martes, 7 de junio de 2022

Hora Santa en reparación por masacre de católicos y secuestro de sacerdote en Nigeria durante la Santa Misa 050622

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la brutal masacre de fieles católicos ocurrida durante la Misa de Pentecostés en Nigeria, seguida del secuestro del sacerdote que oficiaba la misma. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace: http://www.fides.org/es/news/72314-AFRICA_NIGERIA_Un_sacerdote_secuestrado_mientras_Nigeria_sigue_conmocionada_por_la_masacre_en_la_iglesia_de_Owo

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

¿De qué manera podemos recibir dignamente al Señor Jesús, Presente en la Eucaristía real, verdadera y substancialmente? Como nos enseña la Iglesia, en estado de gracia santificante, porque esa alma ha sido purificada y revestida con la Divina Sangre del Redentor. Sin embargo, además de esta manera, un autor nos enseña otra forma, unida a esta, de recibir la Comunión y es en unión con la Virgen Santísima. Dice así este autor: “Un modo delicado de preparación para la Santa Comunión es invocar a la Inmaculada y confiarse en Ella para nos haga recibir a Jesús con su humildad, su pureza y su amor y, además, que Ella misma venga a recibirlo en nosotros. Esta piadosa práctica viene recomendada por muchos santos, especialmente por San Luis María Grignon de Montfort, por San Pedro Julián Eymard, por San Alfonso María de Ligorio y por San Maximiliano María Kolbe”[1]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, haz que cuando comulgue, reciba a tu Hijo con la pureza y el amor de tu Inmaculado Corazón!.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Con respecto al estado del alma cuando va a recibir la Sagrada Comunión, Santa Teresita de Lisieux nos ofrece la siguiente imagen: imagina al alma como a una niña de tres o cuatro años, con el cabello y el vestido desarreglados, avergonzada de presentarse ante el altar para recibir a Jesús. Pero recurre a Nuestra Señora e “inmediatamente –escribe la santa- la Virgen María se afana a mi alrededor, me quita el delantalito sucio y me ata el cabello con un bonito lazo o con una sencilla flor… Y eso basta para hacerme aparecer graciosa y que pueda sentarme sin ruborizarme en el banquete de los Ángeles”. Imitemos entonces a Santa Teresita, hagamos la misma prueba y no quedaremos desilusionados. Además, podremos exclamar con Santa Gema: “¡Qué bella es la Comunión hecha con la Madre del Cielo!”[2].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Ahora bien, luego de realizada la Comunión, luego de recibir el Pan de los Ángeles, es tiempo de agradecer a la Santísima Trinidad por habernos alimentado con el Verdadero Maná bajado del Cielo, la Eucaristía. Es lo que se llama “tiempo de la acción de gracias” después de la Sagrada Comunión y es un momento de trato íntimo del alma con el Corazón Eucarístico de Jesús que, por pura Misericordia Divina, se ha dignado a ingresar en nuestras almas. Es el momento en el que el alma se une y se funde, por así decirlo, con el Sagrado Corazón, convirtiéndose en una sola cosa con Él. Jesús está en el alma y el ama está en Jesús, ya no son dos, sino uno solo, en cuerpo y en espíritu[3]; es un anticipo de la unidad y de la unicidad que vivirá el alma en la eternidad, en la contemplación gozosa del Cordero de Dios en los cielos.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

En el Apocalipsis se describe la felicidad verdadera y única, la de ser “invitados a las Bodas del Cordero”: “Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero” (Ap 19, 9) y la Sagrada Comunión es un anticipo, ya aquí en la tierra, en este valle de lágrimas, de la felicidad eterna y celestial que gozarán los bienaventurados en el Cielo y es por eso que utiliza esta cita del Apocalipsis y la aplica en el Misal Romano, justo antes de la Comunión Sacramental, cuando el sacerdote hace la ostentación eucarística luego de la consagración: “Éste es el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. Dichosos los invitados al banquete celestial”[4].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Afirma un autor que “por la Comunión Eucarística el alma realiza, verdaderamente, en celestial unión virginal, el amor nupcial con Jesús Esposo, a quien puede decir con el arrebato tiernísimo de la Esposa de los Cánticos arrebata en éxtasis: “¡Que me bese con los besos de su boca!” (Ct 1, 1)”. Continúa este autor: “La acción de gracias después de la Santa Comunión es una pequeña experiencia del amor celestial en esta tierra, en el Cielo, en efecto, ¿cómo amaremos a Jesús sino siendo eternamente uno con Él? Jesús querido, Jesús dulce, ¡cómo debemos agradecerte cada Santa Comunión que nos concedes! ¿No tenía, quizás, razón Santa Gema al decir que en el Cielo te agradecería la Eucaristía más que cualquier otra cosa? ¡Qué milagro de amor el estar enteramente fundido contigo, Jesús!”[5].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonios de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 65.

[2] Cfr. ibidem, 66.

[3] Cfr. ibidem, 67.

[4] Cfr. Misal Romano.

[5] Cfr. ibidem, 67.

lunes, 6 de junio de 2022

Hora Santa en reparación por gravísimo ultraje a la Virgen y Madre de Dios por parte del Desfile del Orgullo Homosexual en Italia 050622

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la gravísima ofensa cometida contra la Virgen y Madre de Dios en el Desfile del Orgullo Homosexual en Italia el día 06 de junio de 2022. Para mayor información, consultar el portal “Tierrapura.org”. Nos abstenemos de dar el enlace, para evitar la propagación de una imagen que indigna hasta los huesos y hace clamar justicia al Cielo.

Canto inicial: “Cristianos, venid, cristianos, llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         Recibir como alimento celestial al Pan de los Ángeles, el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús, exige por parte del cristiano una preparación adecuada, como por ejemplo, el acudir al Sacramento de la Confesión con frecuencia –para no comulgar en pecado mortal- y el saber a Quién se va a recibir, es decir, tener conciencia clara sobrenatural de que la Eucaristía no es un trocito de pan bendecido, sino el Cuerpo, la Sangre, el Alma, la Divinidad, la Persona del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth, la Persona Segunda de la Trinidad y aceptar esta verdad de fe con piedad y con amor. Sin estos requisitos, no se puede comulgar, de ninguna manera.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Son los santos los que nos indican el camino para una adecuada recepción del manjar celestial, la Eucaristía, basados en la Escritura que dice: “Examínese, pues, cada cual y coma entonces y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Co 11, 28). Siguiendo a las Escrituras, los Santos entonces, para comulgar, obraban de la siguiente manera: examen de conciencia, arrepentimiento, acusación de los propios pecados, petición de perdón, acudir incluso diariamente al Sacramento de la Confesión[1].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Con relación a la Santa Comunión, decía San Antonio María Claret: “Cuando comulgamos, recibimos todos nosotros al mismo Señor Jesús, pero no todos recibimos las mismas gracias, ni produce en todos los mismos efectos. Esto se debe a nuestra mayor o menor disposición. Para explicar esto me valgo de una comparación natural: el injerto. Cuanto más se asemejan las plantas, tanto mejor es para el injerto. Así, cuanta más semejanza haya entre el que comulga y Jesús, tanto mejores serán los frutos de la Santa Comunión”. Y es precisamente la gracia santificante, concedida a través del Sacramento de la Confesión, el medio excelente para restaurar la semejanza entre el alma y Jesús[2].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

         San Francisco de Sales enseñaba a sus hijos espirituales: “Confesaos con humildad y devoción… Si es posible, cada vez que comulguéis, aunque no sintáis ningún remordimiento de pecado mortal en la conciencia”. Ahora bien, cabe aclarar que si no se puede hacer una confesión sacramental antes de la Santa Misa, se puede comulgar sin tener pecado mortal, puesto que los pecados veniales se perdonan con la absolución general que da el sacerdote al inicio de la Misa y con la misma Eucaristía. Pero, como dice San Francisco de Sales, no se puede comulgar si se tiene conciencia de pecado mortal; en ese caso, se hace una comunión espiritual y se espera hasta poder acceder al Sacramento de la Confesión.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         La Comunión, nos enseña la Santa Iglesia, debe recibirse estando en gracia de Dios; por eso, cuando se ha cometido un pecado mortal, incluso habiéndose arrepentido y teniendo un gran deseo de comulgar, es necesario, es indispensable, confesarse antes de la Comunión; de otra forma se comente un pecado gravísimo de sacrilegio, para el cual, como dijo Jesús a Santa Brígida: “¡No existe en la tierra un suplicio que baste para castigarlo!”. San Ambrosio decía que “los sacrílegos van a la Iglesia con pocos pecados y se van de ella con muchos”. Y San Cirilo escribía todavía con más fuerza: “El que hace una Comunión sacrílega recibe en su corazón a Satanás y a Jesucristo: a Satanás para que reine en él y a Jesucristo para ofrecerlo como víctima a Satanás”[3]. En cambio, la Confesión hecha antes de comulgar, solamente para dejar al alma, ya en gracia –porque solo se tienen pecados veniales o imperfecciones-, no es necesaria pero es preciosa porque reviste al alma con el más bello “traje de bodas” (Mt 22, 11), con el que sentarse a la mesa de los Ángeles. Por eso las almas más delicadas han buscado siempre la absolución sacramental frecuente (al menos cada semana) incluso para las culpas ligeras. En efecto, si la pureza de alma tiene que ser máxima para recibir a Jesús, ninguna pureza brilla más que la que se obtiene confesándose, con el lavado en la Sangre de Jesús, que hace divina, bella y esplendorosa al alma arrepentida: “El alma que recibe la Sangre Divina se vuelve bella, como revestida con el traje más precioso y tan resplandeciente que si pudieseis verla estaríais tentados de adorarla” (Santa María Magdalena de Pazzi)[4].

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonio de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 63.

[2] Cfr. ibidem.

[3] Cfr. ibidem, 64.

[4] Cfr. ibidem, 65.

jueves, 21 de abril de 2022

Hora Santa en reparación por profanación del sagrario en Neuquén, Argentina 190422

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación del sagrario de una capilla de la provincia argentina de Neuquén. Para mayores datos acerca de este lamentable suceso, consultar el siguiente enlace:

https://aica.org/noticia-el-obispo-de-neuquen-invita-a-orar-tras-la-profanacion-del-sagrario-de-una-capilla

Canto inicial: “Cristianos, venid, cristianos, llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

La gracia santificante que nos concede Jesucristo es algo tan grandioso y maravilloso, que colma sobreabundantemente todos los deseos y propósitos nobles del hombre[1]. Así, por ejemplo, si alguien ama la riqueza espiritual del Ser divino trinitario, Nuestro Señor la concede a quien vive la pobreza de la Cruz, por la cual el alma se vuelve extraordinariamente rica espiritualmente, al recibir la vida divina.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Por el contrario, el pecador ama las riquezas materiales y la abundancia de bienes terrenos, pero así, aun siendo el hombre más rico del mundo, materialmente hablando, es un pobre y más que pobre, un miserable, un indigente espiritual, porque si le falta la gracia santificante, le falta todo, aunque lo tenga todo desde el punto de vista material. Es por eso que Nuestro Señor dice a estas almas sedientas de bienes materiales: “Te crees rico, pero eres pobre; te aconsejo que compres colirio para tus ojos”, significando con esto la gracia santificante, que hace ver la realidad acerca de cuál es el verdadero bien, la participación en la vida de la Trinidad.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

La bienaventuranza cristiana es muy distinta a la falsa felicidad que procura el mundo; quien está en el mundo, desea y anhela los falsos placeres que este proporciona y los deleites de la carne y los bienes materiales, pero en nada de esto está la verdadera felicidad. Según Nuestro Señor Jesucristo, la verdadera felicidad está en llorar los pecados, se abstienen y hacen penitencia, por eso es que dijo en el Evangelio: “Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”[2].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

Afirma un autor que “la causa por la que los hombres hacen injusticia y toman o retienen lo que es ajeno es porque piensan que eso es lo necesario para la vida y lo quieren tomar por medios ilícitos, en vez de ganarlo honradamente, pero no hallarán ni satisfacción ni abundancia como sí lo hacen aquellos que cumplen perfectamente sus obligaciones y guardan justicia de manera tal que no desean quedarse con absolutamente nada de lo ajeno y así Cristo señaló por premio a los que “aman la justicia”, de manera que no pueden sosegarse hasta que satisfacen a su hermano, que serán hartos y que tendrán en abundancia”[3].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

El mismo autor continúa de la siguiente manera: “Algunos dejan de hacer obras de misericordia por no participar de las miserias; dejan de dar limosna al pobre por no hacerse más pobres; dejan de visitar al enfermo para no contagiarse de la enfermedad; en cambio los verdaderos misericordiosos obran la misericordia sin importarles de sí mismos y por eso Nuestro Señor Jesucristo les prometió por premio la Misericordia Divina.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 527.

[2] 528.

[3] 528.

martes, 19 de abril de 2022

Hora Santa en reparación por propaganda blasfema de Burger King 160422

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la propaganda blasfema de la cadena de comida rápida “Burger King”, dirigida contra la Sagrada Eucaristía. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://www.religionenlibertad.com/polemicas/417144957/tomad-comed-todos-el-campana-blasfema-burger-king-anunciar-productos-veganos.html

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Un cristiano no puede nunca contentarse con simplemente ser “bueno”, puesto que la gracia santificante concede la participación en la santidad de la Trinidad, quien es Bondad Increada e Infinita. En otras palabras, quien está en gracia santificante, no puede nunca ser un mero “filántropo”, no puede nunca contentarse con ser “buena persona”, sino que debe aspirar a ser santo y la santidad se muestra por obras y no por cualquier obra, sino por las obras de misericordia corporales y espirituales[1].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Afirma un autor que “es tan divina la grandeza de la gracia, que la vida del que está en gracia debe ser perfecta”[2], para corresponder así a la perfección de la gracia. Esto es así porque la gracia, afirma este autor, no solo enriquece al alma con las virtudes infusas, para que así dé los frutos del Espíritu Santo, sino que también “la adornan con los dones del mismo divino Espíritu para que obre las bienaventuranzas con que el Hijo de Dios dio principio a la ley de la gracia, encomendándola especialmente a sus discípulos y a su Iglesia toda[3].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Una primera bienaventuranza, a la que debe aspirar todo cristiano católico por medio de la gracia, es la pobreza de espíritu, según lo dijo el mismo Señor Jesucristo: “Bienaventurados los pobres de espíritu” (Mt 5). Esta pobreza la viven quienes desprecian las honras y pompas del mundo, como así también las riquezas materiales, puesto que estos son los instrumentos por los cuales se proporcionan los deleites mundanos[4], que alejan al alma de la unión con Cristo Pobre en la cruz.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

Otra bienaventuranza a la que debe aspirar el cristiano es la de la mansedumbre, según el mismo Jesucristo: “Bienaventurados los mansos de corazón”, porque por la virtud de la mansedumbre no solo refrenan la ira, sino que convierten sus corazones en otras tantas copias vivientes del Sagrado Corazón de Jesús, manso y humilde de corazón: “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón”. Además, con esta bienaventuranza, el cristiano imita y se hace partícipe de la mansedumbre no sólo del Corazón de Jesús, sino también de la mansedumbre de la Madre de Dios, María Santísima, cuyo Inmaculado Corazón es una imagen viviente del Corazón de Jesús.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Otra bienaventuranza que debe ser vivida por el cristiano es la que anuncia Jesús en el Sermón de la montaña: “Bienaventurados los que lloran”: son aquellos que no solo por la virtud de la templanza moderan los deleites y sus apetitos, sino que también por un don divinísimo del Espíritu Santo, renuncian a estos totalmente y no quieren tener parte de ellos; antes bien, buscan la vida austera y mortificada y hacen penitencia[5], para llorar por sus pecados en esta vida y así poder gozar de la felicidad eterna en el Reino de los cielos.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 521.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 521.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 521.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 521.

[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 522.