viernes, 21 de julio de 2023

Hora Santa en reparación por incendio de iglesia católica del siglo XVI por musulmanes en Francia 070723

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el blasfemo incendio de una iglesia católica del siglo XVI por parte de musulmanes africanos. Para mayores detalles acerca de esta cobarde agresión a la Santa Iglesia Católica, consultar el siguiente enlace:

https://twitter.com/CatholicArena/status/1677369233355726859?s=20

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

         Afirman los autores católicos que el bien más grande, el tesoro más preciado, que un hombre puede tener en esta vida, es la amistad con Dios Uno y Trino, amistad que es proporcionada por la gracia santificante, comunicada a través de los sacramentos. Dice así un autor: “El siervo de Dios Nuestro Señor ha de andar con todo cuidado para conservar la gracia y asegurarse en ella, cumpliendo lo que nos amonesta el apóstol San Pedro: “Hermanos, andad más ansiosos de hacer por medio de buenas obras cierta vuestra vocación y elección, porque haciendo esto, no pecaréis alguna vez y así se os franquee ahora abundantemente la entrada al Reino de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pe 1)[1].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Este consejo del apóstol San Pedro es de gran consuelo para el alma y también de gran provecho. En efecto, ¿qué consuelo del mundo puede igualar al hecho de saber uno que, ayudado por la gracia santificante y obrando obras de misericordia, corporales y espirituales, como manda la Santa Madre Iglesia, perseverará en el camino de la predestinación al Reino de los cielos? No hay un bien mayor que la amistad con Dios, amistad que el cristiano debe preservar a toda costa, aun corriendo el riesgo de perder la vida terrena, pues así gana la vida eterna.

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         No en vano los santos pedían la siguiente gracia: la gracia de morir antes que cometer un pecado mortal o venial deliberado. Quien procure perseverar en la gracia, consigue dos provechos muy notables, además de la paz y del gozo espiritual: uno es que no hará jamás pecado mortal, porque obrando siempre bien y mejor, no pecará mortalmente y así se asegura su salvación; el otro, que irá aumentando sus merecimientos con la continuación de las obras de misericordia, con lo cual alcanzará cada vez más gloria en el Reino de Nuestro Señor Jesucristo[2].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Para quien anhela ingresar en el Reino de los cielos al término de su vida terrena, es de suma importancia el saber si se encuentra o no en gracia. Esto -el saber si se está en gracia o no- no se puede saber con certidumbre de fe, ni con evidencia ni infalibilidad total, a menos que se de una especial revelación, lo cual no es frecuente. Es conveniente que no lo sepamos de esta manera, para así practicar la humildad; ahora bien, según los grandes santos de la Iglesia, como San Ambrosio, San Cipriano, San Cirilo, San Agustín, San Gregorio Magno y otros, sí se puede llegar a un certidumbre moral, meditando con mucha humildad sobre el tema, es decir, sobre la amistad con Dios por medio de la gracia[3].

         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         El mismo San Pablo dice que estaba cierto de que no le apartaría ninguna cosa de la caridad de Dios -del amor sobrenatural de Dios- y lo mismo es de la gracia; en otras palabras, imitando al Apóstol, debemos decir lo mismo de la gracia, es decir, que nada de este mundo nos aparte de la gracia santificante. Esto no lo dijo como si hubiera tenido una revelación de su predestinación, sino por otras circunstancias que le daban satisfacción y alguna certeza, que aunque no evidente, es de gran consuelo[4].

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, S. J., Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 572.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 573.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 573.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 573.

viernes, 23 de junio de 2023

Hora Santa en reparación por ultraje y sacrilegio contra Nuestro Señor Jesucristo en Indonesia 180623

 



Hora Santa en reparación por ultraje y sacrilegio contra Nuestro Señor Jesucristo en Indonesia 180623


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ultraje cometido contra Jesús crucificado en Indonesia. El ultraje consistió en un inaceptable sincretismo pagano, mostrando irreverentemente a un “Jesús danzante”, que danza para agradecer a los dioses paganos la fertilidad y las buenas cosechas; además, se ofendió a Nuestro Señor al colocársele una bufanda amarilla en señal de respeto a Alá, colocando claramente a Nuestro Señor, Segunda Persona de la Trinidad, en una posición inferior a “Alá”, el falso dios musulmán.


Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.


Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).


         Al ser crucificado Jesús, los Apóstoles lo abandonaron, dejándolo solo y este abandono fue muy difícil de soportar para Jesús, porque se sentía tan solo, que hasta le parecía que incluso Dios Padre lo había abandonado, aun cuando Dios Padre no lo abandonó en ningún momento y este abandono tan difícil de sobrellevar fue lo que lo llevó a decir: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”.


         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.


Segundo Misterio.


Meditación.


         Sin embargo, si los Apóstoles lo abandonaron y si Dios Padre no lo abandonó, pero no hizo sentir su Presencia al punto de pensar Jesús que el Padre lo había abandonado, había Alguien que no lo abandonó nunca, Alguien que lo acompañó por todo el Via Crucis y que estuvo con Él todo el tiempo, al pie de la Cruz y ese Alguien fue María Santísima, la Virgen de los Dolores.


         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.


Tercer Misterio.


Meditación.


         Por esta razón, todos los católicos, que se consideran hijos de la Virgen, deben estar, junto con Ella, arrodillados al pie de la Cruz, adorando la Preciosísima Sangre del Señor y besando sus pies clavados al madero. Pero no solo debemos adorar a Nuestro Señor, junto a la Virgen, sino que también debemos asociarnos a Ella para beber, junto con la Virgen, el amargo cáliz del gran abandono de Jesús[1].


         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.


Cuarto Misterio.


Meditación.


         Al pie de la Cruz, no están los amigos y los discípulos, no están todos aquellos que, de una u otra manera, recibieron dones, milagros, gracias y toda clase de bienes de parte de Jesús[2]. Es la Virgen la que busca, con su mirada dolorosa de Madre, a alguno que pueda ofrecérsele para aplacar su dolor: “He buscado consoladores, pero no los he encontrado”. Ofrezcámonos, por medio de la Virgen, para ser los que, con su pequeñez y con su nada, unidos a la Virgen, demos consuelo a Jesús Crucificado.


         Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.


Quinto Misterio.


Meditación.


         Al pie de la Cruz no están las multitudes que con sus “hosannas” aclamaban a Jesús, tampoco la muchedumbre que lo recibía con alegría porque resucitaba sus muertos, les expulsaba los demonios, les multiplicaba los panes y peces. Pero sí están sus enemigos, cegados por el odio deicida, alimentado por los jefes religiosos, por aquellos que debían recibirlo con amor y humildad y en cambio lo crucifican con odio y crueldad. Acompañemos a la Virgen, arrodillados ante la Cruz, para consolar a Jesús con el pobre consuelo de la nada de nuestro corazón humano.


         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).


“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.


Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.


Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.


 



[1] Cfr. Stefano Gobbi, A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen, Editorial Nuestra Señora de Fátima 1992, 204.


363.


[2] Cfr. Gobbi, ibidem, 363.


Hora Santa en reparación por ultraje a la Iglesia Católica por parte de varones disfrazados de mujeres en Estados Unidos 200623



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la burla sacrílega realizada contra la Santa Iglesia Católica y contra sus consagrados, por parte de varones feminizados, es decir, travestidos de mujer, a través de una agrupación blasfema llamada “Hermanas de la Indulgencia perpetua”.

Canto de entrada: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

El cristiano, más precisamente, el católico, debe vivir, en el tiempo que le queda por vivir en la tierra, en la plena confianza en el amor misericordioso del Padre y en la acción de su Madre del cielo[1], la Virgen Santísima, la Madre de Dios. El católico debe vivir en el tiempo, no según el tiempo que se mide cronológicamente, sino en el tiempo de gracia divina que significa cada latido del Corazón Inmaculado de la Virgen Santísima.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Todos los santos de todos los tiempos, vivieron según esta confianza, la confianza en el Amor Misericordioso del Padre, que se dona a través del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Dios Omnipotente se sirve de esta confianza para obrar en lo más profundo del ser del hombre, de sus hijos adoptivos, de los bautizados y ha obrado, aun cuando humanamente, para sus hijos, parecía todo perdido y así, en estas condiciones, Dios siempre ha vencido. Por eso la confianza en el Amor Misericordioso del Padre es esencial para la vida del bautizado.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

La Virgen Santísima es modelo y ejemplo de esta confianza que espera aun contra toda esperanza humana, aun cuando todo parece perdido, desde el punto de vista humano. La Virgen confió en el Amor Misericordioso de la Santísima Trinidad y así llegó a ser la Virgen y la Madre del Verbo, que nos a este Verbo, que se había encarnado en sus entrañas virginales, Nuestro Señor Jesucristo, en Belén y continúa donándonos a su Hijo en la Sagrada Eucaristía, cada vez, en la Santa Misa.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

En nuestros días el mal, personificado en la persona angélica de Satanás y anidando en lo más profundo del ser humano, a causa del pecado original, se ha apoderado de prácticamente todo el mundo y de prácticamente toda la humanidad, incluidos numerosos miembros de la Santa Iglesia Católica y esta realidad, que se puede constatar que día a día se profundiza cada vez más, puede llevar al desaliento y a la pérdida de confianza en el obrar divino, pero la Virgen nos alienta a que no miremos este mal, que como una nube densa y negra aumenta cada día más, introducida incluso en la Iglesia por Satanás, sino que elevemos nuestra mirada a su Inmaculado Corazón, en el cual mora el Divino Amor, el Espíritu Santo, que será quien triunfe al final de los tiempos.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

La Virgen Inmaculada triunfará con el Amor de su Inmaculado Corazón, pero es necesario que, hasta que se lleve a cabo este triunfo, que es el triunfo de Dios sobre todo mal, sobre el Ángel caído y sobre la maldad humana, una purificación[2], porque solo el corazón purificado por el fuego de la tribulación y también por el fuego de la gracia divina, puede resplandecer con el brillo del Ser divino trinitario. No busquemos fechas; consagrémonos al Inmaculado Corazón de María y refugiémonos en él, seguros de su Triunfo Final.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.



[1] Cfr. Stefano Gobbi, A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen, Editorial Nuestra Señora de Fátima 1992, 204.

[2] Cfr. Gobbi, ibidem, 205.

viernes, 2 de junio de 2023

Hora Santa en reparación por horrible ultraje en Basílica de San Pedro en Vaticano 020623

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el increíble, horrendo, atroz, crimen sacrílego cometido en el corazón mismo de la Cristiandad, en la Basílica de San Pedro en Vaticano: un hombre se desnudó y subió así, desnudo, al altar de la Basílica. No dejamos de preguntarnos: ¿dónde estaba la Gendarmería Vaticana, la Guardia Suiza, el Servicio Privado de Seguridad del Vaticano, los “carabinieri” italianos? Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace.

https://www.youtube.com/watch?v=f8FvpJ9Ye4U

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Hay tres señales que pueden indicar al alma que está en gracia y que corresponden a tres facultades del alma: la gracia concede luz divina a la parte racional; concede la alegría divina a la parte concupiscible y da la paz divina a la parte irascible. Esto se puede ver en la reflexión de los Salmos: la luz divina cuando dice: “Señalada está sobre nosotros la luz de tu rostro”; la alegría cuando dice: “Le diste alegría a mi corazón”; la paz, cuando dice: “En paz dormiré y descansaré”[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

También es una señal de estar el alma en gracia cuando no tiene conciencia de haber cometido un pecado mortal, al menos desde la última confesión. La razón y la verdad, iluminadas por la luz de la fe, juzgan por nada todos los bienes de la tierra; además, el alma tiene conocimiento de sí misma y se desprecia como se merece, teniendo como dignos de estimación los bienes espirituales y eternos, como el Reino de los cielos y la contemplación del Rey de los cielos, el Cordero de Dios, Cristo Jesús.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Es signo también de estar el alma en gracia cuando se alegra sólo en Dios Uno y Trino y sólo en Él tiene puesto su deseo y gusto, su deleite y su esperanza, no amando cosa alguna creada sino al Creador de todas las cosas y amando a las cosas en Él y por Él, teniendo en todas las cosas pureza de intención, deseando y buscando únicamente la gloria de Dios.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

El alma en gracia, tiene paz en las adversidades, no se enoja contra los que le agravian, no aborrece sino al pecado, cuyo odio ha sentido con larga experiencia, de manera que no ha caído en él por mucho tiempo y está con resolución firmísima de padecer todos los males posibles antes que cometer una falta venial deliberada y menos un pecado mortal, deseando la muerte antes que estas dos horribles acciones, que sabe el alma que ofenden gravemente a Dios y la ponen en peligro de eterna condenación. Según algunos autores, puede haber alguna certidumbre de que tal alma está en estado de gracia santificante[2].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Con relación a las almas que están en gracia, San León dice: “El que desea saber si por ventura está en él Dios, de quien se dice: “Admirable es Dios en sus santos”, escudriñe lo interior de su corazón con sincero examen y haga sagaz inquisición, con qué humildad resiste a la soberbia, con qué benevolencia contradice a la envidia, cómo no se deja adular de las lenguas de los aduladores, cuánto se huelga con los bienes ajenos, si por mal que ha recibido no desea devolver mal (…) mire en su corazón si está la madre de todas las virtudes, que es la caridad y si hallare en sí intensamente el amor de Dios y del prójimo de todo su corazón, de manera que desee para sus enemigos lo mismo que desea para sí; quien fuere de esta manera, no dude que habita en él Dios y le rige”[3].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 574.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 575.

[3] Serm. 2, Resur.

sábado, 27 de mayo de 2023

Hora Santa en reparación por la sacrílega conversión de iglesia católica en “Catedral del Diablo” 250523

 





Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la sacrílega conversión de una iglesia católica en una infame “Catedral del Diablo”, hecho ocurrido en Cambrai, norte de Francia. Para mayor información, consultar el siguiente enlace: https://religionlavozlibre.blogspot.com/2023/05/convierten-capilla-desacralizada-en-la.html

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

El cristiano, afirma un autor, debe aprender a reconocer cuando se está en gracia, para perseverar en la gracia, puesto que esto es un signo de predestinación[1]. Aquel que desee ser siervo de Dios Nuestro Señor, debe andar siempre con gran precaución y cuidado, para preservar su estado de gracia.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

El Apóstol San Pedro nos exhorta a guardar el estado de gracia: “Hermanos, andad más ansiosos de hacer por medio de buenas obras cierta vuestra vocación y elección; porque haciendo esto, no pecaréis alguna vez y así se os franquee ahora abundantemente la entrada al reino de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pe 1). Este consejo del Apóstol San Pedro es de gran consuelo para el alma y juntamente de grandísimo provecho. No hay ningún consuelo del mundo que puede igualar el saber que se obra no solo bien, sino santamente, debido al auxilio de la gracia divina.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Un bien tan grande como la amistad con Dios, dada por la gracia, la cual predestina a la alegre eternidad en el Reino de los cielos, no puede ser puesto en peligro -lo cual sucede cuando el alma, temerariamente, no evita las ocasiones de pecado-: el cristiano debe asegurar su gracia para así estar tranquilo en relación a su eterna salvación, huyendo de las ocasiones de pecar y esto lo debe hacer aun a costa de grandes sacrificios.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

De esta actitud de estar atentos a la vida de la gracia, se siguen dos provechos espirituales notables: además de la paz y la alegría espiritual que le son concedidas al alma, el alma que está vigil y atento, como pide el Señor en el Evangelio, no cometerá jamás pecado mortal; al mismo tiempo, aumentará sus merecimientos con la continuación de obras de misericordia y así tendrá más gloria en el Reino de Nuestro Señor Jesucristo.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Es verdad que no se puede saber con infalibilidad total, pero sí con certidumbre moral y con humildad, que se está en gracia y en amistad con Dios y esto se puede hacer basándonos en la doctrina de las Escrituras, de los Padres de la Iglesia y del Magisterio de la Iglesia. Esto se puede colegir del profeta David, cuando dice: “Señalada está sobre nosotros la luz de tu Rostro”; “Le diste alegría a mi corazón”; “En paz dormiré y descansaré”. Es decir, son señales de que alguien está en gracia quien puede contemplar la luz del Rostro divino de Jesús -como en la imagen de Jesús de la Divina Misericordia-, la alegría espiritual de la buena conciencia y la paz verdadera del alma; estas pueden decirse que son señales de que está uno en gracia.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 572.

jueves, 25 de mayo de 2023

Hora Santa en reparación por el uso sacrílego de un templo católico como lugar de diversión en Bélgica 190523

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ultraje y sacrilegio cometidos contra un templo católico en Bélgica, por parte del mismo sacerdote párroco, convirtiéndolo en un lugar de “diversión” y de “comida chatarra”. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:

https://www.riposte-catholique.fr/archives/177817

Canto de entrada: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Una razón por la que los cristianos en estado de gracia deben conservar sus cuerpos en la santificación y honor de la castidad o continencia es porque, como dice el Apóstol, se hacen miembros de Cristo, espejo de toda pureza y limpieza y así, exhortando a la castidad, dice San Pablo: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?” (1 Cor 6, 15)[1].

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

El que está en gracia es templo del Espíritu Santo y se hace partícipe de la pureza de Cristo, quien es en Sí mismo la Pureza Increada. Jesús es castísimo, purísimo, limpidísimo, porque así es el Ser divino trinitario; entonces, quien se hace miembro del Cuerpo de Cristo por la gracia, no puede no imitar a Cristo en su pureza, en su castidad, en su ser inmaculado.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Todo en Cristo Dios es limpidísimo, porque todo su Acto de Ser divino trinitario es limpidísimo, purísimo, blanquísimo, castísimo y todo tiene que ser así para poder ser parte de Él por la gracia: el discípulo para amarlo, el contemplativo para mirarlo, el sepulcro para enterrarlo -el sepulcro de José de Arimatea era nuevo, ningún cadáver había sido sepultado antes allí-, la sábana para envolverle -de lino purísimo y finísimo-, su Madre para alojarlo en su seno y para criarlo -es la Madre de Dios, la que más participa de entre ángeles y santos de la pureza del Ser divino trinitario-; por esto mismo, quien quiera hacerse un solo cuerpo con Aquel que es la Pureza Increada, debe ser puro y casto en su cuerpo.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

La Persona Segunda de la Trinidad, Dios Hijo, asumió la naturaleza humana en la Encarnación, pero no quiso que fuera esta humanidad afectada por la impureza del pecado y por eso su humanidad, la humanidad de Jesús de Nazareth, fue desde su creación en el seno de la Virgen, Purísima y Limpidísima, Inmaculada, como corresponde a su Ser divino trinitario. Y así debe serlo, por la gracia santificante, por la pureza y la castidad del cuerpo, todo aquel que quiera vivir unido a Cristo Dios.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Tampoco quiso que el seno de la Mujer que habría de alojarlo en la Encarnación, estuviera mancillado por la mancha horrible y espantosa del pecado original y por eso determinó, desde toda la eternidad, que su Madre, Elegida desde la eternidad por la Trinidad, debía ser Purísima, Limpidísima, Inmaculada, libre también de la horrible mancha del pecado original. Entonces, a imitación de la Virgen Purísima y del Cordero Inmaculado, el cristiano no puede no vivir en estado de pureza en su alma por la gracia y en castidad y pureza en su cuerpo, si quiere ser fiel discípulo de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 569.