lunes, 6 de febrero de 2023

Hora Santa en reparación por profanación de Cristo crucificado en San Rafael Argentina 060223

 







Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el sacrilegio cometido contra el Cristo crucificado ubicado en un cementerio en San Rafael, Argentina, al mismo tiempo que pedimos por la conversión de quienes cometieron tan horrible acto.

Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

          La Sagrada Eucaristía, según el testimonio de los santos de la Iglesia Católica, proporciona un provecho inimaginable, tanto para el alma, como para el cuerpo y la razón es que quien la recibe, se alimenta de la substancia misma del Ser divino trinitario, contenida en el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

          Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

          Los beneficios de la Eucaristía para el alma son los siguientes, según San Cirilo de Jerusalén: “Si te hincha el veneno del orgullo, recurre a la Eucaristía y el Pan, bajo cuya apariencia se ha aniquilado tu Dios, te enseñará la humildad. Si arde en ti la fiebre de la avaricia, come de este Pan y aprenderás generosidad”[1].

          Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

          Continúa San Cirilo de Jerusalén: “Si te entristece el viento helado del egoísmo, recurre al Pan de los Ángeles, y en tu corazón brotará lozana la caridad. Si te sientes empujado por la intemperancia, alimentándote de la Carne y de la Sangre de Cristo, que tan excelentemente practicó la sobriedad en su vida terrena y te harás temperante. Si sientes que te arde la fiebre de la impureza, siéntate en el banquete de los Ángeles y la Carne inmaculada de Cristo te hará puro y casto”[2].

          Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

          La Eucaristía concede también beneficios al cuerpo, porque Quien está en Persona en la Eucaristía, es el mismo que está Presente en Persona en el Evangelio, Cristo Jesús y así como Jesús curaba enfermedades corporales de todo tipo –“Salía de Él una virtud que curaba a todos” (Lc 8, 46)-, así también lo sigue haciendo a través de la Eucaristía. Por eso podemos preguntarnos: ¿cuántos sufrientes no han recibido con el Pan Eucarístico, la salud de sus cuerpos? Es decir, si es voluntad de Dios, Jesús Eucaristía puede curarnos en el cuerpo, porque de la Eucaristía “sale una virtud que cura a todos”.

          Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

          La Comunión espiritual es la reserva de vida y amor eucarístico siempre al alcance de la mano para los enamorados de Jesús Eucaristía. Mediante la Comunión espiritual, se satisfacen los deseos de amor del alma que quiere unirse a Jesús, su Amado Esposo. La Comunión espiritual es la unión de amor entre el alma y Jesús Eucaristía. Es una unión espiritual, pero real, más real que la unión misma que la unión entre el cuerpo y el alma, “porque el alma vive más donde ama que donde vive”, dice San Juan de la Cruz[3].  

          Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 



[1] Cfr. Estéfano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonios de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 86.

[2] Cfr. ibidem, 86.

[3] Cfr. ibidem, 87.

jueves, 2 de febrero de 2023

Hora Santa en reparación por vandálico y sacrílego ataque a la Iglesia de la Flagelación en Jerusalén 020223

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el sacrílego ataque sufrido por la Iglesia de la Flagelación en Jerusalén. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://es.aleteia.org/2023/02/02/ataque-a-la-iglesia-de-la-flagelacion-en-jerusalen/?fbclid=IwAR2D0zeR66lnKWvdUu1UBCxBaK-OqC9P0ghNkIxA100UnJPwsA1_wgtPyFY

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

En la Última Cena, uno de los sacerdotes, Judas Iscariote, el traidor, eligió con su traición ser poseído por Satanás, según relata el Evangelio: “Cuando Judas tomó el bocado (…) Satanás entró en él” (cfr. Jn 13, 27). ¿Por qué elegir ser poseído por el ángel caído, cuando podemos ser poseídos por Dios Hijo encarnado, que prolonga su Encarnación en la Eucaristía? Dice así San Pedro Julián Eymard: “¡El ser poseído por Jesús y poseerlo! He aquí el Reino perfecto del Amor”[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Es en la Eucaristía en donde se realiza este “Reino perfecto del Amor”, porque la Eucaristía contiene aquello que los cielos eternos no pueden contener: al Rey de los cielos, Cristo Dios. Es por esto que para acercarnos a la Eucaristía, necesitamos tener el alma en gracia, purificada del pecado por la gracia santificante, para que de esta manera el corazón se convierta en Tabernáculo viviente del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Refiriéndose a la Sagrada Eucaristía, San Francisco exclamó: “¡Oh admirable excelsitud y asombrosa condescendencia! ¡Oh humildad sublime! ¡Oh sublimidad humilde, pues el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, de tal manera se humilla, que por nuestra salvación se esconde bajo una pequeña forma de pan! Ved, hermanos, la humildad de Dios… Por consiguiente, nada de vosotros retengáis para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

San Alfonso María de Ligorio dice lo siguiente: “¡Jesús mío! Qué invento tan amoroso fue aquel del Santo Sacramento, en que os escondéis bajo la apariencia del pan, para haceros amar y encontrar por quien os desea”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

En nuestro afecto hacia el Santísimo Sacramento deben estar siempre presentes la memoria del sacerdote quien cada día nos da a Jesús y de la Bienaventurada Virgen María, quien es Madre de Cristo Dios y de todos los sacerdotes y esto porque la Eucaristía, Nuestra Señora de la Eucaristía y el sacerdote ministerial son inseparables, tal como fueron inseparables Jesús en la cruz y la Virgen y San Juan Evangelista al pie de la cruz, en el Calvario[2].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico. Vida Eucarística según el ejemplo de los santos, Ediciones Del Alcázar, Bella Vista, Argentina, s. d., 6.

[2] Cfr. ibidem, 7.

Hora Santa en reparación por adoración pública y blasfema a Satanás por parte de Balenciaga 010223

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la blasfema adoración y honra pública a Satanás por parte de la marca de ropa de moda “Balenciaga”. El Único que merece honra, gloria y adoración, es Nuestro Señor Jesucristo. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=Yh_1K9s6UV0&t=876s

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

San Pío X, llamado “el Papa de la Eucaristía”, afirmaba que “la devoción a la Eucaristía es la más noble, porque tiene a Dios como objeto; es la más provechosa para la salvación, porque nos da al Autor de la Gracia; es la más dulce, ya que dulce es el Señor”[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Aún quien vive en la tierra, si tiene devoción a la Sagrada Eucaristía, tiene una devoción celestial, una devoción del Paraíso, porque es la devoción que tienen la Virgen, los ángeles y los santos en el Cielo. Santa Gema Galgani solía decir: “Imaginando una escuela en el Cielo, ahí lo único que se tiene que aprender es a amar. La escuela está en el Cenáculo; el Maestro es Jesús; las materias que se enseñan son su Cuerpo y su Sangre”[2].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         La Santa Madre Iglesia nos enseña que la Eucaristía es Amor, porque es el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús en Persona, Corazón Santo que está envuelto en las llamas del Divino Amor, el Espíritu Santo. Es por esto que también es llamada “Sacramento del Amor”, de todo el amor, porque contiene al Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth, Dios Tres veces Santo, Dios Viviente y Verdadero, Dios quien es “Dios de Amor” (Jn 4, 8) y Quien nos amó “hasta el extremo” (Jn 13, 1)[3].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         En la Eucaristía están contenidas, sin excepción, todas las expresiones del Amor, y en grado infinito y perfectísimo: el Amor crucificado, el Amor que une, el Amor que adora, el Amor que contempla, el Amor que ora, el Amor que embriaga[4]. Fuimos creados por Dios, que “es Amor” y por lo tanto fuimos creados para amar. Entonces, no hay nada más sublime, que nos permita cumplir y vivir el fin para el que fuimos creados -amar a Dios, servirlo y adorarlo-, que la Sagrada Eucaristía.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Jesús Eucaristía es Amor crucificado en el Santo Sacrificio de la Misa, en la cual se renueva su inmolación por nosotros; es Amor que une en la Comunión sacramental y espiritual, haciéndose “uno” con el alma que lo recibe; es Amor que adora en el Santo Tabernáculo, en donde está presente como un holocausto de adoración al Padre; es Amor contemplativo, en su encuentro con las almas de los que desean estar “a sus pies”, como María de Betania (Lc 10, 39); es Amor que ora en su “incesante intercesión a nuestro favor” ante el Padre (Hb 7, 25); es Amor que embriaga, en los gozos celestiales de la unión esponsal con sus elegidos -los castos y las vírgenes- a quienes Él tiene cerca de Sí con amor exclusivo, del mismo modo con que tuvo a San Juan Evangelista, el apóstol virgen, el único que “se recostó sobre el pecho de Jesús” en el Cenáculo (Jn 21, 20)[5].

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico. Vida Eucarística según el ejemplo de los santos, Ediciones Del Alcázar, Bella Vista, Argentina, s. d., 5.

[2] Cfr. ibidem, 5.

[3] Cfr. ibidem, 6.

[4] Cfr. ibidem, 6.

[5] Cfr. ibidem, 6.

martes, 31 de enero de 2023

Oración a Jesús Misericordioso para una buena muerte


 

Oración a Jesús Misericordioso para una buena muerte

          Señor mío Jesucristo, Dios de bondad, Padre de misericordia, me presento ante vos con el corazón humillado y contrito y os encomiendo mi última hora y lo que después de ella me espera.

          Cuando mis pies perdiendo su movimiento, me adviertan que mi carrera en este mundo está próxima a su fin, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando mis manos, trémulas y entorpecidas, no puedan ya estrechar el crucifijo y a pesar mío, lo deje caer sobre el lecho de mi dolor, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando mis ojos, vidriados y desencajados por el horror de la inminente muerte, fijen en Vos sus miradas lánguidas y moribundas, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando mis labios, fríos y convulsos, pronuncien por última vez vuestro adorable Nombre, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando mi cara, pálida y amoratada cause pena y terror a los circunstantes y mis cabellos, bañados con el sudor de la muerte, erizándose en la cabeza anuncien que está cercano mi fin, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando mis oídos, próximos a cerrarse para siempre a las conversaciones de los hombres, se abran para oír de vuestra boca la sentencia irrevocable que ha de fijar mi suerte por toda la eternidad, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando mi imaginación, agitada por horrendos fantasmas, me causen mortales congojas y mi espíritu perturbado con el temor de vuestra justicia por el recuerdo de mis iniquidades, luche con el infernal Enemigo, que quisiera quitarme la esperanza en vuestra misericordia y precipitarme en los horrores de la desesperación, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando mi corazón, débil y oprimido por el dolor de la enfermedad se vea sobrecogido por el temor de la muerte, fatigado y rendido por los esfuerzos hechos contra los enemigos de mi salvación, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando derrame las últimas lágrimas, síntomas de mi destrucción, recibidlas, Señor, como un sacrificio de expiación, a fin de que yo muera como víctima de penitencia y en aquel momento terrible, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando mis parientes y amigos, juntos alrededor mío, se estremezcan al verme y me encomienden a Vos, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando perdido el uso de los sentidos, el mundo todo desaparezca de mi vista y gima yo entre las angustias de la última agonía y los afanes de la muerte, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando los últimos suspiros del corazón esfuercen al alma para salir del cuerpo, acéptalos, Señor, como hijos de una santa impaciencia de ir a Vos y entonces, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Cuando mi alma salga para siempre de este mundo, dejando el cuerpo pálido, frío y sin vida, aceptad la destrucción de él como un homenaje que rindo a Vuestra Majestad y en aquella hora, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          En fin, cuando mi alma comparezca ante Vos y vea por primera vez el esplendor de Vuestra Majestad, no la arrojéis de Vuestra Presencia, dignaos recibirme en el seno de Vuestra Misericordia para que cante eternamente vuestras alabanzas y entonces, ahora y siempre, Jesús Misericordioso, tened compasión de mí.

          Oración:

          ¡Oh Dios mío, que, al condenarnos a muerte nos habéis ocultado su momento y hora, haced que viviendo en la justicia y santidad todos los días de mi vida, merezca salir de este mundo en vuestro santo Amor. Por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, que es Dios y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo. Amén!

(Indulgencia plenaria una vez al mes)

lunes, 30 de enero de 2023

Hora Santa en reparación por confundir a un ser humano con Dios Argentina 300123

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por una ofensa realizada -suponemos sinceramente que fue hecha sin mala intención- contra la majestad de Dios Padre, al reemplazarlo por un ser humano. Somos argentinos, nos gusta el fútbol, damos gracias a Dios por habernos dado al mejor jugador del mundo, pero no podemos aceptar que el Santo Nombre de Dios sea reemplazado por el de un ser humano (al cual, por otra parte, tenemos gran afecto).

Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=3twL5CUsbao

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Como siempre, son los santos los que nos guían por el sendero de la santidad: nadie como ellos, ha experimentado la necesidad imperiosa de recibir la Sagrada Comunión diariamente. San José de Cupertino, quien comulgaba todos los días, decía a sus hermanos en religión: “Sabed que el día que no pueda recibir al Corderillo (así llamaba íntimamente al Cordero de Dios, Jesús Eucaristía), pasaré a la otra vida”[1]. En efecto, solamente un día la virulencia del mal le impidió recibir a Jesús Eucaristía, ¡el día que ingresó en el Reino de los cielos!

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Cuando el padre de Santa Gema Galgani, preocupado por la salud de su hija, le reprochó que salía todas las mañanas demasiado temprano para ir a Misa, exponiéndose al excesivo frío, oyó que su hija le respondía: “Pero padre, me hace daño estar alejada de Jesús Sacramentado”[2].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Desde que Santa Catalina de Génova se enteró de la prohibición que pesaba sobre la ciudad de celebrar la Misa y de distribuir la Comunión, se iba todas las mañanas a pie a un santuario lejano fuera de Génova para poder comulgar. Se le dijo que era una exagerada y la Santa respondió: “Si tuviera que recorrer una milla y otra por encima de carbones encendidos, solo para llegar a recibir a Jesús, diría que aquel camino era fácil como una alfombra de rosas”[3].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Es por esto que debemos aprender nosotros las lecciones que nos dan los santos, puesto que la mayoría tenemos la iglesia y por lo tanto la Sagrada Comunión a pocos pasos, para recibir a Jesús Eucaristía todos los días o casi todos los días. Y aunque esto costara algún sacrificio, ¿no valdría acaso la pena? ¿No sería una recompensa infinitamente inmerecida, recibir al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, solo por dar unos cuantos pasos?

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Los santos nos enseñan todavía más, pues el amor que los unía a Jesús Eucaristía no tenía medida. Así, por ejemplo, San Pío de Pietrelcina, dijo una vez a una hija espiritual suya que se enorgullecía del heroísmo que hacía todos los días yendo a comulgar: “Hija mía, si se pudiera, haría de todo corazón ¡diez comuniones diarias!”. Y una vez que un hijo espiritual se acusó en la Confesión de haber comulgado, por puro olvido, dos veces en la misma mañana, le dijo el Padre Pío: “¡Feliz olvido!”[4].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo la Virgen María”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonios de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 85.

[2] Cfr. Manelli, ibidem, 85.

[3] Cfr. Manelli, ibidem, 85.

 

[4] Cfr. Manelli, ibidem, 86.

Hora Santa en reparación por nueva blasfemia de la sacrílega artista Madonna 260123

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por una nueva burla blasfema y sacrílega realizada por la penosa cantante llamada Louise Ciccone -nombre “artístico” Madonna-, en la que irrespetuosamente se viste, en tono de burla, de Nuestra Señora de los Dolores. Para mayores datos acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=XZv8ZxZ2co4

Canto de entrada: “Sagrado Corazón, eterna alianza”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Una vez le preguntaban al célebre biólogo Banting por qué perseveraba tanto en comulgar todos los días y contestaba así: “¿Habéis pensado, por casualidad, qué pasaría si no cayese todos los días el rocío del cielo? Ninguna planta se podría desarrollar. Las hierbas y las flores no se recuperarían de la transpiración que el calor diurno provoca de una manera o de otra. La recuperación de fuerzas, la refrigeración, el equilibrio de los humores linfáticos y la misma vida de las plantas se debe al rocío…”. Después de una pausa, continuó: “También mi alma es como una planta pequeña; algo delicado sobre lo que es el viento y el calor caen diariamente. Entonces es necesario que yo vaya cada mañana y haga acopio de rocío espiritual, recostándome en la Santa Comunión”[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

San Francisco de Sales, con relación a la Comunión cotidiana, decía: “Los que tienen pocos asuntos deben comulgar con frecuencia porque lo pueden hacer cómodamente; los que tienen muchos asuntos deben hacerlo con frecuencia porque tienen necesidad de la Comunión”[2]. En otras palabras, sea que tengamos pocos o muchos asuntos en la vida diaria, para todo necesitamos al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

San José Cottolengo recomendaba a los médicos de la “Casa de la Divina Providencia” que oyeran Misa y comulgasen antes de ponerse a hacer las difíciles operaciones quirúrgicas, porque decía: “La medicina es una gran ciencia, pero el Gran Médico es Dios”. No en vano uno de los títulos de Jesucristo es el de “Maestro Divino”, puesto que con su gracia, según su voluntad, puede curar cualquier tipo de enfermedad corporal, mental o espiritual.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

San José Moscati se ingeniaba de manera que no se perdía ninguna Comunión, todos los días, y si algún día le era imposible comulgar, aquel día no tenía valor para hacer las visitas médicas, porque decía: “Sin Jesús no tengo luces suficientes para los pobres enfermos”. Y él, como médico, daba, como primera medicación, el acudir al Sacramento de la Penitencia y luego recibir la Sagrada Comunión[3].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Quien no se alimenta de la Eucaristía, esto es, quien no recibe lo más frecuentemente posible del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, es similar a quien, disponiendo de un manjar exquisito a su disposición, todos los días, decide pasar hambre, sin ninguna necesidad, habiendo algunos que, en el extremo de su debilidad, llegan a morir por falta de nutrientes. Si Dios, Padre celestial, nos ofrece en cada Santa Misa el Manjar de los manjares, la Carne del Cordero de Dios, el Pan de Vida eterna y el Vino de la Alianza Nueva y eterna, ¿por qué privarnos de tan exquisito manjar?

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo la Virgen María”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonios de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 84.

[2] Cfr. Manelli, ibidem, 84.

[3] Cfr. Manelli, ibidem, 84.