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viernes, 27 de septiembre de 2024

Hora Santa en reparación por profanación litúrgica por parte de Cardenal de Malasia 290824

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por grave ultraje litúrgico cometido contra la Santa Misa por parte de Cardenal católico el 10 de junio pasado. En la denominada “Conferencia Episcopal Regional sobre Comunicaciones Sociales”, las eucaristías se celebraron en las mesas de reunión en forma de U. El cardenal Francis presidió o copresidió estas Eucaristías. Todo el clero se sentó, obviamente también durante la consagración. No fue necesario ningún misal para la Eucaristía del cardenal. En las mesas había teléfonos, folletos y botellas de agua. Para la Comunión, se pasó un cáliz con hostias para el autoservicio. El abuso litúrgico fue expuesto por “Veritate Fideles” en una red social (29 de agosto). Rechazamos rotunda y profundamente este ultraje a la Santa Misa y a la Eucaristía.

         Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         Afirma un autor que la Tercera Persona de la Trinidad Sacrosanta, el Espíritu Santo, se encuentra “por todas partes” en la Santa Misa: “El Santo Espíritu, según la liturgia de la Santa Misa, está en todos los actos, en todas las oraciones, en todos los símbolos, en todos los frutos (espirituales), por todas partes”[1]. Esto significa que la Santa Misa es un acto de amor de la Santísima Trinidad hacia los hombres, además de ser el Santo Sacrificio del Altar, el cual es, obviamente, también un acto de amor, el Supremo Acto de Amor, del Hombre-Dios hacia la Santísima Trinidad.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         La lección que se deriva de esto es que debemos vivir tanto en el Espíritu como en Cristo; de otro modo, dice San Pablo, vivimos bajo la esclavitud del pecado y de la carne. La Santa Misa nos ayuda a vivir en el Espíritu y en Cristo: “La Misa nos hace vivir por el Padre, para Jesucristo, en la unidad del Espíritu Santo y es esta la única manera en la cual podemos concederle a la Trinidad lo que la Trinidad merece, todo el poder, el honor y la gloria”[2].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         La Santa Misa, ofrecida por la Santa Iglesia, es la obra de Cristo Sacerdote Sumo y Eterno y es también obra del Espíritu Santo, por medio del cual Cristo es consagrado redentor glorioso y vivificador. Por esto mismo, la presencia y la acción del Espíritu Santo es real y actúa de principio a fin en el Sacrificio Redentor de Cristo: en su Concepción milagrosa y en su  Nacimiento, la unción del Espíritu Santo consagra la naturaleza humana de Jesús como sacerdote; el Espíritu Santo se manifiesta sobre Jesús en la Sinagoga, cuando lee al Profeta Isaías –“El Espíritu del Señor está sobre Mí”-; su Cuerpo es consagrado por el Espíritu como Víctima de sacrificio; el fuego que lo consume y con el que Él quiere encender el mundo es el fuego del Espíritu Santo; finalmente, dice San Agustín, Jesucristo es Sacerdote y Víctima, que se ofrece a Sí Mismo al Padre en el Amor del Espíritu Santo, por medio de la perpetuación del misterio del sacrificio cotidiano de la Iglesia, la Santa Misa[3].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         A su vez la Eucaristía, llamada también “Sacramento del Amor”, difunde este Amor del Corazón de Cristo Sacerdote, inmolado en el altar de la cruz y en la cruz del altar, para expandirse y difundirse por todos los corazones de su Cuerpo Místico, así como el corazón expande y difunde la sangre por las arterias haciendo llegar así esta sangre a los órganos. Y así como Jesucristo no hizo nada en la Pasión y no hace nada en el misterio eucarístico que no sea dictado e inspirado por el Amor Divino, así también los sacerdotes y los fieles, en virtud de este mismo Espíritu Divino, deben también obrar por amor y una muestra de esto es el ofrecerse a sí mismos, en unión con Cristo, como víctimas en la Víctima, por la redención de los hombres, siendo copartícipes del Sacrificio del altar.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         En la Santa Misa, el Espíritu Santo obra una triple santificación: a través del sacerdote ministerial, la Iglesia bendice el Cuerpo y la Sangre de Cristo sobre el altar, luego de la consagración, de manera que la Iglesia realiza esta ofrenda Purísima, desde el altar terreno, hasta el altar celestial, puesto que lo que ofrecen los sacerdotes y los fieles no es a otro que a Jesucristo sobre la Cruz; el Espíritu Santo bendice y santifica las oraciones que se elevan hacia la Majestad del Padre y es por eso que las oraciones finalizan diciendo: “In unitate Spiritu Sancti”, en la unidad del Espíritu Santo; finalmente, la tercera santificación que obra el Espíritu Santo en la Santa Misa, es sobre las almas, según lo dicen los Santos Padres: “El Espíritu Santo, debido a que es Santo por esencia, es el principio de toda santidad” (San Basilio). Es por esto que no es necesario que el Espíritu Santo sea nombrado del mismo modo que el Padre y el Hijo, puesto que está en todas partes[4]. Y quiere estar en nuestros corazones, por medio de la Comunión Eucarística, ya que el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús sopla el Espíritu Santo sobre los corazones de las almas que lo reciben en gracia, con fe, con piedad, devoción y amor.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Francois Charmot, S. J., La Messe, source de sainteté, Editorial Spes, París 1960, 51.

[2] Cfr. Charmot, ibidem, 51.

[3] Cfr. Charmot, ibidem, 53.

 

[4] Cfr. Charmot, 58.

jueves, 22 de agosto de 2024

Hora Santa en reparación por exposición satánica en iglesia francesa

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por la exposición explícitamente demoníaca y por lo tanto blasfema, llevada a cabo en la iglesia parroquial de San Aubin en Épinay, archidiócesis de Rouen, Francia, entre los días 29 de junio y 01 de julio de 2014. La exposición constaba de dibujos y esculturas demoníacos, los cuales representan la abominación de la desolación y la muerte, la revolución y el odio contra Dios, en un lugar -la Iglesia- en el que se celebra la Santa Misa, en donde se hace Presente el Dios Viviente, Cristo Jesús en la Eucaristía y por eso el ultraje y la blasfemia inaceptables, que de ninguna manera podemos aceptar. Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace:

https://religionlavozlibre.over-blog.com/2024/08/diocesis-francesa-clausura-una-exposicion-demoniaca.html

Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

La Encarnación del Verbo de Dios, de Dios Hijo, de la Segunda Persona de la Trinidad, supone para nosotros una fuente infinita de gracias, desde el momento en el que en Jesucristo, al unirnos a Él por la gracia santificante, nos convertimos en Hijos de Dios, en miembros de su Cuerpo Místico y en sus coherederos[1], un privilegio jamás concedido antes de la Encarnación del Verbo a nadie, ni siquiera a los ángeles, un privilegio que deifica a la naturaleza humana, tal como lo dice el mismo Señor Jesús: “Sean perfectos como Dios, vuestro Padre” (cfr. Mt 5, 48).

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

La Encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad procura a Dios una gloria infinita, según Santo Tomás de Aquino, gloria que resulta ser la consecuencia de un acto de amor infinito -por parte de Dios Hijo encarnado hacia Dios Padre, en el Amor del Espíritu Santo-, que así repara todas las obras del pecado del mundo caído luego del Pecado Original. Y esto es así, porque nada es más digno del Sumo y Eterno Bien que comunicarse a Sí mismo a las creaturas, aún cuando las creaturas sean pecaminosas.

 Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Este principio -la auto-comunicación de Dios al hombre pecador- lo expone San Francisco de Sales en su “Tratado del Amor de Dios”: “Dios conocía eternamente que Él podía hacer una cantidad innumerable de creaturas, en diversas perfecciones y cualidades, a las cuales Él se podía comunicar”. Este don de Sí mismo sería más perfecto si se hiciera por la Encarnación: “Así como el Padre comunica toda su infinita e indivisible divinidad al Hijo, produciendo así al Espíritu Santo, de la misma manera (la Persona del Hijo) se comunicó a una naturaleza creada -la naturaleza humana de Jesús de Nazareth-, uniéndose ambas naturalezas, la humana y la Divina, pero sin confusión, guardando cada una sus propiedades, unidas ambas en la misma y única Persona del Hijo (unión hipostática)”[2]. Por eso es que Jesús no es un hombre más entre tantos, ni tampoco un hombre simplemente santo, ni siquiera el más santo entre los santos, sino que es Dios Tres veces Santo, el Dios que Es la Santidad Increada en Sí misma.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Si bien nosotros, en cuanto creaturas humanas, debemos dar gloria a Dios por ser Él Quien ES, Dios de infinita majestad y gloria, esa acción de gracias, realizada por nosotros mismos, es absolutamente inferior a la que Dios se merece. Para que Dios reciba la gloria y la acción de gracias que Él se merece, viene en nuestro auxilio, por así decirlo, la liturgia[3] eucarística, por cuanto la misma nos revela que, prolongando su Encarnación en el Santísimo Sacramento del Altar, Jesús Sacramentado, a través de su Esposa, la Iglesia, rinde honor y gloria a Dios en el tiempo y en el espacio, en todo tiempo histórico entendido como devenir histórico y en todo espacio geográfico de nuestra tierra, allí donde está la Iglesia y allí donde la Santa Iglesia celebra el Santo Sacrificio del Altar, la Santa Misa.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

La Eucaristía aumenta todavía más -aún más, sin medida- la glorificación que cada creatura, cada ser humano -yo, en persona, como persona humana-, puedo dar a la Trinidad, porque por medio de la Encarnación y por medio de la prolongación de la Encarnación, que es la Eucaristía, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, deciden llevar a cabo el Misterio Pascual de la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección del Verbo Eterno del Padre, tanto para salvar a toda la especie humana, como si fuera para una sola persona, es decir, para mí solamente, entendido como ser persona en particular. El Verbo no solo se encarna, sino que además se dona como alimento celestial que nutre el alma con la substancia super-abundante y sobrenatural de la naturaleza divina trinitaria; yo lo hago mío según mis disposiciones de gracia y hago míos todos los bienes sobrenaturales que la Carne inmolada y la Sangre derramada del Cordero de Dios comunican a Su Cuerpo Místico. De esta manera la Santa Iglesia Católica glorifica a Dios por medio de la Santa Misa, que es una Acción de Gracias por antonomasia y por partida doble, por la Encarnación, que se prolonga en la Eucaristía y por el Amor esencial que por este medio sacramental -el Santísimo Sacramento del Altar- quiere comunicarse del modo más entera y perfectamente posible a su Cuerpo Místico, al ser recibido por la Eucaristía Jesús, el Cordero de Dios.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré, y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Francois Charmot, S. J., La Messe, source de sainteté, Editorial Spes, Francia 1959, 40.

[2] Cfr. Charmot, ibidem.

[3] Cfr. Charmot, ibidem, 41.


viernes, 18 de agosto de 2023

Hora Santa en reparación por ultraje al Nombre Tres veces Santo de Nuestro Señor Jesucristo

 



         Inicio: un autor, al cual no conocemos, publicó un libro titulado: “Solo un Jesús marica puede salvarnos”. Debido a que esto constituye un ultraje al Nombre Tres veces Santo de Nuestro Señor Jesucristo, no podemos callar ni permitirlo, por lo que ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por esta blasfemia.

         Canto de entrada: “¡Oh, Buen Jesús, yo creo firmemente!”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         Si deseamos saber si estamos o no en gracia, son los santos quienes nos dicen qué es lo que debe hacer un cristiano para asegurarse de estar en gracia: el uso devoto de los Sacramentos, con obras santas de misericordia, con la oración que implora el auxilio divino frente a la tentación; el desprecio del mundo, entendido el mundo como dominio del Anticristo; la mortificación perfecta de los sentidos; la oración continua, dando preponderancia a la Adoración Eucarística, la Santa Misa y el Santo Rosario y finalmente, el odio visceral al pecado, acompañado de un ardiente amor de Dios y del prójimo[1].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         El cristiano se debe alegrar del hecho de poder recibir la gracia y acrecentarla, ya que fue Nuestro Señor Jesucristo quien nos conquistó la gracia para nuestra salvación, con el Santo Sacrificio del Calvario, Santo Sacrificio que se renueva cada vez, sacramentalmente, en el Ara del Altar Eucarístico. Lo que debe hacer el cristiano es hacer caso de lo que recomienda San Pedro, quien nos dice que podemos hacer cierta la vocación a la gracia -señal de predestinación a la salvación eterna- y la elección a la gloria y esto lo debe hacer todo cristiano, sin detenerse hasta conseguir la gracia que gratuitamente se nos concede por medio de los Sacramentos.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         San Pedro nos aconseja que obremos cada uno el bien y con santas obras hagamos cierta nuestra elección, tal como sucedió con un monje, de quien escribe Ludolfo que habiéndole dicho un compañero suyo que le había Dios revelado que era del número de los que se habían de condenar, él respondió: “Bendito sea Dios por todo; yo no desesperaré con todo eso, sino que de aquí en adelante doblaré la penitencia y la tresdoblaré hasta que halle misericordia y gracia con Dios, que es Padre piadosísimo”. Días después tuvo su compañero una revelación verdadera, de cómo aquel monje se había de salvar y que era predestinado. Semejante confianza y ánimo hemos de tener de obrar siempre bien y mejor cada día, dejando a Dios hacer, que Él tendrá cuenta con nuestra salvación y no nos dejará de remunerar las buenas obras que hiciéramos[2].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Entonces, lo que hizo este monje -redoblar y tresdoblar la penitencia, la oración y las buenas obras-, es lo que debe hacer todo cristiano. El buen cristiano no debe actuar temerariamente, como lo hacía un tal Ludovico -esto lo relata Cesáreo-, el cual, viviendo con libertad y reprendido por ello, decía temerariamente: “Si estoy predestinado, ningún pecado podrá quitarme el ir al cielo y si estoy predestinado al Infierno, ninguna obra buena me librará de él”. Este tal luego enfermó gravemente y llamó al médico, el cual le dijo: “Señor, si ha llegado el día en habéis de morir, mi medicina es inútil; y si no habéis de morir, tampoco es necesaria mi medicina, por lo tanto, no debo hacer nada para curaros”. El enfermo le dijo entonces: “¿Cómo respondéis así? Si no me curáis, podré morir antes. Entones el médico, que estaba interesado más en su alma que en su cuerpo, le dijo: “Entonces, si entendéis que por los medicamentos podéis recobrar la salud, ¿porqué no queréis entender lo mismo de la penitencia y obras de justicia, que son medicamentos del alma?”. Sin estas cosas morirá el alma y nunca llegará a la salud y salvación eterna. Fue entonces que el hombre se dio cuenta de su propio auto-engaño y le agradeció al médico el haberle curado, siendo que era Dios quien obraba a través del médico[3].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         El Padre Gregorio Valencia dice así: “Si eres predestinado, has de obrar bien, porque Dios vio de antemano que habías de obrar bien; y si no obras bien, es señal de que no eres predestinado y así, para que hagas cierta tu predestinación, obra bien”. Esto es lo que quiere decir San Pedro en las Escrituras: “Andad solícitos de hacer cierta vuestra vocación y elección por buenas obras; y si no eres predestinado sino réprobo y señalado para ir al Infierno, la causa es porque obrarás mal. Para que no sea verdad que no eres predestinado, vive santamente en todo tiempo, para que no partas de esta vida cargado de pecados, cosa que puede acontecer en toda hora; porque no podrás acabar mal la vida y condenarte si siempre obrases el bien[4], en nombre de Cristo, Dios Tres veces Santo.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 

        



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 578.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 579.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 580.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 580.


viernes, 23 de junio de 2023

Hora Santa en reparación por ultraje y sacrilegio contra Nuestro Señor Jesucristo en Indonesia 180623

 



Hora Santa en reparación por ultraje y sacrilegio contra Nuestro Señor Jesucristo en Indonesia 180623


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ultraje cometido contra Jesús crucificado en Indonesia. El ultraje consistió en un inaceptable sincretismo pagano, mostrando irreverentemente a un “Jesús danzante”, que danza para agradecer a los dioses paganos la fertilidad y las buenas cosechas; además, se ofendió a Nuestro Señor al colocársele una bufanda amarilla en señal de respeto a Alá, colocando claramente a Nuestro Señor, Segunda Persona de la Trinidad, en una posición inferior a “Alá”, el falso dios musulmán.


Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.


Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).


         Al ser crucificado Jesús, los Apóstoles lo abandonaron, dejándolo solo y este abandono fue muy difícil de soportar para Jesús, porque se sentía tan solo, que hasta le parecía que incluso Dios Padre lo había abandonado, aun cuando Dios Padre no lo abandonó en ningún momento y este abandono tan difícil de sobrellevar fue lo que lo llevó a decir: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”.


         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.


Segundo Misterio.


Meditación.


         Sin embargo, si los Apóstoles lo abandonaron y si Dios Padre no lo abandonó, pero no hizo sentir su Presencia al punto de pensar Jesús que el Padre lo había abandonado, había Alguien que no lo abandonó nunca, Alguien que lo acompañó por todo el Via Crucis y que estuvo con Él todo el tiempo, al pie de la Cruz y ese Alguien fue María Santísima, la Virgen de los Dolores.


         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.


Tercer Misterio.


Meditación.


         Por esta razón, todos los católicos, que se consideran hijos de la Virgen, deben estar, junto con Ella, arrodillados al pie de la Cruz, adorando la Preciosísima Sangre del Señor y besando sus pies clavados al madero. Pero no solo debemos adorar a Nuestro Señor, junto a la Virgen, sino que también debemos asociarnos a Ella para beber, junto con la Virgen, el amargo cáliz del gran abandono de Jesús[1].


         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.


Cuarto Misterio.


Meditación.


         Al pie de la Cruz, no están los amigos y los discípulos, no están todos aquellos que, de una u otra manera, recibieron dones, milagros, gracias y toda clase de bienes de parte de Jesús[2]. Es la Virgen la que busca, con su mirada dolorosa de Madre, a alguno que pueda ofrecérsele para aplacar su dolor: “He buscado consoladores, pero no los he encontrado”. Ofrezcámonos, por medio de la Virgen, para ser los que, con su pequeñez y con su nada, unidos a la Virgen, demos consuelo a Jesús Crucificado.


         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.


Quinto Misterio.


Meditación.


         Al pie de la Cruz no están las multitudes que con sus “hosannas” aclamaban a Jesús, tampoco la muchedumbre que lo recibía con alegría porque resucitaba sus muertos, les expulsaba los demonios, les multiplicaba los panes y peces. Pero sí están sus enemigos, cegados por el odio deicida, alimentado por los jefes religiosos, por aquellos que debían recibirlo con amor y humildad y en cambio lo crucifican con odio y crueldad. Acompañemos a la Virgen, arrodillados ante la Cruz, para consolar a Jesús con el pobre consuelo de la nada de nuestro corazón humano.


         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).


“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.


Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.


Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.


 



[1] Cfr. Stefano Gobbi, A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen, Editorial Nuestra Señora de Fátima 1992, 204.


363.


[2] Cfr. Gobbi, ibidem, 363.


Hora Santa en reparación por ultraje a la Iglesia Católica por parte de varones disfrazados de mujeres en Estados Unidos 200623



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la burla sacrílega realizada contra la Santa Iglesia Católica y contra sus consagrados, por parte de varones feminizados, es decir, travestidos de mujer, a través de una agrupación blasfema llamada “Hermanas de la Indulgencia perpetua”.

Canto de entrada: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

El cristiano, más precisamente, el católico, debe vivir, en el tiempo que le queda por vivir en la tierra, en la plena confianza en el amor misericordioso del Padre y en la acción de su Madre del cielo[1], la Virgen Santísima, la Madre de Dios. El católico debe vivir en el tiempo, no según el tiempo que se mide cronológicamente, sino en el tiempo de gracia divina que significa cada latido del Corazón Inmaculado de la Virgen Santísima.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Todos los santos de todos los tiempos, vivieron según esta confianza, la confianza en el Amor Misericordioso del Padre, que se dona a través del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Dios Omnipotente se sirve de esta confianza para obrar en lo más profundo del ser del hombre, de sus hijos adoptivos, de los bautizados y ha obrado, aun cuando humanamente, para sus hijos, parecía todo perdido y así, en estas condiciones, Dios siempre ha vencido. Por eso la confianza en el Amor Misericordioso del Padre es esencial para la vida del bautizado.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

La Virgen Santísima es modelo y ejemplo de esta confianza que espera aun contra toda esperanza humana, aun cuando todo parece perdido, desde el punto de vista humano. La Virgen confió en el Amor Misericordioso de la Santísima Trinidad y así llegó a ser la Virgen y la Madre del Verbo, que nos a este Verbo, que se había encarnado en sus entrañas virginales, Nuestro Señor Jesucristo, en Belén y continúa donándonos a su Hijo en la Sagrada Eucaristía, cada vez, en la Santa Misa.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

En nuestros días el mal, personificado en la persona angélica de Satanás y anidando en lo más profundo del ser humano, a causa del pecado original, se ha apoderado de prácticamente todo el mundo y de prácticamente toda la humanidad, incluidos numerosos miembros de la Santa Iglesia Católica y esta realidad, que se puede constatar que día a día se profundiza cada vez más, puede llevar al desaliento y a la pérdida de confianza en el obrar divino, pero la Virgen nos alienta a que no miremos este mal, que como una nube densa y negra aumenta cada día más, introducida incluso en la Iglesia por Satanás, sino que elevemos nuestra mirada a su Inmaculado Corazón, en el cual mora el Divino Amor, el Espíritu Santo, que será quien triunfe al final de los tiempos.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

La Virgen Inmaculada triunfará con el Amor de su Inmaculado Corazón, pero es necesario que, hasta que se lleve a cabo este triunfo, que es el triunfo de Dios sobre todo mal, sobre el Ángel caído y sobre la maldad humana, una purificación[2], porque solo el corazón purificado por el fuego de la tribulación y también por el fuego de la gracia divina, puede resplandecer con el brillo del Ser divino trinitario. No busquemos fechas; consagrémonos al Inmaculado Corazón de María y refugiémonos en él, seguros de su Triunfo Final.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.



[1] Cfr. Stefano GobbiA los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen, Editorial Nuestra Señora de Fátima 1992, 204.

[2] Cfr. Gobbi, ibidem, 205.