viernes, 4 de diciembre de 2020

Hora Santa en reparación por intento de incendio de la Basílica de la Agonía en Jerusalén 041220

 


Incendio intencional en la Basílica de la Agonía, Jerusalén, 04 de diciembre de 2020.

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa en reparación por el intento de incendio de la Basílica de la Agonía en Jerusalén. Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/photo/?fbid=10158001596367371&set=pcb.10158001596707371

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Así como el Ángel caído, Satanás, al rebelarse contra Dios Uno y Trino perdió la gracia y se convirtió en un ser deforme y monstruoso, así sucede con los hombres malos que se asocian a su rebelión contra Dios por el pecado, haciéndolos convertir en algo inferior a las bestias irracionales. En efecto, en las Escrituras, se llama a los pecadores no con nombres humanos, sino con los nombres de las más horribles y fieras bestias que hay[1]. Si el ángel caído perdió la gracia, pero no la naturaleza, convirtiéndose en una bestia abominable, lo mismo le sucede al hombre por el pecado: pierde la gracia, pero no la naturaleza, aunque queda rebajado a algo peor que las mismas bestias irracionales.

Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Nuestro Señor Jesucristo llama a los hombres pecadores con los nombres de “lobos”, “perros”, “lechones” (Mt 10 y 7); Isaías, “dragones” y “avestruces” (48, 20); Ezequiel, “escorpiones” (2, 6); el Bautista, “víboras” (Mt 3, 7); David, “caballos”, “mulos”, “toros furiosos” y “áspides” y “basiliscos” (Sal 31 y 63); Salomón, “raposas”; Job, “tigres” (4, 11). Todo esto y más provoca el pecado en el alma, que de agraciada y favorecida por Dios, se hunde, por el pecado, en un abismo de malicia, crueldad y ferocidad inhumanas.

Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Ahora bien, no sólo las Escrituras denominan al hombre como bestia salvaje a causa del mal, el pecado, sino también entre filósofos y teólogos, como por ejemplo, Severino Boecio, quien afirmaba lo siguiente: “Todo lo que falta y se aparta de lo bueno cesa de ser; de tal manera, que los malos dejan de ser lo que eran. El haber sido hombres lo muestra la figura humana que retienen, por lo cual, convertidos en malicia, perdieron también la naturaleza de hombres, porque así como sólo la virtud y la bondad promueven a que sean más que hombres, así es necesario que aquellos a quienes la maldad abatió y derribó de su condición, les hunda debajo de la naturaleza y mérito de hombres”[2].

Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación

Continúa Boecio, describiendo lo que sucede con los hombres que pierden la belleza interior que les proporciona la gracia, a causa del pecado: “Así acontece, que al que ves transformado por sus vicios, que no puedas pensar que es hombre. Al ladrón, dile lobo; al iracundo, perro; al traidor, zorro; al medroso y cobarde, que teme lo que no ha de temer, ciervo; al perezoso, asno; al inconstante, ave; al que arde en lujuria, lechón. Esto, porque el hombre que no se diviniza con la gracia, se animaliza con el pecado”.

Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación

Finalmente, el pecado convierte al pecador en la nada misma y esto es suficiente para significar cuánto abate la culpa mortal al pecador, no sólo debajo de las naturalezas más abatidas del mundo, sino debajo de toda naturaleza[3]. Por esto se queja el Señor, por medio del profeta Amós (6, 14), de los que se deleitan en su pecado, diciendo: “Los que os alegráis en la nada”. Y por esto es que los santos dicen que los que cometen pecado son “nada más pecado”. ¿Queremos ser “nada más pecado”? ¿O más bien queremos ser divinizados por la gracia? Que María Santísima, Mediadora de todas las gracias, interceda por nosotros para que, apreciando el valor inestimable de la gracia, seamos capaces de elegir la muerte terrena, antes que perder la gracia.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canción de despedida: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 428.

[2] De Const., lib. 4, párr.. 3.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 429.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Hora Santa en reparación por el asesinato masivo de cristianos por islamistas en Nigeria 021220

 


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa en reparación por el ataque criminal y asesino a cristianos por parte de islamistas en Nigeria. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:

https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2020-12/nigeria-masacre-papa-francisco-dios-convierta-terroristas.html?fbclid=IwAR2mQCpvnvTPgNR5Q5pw4vTP9rz7pgnbuhDblzPrwyqS2y0mI7SKXK9gZ0U

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

Con la gracia nos vienen dos bienaventuranzas, una de esta vida temporal y otra de la eterna en el cielo, por este motivo es que, por la gracia, debemos despreciar todo lo que el mundo miserable tiene por bien, ya que lo que el mundo llama “bien”, no es sino un gran mal. Es debido a esto que los hombres, andando detrás de bienaventuranzas que no lo son, se convierten en malaventurados, ocupándose en adquirir bienes que son perecederos y falsos y así perecen junto con ellos[1].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Si el hombre no está en gracia, está en pecado y el pecado lo que hace al hombre es abatirlo por debajo de la naturaleza, convirtiéndolo en “nada más pecado”. En otras palabras, si por la gracia obtenemos las dos bienaventuranzas, la de esta vida y la de la vida eterna, no es menos cierto que, cuando nos vemos privados de ella, su privación es para nosotros, los hombres, la suma de las desdichas y desgracias del mundo[2]. ¿Vamos a perder dos bienaventuranzas, por unos bienes que son efímeros y perecederos?

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Porque la gracia es el sumo bien, es que se la debe buscar, ya que sin este bien, todo bien terreno que tengamos, es sumo mal: sin la gracia no puede ir bien a nadie y no puede dejar a todos de ir mal. Hay que buscar la gracia si queremos el bien –el Verdadero Bien, que es Dios- y por fuerza debemos tenerla si es que aborrecemos el mal[3]. No hay bien que sea bueno y verdadero, sino está de por medio la gracia y sin la gracia, hasta el bien más preciado en la tierra, se vuelve un mal.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Estar en gracia es para el alma la suma dignidad, así como perderla por el pecado, es la suma desgracia y maldad, la suma ignominia y desventura. Acudamos a las excelencias y grandezas de la gracia santificante y comparémoslas con las condiciones del pecado y hallaremos que todo lo que en la gracia hay de bueno y de grande, del mismo modo hay en el pecado lo vil y abatido; si en la gracia está todo lo bueno, en el pecado está todo lo malo. Con estas consideraciones crece la estima de la gracia, puesta a la vista de la ignominia del pecado, porque el color blanco nunca sobresale más que cuando se compara con el negro. Esto sirve para aborrecer al pecado mortal, cuanto para desear la gracia de Dios[4].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La gracia es un ser sobrenatural y perfecto, divino y sobrenatural, que eleva al hombre por encima de toda la naturaleza. El pecado es todo lo contrario, porque es algo tan vil y bajo, que abate al hombre por debajo incluso de la naturaleza, convirtiéndolo a su portador en peor que nada. Por el pecado, el hombre se hace peor y más vil que las mismas bestias, hundiendo su naturaleza racional y capaz de Dios en un abismo de miseria, de afrenta y de maldad[5]. En nuestra libertad está el ser “nada más pecado”, o bien ser una imagen de Dios Trino por la gracia: elijamos la gracia, y tendremos una doble bienaventuranza, aquí en la tierra y por la eternidad en los cielos.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).  

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

 



[1] 426.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 426.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 427.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 428.

[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 428.

martes, 1 de diciembre de 2020

Hora Santa en reparación por decapitación de imagen de la Virgen en Venecia, Italia 271120

 


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa en reparación por decapitación de imagen de la Virgen en Venecia, Italia. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:

https://www.catholicnewsagency.com/news/statue-of-the-virgin-mary-decapitated-in-venice-suburb-30259?fbclid=IwAR3OS3HSPkpRn_X8YmWJDSdx8qehEHP4zGf2dDtkAZIpkkaDxkdT-U8Xqc0

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Oh, Buen Jesús, yo creo firmemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

La bienaventuranza –el estado de máxima felicidad del alma, para toda la eternidad- comienza ya en esta vida terreno, por obra de la gracia, ya que la gracia trae al alma al Amor de Dios, el Espíritu Santo y es este Amor Divino el que causa al alma del justo el mayor estado de felicidad que jamás una creatura pueda alcanzar[1]. Se puede decir que el estado de gracia, en esta vida terrena, es el anticipo del estado de gloria en el que viven los bienaventurados por toda la eternidad. De esto se sigue que no hay bien más preciado, ni puede haberlo para el hombre, que la gracia santificante en esta vida terrena.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La gracia es el mayor bien para el hombre en esta vida terrena, porque le procura el grado de felicidad más próximo al de la gloria en la vida eterna. El Amor de Dios, del que la gracia hace partícipe al alma del justo en esta vida, es la máxima felicidad que un alma puede conseguir en estado de viador, pues le asemeja y lo hace partícipe, por adelantado, del estado de contemplación en éxtasis de amor en el que se encontrará por la eternidad, ante la Santísima Trinidad. De aquí que no haya bien mayor que la gracia santificante de Nuestro Señor Jesucristo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La bienaventuranza en la otra vida es la visión de la Santísima Trinidad, por el intelecto y auxiliado por la luz de la gloria; la bienaventuranza en esta vida no es acción del intelecto sino de la voluntad, porque se trata del amor tierno con Dios Trino y es este amor el que lleva a la eterna bienaventuranza. Ahora bien, en esta vida no se puede contemplar a la Trinidad como es en Sí y por Sí mismo[2], pero sí hay un modo perfecto, en esta vida, de poseer a Dios y es por el Amor: no por el amor meramente humano, sumamente imperfecto y limitado, sino por el mismo Amor de Dios, el Espíritu Santo, que la gracia trae consigo al alma del justo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Si en esta vida no se puede contemplar a Dios Trino con el intelecto, como sí sucede con los bienaventurados en la gloria, sí se puede, en cambio, amar a Dios con el Amor del Espíritu Santo, por obra de la gracia, como lo aman los bienaventurados en el cielo. De esta manera, cuando el alma en gracia parte de este mundo, cambia en su conocimiento intelectual, que de oscuro pasa a ser iluminado con la luz divina, pero no cambia en el amor, pues le sigue amando como ya le amaba en esta vida terrena: el mismo acto de amor puede ser el de esta vida y el de la otra; en uno y otro el alma ama a Dios Trino por Sí mismo y en Sí mismo[3]. Y en esto consiste la bienaventuranza en esta vida, en el amar a Dios con el Amor de Dios, el Espíritu Santo, el cual es traído al alma por la gracia.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Por esta razón, es verdad lo que afirma un autor: que aunque nos falte todo –materialmente hablando-, si no nos falta la gracia, no nos falta nada y también es al revés: si lo tenemos todo –materialmente hablando-, pero no tenemos la gracia, es como si no tuviéramos nada. Por la gracia poseemos a Dios Trinidad, que es el Sumo y Eterno Bien y la suma de todos los bienes posibles e inimaginables y así, con sólo la Trinidad en el alma, nos podemos considerar más que afortunados, bienaventurados[4].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).  

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 425.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 425.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 426.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 426.

Hora Santa en reparación por ultraje de imagen de la Virgen en Salta, Argentina 251120

 


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ultraje sufrido por una imagen de la Madre de Dios en Salta, Argentina, por parte de un grupo de feministas. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:

https://layapasalta.com.ar/2020/11/25/feministas-pintaron-a-mi-me-violaron-en-la-imagen-de-la-virgen/?fbclid=IwAR0kgLiH-QFE9Vqru0X9Cgq2y7djnTWiTsl6AFXKgsg5m_P3p3BW4fft-pk

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cristianos, venid, cristianos, llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

Afirma un autor que “sólo en Dios está el objeto y blanco de la verdadera bienaventuranza, porque sólo Él puede llenar nuestros deseos y nada menos que Dios”[1]. Al respecto, San Bernardo dice: “El ánimo avariento del hombre sólo se puede ocupar con las creaturas, pero no se puede hartar con ellas y así, todo lo que es menos que Dios, no llenará al alma capaz de Dios”. En otras palabras, el alma ha sido creada para un Bien infinito y eterno, que es Dios Trino y por eso no puede nunca contentarse con creaturas, que son finitas y temporales.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

El alma, creada por Dios y para Dios, sólo tiene descanso, contento y paz en Dios y así lo dice San Agustín: “Nuestro corazón está inquieto hasta que no descansa en Dios”. Y continúa San Agustín: “Dios es todo para ti: si tienes hambre, Él es pan; si tienes sed, Él es agua para ti; si estás en tinieblas, te es luz; si estás desnudo, te es vestido de inmortalidad”[2]. Parafraseando a San Agustín, podemos decir que Dios es Pan de Vida eterna, es Agua espiritual que “salta hasta la vida eterna”, porque es la gracia Increada; es Luz Eterna e infinita; es la Eternidad que da vida a nuestra humana mortalidad, revistiéndonos con su gracia y quitándonos el pecado.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

No hay, para el alma, dice San Agustín, dicha más grande que Dios, que vivir de Dios y para Dios: “¿Qué cosa hay mejor que este bien (Dios)? ¿Qué cosa más dichosa que esta dicha, vivir para Dios, vivir de Dios?[3]. En Dios Trino está la bienaventuranza verdadera, así de esta vida como de la venidera, la cual no se puede adquirir sin la gracia: ésta es el vínculo de la bienaventuranza, porque da derecho para poseer a Dios en la gloria, y en esta vida trae el mismo Dios al alma para que lo posea y en Él se alegre y goce[4].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La gracia trae consigo la bienaventuranza, porque no solo trae los bienes materiales, sino que trae al alma al que es todo bien, trae al mismo Dios Uno y Trino: el Espíritu Santo habita en el justo y todas las Tres Divinas Personas vienen a él y hacen en esta alma en gracia su morada y mansión, lo cual concede al alma una inexplicable e inimaginable grandeza y felicidad y así se convierte en la más alta dicha y alegría a la que un alma puede aspirar en esta vida mortal[5], puesto que es un anticipo de la visión beatífica en el Cielo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Por la esencia de la gracia, el alma llega a la posesión de Dios Trino y lo posee también por el amor, puesto que la gracia lo hace partícipe de la Vida divina y si de la Vida divina, también del Amor divino, Amor con el que el alma ama a Dios Trino ya desde esta vida terrena. Es decir, la gracia trae consigo el amor de caridad o es la misma caridad –el Amor de Dios- para que amemos a Dios no con nuestro limitado amor humano, sino con el Amor mismo de Dios y lo amemos por Sí mismo y en Sí mismo[6]. Y este bien del Divino Amor que causa la gracia en el alma, no lo puede conceder ningún bien y ninguna creatura del mundo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).  

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 424.

[2] 1 Confes., cap. 1.

[3] Serm. 19 sup. Joan., de spir. et lit.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 424.

[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 425.

[6] Cfr. Nieremberg, ibidem, 425.