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martes, 14 de octubre de 2025

Hora Santa en reparación por profanación a Nuestra Señora de la Merced por parte del Ayuntamiento de Barcelona 310725

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la sacrílega profanación llevada a cabo contra Nuestra Señora de la Merced por parte del Ayuntamiento de la ciudad española de Barcelona. Para mayor información, consultar el siguiente enlace: https://www.youtube.com/shorts/NEFMGqkKGkk

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio de la Hora Santa y del rezo del Santo Rosario (misterios a elegir).

Primer Misterio.

La gracia santificante, comunicada por Cristo a nosotros a través de los sacramentos, nos concede una dignidad y magnificencia nuevas, la dignidad y magnificencia de la divinidad que la humanidad de Cristo posee en virtud de su unión personal con el Verbo y que a su vez se comunica a todos los miembros del linaje, precisamente a través de la participación por los sacramentos[1]. Recibiendo los sacramentos, recibimos la dignidad y magnificencia del Hijo de Dios, Jesucristo y por este hecho debemos eterna acción de gracias al Señor.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Segundo Misterio.

Jesús, el Salvador del mundo, tiene dos cuerpos, por así decirlo: su Humanidad Santísima, es decir, la suya propia, tal como fue apropiada por el Verbo en su hipóstasis siendo así el Cuerpo propio del Verbo; por otra parte, tiene el Cuerpo Místico, que son los hombres regenerados por la gracia del Hijo de Dios encarnado. Por ser Cristo el Hijo de Dios encarnado, es el  Jefe de la humanidad, siendo nosotros somos sus miembros y de la misma manera a como Él posee derecho a la gracia, también tenemos nosotros por Él derecho a recibirla. De esta manera la gracia llega a ser la propiedad del género humano, la cual es poseída por la humanidad como un don que le viene de su Jefe divino[2]. Cristo es la Vid celestial, la Vid Verdadera, de la cual brota la Savia que es la gracia santificante, repleta de la vida divina y así nosotros somos los sarmientos que se nutren de esta vida divina trinitaria.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Tercer Misterio.

Dice así San León: “Cristiano, reconoce tu dignidad[3]; reconoce que, como cristiano, en naturaleza y en dignidad aventajas a los ángeles. Estos tienen parentesco con Dios, aquellos participan de la naturaleza divina. Tú lo eres doblemente, puesto que Dios adoptó además tu naturaleza. Si pudieran estar celosos estos espíritus santos y puros lo estarían. “Dios no asumió ni a los ángeles ni a los arcángeles, sino la posteridad de Abrahán; se nos ha dado mirar a Dios como a uno de nosotros; ellos no pueden alegar semejante distinción; podemos asimismo llamarle hermano nuestro. “Serían insensatos los que prefirieran ser más bien ángeles que hombres”, dice el venerable monje Job”. Los ángeles, siendo superiores a nosotros en inteligencia y naturaleza, y estando exentos los sufrimientos y de la muerte, no tienen sin embargo a Dios Hijo Encarnado por hermano y, como dice un autor, “Aún cuando nosotros estemos expuestos a tantas asechanzas, el honor que Dios nos hiciera cargando con nuestra pobre naturaleza y todas nuestras miserias es como para que nos consolemos. ¡Sería el colmo de la irreverencia despreciar tal honor!”. Y nosotros agregamos que no solo es para nuestro consuelo, sino para rendir honor y adoración de gracias por toda la eternidad al Cordero Bendito de Dios.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Cuarto Misterio.

San León continúa así: “Cristiano, esfuérzate por no profanar tu dignidad divina. Que no se diga de un hermano de Cristo lo que no conviene ni a un hombre ni a un ángel, sino tan sólo a un demonio. Pertenece por entero, con todos tus pensamientos, tus palabras, tus obras, a aquél que, entrando en nuestra carne, nos adoptó como suyos. Sigamos la exhortación de san Juan Crisóstomo: “Honremos nuestra cabeza; consideremos cuyos miembros somos. Procuremos aventajar en virtud a los ángeles y los arcángeles, ya que Dios, al asumir nuestra naturaleza, la asumió por entero”. El santo continúa explayándose en este sentido para finalizar con esta pregunta: “¿Es posible que el cuerpo del que Él es la cabeza sea echado a los demonios y profanado por ellos sin que ni siquiera nos conmovamos?”.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Quinto Misterio.

Por medio del bautismo, recibimos el carácter sacramental, como signo y prenda de nuestra unión con Él. A partir del Bautismo, ya no nos pertenecemos, sino que pertenecemos a Cristo pero al mismo tiempo Cristo nos pertenece; somos verdaderamente cristianos, en el sentido de que somos en cierta manera el mismo Cristo, puesto que formamos con Él un solo cuerpo. Por el carácter indeleble recibido, este nos da derecho a la gracia de Dios, puesto que el cuerpo de Cristo debe estar lleno de la vida gloriosa de Cristo, así como el cuerpo de un hombre debe estar lleno de la vida que le da el alma. Pero el derecho lo poseemos con la condición de comportarnos como Cristo lo desea. El pecado es lo contrario a la vida de la gracia, la vida de Cristo; es una gran falta, porque arroja la gracia de nuestra naturaleza; pero es mucho mayor todavía, porque a un miembro de Cristo arrebata su vida celestial. Despreciar la gracia, rechazarla, dejarla de lado con indiferencia y ligereza, es vendernos al demonio y esto es tanto más culpable cuanto que dicha gracia nos pertenecía en propiedad y cuanto que, por el carácter sacramental, teníamos la garantía de Cristo de que ningún poder del cielo ni de la tierra sería capaz de despojarnos de ella. San Gregorio Nacianceno nos enseña a combatir los ataques del demonio para así preservar y perseverar en la gracia: “Si te tienta por el orgullo, si en un instante te muestra todos los reinos del mundo como si le pertenecieran y te los ofrece a condición de que le adores, desprecia a este miserable, confía en el sello que llevas impreso en tu alma y dile: “Soy la imagen de Dios, pero no como tú un caído, por el orgullo, de la gloria celestial; estoy revestido de Cristo, adórame”. Quedará vencido con estas palabras y lleno de confusión volverá a las tinieblas”. Si perdemos la gracia, todo está perdido para el alma. Nuestro único temor debe ser el separarnos de Cristo; nuestro único deseo, el unirte a Él perfectamente por la gracia. “Considerémoslo todo como sombra, vanidad, quimera”, dice san Gregorio Niseno, “pues en comparación de la gracia nada significa”.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por las intenciones del Santo Padre y por las Almas del Purgatorio.

Canto de salida: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.

 

 



[1] Cfr. Matías José Scheeen, Las Maravillas De La Gracia Divina, 26-28.

[2] Cfr. Scheeben, Mysterien des Christentums, c. VII: El misterio de la Iglesia y sus sacramentos. Principalmente el $ 84: Naturaleza mística y significación del carácter sacramental.

[3] Sermón 21, De la Navidad del Señor, c. 3.


viernes, 21 de febrero de 2025

Hora Santa en reparación por profanación de la Santa Misa en Brasil en donde una ministra anglicana concelebró y comulgó 200225

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación de la Santa Misa ocurrida en Brasil, en donde el arzobispo del lugar permitió que una “ministra” anglicana “concelebrara” (¡?) y además le permitió ¡comulgar!, lo cual está prohibido para quien no haya recibido los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. Para mayores datos acerca de este lamentable suceso, consultar el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=0jX6gLNkRoE&t=2s

Canto de entrada: “Cristianos, venid, cristianos, llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Es causa de asombro comprobar con cuánta ligereza los católicos cambiamos la dignidad infinita de la gracia santificante, por los barros y lodos del pecado y su indignidad[1]. Es como si un príncipe, nacido en un palacio de marfil y en cuna de oro, cambiara su dignidad real por la mendicidad; el oro y la plata, el cedro y el ciprés de su mobiliario real, por mendrugos de pan y por harapos como vestimenta. ¿Qué nube oscura, de origen maligno, ciega las mentes de los católicos, que tan despectivamente desprecian la gracia santificante de los Sacramentos?

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Con la gracia sucede como con el que escala una montaña y, por un descuido negligente de su parte, pierde el equilibrio y cae de las alturas a las que había llegado. De la misma manera, cuanto mayor es la altura que conseguimos mediante la gracia, tanto más profunda es la caída, si llegamos a perderla. Un ejemplo que prefigura lo que decimos es Nabucodonosor: era un rey poderoso, invencible, con un reino inmenso, que luego fue transformado en un animal (cfr. Dn 4,30). Lo mismo sucede con el alma que pierde la gracia: de ser superior a los ángeles, por participar en la vida trinitaria, a ser rebajada a un nivel inferior a las bestias irracionales.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Es por esta razón que es imperioso reconocer, desde un principio y no cuando ya la hemos perdido, la hermosura celestial y sobrenatural que la gracia santificante concede al alma. Así, al apreciarla, el alma tendrá el mundo a sus pies, pues valdrá más que todo el universo visible e invisible juntos, porque participa de la vida de la Santísima Trinidad, de las Tres Divinas Personas. Si por la gracia hemos sido colocados en el cielo mismo, estando todavía en la tierra, ¿por qué habría un alma de revolcarse en el fango de la tierra y del pecado?

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Ya los filósofos paganos comprendieron, con su razón natural, que el amor a los bienes de aquí abajo es insensato cuando se lo compara con el cielo, con los astros. Decía uno de ellos: “Si se diera a las abejas la inteligencia humana, repartirían su pequeño dominio en numerosas provincias, como acostumbran hacerlo los reyes de la tierra”. Otro afirmaba: “Si miráramos a nuestro planeta desde el sol o desde la luna creeríamos ver un pequeño círculo: los reinos más dilatados, sin hablar de los campos y las praderas, aparecerían como puntos imperceptibles”. Si unos filósofos paganos, con la luz de su sola razón natural, se daban cuenta que los bienes de esta vida son nada si los comparamos con los del cielo, ¡cuánto más nosotros, iluminados por la luz de la gracia santificante, no debemos considerar como motas de polvo a las montañas de oro y plata, cuando la comparamos con el más mínimo grado de gracia, el mayor bien celestial concedido a nosotros los hombres por la Divina Misericordia!

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Entonces, al contemplar y reflexionar que, por la gracia santificante, obtenida al precio altísimo de la Sangre del Cordero de Dios en el Sacrificio del Calvario, Sangre que es derramada cada vez de modo sacramental e incruento en el Cáliz de salvación, en la Santa Misa, hagamos el propósito de que nuestro comportamiento, nuestros actos cotidianos, sean acordes a dicha gracia y el único modo en que lograremos este objetivo, es imitando a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Cuando nos acerquemos a recibir, por la Comunión Eucarística, al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, le pidamos a la Madre de Dios que sea Ella quien comulgue por nosotros, para que este Tesoro infinito que es el Corazón Eucarístico de Jesús derrame sus gracias sin medida sobre nuestros pobres corazones.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Matías José Scheeben, Las maravillas de la gracia divina, Editorial Desclée de Brower, Buenos Aires 1945 24.


domingo, 16 de febrero de 2025

Hora Santa en reparación por profanación del Santísimo Sacramento por hombre poseído en México 150225

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación cometida contra el Santísimo Sacramento del Altar por parte de un hombre poseído en Méxio. Para mayores datos acerca de este lamentable suceso, consultar el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=meyOg09oovY

Canto de entrada: “Cristianos, venid, cristianos, llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

La gracia santificante que nos comunican los Sacramentos, es más valiosa y aventaja todavía más, incalculablemente, a todos los milagros, afirma un autor[1]. Es decir, no basta con afirmar que la gracia supera los bienes naturales, puesto que también excede los milagros obrados por el mismo Dios. La gracia se manifiesta en las obras de misericordia y cuando más se destaca esta misericordia divina es al otorgar Dios su gracia al hombre. Nuestro Señor dice que quienes creen en Él realizarán cosas mayores que Él mismo en la tierra (Jn 14, 12). Dice San Agustín que como ejemplo podría servir el caso de San Pedro que, con su sombra, curaba a los enfermos, algo que no se lee de Nuestro Señor. Pero esta verdad aparece todavía con mayor claridad en la obra de la justificación, a la que los fieles deben cooperar personalmente en lo que a ellos se refiere y a los demás, cada cual a su manera. Es cierto que no somos nosotros los que producimos la gracia, pero no lo es menos que, con la ayuda de Dios, podemos prepararnos a recibirla, haciéndonos dignos de ella, infundiendo aliento a los demás; en una palabra, que podemos llevar a cabo cosas mayores que los milagros de Cristo[2].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Tanto para Dios como para la gracia es algo más glorioso que los milagros. Mediante el milagro, obrado de ordinario sobre la materia, Dios devuelve la salud o la vida. Por la gracia, su acción termina en el alma, por así decirlo la vuelve a crear, la eleva sobre la naturaleza, deposita en ella el germen de la vida sobrenatural, se reproduce en ella, le imprime la imagen de su propia naturaleza. De esa manera se convierte, por así decirlo, en el milagro más estupendo de la omnipotencia divina. La gracia supera la creación del cielo y de la tierra y de los ángeles; no se la puede comparar sino con la generación del propio Hijo de Dios. Es asimismo sobrenatural, grande, misteriosa, ya que, según la frase de San León, “nos hacemos participantes de la generación de Cristo”[3].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Cuando los santos obran milagros, Dios se vale de ellos como de intermediarios; para nada interviene el poder de los mismos, sino el del mismo Dios. Cuando nos da la gracia, Dios exige de nosotros una cooperación más estrecha: quiere que, con su ayuda, nos preparemos a recibirla; quiere que la aceptemos, que la conservemos, que la aumentemos, es decir, Dios quiere de nosotros un acto de nuestro libre albedrío para aceptar su gracia santificante, quiere nuestra libre aceptación, nuestra libre cooperación en el aceptar su gracia santificante.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

De esta manera, Dios nos confía una dignidad de grado infinita. Él se une a nuestra alma, por la gracia, así como el esposo a la esposa. Nuestra alma, por la virtud que recibe, puede reproducir en sí misma la imagen divina y convertirse en hija adoptiva de Dios. Dios confía a su Iglesia el poder admirable de comunicar, mediante su enseñanza y sus sacramentos, la gracia santificante a sus hijos y así no hay cosa más grandiosa, bella y admirable que esta obra de la Iglesia Madre sobre sus hijos, los hijos de Dios, que causa admiración a hombres y ángeles. Trabajemos por lo tanto en adquirir la gracia santificante y también para aumentarla, no solo en nosotros, sino también en nuestros seres queridos y en todo prójimo, incluidos en nuestros enemigos, según el mandato de Jesús: “Ama a tu enemigo”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Si los hombres conocieran la inmensidad del valor infinito de la gracia, no dudarían ni por un instante en romper con todo pecado, incluido el más mínimo pecado venial, dando comienzo a una nueva vida, la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, la vida de los hijos regenerados por la Sangre Preciosísima del Cordero, brotada del Costado traspasado por la lanza el Viernes Santo, Costado del cual mana Sangre y Agua, la gracia santificante que se comunica por los Santos Sacramentos de la Iglesia Católica a través del tiempo y del espacio, a lo largo y ancho de la tierra, por todos los siglos, hasta el fin de los tiempos. La recepción de la gracia por los Sacramentos es una obra más grande que resucitar un muerto, porque por la resurrección se resucita un muerto corporal, mientras que por la gracia se vuelve a la vida al espíritu, que estaba muerto a la vida de la gracia por el pecado mortal y se lo hace partícipe de la vida misma de la Santísima Trinidad. Es por esto que dice San Agustín: “Si Dios te ha hecho hombre, y tú con la ayuda de Dios, se entiende te haces justo (recibes la gracia, N. del R.), realizas una obra mayor que la producida por Dios”[4].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.



[1] Cfr. Matías José Scheeben, Las maravillas de la gracia divina, Editorial Desclée de Brower, Buenos Aires 1945, 20.

[2] Cfr. Scheeben, ibidem, 20.

[3] Serm. 21, c. 3.

[4] Serm. 169 (15 De Verbis Apostoli), c. II. N 13.


sábado, 13 de abril de 2024

Hora Santa en reparación por profanación del Sagrado Corazón de Jesús por parte de travesti en Catedral de La Serena, Chile 260324

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el sacrilegio cometido contra el Sagrado Corazón de Jesús por parte de un hombre travestido de mujer. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://infovaticana.com/blogs/cigona/escandalo-en-la-serena-chile-por-modelo-trans-en-el-altar-de-la-catedral-representando-al-sagrado-corazon/

Canto de entrada: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

A partir de su institución por parte de Jesús, en la Última Cena, la Santa Misa ha reemplazado, de modo supereminente, todos los holocaustos y todas las ofrendas del Templo de Jerusalén, ofrecidas en acción de gracias[1]. Al compararlas con las ceremonias antiguas, por ejemplo, la oración de David, luego de la construcción del Templo, las oraciones solemnes que hacemos en la Santa Misa, nos damos cuenta de nuestra ingratitud y de nuestra frialdad de corazón. En efecto, el rey David dice: “Este Templo no es para un hombre, sino para el Dios Yahvéh”. David alaba a Dios con todo su corazón: “¡Bendito seas, de eternidad en eternidad, Yahvéh, Dios de nuestro padre Israel! A Ti sea la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el esplendor y la gloria, porque te pertenecen todo el cielo y la tierra (por esto) celebramos Tu Nombre glorioso”. Ahora bien, los bienes espirituales -y también materiales- de Dios en Jesucristo son incomparablemente más elevados y grandiosos que los del Antiguo Testamento, por lo cual nosotros deberíamos, imitando al rey David, postrarnos en acción de gracias, en alabanzas y en adoración ante Jesús Sacramentado, Don de dones divinos, Ante Quien doblas las rodillas el cielo, la tierra y el abismo.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Dice San Bernardo que debemos agradecer permanentemente a Nuestro Señor Jesucristo y reparar por quienes no lo hacen y él mismo da el ejemplo con la siguiente oración: “Oh Buen Jesús, lo que me inflama en tu Amor, lo que vuelve amable mi corazón, es el cáliz que has bebido, es la obra de nuestra redención. Es Jesús quien reclama nuestro amor y sin reservas. El Salvador ha trabajado en la formación del universo entero, pues Él lo dijo y todas las creaturas fueron hechas y es Él quien gobierna todo lo creado (Sal 30, 2); pero también, Él se ha encontrado con seres que contradicen su palabra, que critican sus obras, que menosprecian sus tormentos, que insultan su muerte. ¡A Aquel que nos ha amado! Él nos ha amado con un amor tierno, prudente y valiente; con un amor tierno, porque Él tomó nuestra carne; con un amor prudente, porque nos advirtió del pecado; con un amor valiente, porque Él enfrentó la muerte”. Amemos al Amor de los amores, que está en el altar solo por nuestro amor, Jesús Eucaristía.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

San Pablo, en sus Epístolas a los Efesios y a los Colosenses, expresa con sublime plenitud la obra de Cristo, su obra salvífica, obra a la cual debemos agradecer por la inmensidad de dones conseguidos por nosotros, por Jesús, al precio altísimo de su Preciosísima Sangre. Dice así: “Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales (…) Es en Él (…) que vosotros habéis recibido el sello del Espíritu prometido, el Espíritu Santo, las arras de nuestra herencia mientras esperamos la plena redención de quienes Dios ha adquirido para honor de su gloria” (cfr. Ef 1). Y la forma más adecuada y más apreciada por Dios, para agradecer todos los dones espirituales recibidos por Cristo, es ofreciendo el Santo Sacrificio del altar, la Santa Misa.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Cada vez que se celebra, la Santa Misa nos invita a testimoniar a Dios este reconocimiento de su gloria manifestada en Cristo Jesús. Debemos reconocer que somos profundamente ingratos, no solo con nuestros benefactores, sino ante todo con Dios, que nos ha bendecido por encima de toda capacidad de nuestra razón, en Cristo Jesús, en su Santo Sacrificio del Calvario, renovado incruenta y sacramentalmente cada vez, en el altar eucarístico, en la Santa Misa. No se trata de un agradecimiento puramente sensible y afectivo: es necesario que tomemos conciencia de nuestra total dependencia de su Amor en todos los bienes que componen la trama de nuestra vida, tanto temporal, como la vida eterna a la que estamos destinados y cuyas puertas han sido abiertas para nosotros gracias a la Sangre del Cordero derramada en el Calvario y recogida en el Cáliz de la Santa Misa, en el altar eucarístico.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Ahora bien, la Santa Misa no es solamente una Acción de gracias por los beneficios recibidos: damos gracias a Dios, a través de la Santa Misa, debido a la inmensidad y majestuosidad de la gloria divina de la Santísima Trinidad. La “Gloria in excelsis” que se manifiesta en esta expresión, no es solo la oración de la Misa inspirada para agradecer los dones recibidos, sino ante todo inspirada por el deseo de agradecer a Dios por su inmensa gloria. La alegría que la contemplación de las grandezas de Dios hacen nacer en los corazones de los cristianos es tan esencial a la Santa Misa, que el nombre original de la Misa fue el de “Eucaristía”, es decir, “acción de gracias”. Cristo se nos dona en el Pan eucarístico como memorial de su Pasión para que al mismo tiempo demos gracias a Dios por el hecho de que Él ha creado el mundo y lo que contiene, en vistas del hombre y del mal en el que hemos nacido y del cual nos ha liberado, al reducir a la impotencia a los Principados y a las Potestades, por medio de Aquel que voluntariamente soportó el sufrimiento de la Pasión. Nunca dejemos de dar gracias a Dios, no solo por los innumerables bienes recibidos a través de Cristo, sino principalmente por la inmensidad de su gloria, de su divinidad y de su majestad.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Francois Charmot, La Messe, source de sainteté, Editorial Spes, París 1959, 34.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Hora Santa en reparación por la profanación de la Catedral de San Luis Argentina 011123

 


¿Umbandistas y espiritistas pidiendo por la paz? ¿Cómo el demonio puede dar la paz? 
Es una incoherencia total y absurda.

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación de la Catedral de San Luis, Argentina, ocurrida en el marco de la Jornada Mundial por la Paz impulsada por el Vaticano. En dicho encuentro “interreligioso” se convocó a referentes de cultos y credos como los umbandistas, los espiritistas de la Escuela Científica Basilio (cuyo “culto” consiste en el trato con espíritus infernales, únicos que pueden responder a sus invocaciones, al igual que los umbandistas) y un representante del bahaísmo (secta que propugna la unidad de las religiones al estilo masónico). Además de la incoherencia radical que significa invocar a demonios para pedir la paz, en la bendición final a cargo de un prelado católico, se omitió deliberadamente el Nombre Tres veces Santo de Nuestro Señor Jesucristo, por lo que esta Hora Santa es también para reparar esta afrenta cometida contra Nuestro Señor Jesucristo, el Hombre-Dios, el Único que puede dar la verdadera y única paz del espíritu, la paz de Dios. Para mayores detalles acerca de esta profanación, consultar el siguiente enlace:

https://www.infocatolica.com/blog/caritas.php/2310290452-338-obispado-de-san-luis-paz

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Afirma un autor que con relación a la gracia se debe considerar que solo esta se puede “tener”, porque a quien le es concedida la gracia, por parte de Dios, se le es concedida sin dependencia de otro hombre nacido. Esto porque los demás bienes no solo están en las manos de sus poseedores el tenerlos, porque el ladrón puede quitar los bienes aunque uno no lo quiera, o porque la desgracia puede terminar con dichos bienes, o porque la muerte puede apartarnos de los mismos, haciendo que no los tengamos, de lo que se sigue que ni el conservarlos a ellos ni incluso nuestra propia vida, está en nuestras manos, sino únicamente la gracia santificante[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Entonces, solo la gracia santificante es de tal condición, que está en la mano -voluntad- del hombre solamente tenerla y aunque le falte la vida, no le faltará la gracia si el hombre no lo quiere, pues Dios le concederá lo que le pide su corazón, si es para su eterna salvación y es de suyo que la gracia concede la eterna salvación.

 Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Es decir, independientemente de cómo sea la vida que el hombre lleve, no le faltará la gracia si el hombre no lo quiere, porque Dios Nuestro Señor se la concederá. La gracia no está sujeta ni al ladrón, ni al injuriador, ni a la desgracia, ni al tiempo, ni al demonio. La gracia santificante se la debe tener y con ella el hombre tendrá lo que tiene, porque a ella sola tiene y a ella sola se la puede querer, pues ella depende solo de si el hombre quiere conservarla consigo o no: si quiere conservarla, se apartará de toda ocasión de pecado; si quiere perderla, hará lo contrario.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Afirma un autor, en relación a la gracia: “Ten, pues, lo que tienes y mira qué tienes con la gracia: tienes el ser más que toda la naturaleza; tienes un ser divino; tienes ser más hermoso que los cielos; tienes ser hijo del Altísimo; tienes ser amigo de Dios; tienes la vida eterna; tienes los bienes necesarios para lo temporal; tienes verdadera hermosura; tienes al Espíritu Santo dentro de ti; tienes más que el mundo y tienes todo lo que se puede tener en el mundo. Cosas son estas para tenerlas y para no dejártelas sacar de las manos. Mira, pues, (el tesoro divino) lo que tienes y tenlo diligentemente”[2].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Continúa este autor: “Lo segundo que se ha de considerar es la razón que dio Nuestro Redentor, por qué has de tener lo que tienes; la cual es porque no reciba otro tu corona. No pensemos que hemos de tomar a Dios por necesidad, como si a Dios le hicieran falta otros para llenar el Reino de los cielos. Si tú le faltas y no quisieras salvarte, tiene Dios muchos a quien elegir y en quien depositar sus dones. Si tú no te aprovechas de sus gracias, te las quitará y dará a quien se aproveche con ellas y se salve en tu lugar. Dios Nuestro Señor no nos da su gracia para que nos quedemos ociosos, sino para que la logremos y obremos con ella, e incluso la multipliquemos”[3], como el siervo “bueno y diligente”, que recibiendo diez talentos los multiplicó y así acrecentó su gloria en la vida eterna. Conservemos y acrecentemos la gracia santificante, si fuera necesario, al precio de nuestra propia vida terrena. Y haz todo esto en el Nombre tres veces Santo de Nuestro Señor Jesucristo, engendrado eternamente en el seno del Padre, Dador del Espíritu Santo junto con el Padre.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 582.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 583.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 583.