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viernes, 2 de febrero de 2024

Hora Santa en reparación por representación de Cristo LGBT en Sevilla 270124


 


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la representación de un Cristo resucitado con aspecto lejos de la piedad cristiana y afín a la ideología LGBT.

Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         En la Sagrada Escritura se pueden encontrar señales de que está el alma predestinada a morir en gracia, es decir, a salvar su alma por la eternidad y a evitar por lo tanto la eterna condenación en el Infierno[1]. Una señal es la de tener una fe católica (la fe del Credo de los Apóstoles, la que reza la Iglesia los Domingos) viva, constante y verdadera y así se dice de Abraham, “que le fue imputado a justicia y santidad, por lo cual se salvó” y lo mismo de Noé.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         La fe se manifiesta como viva cuando se arde en deseos de que Cristo sea conocido, amado y adorado en el mundo entero, al tiempo de que se aborrezcan las herejías y de que se estime y respete el culto divino y la Sagrada Escritura y se aparten las gentes de todo lo mundano, lo pagano, lo oculto y esotérico, todo lo que ofende a Dios Nuestro Señor, además de que se lleven a cabo por doquier obras de misericordia corporales y espirituales. Cada uno debe examinarse en cómo le va en estas cosas y procurar esmerarse en ellas.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Otra señal de predestinación a la vida eterna en el Reino de los cielos es la guarda constante y perfecta de los Mandamientos de la Ley de Dios (que comprenden los Consejos Evangélicos de Nuestro Señor Jesucristo, que son una ampliación y profundización de los Mandamientos), conservándose sin cometer pecado alguno grave y permaneciendo delante de Dios en verdad. El mismo Cristo dijo: “Si quieres entrar en la vida, guarda los Mandamientos” (Mt 19). Por esto fue oída la oración del rey Ezequías, cuando dijo: “Acordaos, oh Señor, cómo he andado delante de Vos en verdad” (Is 38).

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Una tercera señal es padecer tribulaciones, para lo cual dijo el Ángel a Tobías: “Porque eras acepto a Dios, fue necesario que la tentación te probase” (Tob 12). El mismo Salvador, que fue cabeza de los predestinados, dijo que “convino que padeciese para entrar de esta manera en su gloria” (Lc 21). Entonces, el padecer tribulaciones y aflicciones, es signo de ser receptor de la benevolencia divina en esta vida; por eso dice el Apóstol que “Dios azota a quien tiene por hijo” (Heb 12). Y el mismo Señor dice: “Yo reprendo a los que quiero bien” (Apoc 15).

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Dios cela mucho a los suyos porque los ama y así no les consiente pecar sin castigarlos luego: “Este Dios celador -dice Orígenes-, si desea y pretende que tu alma se llegue a Él, si te guarda de pecado, si te corrige, si te castiga, si se indigna contigo, si se aíra y está como abrasado de celos, conoce en estas cosas que tienes esperanza de tu salvación eterna”. San Ambrosio dice que como la vid atada se levanta y podada no se disminuye, antes bien se aumenta, así los cristianos, mientras son atados, suben y humillados, se ensalzan y heridos, son coronados. No reniegue el alma que sufre tribulaciones, puesto que señal es de bondadosa predestinación divina a la eterna salvación.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 

 

        



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 590.

jueves, 30 de enero de 2020

Hora Santa en reparación por el robo de las coronas de la Virgen y Jesús en Sevilla, España 290120


La Virgen del Rosario de Carrión de los Céspedes, sin su corona de oro tras el robo ocurrido este miércoles en la Parroquia de San Martín de la localidad

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el robo sacrílego de las coronas de oro de la Virgen y de Jesús en Sevilla, España. Para mayor información sobre este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:


Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación

          A lo largo de la historia de la Iglesia se han dado numerosísimos milagros eucarísticos, unos más impresionantes que otros; sin embargo, más esencial que cualquier episodio o que cualquier testimonio es la fe en la que se basa y en la que se debe basar nuestra inquebrantable certeza de que es así. Jesús es la Verdad Absoluta de Dios Uno y Trino (cfr. Jn 14, 6) y Él nos ha dejado la Eucaristía como misterio central de nuestra fe católica, fe que debemos creer con toda la mente y con todo el corazón[1].

          Silencio para meditar. 

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación

Cuando a Santo Tomás de Aquino le llevaron el Santo Viático, se levantó de las cenizas sobre las que se había hecho extender, se arrodilló y dijo: “Aunque existiera una luz mil veces más esplendente que la de la fe, yo no creería con mayor certeza que a Quien voy a recibir es el Hijo eterno de Dios”[2]. Y en la realidad, el Hijo de Dios en la Eucaristía resplandece con una luz más esplendorosa que la de miles de millones de soles juntos.

Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación

          “Misterio de fe”: con estas dos palabras el Papa Pablo VI quiso comenzar su Encíclica Eucarística, precisamente porque las realidades divinas no tienen un origen de verdad ni de seguridad más alta que la fe teologal[3]. Por esta fe era por la que los santos veían a Jesús en la Hostia consagrada y no tenían ninguna necesidad de otra prueba.

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación

          El Papa Gregorio XV hubo de decir que Santa Teresa de Jesús (canonizada por él) “Veía tan claramente, con los ojos del espíritu, a Nuestro Señor Jesucristo presente en la Hostia, que aseguraba no envidiar para nada a los beatos, que contemplaban en el cielo al Señor cara a cara[4]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, aumenta cada vez más en nosotros la fe en la Presencia Real de Nuestro Señor en la Eucaristía!

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación

          Santo Domingo Savio escribió una vez en su diario: “Para ser feliz en este mundo no me falta nada; sólo me falta ver en el cielo a Jesús, a quien ahora miro con los ojos de la fe y a quien adoro en el altar”. Con esta es con la que deberíamos acercarnos a la Eucaristía, estar en su Presencia, amar a Jesús Eucarístico y hacer que lo amen[5]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que amemos y adoremos en esta vida a Jesús en la Eucaristía, para que continuemos amándolo y adorándolo por la eternidad en los cielos!

          Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

          Canción de despedida: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.




[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús,  Amor Eucarístico, Testimonios de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 103.
[2] Cfr. Manelli, ibidem, 103.
[3] Cfr. Manelli, ibidem, 103.
[4] Cfr. Manelli, ibidem, 104.
[5] Cfr. Manelli, ibidem, 103.

miércoles, 29 de enero de 2020

Hora Santa en reparación por robo del Santísimo Sacramento en Sevilla, España 290120

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Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el robo sacrílego de Hostias consagradas de una Parroquia ubicada en Sevilla, España. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:


Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación

          Los santos, como Santa Rosa de Lima, Santa Ángela de Foligno, Santa Catalina de Siena, San Felipe de Neri, San Francisco de Borja, San José de Cupertino, San Padre Pío de Pietralcina, entre muchos miles más, se percataban, no sólo por la fe, sino incluso sensiblemente, acerca de la Presencia real de Jesús en la Eucaristía y el Sagrario, al verlo con sus ojos o gustando una inefable fragancia[1].

          Silencio para meditar. 

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación

Hay un episodio en la vida de San Antonio de Padua, en relación con la Eucaristía, que vale la pena recordar y meditar en él: el santo le hizo ver que un mulo hambriento -había pasado tres días sin comer ni beber- era capaz de arrodillarse ante la Custodia con el Santísimo Sacramento, antes que dirigirse de lleno hacia la alfalfa y el pienso que estaban al lado de la Custodia. Es decir, el santo demostró, en este caso, que el reconocimiento de un animal irracional acerca de su Creador y su posterior postración ante Él, eran más fuertes que el hambre que en ese momento la acosaba[2].

Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación

          A Santa Catalina de Siena le sucedió un día algo memorable en relación a la Eucaristía, digno de ser recordado y meditado: un día, un sacerdote, que no creía en los dones especiales de la santa, se presentó a llevar a la Comunión a Santa Catalina enferma con una hostia no consagrada. Al entrar el sacerdote, la Santa no se movió, como solía hacer, para adorar a Jesús Eucaristía, pero fijándose en el sacerdote le reprochó abiertamente el engaño y el pecado de idolatría en el que quería hacerla caer[3]. Aunque no lo sabemos, esperemos que el reto de la santa al sacerdote lo haya entrar en razón y le haya hecho aumentar su fe en la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía.

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación

          Algo similar le sucedió a la beata Ana María Taigi, a quien le dieron de comulgar una hostia no consagrada: la beata se dio cuenta en el mismo momento y experimentó una tristeza infinita, como le luego le confió a su confesor. San Alfonso María de Ligorio, estando enfermo, recibía la comunión; una mañana, apenas recibida la hostia, el Santo dijo: “¿Qué habéis hecho? Me habéis traído una hostia sin Jesús, una hostia no consagrada”. Se descubrió que había sido una distracción del sacerdote celebrante, que había omitido enteramente la Consagración del pan y del vino, lo cual no pasó inadvertido para la percepción sobrenatural del santo[4].

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación

          Se podrían enumerar también las acciones sobre los exorcismos que obra el Santísimo Sacramento, a los cuales libera en su inmensa mayoría. Otras manifestaciones que dan cuenta de la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía son las grandes manifestaciones de fe que se producen en los Congresos Eucarísticos y en los Santuarios Eucarísticos, cuyas historias se confirman por testigos y documentos hasta el día de hoy[5]. De manera especial sobresale el Santuario de Lanciano, que es único en el mundo, al cual todo el mundo debería conocer la presencia prodigiosa de una Hostia, transformada en carne viva y conservada así a lo largo de los siglos, lo cual es un milagro que cada vez más sorprende y conmueve.

          Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

          Canción de despedida: “Los cielos, la tierra, y el mismo Señor Dios”.



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonio de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 101.
[2] Cfr. Manelli, ibidem, 101.
[3] Cfr. Manelli, ibidem, 102.
[4] Cfr. Manelli, ibidem, 102.
[5] Cfr. Manelli, ibidem, 102.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Hora Santa en reparación por ultraje a la imagen de la Virgen de la Esperanza Macarena de Sevilla 121017


         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado, en reparación por el ultraje sufrido por la imagen de la Virgen de la Esperanza Macarena en Sevilla, España. En esta ocasión, la imagen de la Madre de Dios ha sido ultrajada al ser usada vilmente para promocionar un musical. La información relativa a este lamentable ataque contra Nuestra Madre del cielo, se encuentra en el siguiente enlace:
         Como siempre lo hacemos, pediremos por nuestra conversión, la de nuestros seres queridos, la del mundo entero, y la de quienes perpetraron este vil ataque contra Nuestra Madre celestial.

         Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario (misterios a elección). Primer Misterio.

Meditación.

En la Encarnación del Verbo, el Espíritu Santo “cubre con su sombra” a la Madre de Dios, siempre Virgen, para que el Verbo Eterno del Padre, encarnándose, encuentre una morada más preciosa que el oro, en el seno de la Virgen Madre. Así como la divinidad estaba en el Arca y en el Templo en el Antiguo Testamento, ahora, esta misma divinidad, revelada como Dios Uno y Trino, se encarna en la Persona del Hijo en la Nueva Arca, el seno virginal de María Santísima, e inhabita en el Nuevo Templo, la mente, el alma, el cuerpo y el Corazón Inmaculados y Purísimos de la Madre de Dios. El Pueblo Elegido poseía el Arca, que era solo figura del Arca Nueva y definitiva, una Custodia viviente, más preciosa que el oro y la plata, la Virgen Santísima, porque en Ella inhabitaba el Amor de Dios, el Espíritu Santo, por quien el Verbo Eterno del Padre se encarnó en su seno. El Pueblo Elegido adoraba a Dios Uno en el templo, pero ese templo era la figura del Nuevo Templo, un Templo Purísimo, colmado de la gracia y del amor de Dios, la Virgen Santísima, que alojaba en su seno virginal al Hijo de Dios encarnado, que tomando carne y sangre de su Madre amantísima, habría de subir algún día a la Cruz, para ofrecer su Cuerpo y su Sangre para la salvación de los hombres.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

El Arcángel Gabriel anuncia a la Virgen Santísima que ha sido elegida, por su pureza, por su humildad y por ser la Llena de gracia, para ser la Madre del Dios Altísimo, el Dios Verdadero por quien se vive. El Hijo que ha de nacer de sus entrañas purísimas –pues María es Virgen, no conoce amor de hombre alguno, y su concepción viene del Espíritu Santo- habrá de “heredar el trono de David y reinará sobre la casa de Jacob para siempre” (Lc 1, 32-33); es decir, será el Rey mesiánico, que librará a los hombres de la triple esclavitud a la que hasta entonces estaban sometidos: la esclavitud del Demonio, del pecado y de la muerte. Los habrá de librar al precio de su Sangre en la Cruz cuando, ya adulto, entregue su Vida en rescate por la humanidad. El hecho de que sea “la sombra del Altísimo” la que cubrirá a María y engendrará en su seno purísimo a este Mesías Redentor, indica que no hay amor alguno, sino que se trata de la intervención misma de Dios Uno y Trino: Dios Padre envía a Dios Hijo por medio de Dios Espíritu Santo, para que, encarnándose en el seno virgen de María, adquiera Él, que es Espíritu Purísimo en cuanto que es Dios, un Cuerpo al cual inmolar en la Cruz y dar de alimento, junto con Sangre, como bebida, para la salvación de los hombres. Con su Venida desde el seno eterno del Padre, traído por el Amor de Dios, el Espíritu Santo, y alojado en el seno purísimo de María Virgen, el Redentor, Jesús de Nazareth, Dios Hijo encarnado, ha cumplido de una vez y para siempre las expectativas, no solo de Israel, sino de toda la humanidad. Porque Jesús no es un mesías terreno, que habrá de liberar al Israel terreno de un opresor terreno; Jesús es el Mesías de Dios, que habrá de librar a la humanidad, manifestándose primero al Pueblo Elegido y a través de él a todos los hombres, de las esclavitudes verdaderamente espirituales, que son mucho más duras y penosas que las terrenas, las esclavitudes a las que el Ángel caído somete a la humanidad desde el pecado original de Adán y Eva.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Jesús es el “vástago del tronco de Jesé y retoño de sus raíces”, sobre el que “reposará el Espíritu de Yahveh” (Is 11, 1-2). Con Él llega una nueva edad para la humanidad, la época del “Hijo del hombre” (Dn 7, 12), esto es, de Dios hecho hombre, que nace como hijo de hombre, como Niño, sin dejar de ser Dios, para que los hombres, por su gracia santificante que les comunicará con su sacrificio en cruz, se conviertan en Dios por participación: “Dios se hace hombre para que los hombres se hagan Dios”. Con la Encarnación del Verbo, se hacen realidad las promesas dirigidas por Yahvéh  a la Hija de Sión –la humanidad enera-: “¡Lanza gritos de gozo, hija de Sión, lanza clamores, Israel, alégrate y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén! Ha retirado Yahveh las sentencias contra ti y ha alejado a tus enemigos. ¡Yahveh, rey de Israel, está en medio de ti, no temerás ya ningún mal!” (Sof  3, 14-15). Yahveh se ha encarnado, en la Persona del Hijo, en seno virginal de María, y esa es la causa de la alegría para toda la humanidad.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

El saludo del Arcángel Gabriel a María es un saludo que se caracteriza por la alegría: “¡Alégrate, Llena de gracia…!” y la razón de esta alegría es doble: por un lado, porque Quien la saluda es Dios, que es “Alegría infinita”, la Alegría Increada en sí misma, la Alegría celestial, sobrenatural, desconocida para los hombres; por otro lado, porque el anuncio del Ángel contiene en sí mismo la causa de la alegría, tanto para la Virgen, como para la humanidad entera: el Dios de majestad infinita la ha elegido a Ella para ser morada de Dios Hijo encarnado, el cual, con su sacrificio en cruz, devolverá la verdadera alegría a los hombres, al borrar el pecado de sus almas, al derrotar al Demonio y a la muerte para siempre, causas de tristeza, en esta vida y en la otra. El saludo del Arcángel no se traduce como “Ave”, sino como “Alégrate”, con lo que el inicio del plan de redención de la Santísima Trinidad, es un anuncio que comienza con alegría en la tierra y finalizará luego con la alegría celestial de los bienaventurados en los cielos. Esta es la razón por la cual el Ave María es considerada como una invitación a la alegría, pero no a la alegría mundana, sino a la Alegría de Dios, porque Él es la Alegría Increada y porque lo que se anuncia en el Ave María es que el Dios de la Alegría se ha encarnado en el seno virgen de María para perdonarnos los pecados, concedernos la gracia de la filiación divina y conducirnos al Reino de los cielos en la otra vida.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La expresión “Jaire” (cfr. Lc 1, 28) es un saludo griego, pero no es, de ninguna manera, un saludo meramente convencional o puramente formal. La expresión utilizada por el Arcángel posee una connotación profunda y solemne, la cual está dada por la magnitud del Anuncio que el Arcángel realiza a María de parte de Dios: el motivo de la alegría –sobrenatural, celestial, divina, no humana ni angélica, sino divina- es que, por un lado, la Virgen ha sido elegida, por su Pureza Inmaculada y por su humildad, para ser la Virgen y Madre de Dios Hijo encarnado; por otro, la alegría está dada por este hecho: que Dios Padre, eligiendo a María como a su Hija predilecta, envía a su Hijo Dios, por el Espíritu Santo, a encarnarse en el seno virgen de María, para que el Dios Espíritu Puro e Invisible y que habita en una luz inaccesible, en las entrañas purísimas y virginales, asumiendo una naturaleza humana, sea visible a los ojos de los hombres, como Dios Niño, esto es, que adquiera un Cuerpo material, sin dejar de ser Dios Espíritu Puro, y que de esta manera, aun habitando en la luz inaccesible, comience a inhabitar en las entraña purísimas de la Virgen, y todo para obtener un Cuerpo Purísimo que habría de ser ofrecido un día, en el Altar del Calvario, la Santa Cruz, para la salvación del mundo, Cuerpo y también su Sangre que continuarían siendo ofrecidos, por el misterio de la liturgia eucarística, en el Altar del Nuevo Calvario, el altar eucarístico de la Santa Misa, donándose como Pan de Vida eterna, la Sagrada Eucaristía. Esta es la razón por la cual el saludo del Arcángel no es meramente formal, sino que invita a una alegría sobrenatural, que lleva al alma, que contempla el misterio con la luz de la Fe católica, a alegrarse sobremanera, no con la alegría humana y mucho menos mundana, sino con la alegría misma de Dios, con Dios, que es “Alegría infinita”, al decir de los santos[1].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día la veré, en célica armonía”.






[1] Cfr. Santa Teresa de los Andes, Escritos.