viernes, 13 de septiembre de 2013

Hora Santa en reparación por los que obran el Mal en las más variadas formas


         Inicio: Ingresamos en el Oratorio, nos postramos en Presencia de Jesús Eucaristía, y pedimos a María Santísima su intercesión, para poder unirnos a la adoración que los ángeles y santos tributan en los cielos al mismo Jesús que está oculto en la apariencia de pan. Ofrecemos esta Hora Santa en reparación por quienes obran el Mal en las más variadas formas.

         Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo; Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman” (tres veces). 

         "Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén".


         Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

         Meditación

         Jesús Eucaristía, Rey de cielos y tierra, Tú eres el Creador del universo; Tú, en concurso con Dios Padre y Dios Espíritu Santo, creaste todo lo que es y existe, y por Ti todo se mantiene en el ser y en la existencia; toda la Creación Te glorifica, porque todo lo hiciste con Sabiduría infinita y con Amor eterno; Tú diste a la naturaleza sus leyes, porque eres el Supremo Legislador, y todo lo que es y existe vive en armonía perfecta porque proviene de Ti, y Tú todo lo haces con perfección suma. Jesús, Supremo Legislador, Supremo Juez de las conciencias y de las naciones, que  vendrás en el Último Día de la humanidad a juzgarnos según nuestras obras, venimos ante Tu Presencia sacramentada para pedirte perdón y reparar por aquellos legisladores humanos que promueven y practican leyes perniciosas, leyes que atentan contra la dignidad de la persona humana, leyes que destruyen las almas y truncan vidas enteras bajo el pretexto de bien, leyes inventadas por los hombres, que se oponen a tu Sabiduría y Amor, leyes que contrarían tus preceptos, que exaltan el pecado, que promueven el desorden moral, leyes que abren las puertas del Abismo a centenares de miles de almas. Apiádate, oh Juez eterno, de estos legisladores humanos que contrarían tus designios divinos, y concédeles, por intercesión de María, Abogada nuestra, la gracia de la conversión. Amén.

         Silencio para meditar.

         Meditación

         Jesús Eucaristía, Tú eres la santidad en Persona; de tu Ser trinitario emana la santidad como de su fuente inagotable; Tú eres el Dios Tres veces Santo, ante quien los Arcángeles, los Querubines, los Tronos, las Dominaciones, las Potestades, inclinan sus frentes en señal de profunda adoración; Jesús Eucaristía, Tú nos has hecho partícipes de tu santidad por medio de la gracia bautismal, depositándola en nuestra alma como una semilla, para que por la fe y las buenas obras crezca y se convierta en robusto árbol que dé frutos abundantes de conversión y misericordia; Te pedimos perdón y reparamos, por nosotros y por nuestros hermanos, por las veces en que hemos dejado de lado el camino de la santidad para caminar por los caminos del mundo, caminos que nos alejan del Calvario y de la Cruz porque la mundanidad es lo opuesto a tu santidad, a la santidad que quieres ver brillar en nuestras almas. Jesús, Te pedimos perdón por las veces en que nos hemos resistido a seguir tus huellas, por las veces en que te hemos abandonado, por las veces en que nuestro amor ha sido superficial, pasajero, puramente emotivo pero no surgido desde lo más profundo del corazón. Jesús, Te pedimos perdón y reparamos por la mundanidad de las almas inmersas en el mundo y sus pecados, almas que no quieren convertirse, almas que se dejan atraer por los vanos atractivos de este mundo corrupto, en vez de seguir el Camino Real de la Cruz, señalado con las huellas ensangrentadas, Camino enrojecido por la Sangre preciosísima que brota de tus heridas abiertas. Jesús, ten piedad y misericordia de nosotros y de nuestros hermanos, sobre todo de aquellos atrapados en la mundanidad y el pecado, y haz que deseen la santidad que eres Tú en Persona. Amén.

         Silencio para meditar.

         Jesús Eucaristía, Rey de Amor, que creaste al hombre como ser libre, imprimiéndole en esta libertad el sello más profundo de tu imagen en su alma; Jesús, que nos concedes la gracia de ser hijos de Dios, y con esta gracia, nos concedes la verdadera libertad, la libertad que consiste en amarte a Ti, Nuestro Rey, Nuestro Creador y Redentor; Jesús, que nos liberas de la trampa mortal que significa el pecado, el error y la ignorancia, al darnos tu gracia y revelarnos la Verdad divina, Verdad que es la única que nos hace libres; Jesús, que das a los bienaventurados, como premio a la perseverancia final en la gracia, el gozar para siempre de la libertad de los hijos de Dios en los cielos, Te pedimos perdón y reparamos por aquellos hombres que privan de la libertad a sus hermanos, ya sea físicamente, por medio del secuestro, o bien mentalmente, recluyéndolos en la cárcel mental y espiritual construida por medio de las ideologías sectarias, te pedimos por estos secuestradores, para que tomen conciencia de lo perverso de su obrar, para que cambien prontamente y se arrepientan, antes de que los llames en tu Presencia y sean conducidos ellos a las prisiones del Mundo de las tinieblas, al abismo infernal. Te pedimos perdón y reparamos por estas almas que ejercen de carceleros en esta vida, porque si no cambian y se convierten, será privados para siempre de su libertad y su carcelero será el Ángel caído. Apiádate, oh Jesús, de estas almas entenebrecidas, y concédeles la gracia de la conversión, para que cambien sus corazones de acero por corazones de carne, corazones que vivan en el temor de Dios y en el amor al prójimo, corazones que vean en sus prójimos otras tantas imágenes vivientes de Ti. Amén.

         Silencio para meditar.

         Jesús, Dios eterno e inmortal, que das pruebas de tu existencia a cada momento, en todo tiempo y lugar, pues todo lo que es y existe, es y existe porque Tú le diste el ser y porque Tú lo mantienes en la existencia; Jesús, que das pruebas de tu existencia en el amor humano puro y santo, como el amor esponsal, el amor materno y paterno, el amor fraterno, porque Tú eres el Amor en sí mismo, y de Ti procede todo amor santo; Jesús, que das prueba de tu existencia en la Creación, porque todo ha sido creado con suma perfección científica y a la vez con suma hermosura y gracia; Te pedimos perdón y reparamos por nuestros hermanos ateos que, enceguecidos por perversas ideologías, no quieren verte, con lo cual cierran, para ellos mismos y para muchas otras almas, el camino para su eterna salvación y felicidad. Jesús, Te pedimos por los científicos ateos, que contrariando a la razón, niegan Tu existencia, porque es contrariar a la razón negar que exista un Dios que todo lo ha creado con suma precisión científica; Jesús, Te pedimos perdón y reparamos por los artistas ateos, que niegan Tu existencia, porque es una negación de la Belleza negar tu existencia, porque todo lo que existe ha sido creado por Ti con suma hermosura y gracia, porque nada puedes hacer que no sea hermoso y bello, como pálido reflejo de tu Hermosura sin límites. Jesús, reparamos por los ateos de todo el mundo, sobre todo aquellos que forman parte de nuestras familias, para que abran sus ojos y te descubran en la majestuosidad del cielo estrellado, en el amor de una madre, en la perfección infinita del macro y del micro universo. Concédeles la gracia de la conversión, para que se alegren en tu Presencia, en el tiempo y en la eternidad. Amén.

         Silencio para meditar.

         Meditación

         Jesús, Dios rico en misericordia, que siendo Dios y por lo tanto infinitamente rico en la inmensa riqueza de tu Ser trinitario, te hiciste pobre e indigente, al encarnarte en el seno virgen de María Santísima y así poder ofrendar tu Cuerpo en sacrificio para nuestra salvación; Jesús, que siendo Dios Tres veces Santo, no tenías necesidad de nada, pues todo te pertenece porque eres Rey del Universo, y sin embargo, al asumir nuestra naturaleza humana, te convertiste en indigente, para darnos a cambio la riqueza incalculable de la gracia divina en esta vida y la gloria en la vida eterna; Jesús, que quieres que no nos apeguemos a los bienes terrenos, sino que “atesoremos tesoros en el cielo”, y que compartamos los bienes materiales con los más necesitados, Te pedimos por aquellos hermanos nuestros que, movidos por la avaricia, despojan de sus bienes a los demás; Jesús, apiádate estos hermanos nuestros que han equivocado el tesoro y han apegado sus corazones a los tesoros de la tierra, el oro y el dinero, olvidando que los únicos bienes que hay que atesorar son las obras buenas hechas en tu Amor, porque sólo con estos bienes se podrá pagar la entrada al Reino de los cielos; Jesús, Te pedimos perdón y reparamos por quienes despojan de sus bienes a las viudas, a los huérfanos, a los desvalidos; Te pedimos por quienes se apropian de lo que no les pertenece, consiguiendo triunfos mundanos –electorales, artísticos, científicos- a costa de la mentira y el fraude, el engaño y el robo; Te pedimos perdón y reparamos por estas almas que, si quieren salvarse, deberán restituir todo lo que robaron, y si no lo hacen, lo lamentarán por los siglos sin fin en los Abismos más profundos del Infierno. Apiádate, oh Buen Jesús, Dios rico en misericordia, y haz que tu Madre, María Santísima, les obtenga de Ti la gracia de su conversión, a fin de que puedan devolver en su totalidad lo que no les pertenece, para que sean merecedores de la verdadera riqueza, el Reino de los cielos. Amén.

         Silencio para meditar.
        
         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo; Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman” (tres veces).

          "Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén".


         Canto de salida: “Los cielos, la tierra, y el mismo Señor Dios”.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Hora Santa pidiendo por la paz en Siria


          Inicio: Debido al peligro inminente de guerra en Siria, el Santo Padre Francisco ha pedido a toda la Iglesia una jornada de "ayuno y oración" para pedir el don de la paz y evitar lo que con toda seguridad se convertirá en una "inútil masacre" y en la puerta abierta para un conflicto más generalizado. En unión con el Santo Padre, acudimos ante la Presencia de Jesús Sacramentado para implorar la paz que sólo Él puede dar, y para pedir que la luz de la Sabiduría divina, que de Él procede como de su fuente, esfume las tinieblas de las mentes y corazones de los poderosos del mundo, que ven en la guerra y en la muerte de inocentes el único camino para solucionar las diferencias entre los pueblos. Rogamos también la intercesión de María Santísima, Reina de la paz, para que cambie los intentos homicidas de los hombres de guerra por los deseos de paz y bien de los hijos de Dios. Que San Miguel Arcángel, Jefe de la milicia celestial, nos asista en la oración, junto a nuestros santos ángeles custodios, para que la paz que brota de Jesús Eucaristía se esparza por todos los confines de la tierra, sobre todo en aquellos lugares más amenazados por la guerra .

          Canto de entrada: "Sagrado Corazón eterna alianza".

          Oración inicial: "Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman" (tres veces).

         "Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco los preciosísimos Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores".

          Meditación

          Jesús, Rey pacífico, Tú eres la paz en sí misma; Tú eres la verdadera paz, la paz que brota de tu Sagrado Corazón, que es el Corazón de Dios Trino; de Ti procede la paz profunda y sin límites, como un océano sin playas, la paz que nos concediste al reconciliarnos con Dios, al precio de tu Sangre; de Ti desciende la paz como un mar de infinita quietud, que hace reposar al alma en el seno mismo de Dios Trinidad; de Ti procede la paz que solo Tú puedes dar, la paz en la que viven los ángeles de luz que cantan de gozo en tu Presencia. No permitas, oh Buen Jesús, que los hombres aliados con el ángel caído, promotores de la guerra y de la muerte, triunfen sobre la paz que Tú das, la paz que eres Tú en Persona. Destruye sus planes de guerra, de desolación y de aniquilación, planes que siembran la muerte y el odio, planes que surgiendo del Príncipe de las tinieblas, se esparcen sembrando discordia y muerte entre los hombres. Que tu Madre, María Santísima, Reina de la paz, interceda para que la paz baje de Ti hacia los corazones humanos como un torrente inagotable de luz y de gracia y así los seres humanos vivamos no en la discordia, sino en tu paz y en tu Amor.

          Silencio para meditar.

          Jesús, Rey de la paz, Tú dijiste en el Evangelio: "La paz os dejo, la paz os doy, no como la da el mundo"; Tú nos das la paz, la paz de Dios, que es tu paz, la que Tú nos conseguiste al precio de tu Sangre, reconciliándonos con Dios; Tú derramaste tu Sangre en el Calvario para cancelar y destruir definitivamente el pecado que nos enemistaba con Dios, y al caer tu Sangre sobre nuestras almas, destruiste el pecado y nos concediste tu Espíritu de Amor, Amor que nos permite amar a Dios como Él se ama a sí mismo, y de esa manera dejamos de ser sus enemigos para ser sus hijos y amigos. Jesús, Tú quieres unirnos a todos los hombres en tu Sagrado Corazón, sede el Amor divino; infunde tu Espíritu para que, unidos a Ti y vivificados por tu gracia, todos los hombres formemos un solo Cuerpo y un solo espíritu en Ti y así, unidos en el Amor Santo de Dios, Te glorifiquemos en el tiempo y en la eternidad. Pídele a tu Madre, la Virgen, Reina de la paz, que por el infinito Amor que nos tienes, prepare los corazones para un Nuevo y Universal Pentecostés, para que descendiendo el Espíritu Santo en la Sangre que brota de tu Sagrado Corazón traspasado, arrebate este Espíritu de Dios, en el Amor divino, las mentes y corazones humanos y así todo el mundo glorifique y ensalce tu infinita Misericordia, en el tiempo y en la eternidad.

          Silencio para meditar.

          Jesús, Rey de la paz, con tu Cruz derribaste el muro de odio que separaba a los hombres y mediante el don del Espíritu Santo, quieres unirlos a todos en tu Cuerpo para conducirlos al seno eterno del Padre; Jesús, Rey pacífico, con tu Sangre derramada en la Cruz inundaste el mundo con la paz y el Amor de Dios, destruyendo la semilla de discordia y enemistad que crece en el corazón humano, semilla plantada y sembrada en él por el ángel de las tinieblas y cultivada por los hombres aliados a él; Jesús, con tu Sangre derramada en la Cruz restableciste la paz de los hombres con Dios y entre sí mismos al destruir la causa de la enemistad con Dios, el pecado; por tu Sangre derramada y por el dolor del Inmaculado Corazón de María, no permitas que los sembradores del odio y la división prevalezcan sobre los hombres, adquiridos por Ti al precio de tu Muerte en Cruz. Envía tu Espíritu Santo, para que desaparezcan para siempre, de la faz de la tierra y del corazón humano, la semilla de división y enfrentamiento entre los hombres, y haz que reine en ellos, como un anticipo de la alegría eterna del cielo, la armonía, la concordia, la mansedumbre y la paz de tu Corazón y del Corazón Inmaculado de María, Reina de la paz.

          Silencio para meditar.

       Jesús, manso y humilde de Corazón, cuya mansedumbre infinita te llevó a soportar toda clase de humillaciones en la Pasión, dejándote conducir a la muerte de Cruz, como un cordero que es llevado al matadero, infunde esa tu misma mansedumbre en los corazones de los hombres que, sin la paz que viene de Ti, se vuelven lobos de sus hermanos. Jesús, hoy el mundo se ha convertido en un lugar siniestro y oscuro, en donde se escuchan los gruñidos y aullidos de hombres violentos que con su violencia buscan despedazar a su prójimo con toda clase de obras malas; Jesús, manso Cordero de Dios, infunde de tu mansedumbre y de tu paz a todos los seres humanos, para que desaparezcan los lobos con forma humana y se conviertan en mansos y humildes corderos que, imitándote a Ti, Cordero de Dios, inmolen sus vidas en el altar eucarístico por la salvación del mundo.

          Silencio para meditar.

          Jesús, Rey pacífico, hoy suenan tambores de guerra, porque la guerra es vista por muchos hombres siniestros, como una forma de honrar, idolátrica y sacrílegamente, a Moloch, demonio de la guerra, presentándole, como ofrenda macabra, la sangre de miles y miles de inocentes: Tú, Rey pacífico, que te inmolaste en la Cruz para darnos la paz de Dios, no permitas que triunfen sobre la humanidad los oscuros planes de muerte de los hombres sin Dios; Jesús, que en la Cruz destruiste con el Amor divino al odio que reina en el corazón del hombre, odio que lleva a inventar y a disparar toda clase de armas con las que los hombres se aniquilan entre sí, mira a nuestro mundo de hoy, en donde la producción y venta de armas es el principal y más lucrativo negocio, negocio que enriquece a hombres sin escrúpulos con dinero de sangre, dinero bañado en la sangre de hombres, mujeres y niños que pagan con su vida su inocencia y su pertenencia a Ti: por el dolor del Corazón de la Virgen, no permitas que la sed de dinero y poder prevalezca sobre tu Amor y tu Sangre, y derrama sobre los corazones humanos tu gracia santificante, que como agua la más cristalina, los limpie de toda mancha de pecado, sobre todo el pecado de la discordia y de la guerra, y haz que sus corazones se conviertan en otros tantos altares en donde te adoren a Ti, Rey de la paz.

          Silencio para meditar.

          Meditación final

         Jesús, Tú dijiste en el Evangelio que no se puede servir a Dios y al dinero, mira a nuestro mundo, que sirve al dinero y no a Ti, nuestro Dios, y para servir al dinero no duda en aniquilar, aplastar, destruir, con la fuerza de las armas, la vida humana creada por Ti; Jesús, Rey pacífico, haz que tu Madre, María Santísima, conceda a los hombres enceguecidos por el culto al dinero y a las armas, la gracia de la conversión del corazón, para que abandonando el culto idolátrico al dios de la guerra y al dios dinero, se postren en adoración a Ti, Único Dios verdadero, para que así, adorándote en el tiempo a Ti, Dios oculto en la Eucaristía, te adoren por la eternidad, cara a cara, en la Casa del Padre. Jesús, Rey de la paz, recibimos tu Amor y tu paz cada vez que oramos y cada vez que nos acercamos a los sacramentos; haz que por medio de María, Tu Madre y nuestra Madre, seamos capaces de donar a nuestros hermanos, en la convivencia diaria, la paz y el Amor que de Ti recibimos; que María conduzca nuestras vidas por el sendero de la paz y que seamos dadores de paz para todos nuestros prójimos, para que viviendo en tu paz, este mundo sea un anticipo del pacífico y alegre Reino de los cielos.

          Oración final: "Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman" (tres veces).

         "Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco los preciosísimos Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de vuestro muy amado Hijo y Señor nuestro Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores".
       
            Canto de salida: "Un día al cielo iré".

viernes, 30 de agosto de 2013

Hora Santa en reparación por los ultrajes cometidos contra el Inmaculado Corazón de María


          Inicio: Ingresamos al Oratorio, hacemos una genuflexión ante el Santísimo Sacramento del altar, como señal exterior de la adoración interior que tributamos en nuestros corazones al Dios de la Eucaristía. Nos postramos interiormente y nos humillamos ante la Presencia sacramental de Cristo Jesús. Hacemos silencio, tanto exterior como interiormente, porque es imposible escuchar la Voz de Dios, que nos habla desde la Eucaristía, en medio del bullicio y del estrépito. El silencio es un bien preciado, porque nos facilita el escuchar al Cordero de Dios que desde la Eucaristía nos habla con suave susurro al corazón. Escuchando al Dios de la Eucaristía, podremos luego escuchar a nuestro prójimo en su pedido de auxilio. Pedimos a María Santísima que sea Ella quien dirija nuestra oración, para que suba ante el trono de la majestad de Dios Uno y Trino, como suave perfume de agradable aroma. Pedimos también la asistencia de nuestros ángeles custodios, para que nuestra oración sea agradable a nuestro Rey y Señor, Jesús Eucaristía. Ofrecemos esta Hora Santa en reparación por los ultrajes y ofensas cometidos contra el Inmaculado Corazón de María.
          Oración inicial: "Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman" (tres veces).
          Canto de entrada: "Sagrado Corazón, eterna alianza".
          Meditación
          Jesús Eucaristía, te ofrecemos esta Hora Santa en reparación por aquellos hermanos nuestros que blasfeman contra tu Madre Amantísima, María. ¡No les tengas en cuenta este horrible pecado! Mira más bien aquello que te ofrecemos en reparación, tu mismo Corazón traspasado, y el Corazón Inmaculado de María Santísima, y por estos dones de valor inestimable que te ofrecemos, no les tengas en cuenta los horribles ultrajes que estos hermanos nuestros cometen contra tu Madre, sin darse cuenta de lo que hacen. Si supieran que María Santísima es la Flor de los cielos, que enamora al mismísimo Dios Uno y Trino, jamás osarían ultrajar su nombre. Si supieran que María Santísima es el Sagrario Viviente, elegido desde la eternidad por la Trinidad, a causa de su Pureza Inmaculada y su Belleza sin par, para alojar a Aquel a quien los cielos no pueden contener, y ante cuyo esplendor el astro sol no es más que una oscura sombra, nunca osarían profanar el santísimo nombre de María. ¡Apiádate de nuestros hermanos, extraviados a causa de las tinieblas que envuelven sus mentes y corazones, y a través de tu Madre conmueve sus corazones para que nunca jamás te ofendan y comiencen a alabarte en el tiempo y continúen haciéndolo por la eternidad!
          Silencio para meditar.
          Jesús Eucaristía, acepta la ofrenda de nuestros corazones contritos y humillados, tu mismo Corazón y el Corazón Inmaculado de María, en reparación por aquellos que niegan la virginidad de María Santísima, provocándote acerbos dolores y enormes penas. Queremos reparar el dolor que te producen las almas que blasfeman en contra de la virginidad de Madre Amantísima. En reparación por estas ofensas, renovamos pública y firmemente nuestra fe en la virginidad de María antes, durante y después del parto. Creemos firmemente que María fue concebida Pura y Limpidísima, sin la oscura mancha del pecado, y que esa Pureza Inmaculada de su Concepción hizo de Ella la Única creatura digna de recibirTe a Ti, Palabra del Padre, primero en su mente y en su Corazón, y luego en su Cuerpo virginal, convirtiéndose así en el Sagrario Viviente que deslumbra a los ángeles y hasta al mismo Dios a causa de su hermosura. Creemos firmemente que María Virgen jamás perdió su virginidad; que fue Virgen antes del parto, durante el parto y después del parto, y que permanece y permanecerá siempre Virgen por los siglos infinitos. Creemos que María Virgen fue en la Concepción y en el Parto como un diamante purísimo, y que así como este atrapa a la luz del sol y la encierra en sí mismo para luego irradiarla, asombrando a todos por el resplandor que emite, así la Virgen Santísima encerró en su Cuerpo Inmaculado, en su Útero virginal, a la Luz Eterna, Dios Hijo, y luego de revestirla con su propia carne y alimentarla con su propia sangre, como hace toda madre con su hijo, dio luego a luz a esta Palabra encarnada, que estando Ella arrodillada, salió de su vientre virginal así como un rayo de luz atraviesa un cristal, y así como el rayo de sol, cuando atraviesa el cristal, lo deja intacto, del mismo modo la Virgen, luego del Nacimiento virginal permaneció Virgen como antes del parto, y permanece y permanecerá Virgen por los siglos infinitos, como asombroso testimonio eterno del Amor trinitario. ¡Apiádate, oh Buen Jesús, de quienes niegan la virginidad de tu Madre, porque no saben lo que dicen!
          Silencio para meditar.
          Jesús Eucaristía, queremos reparar y pedirte perdón por aquellos que niegan en María Santísima su condición de ser Madre de Dios. No comprenden que Tú eres Dios Hijo, engendrado eternamente por el Padre y que te encarnaste en el seno de María Virgen sin dejar de ser Dios, para nacer virginalmente de Ella en el tiempo, como Hombre-Dios, como Dios Verdadero de Dios Verdadero, engendrado en la eternidad por el Padre y, como Hombre Perfecto, nacido en el tiempo de María Virgen. Ten piedad de nuestros hermanos, que no pueden apreciar la inmensidad del Amor trinitario, que para atraer a los hombres a sí mismo quiso manifestarse no en el esplendor de su poder y majestad, sino como un pequeño y desvalido Niño en brazos de su Madre. Ten compasión de quienes no aceptan ni honran a María como a tu Madre, como la Madre de Dios, porque al negarla como Madre tuya, oscurecen para sí mismos el misterio que asombra a los ángeles en el cielo, que el Amor de Dios Trino se manifieste a los hombres a través de una Madre Virgen, la Madre de Dios.
          Silencio para meditar.
          Jesús Eucaristía, Dios del sagrario, te pedimos perdón y reparamos por aquellos que niegan en María Santísima su condición de ser Mediadora de todas las gracias, con lo cual cierran para sí mismos la oportunidad de su propia salvación, porque fuiste Tú quien constituiste a tu Madre como celestial Dispensadora de tus dones. Apiádate de estos hermanos nuestros, Jesús, porque al negar a tu Madre como Medianera de todas las gracias, se comportan como sedientos que se niegan a beber de una fuente de agua pura y cristalina; al rechazar la Mediación de María, son como hambrientos que se niegan a servirse de un banquete suculento y substancioso, exponiéndose a una muerte segura. ¡Acepta, oh Jesús, nuestra humilde reparación y recibe como ofrenda tu propio Corazón y el Corazón Inmaculado de María, y haz que nuestros hermanos conozcan y amen a tu Madre y de Ella reciban todas las gracias necesarias para la eterna salvación!
          Silencio para meditar.
          Jesús Eucaristía, te pedimos perdón y reparamos por aquellos de nuestros hermanos que niegan en María Santísima su condición de ser Corredentora. Ten piedad de su ceguera, que les impide ver que Ella no solo te acompañó a lo largo del Via Crucis, sino que participó con su Corazón Inmaculado de todas tus penas y de todos tus dolores, convirtiéndose, por Ti y junto contigo, en Corredentora de los hombres, y de manera tal que nadie puede salvarse si no acude a Ti como Redentor y a tu Madre como Corredentora. Ten piedad, Jesús, de nuestros hermanos, que al negar a tu Madre niegan al mismo tiempo la salvación que viene de Ti, porque así como nadie puede salvarse fuera de la Iglesia, así tampoco nadie puede salvarse sin Ti, y nadie puede llegar a Ti si no es llevado en los amorosos brazos de tu Madre, la Virgen María.
          Silencio para meditar.
          Meditación final
          Jesús Eucaristía, debemos ya retirarnos, para continuar con los deberes de cada día. Nos vamos, pero dejamos en las manos purísimas de María nuestros pobres corazones, a fin de que Ella los custodie en su Inmaculado Corazón y los presente ante Ti, para que estén siempre ante tu Presencia. Ten piedad de nosotros y de nuestros hermanos, por quienes hemos ofrecido esta Hora Santa. Por el Inmaculado Corazón de María y por tu Sacratísimo Corazón Eucarístico, no mires nuestros pecados ni los de nuestros hermanos que, a causa de sus pecados, están envueltos en las tinieblas; compadécete, por tu gran misericordia, por tu infinita Bondad, por tu Eterno Amor, y concédenos, a ellos y a nosotros, que conozcamos y amemos cada vez más a tu Madre Amantísima, de modo que alcancemos de Ella las gracias que provienen de Ti, necesarias para la eterna salvación, para que podamos algún día, todos juntos, cantar tus alabanzas en tu Presencia, por toda la eternidad. Amén.
          Oración final: "Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman" (tres veces).

          Canto de salida: "Un día al cielo iré y la contemplaré ".

miércoles, 14 de agosto de 2013

La fuente de la fortaleza de los mártires


Cuando se contempla la vida de los mártires y, sobre todo, su muerte cruenta -que es lo que los ubica entre los mártires-, surge la pregunta de cómo es posible tanta fortaleza ante tanta adversidad. Efectivamente, cuando se considera que los mártires, con su muerte martirial, no solo pierden absolutamente todo lo que tenían en esta vida –desde lo menos valioso, hasta lo más valioso: bienes materiales, amigos, familia-, sino que pierden hasta la propia vida, sumado al hecho de que lo hacen en medio de las más terribles torturas y los más dolorosos tormentos que puedan imaginarse, se puede caer en la tentación de creer que son seres desafortunados, abrumados por la desgracia y la adversidad. Sin embargo, nada de esto es verdad. Los mártires, iluminados y movidos por el Espíritu Santo, dan el supremo testimonio de Cristo, Rey de los mártires, y esto los convierte en los seres más afortunados de entre los afortunados, porque el martirio les abre las puertas del Reino de los cielos y les granjea el paso hacia una eternidad de felicidad.
El hecho de “perderlo todo” –bienes materiales, amigos, familia-, lejos de constituir una pérdida –valga la redundancia-, significa una ganancia enorme, incalculable, inimaginable, porque Cristo Jesús devuelve el “ciento por uno y la vida eterna” al que “pierda la vida por Él” (cfr. Mt 10, 37-39). De esto se ve, entonces, que el martirio, lejos de ser una desgracia, es una gracia de valor inestimable, porque por él se adquiere la vida eterna.
Llegados a este punto, regresamos a la pregunta inicial: ¿cómo es posible tanta fortaleza ante tanta adversidad? La respuesta es una sola: porque los mártires reciben la fuerza no de la naturaleza humana, sino de la Naturaleza divina del Hombre-Dios Jesucristo, quien les comunica la gracia y, por ella, la vida divina.
Podemos entonces preguntarnos: ¿dónde puede el cristiano obtener fuerzas, frente a las adversidades de la vida? El ejemplo de los mártires nos lo dice: de Cristo Jesús, que para nosotros, se ha quedado en el Santísimo Sacramento del Altar, la Eucaristía.

Hora Santa en reparación por los pecados de la humanidad


         Inicio: ingresamos en el Oratorio, dejamos en la puerta de entrada toda preocupación mundana. Preparamos nuestro espíritu, acallando las voces exteriores, pero ante todo acallando nuestra propia voz interior. El silencio, tanto exterior como interior, es muy importante para escuchar la voz de Dios, que pasa “como un susurro”, porque “no está ni en el huracán, ni el temblor de tierra, ni en el fuego”, sino “en el susurro de una brisa suave”, como dice el profeta Elías en el monte Horeb (cfr. 1 Re 9.11-13). Buscamos recoger los sentidos y acallar los pensamientos de la mente, al tiempo que ofrecemos nuestro corazón contrito y humillado a los pies de Jesús Sacramentado, implorando a María Santísima que sea Ella quien lleve nuestras oraciones hasta el Corazón de Jesús. También pedimos ayuda a nuestros ángeles custodios, para que la oración sea agradable a nuestro Dios, el Dios de la Eucaristía. Ofrecemos esta Hora Santa en reparación por los pecados de la humanidad.
         Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo; te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
         Canto inicial: “Sagrado Corazón eterna Alianza”.
         Meditación
         Jesús Eucaristía, Divino Redentor, siendo Dios te hiciste hombre, sin dejar de ser Dios, para salvar a la humanidad por medio de la Cruz. Jesús, entregaste tu vida al Padre para que los hombres todos, desde Adán y Eva, hasta el último hombre, pudiéramos entrar en el Reino de los cielos. Tu amarga Pasión y tu dolorosa muerte en Cruz abrió para nosotros las puertas del Reino de los cielos; Tú te entregaste por todos, para que todos sin excepción fuéramos salvados de la eterna condenación. Y sin embargo, la inmensa mayoría de los hombres de hoy desconocen, por libre voluntad, tu vida y tu Pasión salvadora; la inmensa mayoría de los hombres de hoy quieren vivir no según los dictados de tu Sagrado Corazón, sino según los dictados del pecado y de la concupiscencia. La humanidad elige vivir según su pecado y no según tu gracia y esa es la razón por la que ha construido una civilización egoísta, hedonista, materialista y vacía de todo amor y valor. ¡Apiádate, oh Jesús, de la humanidad a la que Tú redimiste con tu Sangre! ¡Que la Sangre que brota de tu Sagrado Corazón traspasado, la inunde en el Amor de Dios!
         Silencio para meditar.
         Jesús Eucaristía, Tú diste tu vida en la Cruz, y entregaste tu Cuerpo y derramaste tu Sangre para que la humanidad se viera libre del pecado y del vicio; Tú permitiste que te acusaran injustamente, que te condenaran a muerte, que te golpearan, flagelaran, coronaran de espinas y te crucificaran, para que la humanidad se liberara de sus pasiones desordenadas, de sus apegos a todo aquello que le hace daño; Tú diste tu vida en la Cruz para que el hombre fuera libre y feliz en el cumplimiento de tu Voluntad, manifestada en los Diez Mandamientos. Sin embargo, los hombres de hoy no solo no quieren vivir según la virtud, sino que enarbolan los vicios y pecados como si fueran “derechos humanos”, como si fueran conquistas de la dignidad humana, y así dejan de lado tu Ley de Amor y pisotean tu Pasión y hacen vano tu sacrificio redentor. La humanidad prefiere vivir según los Mandamientos del Príncipe de las tinieblas, y así es como muchos se encaminan aceleradamente hacia la eterna condenación. ¡Jesús, Rey de Amor, te ofrecemos, por las manos de tu Madre amantísima, María, tu mismo Corazón, en reparación por los hombres que han hecho del pecado su ley!
         Silencio para meditar.
         Jesús Eucaristía, Tú que en cuanto Dios, eres Ser de infinita pureza, y en cuanto Hombre, posees en Ti mismo la misma infinita pureza del Ser divino; Tú, que eres llamado “Lirio de los cielos”, ante cuya hermosura y pureza los ángeles de luz palidecen y se postran en adoración; Tú, que al venir a este mundo quisiste nacer en un seno purísimo, que poseyera la misma pureza del seno del Padre en los cielos eternos, y para eso creaste para Ti a tu Madre Santísima, la Virgen María, Única digna de contener a quien los cielos no pueden contener; Tú, que derramaste tu Sangre en tu cruenta Pasión, para expiar por los pecados de impureza de los hombres y para concederles de tu misma gracia, para así hacerlos puros e inmaculados como Tú, de modo que pudieran presentarse ante el Padre como ofrendas agradables, ten piedad y apiádate de la humanidad, que ha hecho del vicio y de la impureza su modo de ser y de vivir; ten piedad de los hombres, que exaltan los vicios contra-natura y los celebran como verdaderas conquistas humanas; ten piedad de la humanidad que hoy legitima las leyes contrarias a la naturaleza humana, rindiendo así culto a Asmodeo, el demonio de la impureza, profanando sus cuerpos con toda clase de perversiones y convirtiendo sus corazones en nidos de demonios. ¡Oh Jesús Eucaristía, ten piedad de nosotros y del mundo entero, no mires nuestros pecados, sino el Corazón Inmaculado de María Santísima, triturado por nuestra malicia, y perdónanos!
         Silencio para meditar.
         Jesús Eucaristía, Tú eres la Vida Increada; de Ti procede toda vida; Tú, con el Padre y el Espíritu Santo, das vida a todo lo creado. Sin Ti, nada puede ser ni existir. La maravillosa vida de las creaturas irracionales, admirable en sí misma por haber salido de tus manos, es solo una pequeña muestra de tu divino poder. Sin embargo, en donde puede apreciarse la inmensidad de tu omnipotencia, la inconmensurabilidad de tu Sabiduría infinita y la ternura incomprensible de tu Amor eterno, es en tu Creación más preciada, la vida humana. En el hombre has puesto las delicias de tu Corazón, y lo amas tanto, que lo has creado a tu “imagen y semejanza”. La vida humana es imagen tuya; es tu semejanza; cuando ves al hombre, te ves a ti en cierto modo, porque en su Creación pusiste en acción todos los atributos de tu excelsa divinidad. Sin embargo, la humanidad, enceguecida, no puede ni quiere ver tu imagen y semejanza en sí misma, y es así que busca, movida por el “misterio de iniquidad”, su auto-destrucción, aprobando leyes inicuas que destruyen la más preciada obra de tus manos, el ser humano, ya desde el momento mismo de la concepción, aunque también busca eliminar esta vida en sus etapas finales y terminales. Los hombres de hoy destruyen la vida humana naciente por medio del aborto, y aniquilan la vida humana que está en sus períodos finales, por medio de la eutanasia, ofendiéndote a Ti, Dios de la Vida y Autor de toda vida creada, rindiendo así tributo y homenaje luciferino a Moloch, demonio destructor. ¡Apiádate, oh Jesús, de quienes, enceguecidos, no pueden ni quieren ver que la vida humana te pertenece a Ti porque eres su Creador, y que en cada aborto y en cada eutanasia, es a Ti a quien buscan, ciegamente, destruir, al destruir tu imagen! ¡Apiádate, oh Jesús, por tu infinito Amor y Misericordia, y acepta el perdón y la reparación que por nuestros hermanos extraviados te ofrecemos!
         Silencio para meditar.
          Jesús Eucaristía, Tú derramaste tu Sangre y diste tu vida en la Cruz y renuevas cada vez en la Santa Misa tu Santo Sacrificio redentor, para que el hombre fuera santificado por su gracia y así, con su mente iluminada y con su corazón purificado por Ti, amara y adorara al Único Dios verdadero, Dios Uno y Trino, y en este amor y adoración, fuera feliz en esta vida y en la otra, para siempre. Jesús Eucaristía, Tú te quedaste en la Hostia consagrada para que el hombre pudiera visitarte en tu prisión de Amor, el sagrario, y así pudiera amarte y adorarte, como anticipo del amor y adoración que ha de tributarte en la eternidad quien, por tu Misericordia, se salve. Sin embargo, repitiendo el error del Pueblo Elegido que, en vez de adorar al Dios Verdadero se construyó un ídolo, el becerro de oro, y le erigió un altar para adorarlo idolátricamente, así la humanidad de hoy, en vez de adorarte a Ti en la Eucaristía, ha erigido una multitud de altares a ídolos falsos –el poder, el placer, el dinero, la música indecente, como la cumbia y el rock- y se postra ante los dioses del moderno neo-paganismo de la Nueva Era –ocultismo, orientalismo, esoterismo, religión wicca, satanismo-, sin advertir que además de ofenderte a Ti, que por los hombres derramaste tu Sangre en la Cruz, se dirigen por propia voluntad al Abismo del cual no se regresa. ¡Oh Jesús Eucaristía, te pedimos perdón y te ofrecemos reparación por tantos ultrajes y sacrilegios que se llevan a cabo continuamente a tu Sacratísimo Corazón, y también al Inmaculado Corazón de María!
         Silencio para meditar.
         Meditación final
         Jesús Eucaristía, debemos ya retirarnos, para regresar a nuestras diarias ocupaciones, pero dejamos a tus pies, nuestros corazones, para que permanezcan en tu Presencia en todo tiempo, noche y día, y le pedimos al Inmaculado Corazón de María que la adoración que realizamos en el tiempo sea un anticipo de la adoración eterna que, por tu Misericordia, esperamos tributarte por la eternidad en los cielos, junto a nuestros hermanos. Amén.
         Oración de salida: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo; te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         Canto final: “Los cielos, la tierra”.

miércoles, 31 de julio de 2013

“Alegraos conmigo, porque he encontrado lo que estaba perdido”


“Alegraos conmigo, porque he encontrado lo que estaba perdido” (Lc 15, 1-10). “Alegraos”, es el pedido-orden que da la mujer que encuentra la dracma perdida. “Alegraos”: les pide a los demás que compartan su alegría. En la alegría de esa mujer está representada la alegría de Dios: en la figura de la mujer que se alegra por encontrar una moneda de valor, está representada la alegría de Dios cuando un alma decide convertirse, dirigirse hacia Él. El motivo es que, cuando un pecador se convierte, empieza a ser posesión de Dios, ya que la conversión es la adhesión voluntaria a Dios, y es la adhesión más fuerte, porque depende de la voluntad, que se adhiere a su objeto –en este caso, Dios-, que le proporciona felicidad. Y Dios se alegra –Dios es alegría eterna e infinita, inmutable, que no cambia nunca en su estado de alegría eterna, pero se dice figurativamente que comienza a alegrarse, para poder nosotros hacernos una idea de la alegría de Dios, aún cuando no es cambiante, al modo humano-, y la razón de la alegría es que posee a un hijo suyo de un modo mucho más seguro y firme que antes de la conversión, ya que por la conversión, su hijo adoptivo ha decidido mantenerse unido a Él de modo voluntario, lo cual quiere decir por amor, lo cual representa un tipo de unión muy fuerte, según aquello de: “El amor es más fuerte que la muerte”. Por esto, la mujer alegre es una figura de la alegría de Dios cuando un pecador se convierte. 
Pero si la alegría de la mujer que encuentra la dracma perdida es una figura de Dios y de sus ángeles que en el cielo se alegran por la conversión de un pecador, es también la figura del alma que posee a Dios: “Dios es Alegría infinita”, dice Santa Teresa de los Andes, y no se contenta con que nosotros sepamos teóricamente, por la ciencia teológica, que Él es Alegría infinita. Dios Uno y Trino se dona a sí mismo en la Persona del Hijo de Dios encarnado, muerto en la cruz y resucitado, porque donde está una de las Personas divinas, están también las otras. Y el Hijo enviado por el Padre se dona en el Espíritu en la cruz y renueva el don de su ser divino en la Eucaristía, para que el alma que consume la Eucaristía se convierta en poseedor de la Trinidad, y por esa posesión se alegre con una alegría íntima y sobrenatural1, aún con lágrimas en los ojos por las tribulaciones que pudiera pasar en la vida diaria.
“Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma perdida”. Dios y sus ángeles se alegran por un pecador que se convierte, porque el hijo perdido vuelve al seno de la Trinidad; pero el alma que se convierte también se alegra, porque ella también encuentra una dracma perdida: las tinieblas del mundo y del pecado le habían hecho perder de vista la dracma, la Eucaristía, en la que se contiene a Dios Trino, causa y fuente de alegría sobrenatural y eterna; fuente inagotable de una alegría celestial, presente en lo más profundo del alma, aún cuando el alma deba sufrir por los diversos avatares de la vida. “Alegraos conmigo”, le dice Dios Trino a sus ángeles, porque he encontrado mi dracma perdida, mi hijo adoptivo que ahora está conmigo”. “Alegraos conmigo”, les dice el pecador convertido a sus amigos, “porque he encontrado la dracma perdida, Jesús, Dios Trino en la Eucaristía”.

viernes, 12 de julio de 2013

Hora Santa en reparación por los jóvenes que malgastan su vida en el vicio y la drogadicción


         Inicio: Entramos en el Oratorio, hacemos silencio y pedimos a María Santísima que lleve nuestras oraciones ante la Presencia del trono de Dios, Jesús en la Eucaristía. Pedimos también el auxilio de nuestros ángeles custodios, para que nuestra humilde adoración se una a la adoración que ellos tributan en el cielo al Cordero de Dios, Presente en Persona en el Santísimo Sacramento del altar. Nuestra adoración de hoy será en reparación por los jóvenes que malgastan sus vidas en el vicio y en la drogadicción, pidiendo por su conversión y su regreso a los sacramentos, fuentes de gracia y de vida eterna.
         Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
         Canto de entrada: “Sagrado Corazón, eterna alianza”.
         Meditación
         Oh Jesús, Divino Redentor, que estás en el sagrario como Prisionero de Amor, esperando nuestras visitas, y a cambio recibes de nuestra parte, indiferencia, ingratitud y frialdad; Tú eres el Dios eternamente joven, que reina en los cielos por la eternidad, ante el gozo y el éxtasis de amor de ángeles y santos; Tú, que en tu vida  terrena fuiste también joven, y diste tu vida en la Cruz en la flor de tu juventud; Tú que te ofrendaste al Padre como Joven puro y santo, porque eres el Dios Tres veces Santo, y nos concediste esta vida para que la ofrendáramos a Ti, en holocausto de amor y de acción de gracias, te pedimos perdón y reparamos por tantos jóvenes, llenos de salud y de vigor, que en vez de orientar sus jóvenes vidas hacia Ti, las malgastan en el vicio y en el pecado, en la drogadicción y en la música perversa -entre las más perversas, el rock satánico y la cumbia-, caminos todos de oscuridad, de malicia y de negación del Amor divino, disfrazados de liberación, de diversión y de entretenimiento. Te suplicamos, Jesús, Redentor Divino, sopla sobre los corazones de estos jóvenes, perdidos en tinieblas de muerte, tu Espíritu de Amor divino, y concédeles la gracia de que te conozcan y amen a Ti, único Dios verdadero.
         Silencio para meditar.
         Jesús, Salvador de los hombres, que viniste a este mundo para dar tu vida divina en el sagrado Árbol de la Cruz, te pedimos por los jóvenes de nuestro tiempo, porque muchos de ellos son atraídos por los falsos dioses y los vanos ídolos que día a día se multiplican más y más; muchos jóvenes no te conocen y no te aman, no creen, ni esperan, ni adoran tu Divinidad, y en cambio son seducidos y atrapados por las modas vanas, por el materialismo, por la tecnología, por el cientificismo, por las apetencias de dinero, de poder y de sensualidad, y así, ya desde su temprana juventud, se desvían del Camino luminoso de la Cruz, el único camino que lleva al cielo, para desviarse por los tenebrosos senderos del mal, que conducen a la perdición eterna.
         Silencio para meditar.
         Jesús, Divino Maestro, te suplicamos por los jóvenes de hoy, que están siendo seducidos en número cada vez mayor, por hombres sin escrúpulos, que no dudan en destruir sus vidas, convirtiéndolas, de ramos verdes que crecen hacia arriba en busca del sol, en ramas secas y quebradas que caen por tierra para ser pisoteadas y quemadas; así es como muchos jóvenes han caído en los oscuros abismos de la drogadicción, la cual los sumerge en la degradación moral, en la perversión y en el libertinaje sexual, separándose así de sus familias, de sus seres queridos, comprometiendo para siempre su capacidad laboral y arruinando sus  vidas, truncando de modo irremediable los más hermosos proyectos de vida. Te pedimos por ellos, Jesús, y también por quienes, sin escrúpulos, los introducen en este mundo de tinieblas y de dolor, para que conociéndote te amen, amándote te adoren, y adorándote en esta vida, continúen haciéndolo por la eternidad. Amén.
         Silencio para meditar.
         Jesús, Dios del sagrario, vivimos en la época de la humanidad en la que abundan, como nunca antes en la historia, los brujos, los satanistas y los magos, que buscan la iniciación luciferina de la humanidad y su consagración a Satanás, el Príncipe de las tinieblas. Muchos, muchísimos niños, adolescentes y jóvenes, caen en sus garras infernales, ingresando en el mundo del ocultismo a través del tablero ouija, el juego de la copa, el tarot, la religión wiccana, sin saber que detrás de la curiosidad y la apariencia de juego inocente, se encuentra el Ángel caído, que pretende arrastrarlos al abismo para siempre. Oh Jesús, Tú eres el Dios verdadero, Tú los creaste, y los creaste para que se deleitaran en Ti y no para que adoraran idolátricamente al Espíritu del mal, el demonio. Por tu Sangre derramada en la Cruz, te pedimos por estos jóvenes, Jesús; sacude sus corazones, hazles saber de Ti, para que abandonando la oscura senda del Maligno, senda de la oscuridad, del error y de la muerte, te sigan a Ti, Camino, Verdad y Vida.
         Silencio para meditar.
         Jesús, Dios de la Eucaristía, te pedimos por los jóvenes que, por diversas circunstancias, venden sus cuerpos al mejor postor, profanándolo y profanando al Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, a quien pertenece el cuerpo del hombre por el bautismo. Muchos jóvenes profanan su cuerpo, templo del Espíritu Santo, porque llenan este templo con música profana, con diálogos y conversaciones impuras, con pensamientos, deseos y miradas de impureza; muchos jóvenes saturan sus cuerpos y sus cerebros con alcohol, drogas y toda clase de substancias tóxicas, dañándolo irremediablemente, pero sobre todo profanando al Dulce Amor de Dios, que gime con gemidos inenarrables al comprobar el estado de condenación en el que estos jóvenes se colocan, libremente, por propia decisión. Oh Jesús, te suplicamos por ellos, para que les concedas la gracia de conocerte y amarte; sólo así, convertirán a sus cuerpos, de templos ultrajados, en templos radiantes de luz de la gracia divina, templos en los que sólo se oirán cantos de alabanza a Ti, Dios verdadero, y de amor fraterno a los hombres; templo que exhalará el exquisito perfume de la pureza y de la castidad; templo que tendrá al corazón por altar y sagrario de la Eucaristía, y cuya Puerta será el Inmaculado Corazón de María.
         Silencio para meditar.
         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
         Canto de salida: “El trece de Mayo”.