jueves, 10 de febrero de 2022

Hora Santa en reparación por decapitación de imagen del Sagrado Corazón en Cádiz, España 090222

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la blasfema decapitación de la imagen del Sagrado Corazón ocurrida en Cádiz, España. Para mayores detalles acerca de este horrible sacrilegio, consultar el siguiente enlace:

https://infovaticana.com/2022/02/09/decapitan-una-escultura-del-sagrado-corazon-de-jesus-en-san-fernando/

Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

En las apariciones de Jesús como el Sagrado Corazón, Nuestro Señor le muestra a Santa Margarita su Corazón, el cual presentaba las siguientes características: estaba envuelto en llamas, tenía una cruz en la base, su vértice estaba abierto y de él fluía sangre y, por último, estaba rodeado por una corona de espinas. ¿Qué significado tienen estos elementos? Un primer elemento son las llamas: estas llamas, que envuelven al Corazón de Jesús, representan visiblemente al Amor de Dios Uno y Trino, el Espíritu Santo. Esto significa que el Amor con el que Jesús nos ama no es un amor humano, sino un Amor Divino, el Espíritu Santo, representado en las llamas de fuego.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Un segundo elemento es la cruz en su vértice: significa que, puesto que Jesús está suspendido en la Cruz del Calvario -y en la Cruz de cada Santa Misa-, todo aquel que quiera tener para sí al Sagrado Corazón, debe hacerlo por medio de la cruz, es decir, subiendo a la Cruz junto a Jesús. Del mismo modo a como alguien, deseando un fruto exquisito, que se encuentra pendiendo de un árbol, debe subirse al árbol para así poder apoderarse del fruto y gozar de su dulzura, de la misma manera, quien desee gozar de las dulzuras del Sagrado Corazón, debe indefectiblemente subir al Sagrado Árbol de la Santa Cruz, que es donde se encuentra el exquisito fruto del Amor Divino, el Sagrado Corazón de Jesús.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Un tercer elemento es la herida abierta en el vértice del Corazón de Jesús, del cual fluye sangre y agua: es la herida provocada por la lanza del centurión romano en el Monte Calvario cuando, para asegurarse de que Jesús ya estaba muerto, el soldado atravesó el Costado de Jesús, del cual fluyó al instante Sangre y Agua. La Sangre y el Agua son una representación de los Sacramentos de la Iglesia, los cuales nos conceden la gracia santificante que no sólo nos quita los pecados, sino que nos concede la participación en la Vida divina del Acto de Ser divino trinitario. Es por esto que quien se alimenta de la Eucaristía, esto es, del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, recibe la Sangre y Agua que en él se contienen, esto es, la gracia santificante, participación en la vida divina trinitaria.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

Un cuarto elemento es la corona de espinas que rodea al Sagrado Corazón: si bien el Sagrado Corazón está envuelto en las llamas del Divino Amor, el Espíritu Santo, no por eso deja de recibir, en cada latido, el fruto de la ingratitud humana expresada en cada pecado. En otras palabras, las espinas de la corona que rodean al Sagrado Corazón, son la materialización de nuestros pecados, que hieren al Sagrado Corazón de forma cruel e ininterrumpida, porque lo hieren tanto cuando el Corazón se dilata, al introducirse las espinas en el músculo cardíaco, como cuando el Corazón se contrae, porque en ese momento las espinas se retiran, por así decir, del músculo, provocando un dolorosísimo desgarro del músculo cardíaco. Con esto nos quiere significar el Sagrado Corazón que, si Él nos ama con un Amor infinito y eterno, el Amor de la Trinidad, el Espíritu Santo, nosotros le devolvemos, en vez de amor y más amor, sólo dolor y más dolor, cada vez que pecamos. Por esta razón, debemos pedir la gracia de morir antes que cometer un pecado mortal o venial deliberado, para no provocar más dolor al Sagrado Corazón.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

En una de las apariciones, Jesús le pidió a Santa Margarita que le diera su corazón; una vez que la santa se lo entregó, Jesús se lo devolvió convertido en una llama de amor, diciéndole al mismo tiempo que la hacía partícipe, tanto de su Amor, como de los dolores de la Pasión. Ahora bien, para con nosotros, Jesús hace algo infinitamente más grandioso: no nos pide nuestro corazón, sino que nos da su Sagrado Corazón Eucarístico, envuelto en las llamas del Divino Amor, para que nuestros corazones y todo nuestro ser sean envueltos en este Fuego del Amor de Dios. Y también, al igual que con Santa Margarita, nos concede la gracia no solo de su Amor, sino la gracia de participar de la Pasión de Amor, para que seamos corredentores de nuestros hermanos, uniéndonos por el Amor a la Pasión Redentora del Sagrado Corazón.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

miércoles, 19 de enero de 2022

Hora Santa en reparación por profanación eucarística durante la Santa Misa en París, Francia 170122

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el horrible ultraje cometido contra la Sagrada Eucaristía en una iglesia en París: en el momento de la Comunión, un hombre –que recibió la Eucaristía en la mano-, en vez de comulgar, la trituró entre sus manos delante del sacerdote y arrojó los fragmentos al suelo. Para mayores datos acerca de este nefasto suceso, consultar el siguiente enlace:

https://fr.aleteia.org/2022/01/17/a-paris-un-homme-broie-une-hostie-consacree-pendant-la-communion/?fbclid=IwAR0dCjXNkwwI2aNQyD1DJq8ujulliXUkay7gRaDh2kedPkBPVH_Uge3A9XU

Canto inicial: “Cristianos, venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

El don de la Eucaristía es tan pero tan grande, tan majestuoso, tan maravilloso, tan estupendamente grandioso, que el hombre ni el ángel podrían ni siquiera imaginar su existencia, si no hubiera sido revelado en Persona por el Hombre-Dios Jesucristo. En efecto, conocemos acerca del don de la Eucaristía porque fue Nuestro Señor Jesucristo quien nos lo reveló en el Evangelio cuando dijo: “Yo Soy el Pan de Vida, Yo Soy el Pan Vivo bajado del cielo, quien coma de este Pan vivirá eternamente”.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

La Eucaristía es un don tan grandioso, que ni el hombre ni el ángel podrían ni siquiera imaginar su existencia, sino fuera que Jesús en Persona quien lo reveló. ¿Quién podría imaginar que todo un Dios Omnipotente, Omnisciente, infinitamente majestuoso, infinitamente Justo, infinitamente Misericordioso, se enamorase de su creatura, el hombre, al punto de encarnarse en el seno de una Virgen Madre, María Santísima, para no solo rescatarlo de las triples tinieblas en las que estaba envuelto, el pecado, la muerte y el demonio, sino para llevarlo al cielo luego de adoptarlo como hijo?

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Continuando con el misterio de la Eucaristía, ¿quién podría imaginar que la Sabiduría de Dios, el Verbo Eterno del Padre, la Segunda Persona de la Trinidad, se encarnaría en el seno virgen de María Santísima, para luego ofrecerse como Víctima Santa y Pura en el ara de la cruz, para rescatar al ser humano al precio de su Sangre Preciosísima y que luego prolongaría su Encarnación en la Eucaristía, para así donar al alma que lo recibe en la Comunión en gracia, con fe y con amor, el Amor de Dios, el Espíritu Santo?

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

El misterio de la Eucaristía es un misterio sobrenatural absoluto, un misterio que se origina en las profundidades abismales, infinitas y eternas del Ser infinito y eterno de la Santísima Trinidad, quien siendo Dios infinitamente majestuoso, no dudó ni por un instante en encarnarse en la Persona Segunda del Verbo de Dios, uniéndose a la humanidad santísima de Jesús de Nazareth, para rescatar al hombre de la eterna condenación y para donarle su Amor, infinito y eterno, el Amor del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Sin embargo, a pesar de todo este misterio de incalculable e inimaginable Amor Divino que se oculta detrás del don de la Eucaristía, hay muchos, muchos, seres humanos, y entre ellos, lamentablemente, muchos católicos, que no conocen, o no aprecian este misterio. Todavía peor, hay quienes profanan este Sagrado Misterio Eucarístico, de ahí la necesidad de hacer adoración reparadora. Es por esto que Nuestra Señora de la Eucaristía, la Santísima Virgen María, en sus apariciones en Fátima, además del Rosario, pidió sobre todo la Comunión reparadora por todas las ofensas y ultrajes que recibe su Corazón Inmaculado. Según relata Santa Lucía de Fátima, el mismo Jesús le hizo saber cuánto dolor le provocaba al Inmaculado Corazón el sacrilegio y la profanación de la Eucaristía, pidiendo que se haga reparación para mitigar este dolor: “Ten compasión del Corazón de tu Madre Santísima envuelto en las espinas que le clavan los hombres ingratos: no hay quien haga actos de reparación para arrancárselas”[1]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, infúndenos el Amor de tu Inmaculado Corazón por la Eucaristía, para que reparemos por todas las ofensas que se realicen contra el Santísimo Sacramento del altar!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonio de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 156.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Hora Santa en reparación por burla satánica contra el Nacimiento de Nuestro Señor en Illinois, EE. UU. 241221

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa en reparación por la burla satánica contra el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, cometido por una secta satánica en Illinois, Estados Unidos. Puesto que el Demonio es “la mona de Dios” y en todo quiere imitarlo, pero para el mal, los satanistas han pretendido adorar al Demonio representando su blasfemo nacimiento, al lado del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Para mayores detalles acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/100071922467826/posts/141107074963374/?flite=scwspnss

Canto inicial: “Sagrado Corazón, Eterna Alianza”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Cuando un alma se lava y se purifica de sus pecados en la Sangre Preciosísima de Cristo, que se derrama cada vez por el Sacramento de la Confesión, queda santificada y unida al Sagrado Corazón de Jesús, de modo que es este Divino Corazón quien se convierte, por así decirlo, en su propio corazón, ya que le comunica su Vida, que es la vida de la Santísima Trinidad; le comunica su Amor, que es el Amor de Dios, el Espíritu Santo; le comunica su Luz, que es la Luz Eterna de Dios Uno y Trino. Por eso, el alma queda deificada y, por así decirlo, es más divina que humana.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Quien ha lavado sus pecados en la Sangre del Cordero, debe cuidarse mucho de no volver a su antigua vida de pecado; debe contemplar la transformación que ha sufrido su alma, para bien, pues ha sido hecha partícipe de la Vida misma de la Trinidad y por lo tanto, ya no debe desear las cosas de la tierra, sino el Cielo mismo y, más que el Cielo, debe desear al Rey del Cielo, Nuestro Señor Jesucristo, Presente en Persona en la Eucaristía.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Quien se ha purificado y santificado con la Sangre Preciosísima del Cordero de Dios, debe no tener ya deseos de hombre, sino de ángel; debe realizar no obras de la carne, sino de espíritu divino; no debe tener sentimientos mundanos, sino los mismos sentimientos de Cristo; se debe considerar no como ciudadano del mundo, sino del Cielo[1]; se debe ver a sí mismo como templo del Espíritu Santo, como amigo del Dios Hijo y como hijo adoptivo de Dios Padre. En una palabra, debe considerarse como morada santa de la Santísima Trinidad.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

Quien ha sido perdonado por el Corazón Misericordioso de Nuestro Señor Jesucristo, puesto que Él, que es Quien perdona, es Dios eterno, aquél que recibe el perdón debe hacer el propósito de que sean divinos y eternos sus deseos y sus buenas obras; debe desear que sea en él eterna la gracia, para que así sea eterna la gloria en el Reino de los cielos, para adorar por toda la eternidad al Rey de los cielos, Cristo Jesús.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Ahora bien, quien luego de haber lavado su alma y santificado con la Sangre del Cordero de Dios, sacrificado en el altar de la cruz -y que renueva sacramental e incruentamente este sacrificio cada vez, en la Santa Misa-, vuelve de nuevo a sus malos hábitos y se revuelca en el fango del pecado, es como “el perro que vuelve a su  vómito”; es el que “limpia su casa pero luego la deja abierta para que entren en ella siete demonios peores”. Por esto, afirma un autor que “es para llorar con eternas lágrimas la inconstancia de muchos que se confiesan, porque solo aquel día, o cuando mucho dos o tres, se guardan con algún cuidado, pero luego se vuelven temporales y mundanos, cuando debían permanecer como ángeles eternamente”[2]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, haz que nos enamoremos de tal manera de la gracia santificante, que estemos dispuestos a perder la vida terrena antes que perder la gracia!

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 510.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 510.

martes, 14 de diciembre de 2021

Hora Santa en reparación por blasfemia de un integrante del colectivo LGBT contra la Madre de Dios 031221

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la blasfemia cometida contra la Madre de Dios por parte de un integrante del colectivo LGBT. La gravedad del hecho radica en que no sólo es una ofensa para los creyentes católicos, sino que, ante todo, es una burla blasfema hacia la Santísima Virgen María, Madre de Dios y es por eso la necesidad urgente de oración de reparación. Para mayor información acerca de este horrible acto sacrílego, consultar el siguiente enlace:

https://gayles.tv/polemica-por-una-portada-de-riccardo-simonetti-vestido-de-virgen-maria/

Canto inicial: “Sagrado Corazón, Eterna Alianza”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Dios Uno y Trino nos muestra su magnanimidad y la inmensidad infinita de su Amor Divino para con nosotros, cuando sin tener, por parte de Él, ninguna obligación de quitarnos el pecado, no solo nos lo quita, por medio de la Sangre de su Hijo derramada en la cruz, sino que por la gracia santificante nos comunica su vida divina trinitaria, porque por la gracia no solo nos vemos libres de la mancha del pecado, sino que somos hechos partícipes de la vida divina de la Santísima Trinidad[1]. ¡Cuánto Amor, infinito y eterno, muestra la Trinidad para con nosotros y cuántas veces, para desgracia nuestra, pasamos por alto este Amor y demostramos así ser desagradecidos!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Cuando Dios Trino concede su gracia, el alma es alimentada con la substancia misma de la Santísima Trinidad, pero cuando el alma, despreciando esta gracia, se inclina por el pecado, se vuelve ingrata y sumamente desagradecida para con Dios y es de esto de lo que se lamenta Dios, por medio del Profeta Isaías: “Yo crié hijos y los ensalcé, mas ellos me despreciaron” (1, 2). Si por parte de Dios sólo hay gratuidad y Amor infinito y eterno, de parte del hombre, en la gran mayoría de los casos, hay solo indiferencia, ingratitud y desprecio hacia el Divino Amor. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, líbranos de ser desagradecidos para con el Divino Amor!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Precisamente, refiriéndose al alma que desprecia su Amor, dice Dios así por medio del profeta Jeremías: “¿Qué cosa es que mi amado en mi casa hizo muchas maldades?” (11, 15) y esto porque no es sino extrema malicia el abandonar al Divino Amor en pos del pecado. De la misma manera, por medio de David, dice así Dios al alma desagradecida: “Si un enemigo mío me maldijera, lo sufriría por cierto; pero tú, que tienes un alma conmigo y eres mi guía y mi conocido, que comías conmigo unos mismos manjares” (54, 13); esto es para espantar, esto es para no poderse sufrir. Y aquí viene el recuerdo del traidor por antonomasia, Judas Iscariote, quien recibió de parte del Hombre-Dios muestras inimaginables del Amor de su Sagrado Corazón, incluso humillándose el mismo Dios encarnado, lavándole los pies y aun así, prefirió el brillo efímero de las monedas de plata, antes que el resplandor de la Luz Eterna que Cristo le ofrecía.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

Las muestras de amor para con cada alma humana son propias de un Dios que –por así decir- ha perdido la razón, con tal de ganar el amor de su creatura, el hombre: no sólo lo crea a su imagen y semejanza, sino que le da su gracia, que lo hace partícipe de su vida divina y lo convierte en su hijo adoptivo; no sólo lo convierte en hijo adoptivo, sino que lo hace un mismo espíritu con Él, porque le dona su Espíritu, que es el Espíritu Santo; no sólo lo hace sentar a la mesa de los hijos de Dios, sino que le sirve como manjar la Carne del Cordero de Dios, el Pan de Vida eterna y el Vino de la Alianza Nueva y definitiva, la Sangre de su Hijo amado. Y así y todo, no deja el hombre de traicionar a este Divino Amor, cuando se inclina por el pecado, lo cual no deja de provocar espanto y asombro[2].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Es por esto que dice así un autor: “El que ha llegado a lavarse con la Sangre del Cordero en el Sacramento de la Penitencia y blanqueándose más que la nieve en las fuentes del Salvador, tiemble de tornar a revolcarse en el cieno de su culpa. Mire con los ojos de viva fe qué transformación ha pasado en su alma y que ha de pasar la misma en su vida. No ha de tener deseos ya de hombre, sino de ángel; no obras de carne, sino de espíritu divino; no sentimientos de mundo, sino del Evangelio de Cristo. Mírese ya como hijo de Dios y como templo del Espíritu Santo; mírese ya endiosado y deificado por la gracia santificante; que sus obras sean dignas de Dios, que le ha concedido su gracia; por último, como las cosas divinas son eternas, eterno ha de ser en sus buenos propósitos, eterno en sus santos deseos; eterno en sus obras virtuosas y eterna en él la gracia”[3].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 509.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 510.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 510.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Hora Santa en reparación por blasfemia contra el Santo Rosario en galería de arte de Buenos Aires 081121

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la gravísima blasfemia proferida contra el Santo Rosario en una galería de arte en Buenos Aires, Argentina. Para mayor información acerca de este lamentable suceso, consultar el siguiente enlace:

https://www.aciprensa.com/noticias/convocan-a-jornada-de-oracion-por-blasfemia-contra-el-rosario-en-galeria-de-arte-96223

Canto inicial: “Sagrado Corazón, Eterna Alianza”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Afirma un autor que “no basta con conseguir la gracia, si ésta no se conserva con penitencia y con una vida santa”[1]. Luego de una verdadera contrición y luego de acudir al Sacramento de la Penitencia, el alma queda reconciliada con Dios, limpia de pecado y hermoseada con la gracia santificante. Ahora bien, es menester que el alma procure preservar este estado de gracia que ha alcanzado, demostrando con su querer y su obrar a Dios, que desea permanecer así, en su amistad, en estado de gracia santificante.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Este deseo de permanecer en gracia debe ser firme, constante y continuo, y debe durar hasta el día de la muerte terrena, porque el alma debe amar tanto a la gracia, que es la participación en la vida de la Trinidad, que debe desear morir en estado de gracia, ya que la muerte terrena en estado de gracia es la mayor dicha, honra y alegría de esta vida temporal, porque abre al alma las puertas del Reino de los cielos.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Morir en estado de gracia es la mayor felicidad del mundo y así exclama el profeta Isaías: “Lavaos y estad limpios” (1, 16), porque los que luego tornan a pecar, se lavan, pero no para estar limpios, sino para ennegrecerse y mancharse nuevamente con la inmundicia del pecado, con lo cual les es de poco provecho el haberse lavado, como dice el Eclesiástico: “El que se lava por el contacto de un muerto y luego le torna a pecar, ¿qué le aprovecha el lavatorio? (34, 30)”. Éste es el que vuelve a pecar luego de las lágrimas de la penitencia que no solo torna a tocar el muerto –es decir, a pecar-, sino que él mismo está muerto por su pecado[2]. Y esto es algo que el alma mucho debe lamentar, porque así pierde la vida de la gracia, el mayor tesoro de este mundo terreno.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

Son los santos los que mejor ejemplo nos dan de aprecio de la gracia. Dice San Gregorio: “Deben de ser avisados los que lloran sus pecados cometidos y no los dejan, que consideren solícitamente cómo se limpian en balde llorando, los que viviendo malamente se ensucian: pues para eso se lavan con lágrimas, para volver a la inmundicia del mundo”[3]. No hemos de hacer como el perro, que vuelve a su vómito; debemos hacer el firme propósito de no volver a pecar, aun a costa de la vida terrena. Así nos dice Nuestro Señor: “Ves aquí que estás sano: no quieras más pecar, porque no te acaezca alguna cosa peor que antes” (Jn 5, 14).

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Afirma un autor que muchos, en relación al pecado, son como el Faraón, “que oprimido de las plagas que Dios le enviaba, hacía grandes propósitos, pero alzando su mano poderosa y cesando el castigo divino, volvía a lo de antes. De él se dice en el Éxodo: “Como viese Faraón que cesó la lluvia y el granizo y los truenos, aumentó el pecado y se le agravó el corazón”. En otras palabras, muchos, estando afligidos con la enfermedad o con otra tribulación que Dios pueda enviarles o permitirles para su bien, se confiesan y proponen grande enmienda, pero inmediatamente después de ser sanados en el Sacramento de la Penitencia, vuelven a lo que fueron, o aumentan los pecados[4]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestro amor por la gracia sea tan grande que nos impida regresar a la antigua vida de pecado!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 506.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 507.

[3] Pastor., p. 5, admon. 31.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 508.