sábado, 17 de julio de 2021

Hora Santa en reparación por decapitación de imagen de Nuestra Señora de Huachana 170721

 



         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la decapitación sacrílega de una imagen de la Madre de Dios bajo la advocación de “Nuestra Señora de Huachana”.

         Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         Hay quienes afirman que Dios es “tan misericordioso”, que sería incapaz de condenar a un alma por toda la eternidad, en el lago de fuego del Infierno. Otros se atreven incluso a la herejía de pensar que incluso hasta el mismo demonio será perdonado al fin de los tiempos. Sin embargo, la doctrina de la Fe Católica acerca de la Justicia Divina es muy distinta y ya lo dice Nuestro Señor en el Evangelio: “Es ancha la senda que conduce a la perdición y son muchos los que lo eligen y es angosto el camino que conduce a la salvación y son pocos los que lo eligen”. Con esto, da a entender que son pocos los que verdaderamente salvan sus almas.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Una figura que anticipa la inmensa multitud de almas que día a día se dirigen voluntariamente al Infierno, es el Diluvio universal y el Arca de Noé: en esos tiempos, había millones de hombres en toda la tierra, pero sólo ocho escaparon del Diluvio en el Arca lo cual fue, conforme a la Escritura, figura de los muchos que se condenan (cfr. 1 Pe 3, 21)[1]. ¿Quién no temerá no caiga este rayo de la Divina Justicia sobre sí, si vive despreocupadamente, sin importarle ni los Mandamientos de Dios, ni la gracia de Jesucristo, ni el apartarse del pecado que condena? ¿Cómo puede ser que no temblemos de Dios y de sus altos juicios?

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         El hecho de que un alma se condene por toda la eternidad, es algo sumamente espantoso y terrible, pero que esto suceda después de haber muerto el Hombre-Dios Jesucristo en la cruz precisamente por la salvación de los hombres, es algo que deja sin palabras al entendimiento humano, porque provoca asombro la grandeza y el rigor de la Justicia Divina y el abismo insondable de sus altísimos juicios[2].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

         El pecador no debe vivir confiado vanamente en que Dios “todo lo perdonará”, porque sí es verdad que Dios “todo lo perdonará”, pero lo perdonará cuando el pecador experimente y demuestre sinceras obras de arrepentimiento; cuando el pecador se postre ante la majestad divina, con el corazón contrito y humillado, reconociéndose pecador e implorando a la Divina Misericordia por su perdón. El pecador –el pecador impenitente, se entiende-, debe considerar que Dios sí tiene voluntad de castigar, porque aun teniendo la justicia seguro partido con la Pasión de Cristo, condena a tantos que pecan y no se arrepienten del pecado. En este caso, no basta la Sangre del Cordero y su muerte sacrificial en el Calvario para que, mientras uno es pecador, deje de tener Dios voluntad de castigarlo. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, infunde en nuestros corazones un profundo deseo de odiar el pecado para rechazarlo definitivamente y así vivir siempre en gracia!

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Ahora bien, lo que excede en admiración, es que los pecados de todo el mundo los castigó en su Hijo tan severamente, que basta con contemplar su Sacratísimo Cuerpo desgarrado y cubierto de heridas abiertas y sangrantes, para comprender cómo no soporta Dios el pecado. Entre los hombres, se comenta como ejemplo de extrema severidad cuando un juez no perdona a su hijo, si comete un delito; pero que al hijo propio se castigue por delito ajeno, ¿cuándo se oyó tal justicia? Y es que excede el rigor de la justicia divina a toda la rectitud de la humana[3]. ¿Cómo no teme el esclavo castigo de sus pecados propios pues al hijo castigan por los ajenos? Dios Padre, Justo Juez, castigó en su propio Hijo Unigénito el pecado ajeno, el pecado de todos los hombres, por eso no tiene perdón quien no quiera recibir el perdón obtenido por los méritos de la Sangre de Cristo.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 487.

[2] Cfr. Nieremberg, ibídem, 487.

[3] Cfr. Nieremberg, ibídem, 488.

viernes, 9 de julio de 2021

Hora Santa en reparación por uso blasfemo de custodia eucarística con forma del ídolo demoníaco Pachamama en México 010721

 


Custodia blasfema con la forma del ídolo demoníaco llamado "Pachamama".

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el sacrilegio cometido contra la Eucaristía, al colocarla en una custodia que figuraba al ídolo demoníaco conocido como “Pachamama”. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://www.aciprensa.com/noticias/imagen-de-la-pachamama-fue-usada-como-custodia-de-la-eucaristia-en-mexico-13733

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos, llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Con relación a la rigurosidad de la Justicia Divina, sólo hay que remitirse a las Sagradas Escrituras, a las palabras de Nuestro Señor Jesucristo, cuando dice: “Muchos son los llamados y pocos los escogidos” (Mt 20, 16) y también: “Angosta y estrecha es la senda que lleva a la vida y pocos los que la hallan” (Mt 7, 7-14). También es para considerar la rigurosidad de la Justicia Divina el hecho de que, siendo tan copiosa y sobreabundante la redención de Cristo, haya aún tantos castigos, tantos pecados, tantos pecadores y tantos condenados[1].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Porque son pocos los llamados, porque la puerta de la salvación es estrecha y porque son todavía menos los que la encuentran, es que San Pedro exclama: “Si el justo apenas se salvará, el impío y pecador, ¿adónde irán?” (1 Pe 4). Es también cosa terrible lo que dice San Crisóstomo en sermón en la ciudad de Antioquía, que era de las mayores del mundo: “¿Cuántos pensáis que se salvarán de los que están en esta nuestra ciudad? Cosa triste es lo que os tengo de decir, pero con todo eso la diré: Entre tantos millares de almas no se podrán hallar ciento que se salven y de éstos dudo”[2]. Una sentencia espantosa, dicha por un santo y todavía más, sabiendo cuán populosa era dicha ciudad. ¿Qué sucederá en nuestros días, en los que las ciudades no sólo son mucho más grandes, sino que el pecado ha sido entronizado como “derecho humano”?

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

No menos terrible es lo afirmado por San Vicente Ferrer: “Antes que Cristo viniese al mundo en carne humana se pasaron más de cinco mil años y todo el mundo se condenaba, sino es unos pocos del pueblo de Israel, que iban al limbo de los Santos Padres”[3]. Continúa luego el santo: “También cuántos malos cristianos se condenan, porque la fe y el bautismo no salvan al hombre, sino es con la buena vida y no de otra manera. ¿Cuántos cristianos hay que, aunque tengan fe, con todo eso son soberbios, avarientos, lujuriosos? Y lo mismo es de otros vicios. ¿Cuántos cristianos no se confiesan cada año en la Cuaresma, ni comulgan, ni guardan los Mandamientos, ni el Domingo y fiestas de los Santos? Todos estos tales no se salvarán”[4]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, ruega por nosotros al Justo Juez, para que tenga misericordia de nuestras almas!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

El mismo San Vicente Ferrer narra el siguiente hecho, en un todo verídico: sucedió que había un eremita que por cuarenta años estuvo en el desierto habiendo antes renunciado a todas sus posesiones materiales y también cargos y honores mundanos. Poco después de fallecer, se presentó al Obispo de la ciudad cercana al desierto en el que el eremita habitaba; el Obispo le pidió que le dijera algo del otro mundo, a lo que el eremita le respondió que el mismo día en el que él murió murieron también en todo el mundo treinta mil hombres, de todos los cuales sólo cinco se salvaron, que fueron él y San Bernardo, que murió el mismo día y se fueron derechos al cielo y otros tres que entraron en el Purgatorio, los demás se fueron al Infierno[5].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Con respecto a la eterna condenación de las almas impenitentes, muchos santos fueron los que tuvieron visiones de cómo caían estas desgraciadas almas en el Infierno, como copos de nieve muy densos, o como gotas de agua. Por otra parte, todos los Padres y Doctores convienen que la salida de los hijos de Israel para Egipto fue señal de los muchos que se condenan y de cuán pocos son los que se salvan. Teniendo en cuenta esto, provoca espanto el saber que de los seiscientos mil hombres que sacó Dios de Egipto, sólo dos entraron en la tierra de promisión[6]. ¡Horrible cosa es, que de seiscientos mil llamados, sólo dos fueron elegidos! ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, ruega al Justo Jueza para que se apiade de nosotros y, perdonándonos nuestros pecados, nos haga ingresar en el Reino de los cielos!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 485.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 485.

[3] Domin. Septuag., serm. 6, post. initium.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 487.

[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 487.

[6] Cfr. Nieremberg, ibidem, 487.

sábado, 3 de julio de 2021

Hora Santa en reparación por atentados incendiarios contra iglesias católicas en Canadá 010721

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la ola de ataques incendiarios sacrílegos sufridos por varias iglesias católicas en Canadá. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/jatna.rivas/posts/4810637045616369

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         Con relación a la Justicia Divina, dice la Sagrada Escritura que “los juicios de Dios son grandes como un abismo” (Sal 35), que no pueden ser comprendidos por la razón humana. La razón es que, habiendo habido satisfacción tan infinita por parte del Hijo de Dios, inmolándose Él mismo en el Santo Sacrificio de la Cruz, y habiendo vertido su Sangre Preciosísima y ofrendado su Vida Santísima por la salvación de los hombres, aun así, hayan pecadores que se condenen eternamente, para siempre, en el Infierno, como consecuencia del grande castigo de Dios[1].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Por esta razón, dice Nuestro Señor que “muchos son los llamados y pocos los escogidos” y que “son muchos los que eligen el camino de la eterna perdición” y “pocos” los que desean entrar en el Cielo por la puerta estrecha. De esto se sigue que los que se salvan, es decir, los que son bañados por la Sangre del Cordero e ingresan así inmaculados en el Reino de Dios, son pocos, mientras que los que eligen morir en el pecado mortal y así condenarse, son muchos, más de los que podemos imaginarnos.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Con respecto a los ángeles, Dios no tuvo ni la más mínima misericordia para con aquellos que osaron rebelarse contra Él y su Divino Amor, aplicando todo el rigor de su Divina Justicia en el acto, siendo arrojados a lo más profundo del Infierno innumerables legiones de creaturas angélicas. Dios Trino no perdonó a los ángeles rebeldes, ni por ser grandes, ni por ser pequeños: desde el mismo instante en que, a ojos abiertos, pecaron de rebelión, sin esperar un segundo los precipitó del Cielo y descargó sobre ellos todo el peso de la Ira Divina, peso que habrán de soportar estas creaturas por toda la eternidad[2].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

         Con relación a los hombres, tampoco perdonó al primer Adán, siendo que con su pecado dañaba a innumerables hombres que, por su culpa, habrían de nacer sin gracia, en estado de pecado original y expulsados del Paraíso, aun cuando no tuvieran pecado propio actual y sólo vino a perdonar al hombre cuando su Ira Divina fue infinitamente satisfecha por los clamores de la Sangre Preciosísima del Cordero de Dios derramada en la Santa Cruz.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Con todo eso, el pecado que perdonó en Adán cuanto a la culpa, no lo perdonó cuanto a toda la pena, porque Adán padeció mucho e hizo gran penitencia por espacio de muchos años y ahora está castigándose su pecado con tantas miserias cuantas padece la naturaleza humana; las enfermedades, los dolores, las guerras, las hambres, las muertes de todos los hombres, todas son castigo de aquel pecado y lo que más es, los muchos pecados que permite Dios en los hombres en pena de aquel pecado. Éste es severísimo castigo de Dios, permitir pecados en castigo de otros. Este castigo nos había de ser más horrible que eternos infiernos[3]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que siempre demos gracias al Cordero de Dios que nos perdonó al precio altísimo de su Sangre Preciosísima derramada en el Calvario!

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 484.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 484.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 485.

domingo, 27 de junio de 2021

Hora Santa en reparación por ultraje público a Nuestro Señor Jesucristo en marcha del orgullo homosexual Italia 260621

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ultraje público sufrido por Nuestro Señor Jesucristo en el transcurso de la marcha por el orgullo homosexual desarrollado en Italia. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/gesutiamiamo/photos/pcb.4203151113077531/4203150946410881/

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Dios es Infinita Misericordia, pero también es Infinita Justicia y nada escapa a su divina mirada, hasta nuestros pecados más ocultos, están ante Él y su Justicia como ante un límpido espejo. Por ese motivo, el pecador debe cuidar de vivir en gracia, porque así el alma, que está ante su mirada en todo momento, está en paz con Dios, porque por la Sangre de Jesucristo ha sido reconciliada con el Padre.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Dios todo lo sabe, incluso hasta nuestros pensamientos que todavía no hemos pensado; es decir, sabe a la perfección cuáles serán nuestros pensamientos hasta el día de nuestra muerte, aun cuando no se los manifestemos ni a los hombres ni a los ángeles. Por esto dice la Escritura: “Los ojos del Señor son más lucientes que el sol, mirando por todos lados todos los caminos de los hombres, penetrando lo profundo del abismo y los corazones de los hombres” (Ecli 23).

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Al ser tan perspicaces, los ojos divinos “escudriñan Jerusalén” (1, 12), con lo cual debemos entender a “Jerusalén” por “alma del bautizado” y es así como Dios escudriña, con su divina mirada, hasta las profundidades más recónditas de nuestro ser, de nuestra alma, de nuestra conciencia, llegando incluso mucho más profundo en el conocimiento nuestro que nosotros mismos[1]. Porque Dios escudriña a “Jerusalén”, es decir, a las almas santas, a las almas en gracia, encontrando incluso en las obras buenas algo para condenar –como el amor propio, por ejemplo-, es que San Bernardo exclamó: “¿Qué puede haber seguro en Babilonia, si en Jerusalén se hace tal escrutinio? Para temer es cuando se viniere a esto, que con tan menuda inquisición nos parezcan ser culpas muchas de nuestras justicias”[2].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

Acerca de la Justicia de Dios, no debemos caer en falsas y erróneas creencias, pensando que, porque es misericordioso, pasará por alto la impenitencia. Es verdad que Dios perdona todo pecado, pero hay un pecado que no perdona, como dicen los santos, y es aquel que no se confiesa. La Justicia de Dios es sobrepasada por la Misericordia Divina cuando el pecador se arrepiente de sus pecados y hace el propósito de no volver a caer, evitando las ocasiones de pecado, pero la Justicia no se detiene ante el pecado que, siendo reconocido, no se confiesa, porque el pecador no se arrepiente del pecado cometido.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Afirma un autor que, cuando se habla de la Justicia Divina, “no debemos engañarnos, porque no es menos su Justicia que su Misericordia”[3]. Hay que considerar que si deja de castigar algunos pecados nuestros, es porque Cristo, el Hombre-Dios, satisfizo por ellos con su Santo Sacrificio de la Cruz, aplacando la Ira Divina con su Sangre Preciosísima, con su Pasión y con su Muerte. Es para temblar que, habiendo Jesucristo satisfecho cumplida y sobradísimamente por todos los pecados de todos los hombres de todos los tiempos y aun de millones de mundos, si estos existieran, con todo esto deja Dios y ha dejado de perdonar innumerables pecados, cuando el pecador no se arrepiente de haberlos cometido. Por esto mismo, como dicen los santos, es preferible “morir antes que pecar”, es decir, es preferible morir a la vida terrena, pero con el alma en gracia, antes que seguir viviendo esta vida terrena, con el alma en pecado mortal pues si alguien muere en estado de pecado mortal, no es perdonado por la Justicia Divina, porque libremente eligió no ser perdonado.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 482.

[2] Serm. 55 in Cant.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 483.

domingo, 20 de junio de 2021

Hora Santa en reparación por profanación eucarística en San Pablo, Brasil 190621

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la sacrílega profanación eucarística cometida en una iglesia en San Pablo, Brasil, en donde profanaron el sagrario, mordieron, pisotearon y desparramaron las Hostias consagradas, además de robarse muchas de ellas y dejaron clavado un objeto punzante en el altar eucarístico. Para mayores detalles acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=x5XP3ctkEoE

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         Acerca de porqué debe ser temida la Justicia Divina, dice así el Papa Inocencio III: “Tremenda cosa es a todo viviente tratar con Vos causa criminal; porque como seáis poderosísimo, nadie puede escapar de vuestras manos; y como seáis sapientísimo, nadie se puede esconder a vuestros ojos y como seáis justísimo, no hay quien pueda corromper vuestro ánimo. Delante de quien es acusadora la conciencia, rea el alma, abogada la razón, testigo la memoria y Vos sois Juez”[1].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Afirma un autor que “tres partes son terribles en un juez y para temerse mucho, puesto que le hacen severísimo. La primera, si fuese tal que supiese todos los delitos y los tuviese legítima y plenamente probados y convencidos; la segunda, si fuese tal, que quisiese castigarlo todo, sin disimular cosa alguna; la tercera, si tuviese tanto poder, que nadie le pudiese enfrentársele”[2]. Y con justa razón, enseña la Iglesia que este Juez Soberano, que todo lo sabe, que todo lo puede y a quien nadie se le puede enfrentar, es Dios Uno y Trino.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Es Dios Uno y Trino este Juez Supremo, Justísimo, Omnipotente, Omnisciente, que lo sabe todo y a quien no se le escapa nada ni nadie, pues todos nuestros pecados están plenamente probados con su infinita sabiduría y tiene por testigos a nuestra propia conciencia y los ángeles, los demonios y otras creaturas, que darán voces y testificarán contra nosotros: todo está averiguado, nada se esconderá, aun lo que no nos pareció pecado, estará probado por el pecado[3].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

         También respecto a la Justicia Divina, dice así San Agustín: “Muchas cosas alabadas de los hombres serán condenadas, siendo Dios testigo de ellas”. Esto es así, porque sucede con frecuencia que los hombres se aplauden unos a otros y se vanaglorian entre sí mismos, pero no por cosas buenas, sino por cosas pecaminosas, pero nada de esto escapa a la vista soberana de Dios, que escruta hasta lo más profundo del ser humano. En el Día del Juicio Final, quedarán expuestas las intenciones con las que realizamos incluso las obras buenas, esto es, si las hicimos para ser aplaudidos y admirados por los hombres, o si las hicimos para honrar y alabar a Dios.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         La razón de la infinita Justicia de Dios, que todo lo sabe, es porque ve infinitamente mejor que nuestra propia conciencia y por esto, lo que a ella le es oculto, ante Dios se manifiesta como pecado, puesto que Dios ve en lo más profundo del alma. En las Escrituras se dice: “Los ojos del Señor son más lucientes que el sol, mirando por todos lados todos los caminos de los hombres, penetrando en lo profundo del abismo y los corazones de los hombres” (Ecli 23). Acerca del Día del Juicio Final, la Virgen le dijo a Santa Faustina Kowalska que “hasta los ángeles de Dios temblarán” ante la furia de la Ira Divina. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, refugia nuestras pobres almas en el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, para así estar a salvo de la Justa Ira de Dios!

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al Cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

        



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 481.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 482.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 482.