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         La razón por la cual los siervos de Dios que están en gracia, se han de esmerar hasta en lo más mínimo en la pureza corporal, sin hacer aun los más mínimos pecados en esta materia, la da el mismo Apóstol, que es el convertirse, por la gracia recibida, en templos del Espíritu Santo. Escribiendo a los ciudadanos de Corinto, dice: “¿No sabéis cómo vuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo que habita dentro de nosotros?” (1 Cor 3, 17). Y otra vez repite: “No sabéis que sois templo de Dios y el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno violare el templo de Dios, el mismo Dios le destruirá” (6, 19). Pidamos la gracia de comprender y valorar el don inestimable que significa el ser nuestros cuerpos templos del Espíritu Santo por la gracia, para que no solo no lo profanemos, sino para que lo conservemos, con el alma, puro y sin mancha hasta el encuentro definitivo con el Señor Jesús.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al Cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 563.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 564.