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viernes, 17 de julio de 2026

Hora Santa en reparación por imagen demoníaca de San La Muerte en Santiago del Estero, Argentina 050526

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la imagen demoníaca de San La Muerte erigida en Santiago del Estero, Argentina. Para mayor información acerca de este demoníaco ídolo, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/photo?fbid=122109113276699985&set=a.122094816686699985   

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio de la Hora Santa y del rezo del Santo Rosario (misterios a elegir).

Primer Misterio.

Cuando los poderosos de la tierra quieren agraciar a sus vasallos conceden a estos, en la totalidad de los casos, bienes de valor finito, limitado, aun cuando estos bienes sean considerados bienes del mayor valor que pueda ser considerado en la tierra. Sin embargo, Dios, en su ilimitada bondad, concede a sus hijos adoptivos, los hombres, un bien que es de valor infinito y este bien es la gracia santificante[1].

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Segundo Misterio.

Afirma un autor que “la nueva naturaleza que nos confiere la gracia posee el privilegio único de ser en cierto modo algo infinito, como participación que es de la naturaleza infinita de Dios”[2]. La razón por la cual es, por así decirlo, “necesario”, de que la gracia sea “infinita”, es “sacar” a la naturaleza humana de su marco natural para “permitirle la visión de Dios en su esencia infinita”. Una naturaleza limitada, finita, no puede contemplar lo infinito: “No se concibe que esto -la contemplación de Dios, que es infinito, N. del R.- sea posible sin que ella -la naturaleza humana- contenga algo del poder infinito de Dios -en este caso, la gracia santificante-. “En tal supuesto, su valor iguala en cierta manera al bien infinito que confiere”, afirma nuestro autor, Scheeben y en esto reside el valor inapreciable de la gracia santificante que nos confieren los Sacramentos de la Iglesia Católica.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Tercer Misterio.

La acción de la gracia en el alma tiene como efecto la superación sobrenatural de la naturaleza humana. En efecto, tal como afirma un autor[3], “las criaturas, sin excepción, tienen en su perfección un límite del que no pueden pasar. Cuando se ven libres de toda escoria, les es imposible seguir perfeccionándose. Cada planta llega a una altura determinada en donde se detiene. Los diversos animales crecen hasta que sus cuerpos se desarrollen y se forme su organismo; una vez alcanzado ese término, no les es posible seguir avanzando; cuando han vivido su tiempo, comienza su decadencia y sobreviene la muerte”. Este mismo límite natural lo posee el hombre: “Las mismas criaturas racionales, según su naturaleza, tienen un límite en la línea de la perfección: progresan mientras se desarrollan sus fuerzas naturales; como éstas son limitadas, también el desarrollo se detendrá en un punto determinado”. Pero este límite natural lo supera la gracia, elevando infinitamente a la naturaleza humana. Dice así Scheeben: “Sólo la gracia desconoce fronteras. Rayo de la naturaleza divina que cae sobre nuestra alma, no conoce otra medida y limitación que la infinidad de Dios y, por tanto, puede crecer de día en día, a cada instante, y enriquecerse sin cesar; nunca traspasará sus límites, pues no los tiene. Siempre será gracia y participación de la naturaleza divina. Se hace más y más lo que es y lo que debe ser”. Solo la gracia, comunicada por los Sacramentos, puede elevar al hombre para que deje de ser hombre y sea Dios por participación, es decir, solo la gracia santificante puede divinizar al hombre.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Cuarto Misterio.

Así como nada puede poner límites al amor sobrenatural, así también sucede con la gracia, puesto que la misma se origina “en el poder eterno e infinito de Dios”, siendo “una participación de la infinita santidad divina”. Nuestra naturaleza tiene una capacidad limitada, pero una vez que es elevada sobre su condición, aumenta infinitamente esa capacidad”. Dice así Scheeben: “Toda medida de gracia que recibe lo hace apto para una medida ulterior mayor todavía; todo aumento prepara un nuevo aumento; cuanto más sube, más se hace susceptible de seguir creciendo. En cierto sentido la gracia es infinita. La nueva naturaleza que nos confiere la gracia posee el privilegio único de ser en cierto modo algo infinito, como participación que es de la naturaleza infinita de Dios”[4].

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Quinto Misterio.

Al meditar en el efecto de la gracia sobre la naturaleza humana, esto es, la deificación, se comprende porqué los santos de todos los tiempos la prefirieron antes que todos los tesoros del mundo y hasta incluso la propia vida. La gracia es un tesoro que aumenta y se multiplica hasta el infinito, sin límites, aunque esto necesita de la colaboración del hombre: “Una acción sobrenatural cualquiera efectuada en estado de gracia y toda utilización de la gracia ya poseída, máxime cuando la hacemos fructificar, nos hacen acreedores ante Dios de un aumento de nuestro tesoro. De nosotros depende pues el duplicarlo en poco tiempo. En la proporción en que la gracia aumenta, crece también el capital y se multiplica”. Lo que aumenta la gracia en nuestras almas son la recepción frecuente de los Sacramentos -ante todo, Confesión Sacramental y Eucaristía- y las obras de misericordia corporales y espirituales. Hagamos el propósito de no solo evitar cualquier pecado, que quita la vida de la gracia, sino el de vivir en gracia e incrementar esta gracia día a día, hasta el encuentro definitivo con Nuestro Señor Jesucristo en el Último Día.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por las intenciones del Santo Padre y por las Almas del Purgatorio.

Canto de salida: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.

 

 

 



[1] Cfr. Matthias Joseph Scheeeben, Las maravillas de la gracia, 131.

[2] Cfr. ibidem.

[3] Cfr. ibidem.

[4] Cfr. ibidem.


martes, 14 de octubre de 2025

Hora Santa en reparación por profanación a Nuestra Señora de la Merced por parte del Ayuntamiento de Barcelona 310725

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la sacrílega profanación llevada a cabo contra Nuestra Señora de la Merced por parte del Ayuntamiento de la ciudad española de Barcelona. Para mayor información, consultar el siguiente enlace: https://www.youtube.com/shorts/NEFMGqkKGkk

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio de la Hora Santa y del rezo del Santo Rosario (misterios a elegir).

Primer Misterio.

La gracia santificante, comunicada por Cristo a nosotros a través de los sacramentos, nos concede una dignidad y magnificencia nuevas, la dignidad y magnificencia de la divinidad que la humanidad de Cristo posee en virtud de su unión personal con el Verbo y que a su vez se comunica a todos los miembros del linaje, precisamente a través de la participación por los sacramentos[1]. Recibiendo los sacramentos, recibimos la dignidad y magnificencia del Hijo de Dios, Jesucristo y por este hecho debemos eterna acción de gracias al Señor.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Segundo Misterio.

Jesús, el Salvador del mundo, tiene dos cuerpos, por así decirlo: su Humanidad Santísima, es decir, la suya propia, tal como fue apropiada por el Verbo en su hipóstasis siendo así el Cuerpo propio del Verbo; por otra parte, tiene el Cuerpo Místico, que son los hombres regenerados por la gracia del Hijo de Dios encarnado. Por ser Cristo el Hijo de Dios encarnado, es el  Jefe de la humanidad, siendo nosotros somos sus miembros y de la misma manera a como Él posee derecho a la gracia, también tenemos nosotros por Él derecho a recibirla. De esta manera la gracia llega a ser la propiedad del género humano, la cual es poseída por la humanidad como un don que le viene de su Jefe divino[2]. Cristo es la Vid celestial, la Vid Verdadera, de la cual brota la Savia que es la gracia santificante, repleta de la vida divina y así nosotros somos los sarmientos que se nutren de esta vida divina trinitaria.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Tercer Misterio.

Dice así San León: “Cristiano, reconoce tu dignidad[3]; reconoce que, como cristiano, en naturaleza y en dignidad aventajas a los ángeles. Estos tienen parentesco con Dios, aquellos participan de la naturaleza divina. Tú lo eres doblemente, puesto que Dios adoptó además tu naturaleza. Si pudieran estar celosos estos espíritus santos y puros lo estarían. “Dios no asumió ni a los ángeles ni a los arcángeles, sino la posteridad de Abrahán; se nos ha dado mirar a Dios como a uno de nosotros; ellos no pueden alegar semejante distinción; podemos asimismo llamarle hermano nuestro. “Serían insensatos los que prefirieran ser más bien ángeles que hombres”, dice el venerable monje Job”. Los ángeles, siendo superiores a nosotros en inteligencia y naturaleza, y estando exentos los sufrimientos y de la muerte, no tienen sin embargo a Dios Hijo Encarnado por hermano y, como dice un autor, “Aún cuando nosotros estemos expuestos a tantas asechanzas, el honor que Dios nos hiciera cargando con nuestra pobre naturaleza y todas nuestras miserias es como para que nos consolemos. ¡Sería el colmo de la irreverencia despreciar tal honor!”. Y nosotros agregamos que no solo es para nuestro consuelo, sino para rendir honor y adoración de gracias por toda la eternidad al Cordero Bendito de Dios.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Cuarto Misterio.

San León continúa así: “Cristiano, esfuérzate por no profanar tu dignidad divina. Que no se diga de un hermano de Cristo lo que no conviene ni a un hombre ni a un ángel, sino tan sólo a un demonio. Pertenece por entero, con todos tus pensamientos, tus palabras, tus obras, a aquél que, entrando en nuestra carne, nos adoptó como suyos. Sigamos la exhortación de san Juan Crisóstomo: “Honremos nuestra cabeza; consideremos cuyos miembros somos. Procuremos aventajar en virtud a los ángeles y los arcángeles, ya que Dios, al asumir nuestra naturaleza, la asumió por entero”. El santo continúa explayándose en este sentido para finalizar con esta pregunta: “¿Es posible que el cuerpo del que Él es la cabeza sea echado a los demonios y profanado por ellos sin que ni siquiera nos conmovamos?”.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Quinto Misterio.

Por medio del bautismo, recibimos el carácter sacramental, como signo y prenda de nuestra unión con Él. A partir del Bautismo, ya no nos pertenecemos, sino que pertenecemos a Cristo pero al mismo tiempo Cristo nos pertenece; somos verdaderamente cristianos, en el sentido de que somos en cierta manera el mismo Cristo, puesto que formamos con Él un solo cuerpo. Por el carácter indeleble recibido, este nos da derecho a la gracia de Dios, puesto que el cuerpo de Cristo debe estar lleno de la vida gloriosa de Cristo, así como el cuerpo de un hombre debe estar lleno de la vida que le da el alma. Pero el derecho lo poseemos con la condición de comportarnos como Cristo lo desea. El pecado es lo contrario a la vida de la gracia, la vida de Cristo; es una gran falta, porque arroja la gracia de nuestra naturaleza; pero es mucho mayor todavía, porque a un miembro de Cristo arrebata su vida celestial. Despreciar la gracia, rechazarla, dejarla de lado con indiferencia y ligereza, es vendernos al demonio y esto es tanto más culpable cuanto que dicha gracia nos pertenecía en propiedad y cuanto que, por el carácter sacramental, teníamos la garantía de Cristo de que ningún poder del cielo ni de la tierra sería capaz de despojarnos de ella. San Gregorio Nacianceno nos enseña a combatir los ataques del demonio para así preservar y perseverar en la gracia: “Si te tienta por el orgullo, si en un instante te muestra todos los reinos del mundo como si le pertenecieran y te los ofrece a condición de que le adores, desprecia a este miserable, confía en el sello que llevas impreso en tu alma y dile: “Soy la imagen de Dios, pero no como tú un caído, por el orgullo, de la gloria celestial; estoy revestido de Cristo, adórame”. Quedará vencido con estas palabras y lleno de confusión volverá a las tinieblas”. Si perdemos la gracia, todo está perdido para el alma. Nuestro único temor debe ser el separarnos de Cristo; nuestro único deseo, el unirte a Él perfectamente por la gracia. “Considerémoslo todo como sombra, vanidad, quimera”, dice san Gregorio Niseno, “pues en comparación de la gracia nada significa”.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por las intenciones del Santo Padre y por las Almas del Purgatorio.

Canto de salida: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.

 

 



[1] Cfr. Matías José Scheeen, Las Maravillas De La Gracia Divina, 26-28.

[2] Cfr. Scheeben, Mysterien des Christentums, c. VII: El misterio de la Iglesia y sus sacramentos. Principalmente el $ 84: Naturaleza mística y significación del carácter sacramental.

[3] Sermón 21, De la Navidad del Señor, c. 3.


miércoles, 14 de mayo de 2025

Hora Santa en reparación por profanación de iglesia católica al bendecir a practicantes de vudú en el templo San Pablo, Brasil 260125

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación de un templo católico en San Pablo, Brasil, por parte de un sacerdote católico, al impartir de modo inadecuado -y por lo tanto, cometiendo un sacrilegio- a practicantes de una espiritualidad satánica como es el vudú.

Canto de entrada: “Oh, Buen Jesús, yo creo firmemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Cuando observamos la diversidad de las criaturas, vemos que unas son más perfectas que otras, de manera que todas forman una escala armónicamente graduada en cuyo término Dios ocupa el único lugar transcendente. Hay cuerpos sin vida, como las piedras y los metales; otros poseen una vida primitiva, como las plantas; luego los animales tienen además sensibilidad y movimiento; finalmente, el hombre posee la razón, mediante la cual puede conocer y amar seres que carecen de cuerpo. Sobre el hombre se encuentran los espíritus puros, invisibles a nuestra vista, cada uno de los cuales tiene su perfección propia; a estos seres los llamamos “ángeles” y estos se dividen a su vez en ángeles caídos, los que se rebelaron contra la Santísima Trinidad y los ángeles de Dios, los que se mantuvieron fieles. Por último, en un puesto infinitamente más elevado se encuentra la naturaleza divina; ninguna criatura se le parece en espiritualidad; ninguna tiene en sí capacidad para contemplar a Dios tal como es, ni de sumergirse en él por el amor. Comparadas con el sol divino, las otras naturalezas no pasan de ser tinieblas y son incapaces de reflejar naturalmente la perfección divina[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Esta naturaleza divina, por el infinito poder de su caridad, atrae a la nuestra, la adopta en su seno por la gracia, sumergiéndola como se sumerge el hierro en el horno. Es por esta acción de la gracia, recibida en el Bautismo Sacramental, que pertenecemos a la raza de Dios, como la palmera al reino vegetal y el león al animal. Por increíble que pueda parecer y aunque no seamos capaces de entenderlo -y tampoco de agradecerlo como se debe-, por la gracia conseguida por el Sacrificio en Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, la promesa divina, “Seréis como dioses”[2], se hace realidad, puesto que la gracia nos diviniza, sublimando nuestra naturaleza humana en partícipe de la naturaleza divina.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Si Dios eligiera, de entre todos los hombres y todos los ángeles, una sola alma para comunicarle el resplandor de la dignidad divina, esta alma haría palidecer la hermosura del sol, de la naturaleza entera y de todos los espíritus puros; dejaría sin palabras y llenos de admiración, no sólo a los mortales, sino hasta a los mismos ángeles, quienes se verían como tentados de adorarla, como si fuera el mismo Dios en persona. Siendo esto así en la realidad, por la gracia santificante, ¿cómo es posible que hagamos tan poco caso de este mismo bien, siendo así que se nos dispensa con tanta prodigalidad? ¿Cómo puede ser que no solo la ignoremos a la gracia, sino que tengamos preferencia por su exacto opuesto, el pecado? ¿Puede ser posible tanta ingratitud por parte nuestra?

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Cuando queremos conseguir algo, ya sea por ambición, o por amor propio, o por deseo de alcanzar dinero o vanagloria mundana, no dejamos esfuerzo por hacer, para acercamos a aquellos que el mundo llama “grandes”. Y, sin embargo, ¡despreciamos la intimidad de Dios, la participación en el gozo y en el Amor Divino que Dios nos concede con tanta liberalidad! También sucede que cuando alguien es echado del consejo del rey queda avergonzado e inconsolable. Sin embargo, es inconcebible que para nosotros no resulta en absoluto, ni una amarga pérdida, ni mucho menos una herida incurable el vernos privados, por el pecado mortal, de la compañía de Dios, del Amor infinito y eterno de su Sagrado Corazón, el no pertenecer ya a su raza, el ser expulsado de su familia. De hecho, Dios mismo desprecia al que desprecia la comunión con su bondad, con su divinidad; semejante hombre se hace enemigo de su propio honor, de su razón, de sí mismo y de Dios. esta ingratitud de nuestra parte se hace todavía más agraviante para con Dios cuando sabemos, porque así nos dicen los teólogos que, al concedernos la gracia, Dios no solo nos comunica la dignidad divina sino también la perfección divina y es por esta gracia que nuestra alma se parece sobrenaturalmente a Dios.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Las palabras de San Cirilo de Alejandría, en relación a qué tipo de acción divinizante realiza la gracia santificante en nuestras almas, son contundentes. Dice así el santo: “Somos participantes de la naturaleza divina por la unión con el Hijo y el Espíritu Santo; no sólo de nombre, sino en realidad, cuantos hemos creído somos semejantes a Dios, pues hemos sido revestidos de una beldad que sobrepasa la de cualquier criatura. Cristo se ha formado en nosotros de una manera inefable y no como una criatura en otra, sino como Dios en la naturaleza creada, transformando, por el Espíritu Santo, la creación, esto es, a nosotros mismos, en su imagen, elevándola a una dignidad sobrenatural”. Es decir, la gracia nos hace real y verdaderamente participantes de la naturaleza divina trinitaria, nos hace semejantes a la Trinidad, haciendo de nosotros nuevas creaturas. De esto resulta inconcebible e incomprensible que despreciemos e ignoremos a la gracia santificante que nos comunican los Santos Sacramentos. Hagamos el propósito, si por lo pronto no reconocemos y agradecemos el don del infinito Amor Divino que la gracia implica, de al menos apreciar este don y elevar plegarias de adoración a la Santísima Trinidad por un don tan inefable y tan inmerecido de parte nuestra.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “La Virgen María nos reúne en Nombre del Señor”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 


sábado, 15 de marzo de 2025

Hora Santa en reparación por misa negra realizada para consagrar a Satanás al Capitolio de Kansas, EE.UU., el 280325

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por la misa negra satánica programada por el grupo satanista “The Satanic Grotto”, cuyo objetivo es “consagrar el Capitolio a Satanás”. En el evento, denominado por sus organizadores “Black Mass Capitol”, se realizarán rituales blasfemos y se proclamará la siguiente consigna: “Dios caerá y Kansas será abrazado por la llama negra de Lucifer”. Puesto que toda misa negra satánica y toda alabanza al Ángel caído es una grave ofensa al Hombre-Dios Jesucristo, el Único Dios a quien se debe honor, adoración y alabanza, consideramos inaceptable este evento sacrílego y proponemos realizar esta Hora Santa en reparación por el mismo. Para mayor información acerca del evento programado por el grupo satanista, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/events/1572332443394459/?acontext=%7B%22event_action_history%22%3A[]%7D

Canto de entrada: “Oh, Buen Jesús, yo creo firmemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Nunca debemos apartarnos de la vida sacramental, es decir, de la recepción de los Santos Sacramentos de la Iglesia Católica, puesto que los mismos nos conceden la gracia santificante y, por la gracia, nos hacemos partícipes de la naturaleza divina y esta participación nos hace semejantes a Dios[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Según afirman los teólogos, en todos los seres se verifica una participación de la naturaleza divina. Todos ellos se asemejan a Dios más o menos en su vida, en sus fuerzas o en su actividad y manifiestan así la gloria divina. De igual manera que el Apóstol, podemos también nosotros contemplar la gloria invisible de Dios en las cosas creadas. Por ejemplo, en la majestuosidad del león, si bien de manera infinitamente remota, nos podemos dar una idea de la infinita majestuosidad del León de Judá, Cristo Jesús.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Ahora bien, las cosas creadas, aun cuando sean maravillosas por haber sido creadas con la sabiduría, la perfección y el amor de la Trinidad, son solo una débil expresión de la gloria de Dios: los vestigios que dejan tras de sí podríamos compararlos con a la huella dejada por el pie del hombre en tierra blanda. Esa huella acusa el paso del hombre: no pasa de ser una imagen de su pie; no refleja la naturaleza del hombre. De manera análoga sucede con la Creación: Dios es espíritu; los seres materiales, como obras de sus manos, le dan gloria, proclaman su sabiduría y su poder, pero no representan su naturaleza. Podemos entonces preguntarnos: si una simple huella de Dios, es tan magnífica y deslumbrante, ¿cómo será Aquel que dejó la huella?

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Algo distinto sucede con nuestra alma y con los ángeles, que son espíritus puros, puesto que contienen ya una cierta imagen de la naturaleza divina, desde el momento en que son racionales, espirituales, libres. Sin embargo, estas naturalezas son finitas, sacadas de la nada, de una especie del todo distinta de la naturaleza divina. Vienen a ser algo así como la imagen de un hombre que en el lienzo reproduce un artista: dicha imagen no nos hace ver la figura, los rasgos, el color de la persona representada; siempre será inferior a la imagen reproducida por un espejo, puesto que la persona aparece aquí con su verdadero aspecto, su verdadera luz, con toda su belleza, su frescura, su vida. Del mismo modo, la naturaleza racional es del todo semejante a la divinidad, cuando se convierte en espejo inmaculado, cuando la refleja en toda su belleza. Penetrada y glorificada por el ardor divino, queda como transformada en Dios, queda verdaderamente deificada, divinizada, como un cristal que concentra los rayos solares, como el parhelio[2], imagen del sol.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Cuando decimos que nuestra alma participa de la naturaleza divina afirmamos que recibe la condición propia de Dios: en tal forma se vuelve semejante a su Creador que puede decirse, con los Padres, que está verdaderamente divinizada. Escribe San Dionisio: “La divinización es la asimilación y la unión más íntima posible con Dios”. Otro tanto nos enseña San Basilio: “El Espíritu Santo es fuente de un gozo sin fin que consiste en la asimilación de Dios. ¡Convertirse en Dios! Nada puede apetecerse de más bello”. No se trata pues de una identificación de nuestra sustancia con la sustancia divina, ni de una unión personal, hipostática, como la de Cristo, sino de una transfiguración de nuestra sustancia en la imagen de la naturaleza divina. De consiguiente para ello no hace falta que nos convirtamos en dioses falsos. Lo que Dios es por su naturaleza nos hacemos nosotros por gracia, por participación: somos su imagen sobrenatural, un reflejo de la gloria propia de Dios[3]. Y esto lo tenemos al alcance de los Sacramentos. ¡No nos alejemos nunca de los Santos Sacramentos, sobre todo la Penitencia y la Eucaristía!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “La Virgen María nos reúne en Nombre del Señor”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Matías José Scheeben, Las maravillas de la gracia divina, Editorial Desclée de Brower, Buenos Aires 1951 29.

[2] Fenómeno meteorológico que consiste en la aparición de manchas de luz en los puntos de intersección de un halo circular con otros arcos luminosos (Enciclopedia Universal Herder).

[3] Cfr. Scheeben, ibidem, 30.


domingo, 9 de marzo de 2025

Hora Santa en reparación por misa negra satánica en Catemaco México 070325

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el horrible sacrilegio cometido en el pueblo mexicano de Catemaco, en el que se celebran con suma frecuencia sacrílegas “misas negras”, a cargo de siniestros brujos, hechiceros y magos al servicio del Ángel caído, Satanás. Para mayores detalles acerca de esta abominación que clama al Cielo, consultar el siguiente enlace:

https://www.infocatolica.com/blog/infories.php/2503070956-misa-negra-en-catemaco-mexico

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         El amor de la Santísima Trinidad hacia nosotros los hombres es tan incomprensible, que no solo ha dejado en nuestras manos, en el sentido de nuestro libre albedrío, sino también ha facilitado en grado sumo, al punto de bastar acceder a los Sacramentos, el hacernos partícipes de su vida divina, de su Amor Trinitario, de su naturaleza celestial. ¡Y somos tan necios que dejamos de lado la gracia de los Sacramentos, por la nada y el barro del oro del mundo!

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Si a alguien se le ofreciera, en un supuesto caso, adquirir la inteligencia, la hermosura, la perfección de los ángeles, que aun siendo creaturas creadas por Dios no dejan de ser admirables, este tal, de ninguna manera dejaría pasar la ocasión de adquirir tales perfecciones, porque mucho antes que pensar en las perfecciones de una naturaleza superior, como la angélica, envidiamos las cualidades y perfecciones de naturalezas inferiores a la nuestra, a la naturaleza humana, porque si de nosotros dependiera, adquiriríamos la fuerza del león, la velocidad del leopardo, el vuelo del águila, etc. Si esto es así, debe causarnos una profunda vergüenza el comprobar cómo los esplendores infinitos y eternos de la naturaleza divina están a nuestro alcance y apenas con un pequeño esfuerzo de nuestra parte y aun así los desaprovechamos[1]. ¿Dónde está nuestra fe en los Santos Sacramentos de la Santa Iglesia Católica, que nos conceden la participación en la vida divina trinitaria?

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Supongamos, dice un autor[2], que Dios resumiera en un solo hombre todas las maravillas de la Creación; supongamos que este hombre fuera más fuerte que el león, más hermoso que la aurora, más refulgente que el sol, más radiante incluso que los querubines. Supongamos que ese tal aventurara todos esos bienes en una jugada de dados. ¿Quién contemplaría sin estremecerse tamaña locura? Pero nosotros demostramos poseer una locura en grado mayor cuando vendemos nuestra intimidad con Dios, cuando regalamos por nada el esplendor del sol divino, la fuerza de las virtudes divinas a la carne miserable, hija de la corrupción, hermana y madre de gusanos. Por eso, debemos pedir a los ángeles de paz que lloren la profanación de tantos tesoros divinos, por parte de los hombres desagradecidos.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Aquellos que tienen todavía los ojos puros y el alma sana, guarden con honor su dignidad; están en el deber de amar con todas las fibras de su corazón a su Padre, el Padre de las luces. Si los planetas pudieran darse cuenta de su belleza, se mostrarían reconocidos al sol, ya que gracias a la luz recibida de él se convirtieron en su imagen resplandeciente. Si cada quien expresa su amor a su semejante, ¿no debemos elevarnos de la tierra hacia Dios con un pensamiento de parentesco y semejanza, ya que hemos recibido este parentesco con Dios por la gracia?

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Los católicos debemos tomar ejemplo de algunos de los filósofos paganos pre-cristianos, porque ellos, esclarecidos por la sola razón natural, tenían un gran aprecio por la dignidad humana: para ellos, el hombre constituía una obra maravillosa, era el corazón del mundo, el rey de la creación[3]. Si el hombre, a la luz de la razón natural, encarnada en los más lúcidos filósofos paganos pre-cristianos, aparecía tan grande y majestuoso, ¿qué será entonces a la luz de la fe, ya que por la gracia se convierte en hijo adoptivo de Dios, partícipe de la vida del Ser divino trinitario, heredero del Reino de los cielos? Abramos los ojos del alma y sigamos el consejo de San Juan Crisóstomo: “Os ruego y os suplico que no permitáis que los más bellos dones del cielo (aquéllos que hemos recibido por la gracia de Cristo) aumenten a causa de su misma grandeza, el pecado de nuestra negligencia”.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “La Virgen María nos reúne en Nombre del Señor”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 

 



[1] Cfr. Matías José Scheeben, Las maravillas de la gracia divina, Editorial Desclée de Brower, Buenos Aires 1951 29.

[2] Cfr. Scheeben, ibidem, 29.

[3] Cfr. Scheeben, ibidem, 30.