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lunes, 27 de enero de 2020

Hora Santa en reparación por ataque contra la Virgen de Guadalupe en México 290819



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por un ataque sufrido por la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en México. Para mayor información, consultar los siguientes enlaces:



          Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación

Las palabras de la Consagración son las más poderosas que Dios Trino haya podido conceder a la Iglesia, más poderosas aun que las pronunciadas por la Trinidad para la creación del universo visible e invisible[1]. La razón de su poder es que tienen la capacidad de poder transformar un poco de pan y de vino en Jesús, que es Dios Crucificado.

Silencio para meditar. 

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación

          Las palabras de la Consagración realizan un misterioso hecho sobrenatural, de potencia infinita, que supera infinitamente al poder de todos los ángeles juntos y algo que pertenece a este hecho es que este poder Dios Trino no lo ha dado ni a los ángeles, ni a la Madre de Dios, sino a los sacerdotes ministeriales[2]. Es por esta razón que no debemos maravillarnos de que haya habido sacerdotes santos que sufrían místicamente cuando pronunciaban aquellas divinas palabras, como San José de Cupertino y el Padre Pío de Pietralcina, entre muchos otros.

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación

          Algunos santos tenían verdaderos raptos místicos cuando pronunciaban las palabras de la Consagración, como el Padre Pío de Pietralcina: en algunas ocasiones, el santo Padre Pío quedaba dominado por una mística y visible angustia mortal y sólo a duras penas, entrecortadamente, lograba terminar las fórmulas de la Consagración[3]. Una vez, el Padre guardián preguntó a San José de Cupertino: “¿Cómo es posible que pronuncie tan claramente toda la Misa y tropiece en cambio en cada sílaba de la Consagración?”. El Santo respondió: “Las palabras santísimas de la Consagración están en mis labios como carbones encendidos; al pronunciarlas, tengo que hacer como quien debe engullir una comida hirviendo”.

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación

          El gran misterio que caracteriza a la Iglesia Católica y la diferencia de las demás iglesias –de otras denominaciones-, es que Jesús, la Segunda Persona de la Trinidad, está en Persona en nuestros altares, en la Eucaristía y en nuestros sagrarios, a raíz de las palabras de la Consagración[4]. ¿De qué manera? Esto se lo preguntaba un estudiante de religión a un obispo misionero: “¿Cómo es posible que el pan y el vino se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo?”. El obispo le respondió: “Cuando tú naciste eras pequeño; has crecido porque has transformado en carne y en sangre el alimento que has tomado. Si el cuerpo del hombre es capaz de transformar en carne y en sangre el pan y el vino que consume, con mayor facilidad podrá hacerlo Dios mismo”.

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación

          Muchos, ante el misterio de la Eucaristía, se hacen la siguiente pregunta: “¿Cómo es posible que en una hostia tan pequeña esté presente Jesús todo entero?”. La respuesta de la Iglesia puede ser la siguiente: “Contemplen el paisaje que tienen delante y piensen cuánto más pequeño es el ojo y así mismo encierra la imagen de esta campiña tan grande. ¿No puede Dios hacer realidad en su Persona lo que hay en figura en nosotros?”. Y si alguien pregunta: “¿Cómo es posible que el mismo Cuerpo se encuentre al mismo tiempo en todas las iglesias y en todas las Hostias consagradas?”. La respuesta de la Iglesia es: “Para Dios no hay nada imposible y esta respuesta debería bastar. Pero también la naturaleza responde a esta pregunta. Si alguien tiene un espejo y lo tira al suelo y lo rompe, cada trozo del espejo roto presentará la misma imagen que reproducía el espejo entero. Así, el mismo Jesús se reproduce, no en figura sino en realidad, en todas las Hostias consagradas; Él está verdaderamente en cada una de ellas”[5].

          Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canción de despedida: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonio de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 100.
[2] Cfr. Manelli, ibidem, 100.
[3] Cfr. Manelli, ibidem, 100.
[4] Cfr. Manelli, ibidem, 101.
[5] Cfr. Manelli, ibidem, 101.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Hora Santa en reparación por ataque de extremistas hindúes a un colegio católico en la India 120919



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por el violento ataque sufrido por un colegio católico en la India, a manos de extremistas hindúes. El informe completo acerca del lamentable hecho se encuentra en el siguiente enlace:


Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         El alma que está en gracia debe en todo contentar a su Divino Esposo, Dios Trino, que inhabita en ella por la gracia y por la gracia la desposa en unión esponsal[1]. En efecto, afirma un autor, “el alma en gracia debe corresponder a la lealtad de Dios y no hacer nada en que falte a la fe de esposa fiel. Ha de hacer lo que esté a su alcance para dar gusto a su esposo querido; toda ha de ser para su amado, así como su Amado es todo para ella; todo  su afecto ha de estar en servirle, todo su corazón en amarle, toda su memoria en acordarse de Él, todo su entendimiento en conocerle y admirarle” [2].

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Si bien todas las creaturas le deben a Dios, con todas sus fuerzas, el servicio y el amor por el solo hecho de ser creaturas suyas, el alma que está en gracia adquiere una nueva obligación, a causa de esta unión esponsal tan admirable que se establece entre el alma y Dios por la gracia y esta obligación es tan grande, que debe el alma emplear todas sus fuerzas, todo su ser, su querer, su pensar, en agradarle y evitar el más mínimo disgusto a Dios, su Divino Esposo[3]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que en todo seamos capaces de agradar a Dios, nuestro Divino Esposo!

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

En la unión del alma con Dios por la gracia se encuentra otro bien del matrimonio terreno y es el de la inseparabilidad: Dios quiere estar eternamente con su esposa, el alma en gracia y por parte suya no puede faltar, porque es inmortal y no puede morir, pero además es inmutable y no puede arrepentirse y es justísimo, por lo que no puede agraviar[4]. A todas y cada una de estas características del Divino Esposo, debe el alma en gracia corresponder con todas sus fuerzas, con todo su ser, con todo su querer. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nos esforcemos, con todo nuestro ser, en darle contento a Dios Nuestro Señor!

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Entre los seres humanos, sucede que el vínculo matrimonial se puede deshacer con la muerte de uno de los cónyuges, o también se pueden dar faltas en la lealtad y en el amor que mutuamente se juraron una vez ante el altar; sin embargo, en el matrimonio místico que se establece entre Dios y el alma por la gracia, nada de esto puede suceder, de parte de Dios, porque Dios es, como dijimos, inmutable y justo y por esa inmutabilidad y justicia no puede quebrantar su unión de amor con el alma[5]. Si fuera por Dios, Él no se apartaría eternamente del alma, amándola hasta el extremo, sin jamás siquiera pensar en el divorcio. Lamentablemente, este divorcio puede ocurrir por parte del alma, cuando esta se deja seducir por los falsos encantos del pecado, apartándose así de su Amado Esposo.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.  
 
Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Refiriéndose a la unión del alma con Dios, dice así Santo Tomás: “Alma mía, el matrimonio que entre ti Dios se comenzó en el bautismo y es ratificado con la buena vida, en la Patria celestial será consumado y después de aquel primer consorcio será imposible hacer divorcio. Porque así el esposo como la esposa serán inmortales en el cielo. En esta vida sólo puede faltar este matrimonio por la muerte del alma cuando cae en pecado; porque así como se acaba el matrimonio humano con la muerte de uno de los casados, así el matrimonio divino del alma con Dios acaba con la muerte del alma si comete algún pecado mortal. Pero aún en esto hay gran diferencia entre el matrimonio de Dios y de los hombres: que el excusar la muerte del cuerpo no está en nuestras manos y así no está en la libertad humana continuar el matrimonio; pero el excusar la muerte del alma está en nuestra mano y así puede el alma eternizar este divinísimo vínculo conyugal con Dios”. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestro vínculo de amor con Dios por la gracia se mantenga más allá de esta vida, de modo que podamos gozar eternamente de su Amor esponsal!

         Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 237.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 237.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 238.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 238.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 238.

martes, 14 de mayo de 2019

Hora Santa en reparación por ataque a parroquia en fiesta de la Virgen de Fátima en Níger, África 140519



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ataque sufrido por una parroquia en Níger, África. En dicho ataque fue herido el sacerdote. El resto de la información sobre tan lamentable hecho se encuentra en el siguiente enlace:


Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación

Para que tomemos conciencia de la excelencia que significa la gracia de la adopción filial, excelencia que debe traducirse en un obrar no menos excelente, es conveniente reflexionar en las palabras de un filósofo pagano[1], el cual, después de haber dicho que el hombre era obra principalísima, dijo así: “Si fueras una estatua de un famoso escultor, te deberías acordar de ti mismo y de quién te fabricó y si tuvieras algún sentido, debías con todas tus fuerzas procurar no hacer cosa indigna de tu artífice ni de ti mismo. Pues si el sumo Dios te hizo, ¿cómo no miras cómo pareces delante de los hombres? Las obras y fábricas de Dios no son inmóviles como las estatuas creadas por los hombres, porque tienen espíritu, sentidos y razón y por lo mismo, siendo obra de tan gran Artífice, debe mucho de cuidarse el hombre de hacer obras que no sean dignas de su Hacedor”. Ahora bien, si esto sucede con el orden natural, ¿no deberíamos extremar los cuidados, siendo que por la gracia hemos sido elevados al orden sobrenatural? Si somos hijos de Dios, cuidémonos al extremo de no ofender a nuestro Padre celestial con obras que no sean de la luz.

Silencio. 

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación

Sólo por el hecho de tener espíritu humano debemos ser castos, fieles, generosos, constantes, sin perturbación de pasiones, para reflejar, de esta manera, a nuestro Creador, que es Espíritu Purísimo, Perfectísimo y Limpidísimo. Ahora bien, si esto debemos hacer y procurar sólo por nuestro estado natural, es decir, sólo por ser creaturas de Dios, ¿qué no debemos procurar siendo, más que creaturas, hijos adoptivos de un Dios tan excelso? Quien tiene el Espíritu de Dios, debe comportarse como tal, para no deshonrar a un huésped tan magno. Si los hijos adoptados entre los hombres deben a sus padres adoptivos todo agradecimiento, por el hecho de haberles dado su amor al adoptarlos, los hijos de Dios, que han recibido el Amor de Dios, el Espíritu Santo, por la adopción filial, deben todavía más agradecimiento y una forma de agradecimiento es el de ser una creatura pura, casta y santa, en cuanto le sea posible con la ayuda de la gracia.

 Silencio. 

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación

Otra excelencia de la gracia de adopción filial es que es hecha por Dios voluntariamente y en esto excede la generación natural que es propia del hombre, porque el hombre no engendra voluntariamente a otro, en el sentido de decir “éste es el que quiero”, porque no está en su voluntad ese poder de elección al engendrar; es decir, no puede el hombre escoger o elegir al hijo que quiere y es por esto que los hijos deben a sus padres no su elección y voluntad, sino solamente su sangre. Por otra parte, cuando el hombre prohija a uno, deja de lado a muchos otros. Si esto sucede en la naturaleza, no es así con Dios, porque Dios sí elige a quiénes quiere adoptar como hijos, y es a aquellos a quienes llama para que reciban el bautismo sacramental. Además, no sucede como con los hombres, que engendran un hijo y dejan de lado a otros, porque Dios puede engendrar, por el bautismo, infinidad de hijos adoptivos suyos.

Silencio. 

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación

Para adoptarnos como hijos suyos, Dios no sólo nos eligió, sino que envió a su Hijo Unigénito a morir por nosotros en la Cruz, para que precisamente tuviéramos acceso a la gracia santificante que, a la par que nos quita el pecado, nos concede la filiación divina. Al respecto, dice San Pedro Crisólogo: “Oh hombre amado con tal extremo de Dios, vuélvete a Dios, entrégate todo a la gloria de Aquel que se entregó todo por ti a la injuria; llama confiadamente Padre a quien con tanto amor has experimentado serlo tuyo”. En otras palabras, el santo nos dice que no dudemos un instante en entregarnos con todo nuestro ser, con todo lo que somos y tenemos, a un Dios que no dudó un instante en entregarse por nosotros a una muerte humillante, la muerte de Cruz, para adoptarnos como hijos suyos.

Silencio.  

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación

San Bernardo dice: “Mira cuán voluntariamente te engendró, pues “no perdonó a su Unigénito porque fueses tú engendrado. De este modo Él se me ha mostrado Padre, pero yo no me he mostrado hijo. ¿Con qué cara levanto los ojos al rostro de Padre tan bueno, siendo yo tan maldito hijo? Avergüénzome de haber hecho cosas indignas de mi linaje; avergüénzome de haber degenerado de hijo de tan grande Padre”. Esto lo dice nada menos que San Bernardo, santo penitente, contemplativo y de mucha oración y sacrificio: ¿qué podemos decir nosotros, olvidados de los pensamientos de los hijos de Dios, inmortificados, indevotos y tan vivos al amor propio? ¿Qué pueden decir lo que con un pecado mortal deshonran a su Padre e ignominiosamente le apartan de su pecho y echan de su casa?”. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, refugio de pecadores, que tu Inmaculado Corazón sea nuestro refugio, para que nunca nos apartemos de nuestro Padre Dios!

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canción de despedida: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.



[1] Arrian., lib. 2, cap. 8, 128.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Hora Santa en reparación por ataque a iglesia católica y asesinato de fieles en Burkina Faso 290419



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por el ataque a una iglesia en Burkina Faso, de la Diócesis de Dori, durante el rezo del Via Crucis, en el que murieron cuatro fieles. Además de esta agresión a una iglesia católica, fue atacada también en el mismo lugar una iglesia protestante, que dejó como saldo a cinco fieles cristianos muertos. La crónica del lamentable suceso se encuentra en la siguiente dirección electrónica:


Canto inicial: “Tantum ergo, sacramentum”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado (misterios a elección).

Primer Misterio del Santo Rosario. 

Meditación.

         Cuando se dice que la gracia da vida al alma, es necesario recordar que la vida que da la gracia no es una vida natural humana, es decir, no se trata de algo así como una prolongación de la vida natural: la vida que da la gracia es una vida verdaderamente sobrenatural, porque es la vida de Dios Uno y Trino[1]. Por la gracia, el alma adquiere una nueva vida, que es verdaderamente nueva porque no se trata de ninguna vida creatural, sino de la vida misma de Dios. La gracia levanta y eleva al alma a un estado de vida común sólo con Dios, es decir, se trata de una vida superior infinitamente a la vida de las creaturas, comprendidos los ángeles. Si el alma por sí misma es una cosa excelente, por cuanto es imagen y semejanza de Dios, lo es mucho más cuando adquiere la gracia, porque además de ser semejanza de Dios, pasa a ser Dios por participación y no hay nada que pueda ser más grande que esta condición.

         Silencio para meditar.  

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Si el alma da vida al cuerpo, por la gracia, es el Espíritu Santo el que se convierte en “alma del alma”, porque el alma pasa a vivir con la vida misma de Dios, la vida divina. Lo que hace el alma con el cuerpo, esto es, vivificarlo, es lo que hace Dios con el alma, vivificarla con su propia vida, por medio de la gracia y esa es la razón por la cual algunos llaman a la gracia “alma del alma”[2]. Ahora bien, en sentido inverso, también se mantiene la analogía: si cuando el alma se separa del cuerpo, este queda sin vida, porque se convierte en un cadáver, así el alma que, por el pecado, pierde la gracia, se convierte en un cadáver espiritual. De esto tenían gran conciencia los santos, quienes preferían perder la vida terrena antes que perder la vida de la gracia.

         Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Santo Tomás[3] dice que el cuerpo recibe del alma el primer ser y la vida, pero que el alma tiene el segundo ser y la vida de Dios mismo, por lo que la vida de Dios actúa en el alma como “alma del alma”. Es decir, si el cuerpo recibe del alma su principio vital y es por el alma que tiene vida, el alma recibe de Dios la infusión de vida divina, por medio de la gracia, siendo la gracia el principio de vida sobrenatural del alma. Por la gracia, es el mismo Espíritu de Dios el que le da vida sobrenatural al alma y a esto a lo que se refiere Nuestro Señor cuando dice: “Es el Espíritu el que vivifica”, esto es, el Espíritu Santo y su divinidad. Es esto lo que Nuestro Señor quiere significar cuando dice: “Así como me envió mi Padre, que vive y Yo vivo por mi Padre, así también quien me comiere vivirá por Mí”. Es decir: “Así como Yo recibí la vida de mi Padre, que me envió, así también el que, por comer mi cuerpo, recibe gracia, recibirá de Mí la vida; porque la vida que recibí de mi Padre la traspasaré en aquellos que me comen, para que con una misma vida el Padre y Yo y ellos vivan”[4].

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Nuestro Señor Jesucristo recibió del Padre la vida de la divinidad y esto desde la eternidad, pues siendo Él el Verbo de Dios, la recibió por generación eterna y la recibió también como hombre, por la unión hipostática, es decir, por la unión del Verbo con la humanidad de Jesús de Nazareth en el seno virgen de María Santísima. Ahora bien, es esta misma vida divina la que Él nos transfunde con la gracia, por lo cual se puede decir, con toda razón –y con admiración- que el hombre vive con el Espíritu de Dios.

 Silencio para meditar. 

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         La gracia es tan admirable, que así como Cristo, el Hijo de Dios, vive por el Padre, así el que está en gracia vive por Cristo. No hay, por lo tanto, mayor excelencia que la gracia, por la cual el alma vive con la vida misma de Dios Trino. Es por esto que San Pablo dice: “Por la gracia de Dios soy lo que soy” y también: “Vivo yo, pero no yo, sino Cristo quien vive en mí”. Se puede afirmar, como lo dicen algunos autores[5], que la vida natural es muerte, cuando se la compara con la excelencia absoluta que es vivir, por la gracia, con la vida divina del Espíritu de Cristo.

         Un Padre Nuestro, Tres Ave Marías y Gloria para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo también por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco y por las benditas almas del Purgatorio.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, s. d., 143.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 143.
[3] Opusc. De dilect. Dei, cap. 20.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 144.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 144.