viernes, 17 de julio de 2026

Hora Santa en reparación por imagen demoníaca de San La Muerte en Santiago del Estero, Argentina 050526

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la imagen demoníaca de San La Muerte erigida en Santiago del Estero, Argentina. Para mayor información acerca de este demoníaco ídolo, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/photo?fbid=122109113276699985&set=a.122094816686699985   

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio de la Hora Santa y del rezo del Santo Rosario (misterios a elegir).

Primer Misterio.

Cuando los poderosos de la tierra quieren agraciar a sus vasallos conceden a estos, en la totalidad de los casos, bienes de valor finito, limitado, aun cuando estos bienes sean considerados bienes del mayor valor que pueda ser considerado en la tierra. Sin embargo, Dios, en su ilimitada bondad, concede a sus hijos adoptivos, los hombres, un bien que es de valor infinito y este bien es la gracia santificante[1].

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Segundo Misterio.

Afirma un autor que “la nueva naturaleza que nos confiere la gracia posee el privilegio único de ser en cierto modo algo infinito, como participación que es de la naturaleza infinita de Dios”[2]. La razón por la cual es, por así decirlo, “necesario”, de que la gracia sea “infinita”, es “sacar” a la naturaleza humana de su marco natural para “permitirle la visión de Dios en su esencia infinita”. Una naturaleza limitada, finita, no puede contemplar lo infinito: “No se concibe que esto -la contemplación de Dios, que es infinito, N. del R.- sea posible sin que ella -la naturaleza humana- contenga algo del poder infinito de Dios -en este caso, la gracia santificante-. “En tal supuesto, su valor iguala en cierta manera al bien infinito que confiere”, afirma nuestro autor, Scheeben y en esto reside el valor inapreciable de la gracia santificante que nos confieren los Sacramentos de la Iglesia Católica.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Tercer Misterio.

La acción de la gracia en el alma tiene como efecto la superación sobrenatural de la naturaleza humana. En efecto, tal como afirma un autor[3], “las criaturas, sin excepción, tienen en su perfección un límite del que no pueden pasar. Cuando se ven libres de toda escoria, les es imposible seguir perfeccionándose. Cada planta llega a una altura determinada en donde se detiene. Los diversos animales crecen hasta que sus cuerpos se desarrollen y se forme su organismo; una vez alcanzado ese término, no les es posible seguir avanzando; cuando han vivido su tiempo, comienza su decadencia y sobreviene la muerte”. Este mismo límite natural lo posee el hombre: “Las mismas criaturas racionales, según su naturaleza, tienen un límite en la línea de la perfección: progresan mientras se desarrollan sus fuerzas naturales; como éstas son limitadas, también el desarrollo se detendrá en un punto determinado”. Pero este límite natural lo supera la gracia, elevando infinitamente a la naturaleza humana. Dice así Scheeben: “Sólo la gracia desconoce fronteras. Rayo de la naturaleza divina que cae sobre nuestra alma, no conoce otra medida y limitación que la infinidad de Dios y, por tanto, puede crecer de día en día, a cada instante, y enriquecerse sin cesar; nunca traspasará sus límites, pues no los tiene. Siempre será gracia y participación de la naturaleza divina. Se hace más y más lo que es y lo que debe ser”. Solo la gracia, comunicada por los Sacramentos, puede elevar al hombre para que deje de ser hombre y sea Dios por participación, es decir, solo la gracia santificante puede divinizar al hombre.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Cuarto Misterio.

Así como nada puede poner límites al amor sobrenatural, así también sucede con la gracia, puesto que la misma se origina “en el poder eterno e infinito de Dios”, siendo “una participación de la infinita santidad divina”. Nuestra naturaleza tiene una capacidad limitada, pero una vez que es elevada sobre su condición, aumenta infinitamente esa capacidad”. Dice así Scheeben: “Toda medida de gracia que recibe lo hace apto para una medida ulterior mayor todavía; todo aumento prepara un nuevo aumento; cuanto más sube, más se hace susceptible de seguir creciendo. En cierto sentido la gracia es infinita. La nueva naturaleza que nos confiere la gracia posee el privilegio único de ser en cierto modo algo infinito, como participación que es de la naturaleza infinita de Dios”[4].

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Quinto Misterio.

Al meditar en el efecto de la gracia sobre la naturaleza humana, esto es, la deificación, se comprende porqué los santos de todos los tiempos la prefirieron antes que todos los tesoros del mundo y hasta incluso la propia vida. La gracia es un tesoro que aumenta y se multiplica hasta el infinito, sin límites, aunque esto necesita de la colaboración del hombre: “Una acción sobrenatural cualquiera efectuada en estado de gracia y toda utilización de la gracia ya poseída, máxime cuando la hacemos fructificar, nos hacen acreedores ante Dios de un aumento de nuestro tesoro. De nosotros depende pues el duplicarlo en poco tiempo. En la proporción en que la gracia aumenta, crece también el capital y se multiplica”. Lo que aumenta la gracia en nuestras almas son la recepción frecuente de los Sacramentos -ante todo, Confesión Sacramental y Eucaristía- y las obras de misericordia corporales y espirituales. Hagamos el propósito de no solo evitar cualquier pecado, que quita la vida de la gracia, sino el de vivir en gracia e incrementar esta gracia día a día, hasta el encuentro definitivo con Nuestro Señor Jesucristo en el Último Día.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por las intenciones del Santo Padre y por las Almas del Purgatorio.

Canto de salida: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.

 

 

 



[1] Cfr. Matthias Joseph Scheeeben, Las maravillas de la gracia, 131.

[2] Cfr. ibidem.

[3] Cfr. ibidem.

[4] Cfr. ibidem.


sábado, 13 de diciembre de 2025

Hora Santa en reparación por ataque de endemoniado a Jesús en el Sagrario en Fennimore, Wisconsin, Estados Unidos el 060225

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ataque sacrílego y satánico por parte de un hombre poseído a Jesús en el Sagrario. Dicho ataque ocurrió en la localidad de Fennimore en Wisconsin, Estados Unidos, el 06 de Febrero de 2025. El mismo fue registrado por la cámara corporal de un policía que acudió ante el pedido de auxilio de los feligreses. En la filmación puede verse cómo el poseso intenta, en repetidas ocasiones, forzar la puerta del Sagrario, pero es repelido con violencia, por una fuerza invisible, hacia atrás, lo cual le impide llevar a cabo la profanación del Santísimo Sacramento. Para mayor información, consultar los siguientes enlaces:

https://www.youtube.com/watch?v=bRqsi77WSNU;  https://www.youtube.com/watch?v=GSFWiSvcCDU

          Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio de la Hora Santa y del rezo del Santo Rosario (misterios a elegir).

Primer Misterio.

Si el cristiano, luego de haber considerado las maravillas de la gracia divina, o al menos una de ellas, como la de hacerlo partícipe de la filiación divina y de la vida divina trinitaria; si, aun así, creyendo y comprendiendo el don inefable de la gracia, esto no produce efecto alguno en él[1], esto se debe, sea a algo invisible que obscurece sus ojos, sea porque los atractivos de los bienes materiales lo tienen atrapado. Por esto mismo debemos pedir, con humildad, el don de aprender a conocer el valor de la gracia por el aprecio que de ella hace el mismo Dios con espíritu de fe y sumisión, haciendo nuestro el juicio de Dios.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Segundo Misterio.

Dios Uno y Trino, la Santísima Trinidad, en su poder, en su sabiduría, en su bondad, no podía hacer más de lo que hizo para darnos la gracia: envió a Dios Hijo a morir en la Cruz para darnos su Cuerpo y su Sangre en la cruz y con su Cuerpo y su Sangre, su Vida divina trinitaria; ahora bien, para quienes vivimos en el tiempo, la participación en la Vida divina trinitaria se verifica por medio de la recepción de la gracia santificante, la cual nos hace partícipes de la naturaleza, del Ser divino trinitario y de la Vida de Dios Uno y Trino y esto es algo tan inmensamente grandioso y majestuoso, que no nos alcanzará la eternidad para ni siquiera valorar lo que Dios Trino nos ha donado al darnos la gracia santificante.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Tercer Misterio.

Debido a la dignidad infinita de su Divina Persona de Dios Hijo, la vida humana de Jesucristo es una vida divina, es decir, es una vida humana que participa de la vida divina, sin mezcla ni confusión, ni de la una, ni de la otra. Afirma un teólogo: “Gracias a la infinita dignidad de su persona divina, la vida humana de Cristo es una vida divina; no podía ser sacrificada ésta sino para comprar otra vida divina. El Hijo de Dios no habría dado su vida, ni siquiera una gota de su sangre, por la tierra con toda su variedad de seres vivientes, por el cielo con todo su esplendor. Pero, de atenernos a la afirmación de los teólogos, no se habrían malogrado la encarnación y la muerte del Hijo de Dios, aun cuando hubieran merecido la gracia a una sola alma humana. Al ofrecer pues su propia vida por nosotros, el Hijo de Dios quería demostrarnos que nos conseguía la vida de hijos de Dios y que la gracia con que pretendía adornar nuestras almas valía lo que su sangre divina. Si su vida corporal es de una dignidad infinita, porque pertenece a una persona divina, la vida de la gracia tiene un valor infinito, porque nos hace participantes de la naturaleza divina”[2]. La gracia tiene un “valor infinito” a los ojos de Dios y a nuestros necios ojos, la inmensa mayoría de las veces, ¡cuán poco valor tiene, ya que la desperdiciamos con tanta facilidad, intercambiándola por el pecado!

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Cuarto Misterio.

Dios le concedió al hombre la gracia no por obligación, sino por amor y el hombre se despojó de la misma por una vil traición. Y con un mayor amor, Dios la quiso dispensar nuevamente, concibiendo para ello un plan tan increíble que dejó asombrados a los mismos moradores del Cielo. Determinó que Dios Hijo se hiciera hombre en el seno virgen de María, para tomar sobre sí las miserias y sufrimientos, no de uno, sino de toda la humanidad, para salvarla y luego glorificarla y divinizarla. El sacrificio de Dios, de su propia vida en la Cruz, nos habla de cómo el mismo Dios juzga cuánto aprecio tiene Él mismo de la gracia, como para someterse Él a semejante humillación.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Quinto Misterio.

Entonces, si Dios Hijo, que es la Sabiduría Increada, ha querido pagar tan caro nuestra gracia, que nos dé vergüenza el despreciarla tan ligeramente. Sabiendo cuánto le costó a Dios el conseguirnos la gracia, debiera ser para nosotros cosa más terrible que el infierno el vivir un instante sin la gracia santificante. ¿Cómo podemos, estando en pecado, dormir en paz, comer, solazarnos durante días, semanas, meses y años? El Señor se dejó crucificar por nosotros, para devolvernos la gracia perdida, aun más, para concedernos la gracia de la divina filiación, que no teníamos. ¡Y nosotros la destruimos con nuestras faltas, la sacrificamos por una sombra de vanagloria o un placer miserable! ¿Es posible que apreciemos tan poco una cosa a la que Dios fijó un precio tan alto?

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por las intenciones del Santo Padre y por las Almas del Purgatorio.

Canto de salida: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.

 

 

 


lunes, 3 de noviembre de 2025

Hora Santa en reparación por horrible profanación contra el altar mayor del Vaticano 121025

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el horroroso ultraje cometido contra el Sacrosanto Altar Eucarístico de la Basílica del Vaticano, ultraje ocurrido públicamente, a la vista de todo el mundo, el 12 de octubre del año 2025. En este espantoso acto satánico, un poseso, con extrema impudicia, tuvo la diabólica impudicia de evacuar delante del altar, antes de ser arrestado. Para mayores detalles acerca de este desgraciado hecho, consultar el siguiente enlace:

https://as.com/videos/actualidad/un-hombre-profana-el-altar-del-papa-orinando-sobre-el-delante-de-ciento-de-peregrinos-f202510-v/

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio de la Hora Santa y del rezo del Santo Rosario (misterios a elegir).

Primer Misterio.

En el misterio de la Encarnación, en el misterio de la asunción hipostática de una naturaleza humana por parte de la Segunda Persona de la Trinidad, es importante considerar que no se eleva a la dignidad divina a una persona humana, sino a una “naturaleza” humana. Sin embargo, en el caso de la Virgen, el hecho de que Ella sea “Madre de Dios”, esa maternidad divina es una dignidad sobrenatural que no recae sobre una “naturaleza” humana, sino que recae sobre una “persona humana”, la persona humana de María de Nazareth, la Virgen y Madre de Dios[1]. Por esta razón, a la maternidad divina se la puede comparar más fácilmente con la dignidad que los hombres reciben por la gracia: tanto la maternidad divina de María Virgen, como la gracia santificante que recibe cada ser humano, es de orden personal.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Segundo Misterio.

El sentido del dogma de la Inmaculada Concepción radica en el hecho de que en la Virgen “la gracia no puede separarse de la dignidad de su maternidad divina”: como decía en el siglo III el obispo mártir Metodio, “Dios se le unió de una manera inseparable” a la Virgen desde su Concepción Inmaculada. Dicho en otras palabras, esto significa que la Madre de Dios no estuvo privada ni un solo instante de la gracia, ya que fue concebida en gracia, para ser la Madre de Dios y Virgen Purísima al mismo tiempo y es por esta razón que, más que ninguna otra criatura, tiene derecho a participar por la gracia de la naturaleza divina de su Hijo. Durante nueve meses forma ella, por así decirlo, con el Hijo concebido en su seno, una persona; son idénticos sus derechos, sus bienes, su santidad[2]. María es la mujer que viera san Juan en el Apocalipsis”, la que no solamente recibe la luz del sol, sino que es revestida del mismo sol, porque lleva en su seno purísimo al Sol de justicia, Cristo Jesús, el Hombre-Dios.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Tercer Misterio.

La gracia que plenifica el alma de la Virgen desde el primer instante de su Concepción tiene la característica de ser un privilegio único concedido por la Trinidad por sobre todas las creaturas. Puesto que estaba destinada a ser la Madre de Dios, no podía no poseer la gracia de este modo tan especialísimo, desde el momento en que su Hijo era el Hijo de Dios: Ella iba a ser la Madre de Dios que era la Gracia Increada, debía, por lo tanto, ser la Madre de Dios, creada en estado de gracia y sin la mancha del pecado original y es por esto que es llamada por el ángel “Llena de gracia”.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Cuarto Misterio.

Al considerar la dignidad inigualable de María, es decir, cómo en Ella la maternidad divina se une a la gracia y cómo la gracia a la maternidad, veremos que nos es imposible comparar nuestra dignidad con la suya. Pero también podemos considerar lo siguiente, sin hacer menoscabo a la Madre de Dios y es que si consideramos únicamente la maternidad en sí misma sin relacionarla con la gracia, podemos decir que la gracia es un bien mayor y que le confiere una dignidad superior a la que encierra la maternidad divina. La Virgen es Madre de Dios según la carne y así María supera infinitamente a toda criatura. Tiene el derecho de ser amada y respetada por su Hijo, de ser venerada por los ángeles, servida por los hombres; todo le está sometido. Sin embargo, Ella misma preferiría estar privada de todo ello y con gusto sacrificaría los honores de la maternidad, antes que perder la gracia. La Virgen elegiría ser por gracia hija de Dios antes que ser Madre de Dios por naturaleza, pues sabe perfectamente que Jesús, aun cuando la ama con amor incomparable, amaría no obstante más a otra alma, si la hallara más rica de gracia.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Quinto Misterio.

Esto es lo que Nuestro Señor quiso decir cuando se le anunció la llegada de su madre y de sus parientes. En tal oportunidad salieron de sus labios estas asombrosas palabras: “¿Quién es mi Madre y quiénes son mis hermanos?” Y mostrando a sus discípulos: “He aquí mi madre y mis hermanos; el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”? Y en otra ocasión, como una mujer del pueblo alabara a su Madre con estas palabras: “Bienaventurado el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron”, dio esta respuesta: “Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra”. Esto no significa que Nuestro Señor pretendiera renegar de su madre, ni mucho menos ofenderla: simplemente quería manifestar que ni siquiera María podía ser digna de él, si no cumplía de un modo perfecto la voluntad del Padre celestial, si no escuchaba su palabra y no poseía en la misma medida la gracia de Dios. Si, por un imposible, María quedara en esto inferior a otra alma, tendría ésta la preferencia de Jesús. De esto vemos la importancia de cumplir, ante todo, la voluntad de Dios por encima incluso de la propia vida.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por las intenciones del Santo Padre y por las Almas del Purgatorio.

Canto de salida: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.

 

 



[1] Cfr. https://archive.org/details/las-maravillas-de-la-gracia-divina-matias-jose-scheeen/page/28/mode/2up, 28.

[2] Cfr. Scheeben, ibidem.


martes, 14 de octubre de 2025

Hora Santa en reparación por profanación a Nuestra Señora de la Merced por parte del Ayuntamiento de Barcelona 310725

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la sacrílega profanación llevada a cabo contra Nuestra Señora de la Merced por parte del Ayuntamiento de la ciudad española de Barcelona. Para mayor información, consultar el siguiente enlace: https://www.youtube.com/shorts/NEFMGqkKGkk

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio de la Hora Santa y del rezo del Santo Rosario (misterios a elegir).

Primer Misterio.

La gracia santificante, comunicada por Cristo a nosotros a través de los sacramentos, nos concede una dignidad y magnificencia nuevas, la dignidad y magnificencia de la divinidad que la humanidad de Cristo posee en virtud de su unión personal con el Verbo y que a su vez se comunica a todos los miembros del linaje, precisamente a través de la participación por los sacramentos[1]. Recibiendo los sacramentos, recibimos la dignidad y magnificencia del Hijo de Dios, Jesucristo y por este hecho debemos eterna acción de gracias al Señor.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Segundo Misterio.

Jesús, el Salvador del mundo, tiene dos cuerpos, por así decirlo: su Humanidad Santísima, es decir, la suya propia, tal como fue apropiada por el Verbo en su hipóstasis siendo así el Cuerpo propio del Verbo; por otra parte, tiene el Cuerpo Místico, que son los hombres regenerados por la gracia del Hijo de Dios encarnado. Por ser Cristo el Hijo de Dios encarnado, es el  Jefe de la humanidad, siendo nosotros somos sus miembros y de la misma manera a como Él posee derecho a la gracia, también tenemos nosotros por Él derecho a recibirla. De esta manera la gracia llega a ser la propiedad del género humano, la cual es poseída por la humanidad como un don que le viene de su Jefe divino[2]. Cristo es la Vid celestial, la Vid Verdadera, de la cual brota la Savia que es la gracia santificante, repleta de la vida divina y así nosotros somos los sarmientos que se nutren de esta vida divina trinitaria.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Tercer Misterio.

Dice así San León: “Cristiano, reconoce tu dignidad[3]; reconoce que, como cristiano, en naturaleza y en dignidad aventajas a los ángeles. Estos tienen parentesco con Dios, aquellos participan de la naturaleza divina. Tú lo eres doblemente, puesto que Dios adoptó además tu naturaleza. Si pudieran estar celosos estos espíritus santos y puros lo estarían. “Dios no asumió ni a los ángeles ni a los arcángeles, sino la posteridad de Abrahán; se nos ha dado mirar a Dios como a uno de nosotros; ellos no pueden alegar semejante distinción; podemos asimismo llamarle hermano nuestro. “Serían insensatos los que prefirieran ser más bien ángeles que hombres”, dice el venerable monje Job”. Los ángeles, siendo superiores a nosotros en inteligencia y naturaleza, y estando exentos los sufrimientos y de la muerte, no tienen sin embargo a Dios Hijo Encarnado por hermano y, como dice un autor, “Aún cuando nosotros estemos expuestos a tantas asechanzas, el honor que Dios nos hiciera cargando con nuestra pobre naturaleza y todas nuestras miserias es como para que nos consolemos. ¡Sería el colmo de la irreverencia despreciar tal honor!”. Y nosotros agregamos que no solo es para nuestro consuelo, sino para rendir honor y adoración de gracias por toda la eternidad al Cordero Bendito de Dios.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Cuarto Misterio.

San León continúa así: “Cristiano, esfuérzate por no profanar tu dignidad divina. Que no se diga de un hermano de Cristo lo que no conviene ni a un hombre ni a un ángel, sino tan sólo a un demonio. Pertenece por entero, con todos tus pensamientos, tus palabras, tus obras, a aquél que, entrando en nuestra carne, nos adoptó como suyos. Sigamos la exhortación de san Juan Crisóstomo: “Honremos nuestra cabeza; consideremos cuyos miembros somos. Procuremos aventajar en virtud a los ángeles y los arcángeles, ya que Dios, al asumir nuestra naturaleza, la asumió por entero”. El santo continúa explayándose en este sentido para finalizar con esta pregunta: “¿Es posible que el cuerpo del que Él es la cabeza sea echado a los demonios y profanado por ellos sin que ni siquiera nos conmovamos?”.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Quinto Misterio.

Por medio del bautismo, recibimos el carácter sacramental, como signo y prenda de nuestra unión con Él. A partir del Bautismo, ya no nos pertenecemos, sino que pertenecemos a Cristo pero al mismo tiempo Cristo nos pertenece; somos verdaderamente cristianos, en el sentido de que somos en cierta manera el mismo Cristo, puesto que formamos con Él un solo cuerpo. Por el carácter indeleble recibido, este nos da derecho a la gracia de Dios, puesto que el cuerpo de Cristo debe estar lleno de la vida gloriosa de Cristo, así como el cuerpo de un hombre debe estar lleno de la vida que le da el alma. Pero el derecho lo poseemos con la condición de comportarnos como Cristo lo desea. El pecado es lo contrario a la vida de la gracia, la vida de Cristo; es una gran falta, porque arroja la gracia de nuestra naturaleza; pero es mucho mayor todavía, porque a un miembro de Cristo arrebata su vida celestial. Despreciar la gracia, rechazarla, dejarla de lado con indiferencia y ligereza, es vendernos al demonio y esto es tanto más culpable cuanto que dicha gracia nos pertenecía en propiedad y cuanto que, por el carácter sacramental, teníamos la garantía de Cristo de que ningún poder del cielo ni de la tierra sería capaz de despojarnos de ella. San Gregorio Nacianceno nos enseña a combatir los ataques del demonio para así preservar y perseverar en la gracia: “Si te tienta por el orgullo, si en un instante te muestra todos los reinos del mundo como si le pertenecieran y te los ofrece a condición de que le adores, desprecia a este miserable, confía en el sello que llevas impreso en tu alma y dile: “Soy la imagen de Dios, pero no como tú un caído, por el orgullo, de la gloria celestial; estoy revestido de Cristo, adórame”. Quedará vencido con estas palabras y lleno de confusión volverá a las tinieblas”. Si perdemos la gracia, todo está perdido para el alma. Nuestro único temor debe ser el separarnos de Cristo; nuestro único deseo, el unirte a Él perfectamente por la gracia. “Considerémoslo todo como sombra, vanidad, quimera”, dice san Gregorio Niseno, “pues en comparación de la gracia nada significa”.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por las intenciones del Santo Padre y por las Almas del Purgatorio.

Canto de salida: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.

 

 



[1] Cfr. Matías José Scheeen, Las Maravillas De La Gracia Divina, 26-28.

[2] Cfr. Scheeben, Mysterien des Christentums, c. VII: El misterio de la Iglesia y sus sacramentos. Principalmente el $ 84: Naturaleza mística y significación del carácter sacramental.

[3] Sermón 21, De la Navidad del Señor, c. 3.


lunes, 16 de junio de 2025

Hora Santa en reparación por tráfico sacrílego de Hostias consagradas para ser utilizadas en misas negras o satánicas 260525

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el sacrílego robo, tráfico y venta de Hostias consagradas para la realización de blasfemas “misas negras” o satánicas. Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace:

https://www.instagram.com/reel/DJHZyK1OLi0/?igsh=eTBucjNhOXpzZnE0&fbclid=IwY2xjawKh6nRleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFyQjRxOFhaWUFkMjRUMU0xAR7wHyx7OXD22PCb_ONVrJpGuPcgi8DBNbH977gqj7vzLGiyQR6b9z5DFZ7POg_aem_yRdIdG7GCts6QuNKeFxDSQ

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio de la Hora Santa y del rezo del Santo Rosario (misterios a elegir).

Primer Misterio.

Con relación a la acción de la gracia, que obra la participación del alma en la naturaleza divina, los Padres aplican a este misterio diversas imágenes. San Atanasio, por ejemplo, compara la divinidad con el ámbar o bálsamo, que comunica su suavidad a los objetos que toca, o también con el sello que en la cera blanda deja grabada su imagen. A su vez, San Gregorio Nacianceno afirma que nuestra naturaleza está íntimamente unida a Dios por la gracia y que participa de sus propiedades, al igual que una gota de agua, arrojada a un vaso de vino y absorbida por éste, toma el mismo color, olor y sabor. Santo Tomás, siguiendo a san Basilio, nos evoca la imagen del hierro: por sí mismo es duro, frío e informe, se vuelve ardiente, luminoso, flexible, cuando se lo coloca en el fuego y éste lo penetra; es de notar que no por eso pierde su esencia. Así, nuestro corazón, antes de recibir la gracia santificante, es como el hierro -duro, frío, negro-, mientras que, cuando la gracia obra sobre él, haciéndolo partícipe de la naturaleza divina, se convierte en una brasa ardiente: maleable al Divino Amor, rojo llameante, encendido en el fuego del Divino Amor.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Segundo Misterio.

El que sabe que Dios es la luz más pura, el fuego del amor eterno, comprenderá sin dificultad, cómo, al abajarse con toda su gloria hasta su criatura y al admitirla en su seno sin aniquilarla, la puede penetrar de su luz y de su ardor, hasta el punto de hacer desaparecer su poquedad natural y su debilidad, de suerte que parezca quedar completamente absorbida en Dios[1]. Es decir, Dios es Luz Eterna; esa Luz Eterna brilla con todo su resplandor en la Sagrada Eucaristía y cuando comulgamos, no solo recibimos a esa Luz Eterna, sino que somos convertidos, por participación, en Luz Eterna. De la “nada más pecado” que somos, pasamos a ser partícipes de la luz y de la santidad divina trinitaria. Así es la maravillosa acción de la gracia santificante en el alma, que convierte a nuestras almas, que en sí mismas son tinieblas, en Luz Eterna por participación.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Tercer Misterio.

Para darnos una idea del valor de la gracia y de lo que perdemos con el pecado mortal, tomemos el siguiente ejemplo: supongamos que Dios resume en un solo hombre todas las maravillas de la creación, y así este hombre es más fuerte que el león, más bello que la aurora y que las flores del campo, más refulgente que el sol, más radiante que los querubines. Ahora supongamos que este hombre tan afortunado arriesga todos estos bienes en una jugada de dados. ¿Quién contemplaría sin estremecerse tamaña locura, semejante ingratitud? ¡Y nosotros vendemos nuestra intimidad con Dios, vendemos el esplendor del sol divino, la fuerza de las virtudes divinas a la carne miserable, hija de la corrupción, hermana y madre de gusanos! ¡Qué pensar ante un hecho tan desolador y por desgracia repetido a diario! Por eso, ante el pecado mortal de un solo hombre, los ángeles del cielo lloran, por así decirlo, lamentando tamaña insensatez. ¡Que Nuestra Madre, la Virgen de la Eucaristía, nos conceda la gracia de morir antes de cometer un pecado mortal o venial deliberado!

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Cuarto Misterio.

Aquellos que, por la acción de la gracia santificante, tienen puros los ojos y el alma sana, procuren de guardar con celo y honor tan altísima dignidad; por la gracia de la filiación divina, tienen el ineludible deber de amar con todas las fibras de su corazón a su Padre, el Padre de las luces. Si los planetas pudieran darse cuenta de su belleza, se mostrarían sumamente reconocidos al sol, ya que gracias a la luz recibida de él se convirtieron en su imagen resplandeciente. Un príncipe profesa amor a sus antepasados, un hijo a su padre, cada cual a su semejante. ¿Y por qué nosotros, los católicos, convertidos en hijos de Dios por la gracia de la filiación no elevamos, desde nuestra nada, el sentimiento de parentesco y semejanza hacia nuestro Padre Dios?

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Quinto Misterio.

Como católicos, como hijos de Dios, debemos tener un aprecio por nuestra dignidad de hijos de Dios, que el que los filósofos paganos, esclarecidos por la razón, de la dignidad humana. Para los grandes filósofos pre-cristianos, como Aristóteles, Platón, Sócrates, el hombre constituía una maravilla, la médula, el corazón del mundo, el rey de la creación y tenían razón en hacer estas consideraciones, puesto que esa es la realidad. Entonces, si el hombre a la luz de la razón aparecía tan grande, ¿qué será a la luz de la fe? Abramos los ojos de nuestra alma y sigamos el aviso de San Juan Crisóstomo: “Os ruego y os suplico que no permitáis que los más bellos dones del cielo (aquéllos que hemos recibido por la gracia de Cristo) aumenten a causa de su misma grandeza, el pecado de nuestra negligencia”. Pidamos a Nuestra Madre del Cielo, Nuestra Señora de la Eucaristía, que interceda por nosotros para que no seamos víctimas de nuestra propia negligencia, como nos advierte San Juan Crisóstomo y para que siempre tengamos en tan alta estima a la gracia santificante, que elijamos siempre morir antes que perderla por el pecado mortal o venial deliberado.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por las intenciones del Santo Padre y por las Almas del Purgatorio.

Canto de salida: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.

 



[1] Cfr. Matthias Joseph Scheeben, Las maravillas de la gracia divina, Editorial Herder, Barcelona 1051 16.