jueves, 26 de noviembre de 2020

Hora Santa en reparación por los que desprecian la Navidad 251120

 


Hermana Smerilli, en contra de la Navidad y a favor de una 
neo-pagana "fiesta del encuentro" ¿?
Traduzco lo que dice la desubicada religiosa Smerilli, sedicente "economista": "No quiero disminuir la importancia de la Navidad, pero no podemos alentar -su celebración- ahora. Una vez que finalice todo esto -la pandemia- tal vez nos regalaremos (sic) una fiesta nueva, la fiesta del encuentro". Perdón, hermana desubicada, pero una "fiesta nueva del encuentro", es decir, una fiesta sin Dios Encarnado, suena a aquelarre, es decir, a encuentro de humanos, brujos y brujas, con el Demonio, porque no hay verdadero encuentro entre los hombres sino están Dios y su gracia de por medio. Y sino están Dios y su gracia, está el Demonio entre los hombres: ergo, usted propone un aquelarre en lugar de la Navidad. Un consejo: deje de proponer sandeces y dedíquese a evangelizar sobre el más grande acontecimiento para la humanidad, la Encarnación y Nacimiento del Verbo de Dios hecho carne, que eso es la Navidad.

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por todos aquellos –incluidos religiosos- que desprecian la Navidad. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/photo/?fbid=10218956427603151&set=a.10200755046940010

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

Lo que proporciona la bienaventuranza, no solo en la vida eterna, sino en esta vida terrena, es la gracia santificante de Jesucristo. Por esta razón, se equivocan quienes, aun para la vida temporal, no buscan ni estiman la gracia por encima de todas las cosas y bienes de la tierra, puesto que a la gracia la acompañan todas estas cosas y bienes de la tierra[1]. La gracia trae consigo no sólo bienes –terrenos- tan grandes, sino ante todo, trae consigo el mejor y más grande de todos los bienes imaginables: la vida eterna.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Comparada con la gracia, todo lo que los mundanos juzgan por bienaventuranza, no es sino malaventura, desdicha y maldición, tanta es la diferencia que existe entre el bien que concede la gracia y los así llamados “bienes” terrenos y temporales. Hay quienes ponen su bienaventuranza en los deleites sensibles, pero esto es un gran error, ya que es imposible que estos placeres constituyan el bien del hombre: sin embargo, la gracia es un estado perfecto en el que los bienes de todo tipo se armonizan y se subordinan, los inferiores a los superiores, concediendo al hombre un estado de permanente serenidad, alegría y paz sobrenaturales.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Por otra parte, los deleites sensibles ciegan al alma y la abaten a mil vilezas, haciéndola esclava de la carne. Por esta razón dijo Séneca: “Los que se hunden en sus gustos, de los cuales habiendo hecho costumbre no pueden carecer, sirven a su deleite, no le gozan y aman sus males”. En otras palabras, no hay mayor ceguera, vileza y maldición que esta –el servir a los placeres sensibles-, porque son grande ocasión de pecados y de hundimiento del alma en el fango de los vicios. La gracia, por el contrario, concede bienes sobrenaturales, que exceden en valor, infinitamente, a los bienes sensibles.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La felicidad verdadera, que solo la concede la gracia, no puede nunca ocasión de mal ni de pecado, porque como enseña Aristóteles, se hubiera de huir y no de buscar y así no sería felicidad, que es la cosa de la que nunca se ha de huir y siempre se ha de desear y puesto que los deleites son ocasión de pecado y de daño en el alma, no puede estar en ellos la bienaventuranza, pues se han de aborrecer y echar de sí.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Los gustos no solo son perjudiciales al alma, sino también al cuerpo, puesto que lo colman de enfermedades[2]. Por eso dice San Juan Crisóstomo: “Así como la tierra con la abundancia de muchas aguas pierde su calor natural y virtud y queda inútil para la labranza, así también el hombre delicioso cae en enfermedades graves e incurables, con temblor, con flaqueza en los miembros, con pesadumbre en los pies y tormento de las manos y muchos males. Los regalos no son mejores que una ponzoña mortal y aun son peores, porque el veneno quita la vida a quien le bebe, pero los regalos acarrean una vida más miserable que muchas muertes”[3]. Y pueden quitar la vida eterna, agregamos nosotros. Por eso, cuidémonos en no desear los deleites terrenos y procurarnos, en cambio, la gracia, que con ella nos vienen la salud, los bienes terrenos y, sobre todo, la vida eterna.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).  

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

 

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 416.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 417.

[3] Orat. 6, De Fato.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Hora Santa en reparación por profanación de la Basílica de la Inmaculada Concepción en Río de Janeiro 221120

 


          Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación de la Basílica de la Inmaculada Concepción, ocurrida en Río de Janeiro. La profanación consistió en el uso inapropiado y sacrílego de la Basílica para dar lugar a la realización de un ritual Hare Krishna. El Derecho Canónico de la Iglesia Católica prohíbe este tipo de usos de los templos católicos[1]. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=qJCSFnZ9iys&feature=emb_logo

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que por el Bautismo sacramental, se quita del alma el pecado original y se concede la gracia santificante, que convierte al alma en hija adoptiva de Dios y en templo del Espíritu Santo. Éste es el fundamento por el cual el católico no puede no vivir otra vida que no sea la de la santidad, porque Dios Trino es la Santidad Increada y es Él quien nos hace partícipes, por la gracia divina, de su vida de santidad.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

          El católico no puede adorar otros dioses que no sean el Dios Único y Verdadero, Dios Uno y Trino; por esta razón, en los templos católicos sólo se adora a la Santísima Trinidad y no a los falsos dioses. Quien obre de modo contrario, es decir, quien utilice los templos católicos para adorar a dioses que nada tienen que ver con la Verdad revelada por Nuestro Señor Jesucristo, comete el pecado de idolatría y de apostasía.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

          Como católicos, como bautizados, como hijos adoptivos de Dios, estamos llamados entonces a vivir en santidad. ¿De qué manera alimentar esta vida de santidad, que hemos recibido en el Bautismo? Existen variadas formas, pero entre todas, hay tres especiales, que se colocan en el primer lugar. Estas son: la oración, el Santo Rosario, la Adoración Eucarística y la celebración de la Santa Misa. Así se lo dice la Santísima Virgen al Padre Gobbi: “Cuán grata me resulta la Liturgia de las Horas, el Rosario entero que recitáis, la Adoración Eucarística, la solemne concelebración de la Misa, que forma el corazón de todo el Cenáculo”[2]. Oración, Santo Rosario, Adoración Eucarística, Santa Misa: ése es el programa de santidad para todo católico.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

          Para no solo no decaer en la vida de santidad, sino para conservarla y acrecentarla cada vez más, es conveniente y muy necesario la realización de cenáculos de oración, en donde Jesús en Persona se hace presente, según sus propias palabras: “Donde dos o más estén reunidos en Mi Nombre, allí estoy Yo”. Formar cenáculos de oración para allí fortalecer la vida de santidad, es algo que la Virgen aprecia y valora, tal como se lo dice al Padre Gobbi: “Os reunís como hermanos que se aman, se ayudan, para llevar juntos el peso de las dificultades que encontráis. Hijos predilectos, con qué amor os miro y cuánto consuela a mi Corazón dolorido este vuestro continuo Cenáculo, que reproduce aquí la realidad del de Jerusalén. Os recogéis en oración continua, intensa, hecha Conmigo (…) Vosotros formáis parte de mi ejército”.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

          Por último, la vida de santidad, fecundada y cultivada por la oración, el Rosario, la Adoración Eucarística y la Santa Misa, debe manifestarse hacia los demás, hacia el prójimo y esto se puede ver en las obras de misericordia -corporales y espirituales- a las que todo católico está llamado a practicar. En otras palabras, si la santidad se cultiva en el interior, en los más profundo del ser y del corazón, por medio de la oración cristiana, ésta misma vida de santidad se debe reflejar hacia el exterior, por medio de la práctica de las obras de misericordia. Como dice el Evangelio, sin obras -de misericordia- la fe está muerta. Por esta razón, el católico está llamado a orar, elevando el alma a la Trinidad, y a obrar, devolviendo el Amor recibido de Dios Trino en obras de caridad para con el prójimo más necesitado.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

          Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).  

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al Cielo iré y la contemplaré”.

 



[1] CDC, 1210: “En lugar sagrado sólo se admita aquello que favorezca el ejercicio y la promoción del culto, de la piedad, de la religión; prohíbase todo lo que esté fuera de lugar con relación a la santidad del lugar”; 1211: “Los lugares sagrados son violados por actos gravemente injuriosos, perpetrados con escándalo de los fieles y que, a juicio del Ordinario, son de tal modo graves y contrarios a la santidad del lugar, que no es lícito ejercer el culto, hasta tanto no fuera reparada la injuria mediante rito penitencial establecido en los libros litúrgicos”.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Hora Santa en reparación por profanación de iglesia parroquial en Almería, España 181120

 


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación de una iglesia parroquial en Almería, España. Quien haya sido el autor (o los autores) de este sacrilegio, además de destrozar varias imágenes sagradas, se llevó consigo la aureola de la Virgen de la Consolación, con fines indudablemente sacrílegos. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/groups/578033243024479/permalink/855907458570388

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

Quien tiene la gracia santificante, lo tiene todo; por esta razón es que Nuestro Señor Jesucristo nos aconseja que nos preocupemos primero por conseguir la gracia, si no la tenemos, o de conservarla, si ya la poseemos. A esto se refiere el Señor cuando dice: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6, 33). Nuestros esfuerzos deben centrarse, entonces, en la búsqueda y conservación de la gracia de Dios; haciendo esto, Dios no nos hará faltar nada de lo necesario, materialmente hablando.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

¿Quiénes son los que se preocupan en exceso por las cosas temporales, al punto de descuidar lo más importante, que es la unión con Dios, por la fe y por el amor? Quienes esto hacen son los paganos porque estos, por definición, no conocen al Verdadero Dios Uno y Trino y a su Mesías, Cristo Dios. Pero el cristiano, que conoce a Dios por el don de la fe y que posee el tesoro más grande que ser humano alguno pueda poseer –la gracia-, se esfuerza, en primer lugar, por revestirse de la gracia y procura también alimentarse con el Pan de Vida eterna, la Eucaristía; sólo en un segundo plano se procura el vestido material y se preocupa por alimentar el cuerpo, con el pan material.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Afirma un autor: “Nuestro Padre celestial sabe lo que hemos menester”[1], porque es Dios y como tal, es omnisciente y todopoderoso: Dios sabe qué es lo que necesitamos para nuestra subsistencia y nos lo procura, sin que nosotros nos demos cuenta ni del cuándo ni dónde. Entonces, puesto que Dios, como Padre amoroso que es, nos cuida como a la niña de sus ojos, nos ocupemos en servirle, honrarle, amarle y adorarle. ¿No es acaso la más hermosa de todas las tareas, el procurar servir y amar al Dios Verdadero, Dios Uno y Trino?

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Sin la Vida de Dios Trino, de la cual nos hace partícipes la gracia, no hay vida divina para el alma, aun cuando el alma viva con su vida natural. Si esto es así, entonces, “busquemos el Reino de los cielos, busquemos su justicia, viviendo santamente, haciendo obras santas y merecedoras del Cielo; busquemos sólo la gracia y “todas las demás cosas se nos darán por añadidura”. Aunque seamos pobres, materialmente hablando, si tenemos la gracia, lo tenemos todo, porque por la gracia tenemos la vida de la Santísima Trinidad en nosotros.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La gracia vale tanto y tiene tanto valor, que no tiene comparación alguna con los tesoros de la tierra, al punto tal que montañas enormes de oro y plata, comparadas con la gracia de Dios, valen menos que un puñado de cenizas. Quien posee la gracia, lo posee todo, espiritual y también materialmente hablando y esto se deduce de las palabras de Nuestro Señor: como lo señala un autor, el Señor “no dice absolutamente que se nos darán, sino que se nos añadirán, porque estas cosas temporales no tienen ser –es decir, no valen nada- respecto de lo espiritual: las cosas materiales van por añadidura con los bienes sobrenaturales –la gracia- que Dios hace a los justos, los cuales, porque busquen lo futuro, hallan lo presente”[2].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).  

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al Cielo iré y la contemplaré”.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 414.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 414.

martes, 17 de noviembre de 2020

Hora Santa en reparación por profanación de iglesia en Armenia ocupada 151120

 


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación de una iglesia católica en territorio armenio ocupado, por parte de fundamentalistas islámicos. Para mayores detalles acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:

https://www.opindia.com/2020/11/azerbaijani-soldier-screams-allahu-akbar-from-top-of-church-in-armenia/?fbclid=IwAR0qyKSUuMlIv31yfp3TmtK7SIuUkEmcnAvd4-ZC4xEimQXwhB46-A4nVS8

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

         Quien está en estado de gracia, no debe preocuparse por las cosas temporales de poca importancia, según las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: “Considerad los lirios y las azucenas, que no trabajan ni hilan; pero de verdad os digo, que ni el rey Salomón en toda su gloria y majestad se vistió como una de ellas”. Ahora bien, afirma un autor: “Si Dios tiene tal cuenta con las plantas, que hoy son y mañana se arrojan en un horno, ¿cuánto más cuidará de los hombres, a quienes ha donado su gracia?”[1]. Preocupémonos, entonces, por vivir en gracia, y dejemos en segundo plano las cosas terrenas.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Los hombres mundanos, faltos de fe, hacen lo contrario de lo que dice Nuestro Señor Jesucristo: se afanan y preocupan en exceso por los bienes materiales, que son tan efímeros como lo es la vida terrena. Quien está en gracia, afirma un autor, “no busque con afán qué ha de beber y comer; no ponga su principal mira en estas cosas temporales”[2]. Esto debe entenderse bien: no significa que no debamos trabajar para conseguir los bienes temporales necesarios; por el contrario, debemos trabajar, pero estos no deben ser nuestro objetivo primario, sino el Pan de Vida eterna. Y todo lo demás “se dará por añadidura”.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         El hombre fue creado para vivir en la eternidad y por la gracia tiene ya derecho a la vida eterna. Las cosas de la tierra fueron dadas sólo por algún tiempo y para reparo de esta vida y así nuestro principal cuidado ha de ser lo eterno, no de lo temporal. Hemos sido creados para vivir en el Reino de los cielos y no para disfrutar de los reinos terrenos; ocupémonos, entonces, en ganar nuestra entrada al Reino de la gloria, viviendo en gracia y rechazando el pecado.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         No deben preocuparnos ni el mal tiempo ni los años estériles, pues el sustento de un justo no depende de los cielos materiales, sino de Dios Trino, que en grandes carestías dará tanto a los suyos, que éstos podrán socorrer a los demás que no tengan[3]. Son los paganos los que, no conociendo o no confiando en la palabra de Dios, se preocupan en exceso por los bienes materiales, poniendo el objetivo de su ser en ellos: no ha de ser así el cristiano, quien tiene puesta su vista del alma en el Reino de Dios y no en los reinos terrenos.

          Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Afirma un autor: “Los que no tienen conocimiento de Dios, los que no tienen esperanza de la vida eterna, como los infieles y los bárbaros, tienen excusa de buscar lo temporal; pero los hijos de Dios, los que están en gracia y tienen no sólo esperanza, sino derecho a la vida eterna, en esto han de poner su cuidado y descuidar de todo lo transitorio”[4]. Que la meta de nuestra vida terrena sea, entonces, vivir en gracia, para así ganar el Reino de los cielos y la comunión en la gloria con la Santísima Trinidad.

          Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).  

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

 

        



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 413.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 413.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 414.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 414.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Hora Santa en reparación por profanación del Altar Eucarístico en Guyana 091120

 


         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa en reparación por el doble sacrilegio cometido contra el Altar Eucarístico: por parte del enajenado mental que tomó el libro sagrado y lo arrojó, y por la pasividad –y cierto grado de complicidad, tal vez- de parte de los ministros sagrados y de los fieles asistentes. Para información, consultar el siguiente enlace:

https://www.razonmasfe.com/actualidad/insolito/montaje-profancion-misa-sagrado-corazon/

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

El cuidado y amor tan delicados, manifestados por Dios para con sus hijos que están en gracia, debe conducirlos a estos a buscar de devolver, aunque sea en ínfima medida, tanto amor divino y para esto, deben tratar de amar y servir al Padre celestial, así como lo amó y sirvió Nuestro Señor Jesucristo, Nuestro Hermano Mayor[1].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

En el Evangelio se narra cómo Nuestro Señor Jesucristo, en un determinado momento, se apartó de la muchedumbre y les habló a sus discípulos, exhortándolos a que no se preocuparan por las cosas del mundo, sino por la gracia: “No estéis solícitos por vuestra alma de lo que habéis de comer, ni por vuestro cuerpo de lo que habéis de vestir” (Lc 12, 22). Es como si dijera que, aun de las cosas necesarias, debían descuidarse de ellas, porque Él los quería libres de las ansias de las cosas temporales[2], pero sí ocupados en conseguir las cosas celestiales, la primera entre todas, la gracia santificante.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Un autor, reflexionando sobre las palabras de Jesús, afirma que “el alma es cosa mucho mayor que la comida y el cuerpo que el vestido”[3] y así, la gracia es, para el alma y el cuerpo, un bien infinitamente mayor que la comida y el vestido. Es a esto a lo que Jesús se refiere cuando dice que debemos “buscar primero el Reino de Dios y su justicia”, para que “todo se nos dé por añadidura” (Mt 6, 33).

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Es Dios quien nos dio, además del alma y el cuerpo, la gracia santificante, pues la obtuvo para nosotros la Segunda Persona de la Trinidad, ofreciendo su Humanidad Santísima en el sacrosanto altar de la Cruz. Con la gracia, Dios nos concedió participar en su naturaleza y en su vida divina, y si esto hizo, es decir, si nos hizo partícipes de su naturaleza y vida divina, no dejará de proveernos lo necesario para las necesidades de nuestra naturaleza y vida humanas[4]. Por esto es que debemos buscar la gracia como el mayor de los tesoros.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Si Dios provee de lo que necesitan para su subsistencia a las aves del cielo, cuánto más lo hace, con su Divina Providencia, para asistirnos en nuestras necesidades a nosotros, que sin pedirlo ni merecerlo, fuimos convertidos en sus hijos adoptivos y en templos del Espíritu Santo, por la gracia que nos consiguió Nuestro Señor Jesucristo. Es decir, Dios Trino estima más que a las aves del cielo, a las almas humanas que no sólo fueron creadas a imagen y semejanza Suya, sino que se convirtieron en imágenes vivas de Dios Hijo encarnado, por la gracia, y por eso no les hace faltar nada, ni material, ni espiritual. En la gracia están contenidos todos los bienes que el hombre pueda desear.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).  

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 411.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 412.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 412.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 412.