jueves, 18 de febrero de 2021

Hora Santa en reparación por acto vandálico contra Iglesia San Pío X en El Paso, Texas 110221

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el acto vandálico sufrido por la iglesia parroquial San Pío X en la localidad de El Paso, Texas, EE. UU. Para mayores datos acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:

https://www.catholicnewsagency.com/news/vandalism-outside-el-paso-catholic-church-damages-three-angel-statues-15588?fbclid=IwAR1hgT5qjzpKMEgEV22Gss5ahYwuwhhyI8AxlzCg8BqWHeLOW69xhJfjHP8

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Es una verdad reconocida por teólogos y doctores que el alma, que en sí misma fue creada hermosa, a esa hermosura natural, la gracia le añade una hermosura sobrenatural, de manera tal que un alma en gracia es más hermosa y valiosa que todo el universo entero. Ahora bien, si esto es cierto, es cierto también que el pecado afea el alma, quitándole tanto la hermosura sobrenatural como la natural, convirtiéndola en un ser abominable y horrible que espanta a los mismos demonios[1].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Además de quitarle su hermosura, el pecado le agrega al alma “hábitos viciosos e inclinaciones de las bestias, convirtiéndola en una enorme monstruosidad”[2]. Como afirma un autor, como consecuencia del pecado, el alma tiene “las inclinaciones de las bestias, la soberbia del león, la lujuria del caballo, la atrocidad del águila, la venganza del elefante, el descuido del buey para lo que está bien”[3]. Es tanta la fealdad del pecado, que es mejor tener “alma racional en cuerpo de bestia, que no alma de bestia en cuerpo de hombre”[4].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Además de privarla de una doble hermosura, la natural y la sobrenatural, el pecado le quita al alma dos veces la vida: la natural y la sobrenatural[5]. Así como el alma es vida del cuerpo, así la gracia es vida del alma y vida sobrenatural y divina: del mismo modo, el pecado es muerte y muerte eterna, no sólo porque priva al alma de la vida de la gracia sobrenatural, sino porque la priva de la vida de la razón natural, porque desordena sus potencias y sus afectos, además de inclinarla a los vicios, al oscurecerle la razón y al debilitar su voluntad[6]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que apreciemos la gracia para que nunca nos veamos privados de la vida del alma!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

Debido a que el pecado oscurece y ofusca el normal funcionamiento de la razón, el comportamiento del pecador se vuelve tanto más irracional, cuantos más pecados comete; por esto mismo, no solo deja de estar iluminada su razón por la luz de la gracia santificante, sino que su razón natural misma se ve oscurecida a tal punto que ya no es más capaz de funcionar naturalmente, esto es, de razonar. A esto se refiere Nuestro Señor cuando dice que “es del corazón del hombre –pecador- de donde salen toda clase de desatinos” (cfr. Mc 7, 21), es decir, de sinsentidos. Esto quiere decir que cuanto más lejos está el alma de Dios Trino y su gracia, tanto más irracional se vuelve su obrar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Por todo esto, el cristiano debe mirar al pecado, cuando se oculta detrás de la tentación, como una horrible doble muerte del alma, doble muerte que se produce en la realidad, aun cuando la persona continúe respirando, hablando y caminando[7]. Los santos de todos los tiempos, incluidos los del Antiguo Testamento, consideraron siempre al pecado como la más cruel y espantosa muerte del alma, por lo que siempre prefirieron morir, antes que pecar, como decía Santo Domingo Savio. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que deseemos la muerte antes que caer en el pecado mortal o venial deliberado!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 442.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 443.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 443.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 443.

[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 444.

[6] Cfr. Nieremberg, ibidem, 444.

[7] Cfr. Nieremberg, ibidem, 445.

jueves, 11 de febrero de 2021

Hora Santa en reparación por documental blasfemo que muestra a Jesús LGTB 040221

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ultraje sufrido por Nuestro Señor Jesucristo al ser presentado en un documental como partidario de la ideología de género y favorable al matrimonio homosexual. Para mayores datos acerca de esta blasfemia, consultar el siguiente enlace:

https://www.aciprensa.com/noticias/documental-mostrara-a-un-jesus-lgtb-y-a-catolicos-a-favor-de-matrimonio-gay-sacramental-91199?fbclid=IwAR20wr-V0wvVsNxaPMiOFxMHckfGoTc0LBstt2dLWhcDqTMw5tNx0ljrhKo

         Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         Si la gracia santificante de Jesucristo, conseguida para nosotros al precio altísimo de su Sacrificio en la Cruz al derramar su Sangre, embellece al alma con una belleza sobrenatural, porque la hace partícipe de la Belleza Increada que es Dios en Sí mismo, del mismo modo, el pecado, que aleja al alma de Dios y anula su participación en su Vida divina, afea al alma[1] hasta el punto de hacerla irreconocible ante los ojos de Dios, de los ángeles y de los santos.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         El pecado es algo tan extraño, que a un alma que es hermosa, la vuelve abominable, como lo dice el profeta Ezequiel (16, 25): “Hiciste abominable tu hermosura”. El primer ángel fue hermosísimo, pero por un solo pecado que cometió, se convirtió en un ser tan horrendo y espantoso, que nadie que lo vea tal como es, en su abominable fealdad, no deja de morir de horror y espanto. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, no permitas que nuestras almas se vean desfiguradas por el pecado!

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         La hermosura radica en la proporcionalidad de las partes y en la armonía de todas en su conjunto y como no hay algo más disonante en el mundo que el pecado contra razón, ni hay algo más desproporcionado que una creatura racional que se aparta de su último fin, que es Dios Trino, la fealdad que de aquí resulta es la mayor deformidad que hay ni puede haber, aunque se juntasen en una todas las fealdades corporales y espirituales posibles e imaginables[2].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

         Aun cuando el pecado no ofendiera a Dios –lo cual es imposible- y aun cuando Dios no lo aborreciera como lo aborrece –es imposible que Dios no aborrezca el pecado-, siendo como es injuria del Sumo y Eterno Bien, lo mismo no dejaría el pecado de ser algo horrible y desagradable sobre todas las cosas y no dejarían los ángeles de apartar sus miradas de algo tan abominable y espantoso[3].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         El pecado no solo afea el alma y la hace aborrecible a los ojos de Dios y sus ángeles, sino que también la desconcierta, la desorganiza y la invierte, si se puede decir así, confundiéndola torpísimamente, haciendo que el cuerpo y sus pasiones más bajas predominen sobre el alma, adueñándose de sus sentidos colocándolos por encima de la razón, subordinando la voluntad al entendimiento y provocando en el alma un profundo caos y confusión. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestra alma esté siempre sostenida, guiada e iluminada por la gracia de tu Hijo amado, Nuestro Señor Jesucristo!

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 442.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 443.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 443.

domingo, 7 de febrero de 2021

Hora Santa en reparación por quienes practican el satanismo y además lo inculcan a niños y jóvenes 050221

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el agresivo proselitismo de la secta Templo Satánico, mediante el cual se pretende inculcar el satanismo a niños y jóvenes. A quien deben conocer los niños y jóvenes es al Hombre-Dios Jesucristo, porque es su Creador y su Redentor: Cristo dio su vida en la Cruz por la salvación de los niños y jóvenes y por eso lo deben conocer a Él y no al Príncipe de las tinieblas. El demonio no ama a nadie porque solo puede odiar, por lo tanto es un grave daño el que se comete a una persona cuando se la hace conocer al Padre de la mentira, cuyo objetivo es arrastrar a las almas al Infierno eterno. Para conocer mayores datos acerca de esta iniciativa del Templo Satánico, consultar el siguiente enlace:

https://www.portaluz.org/articulo.asp?idarticulo=4098&fbclid=IwAR3ON0Af23MspF0LIXOlXc_jmK6tg3GBG6Y8vqSNduPVmC4VBYfnevVKYzQ

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Así como un alma es infinitamente agradable a Dios cuando está en gracia, de la misma manera, es infinitamente aborrecible a Dios cuando el alma está en pecado[1]. Cuando está en gracia, el alma participa de la vida misma de Dios Uno y Trino y Dios Uno y Trino encuentra tanta complacencia y tanto agrado en esta alma, que hace de ella su morada y del cuerpo de esta persona el “templo del Espíritu Santo”. Pero cuando el alma está en pecado, no tiene ya la vida de la Trinidad en ella y por eso Dios Trino se retira de esa alma y al retirarse Dios, el alma queda inmersa en las tinieblas, pero no en las tinieblas de la naturaleza, sino en las tinieblas vivientes, los ángeles caídos.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Dios no aborrece al pecador, sino al pecado y el grado de este aborrecimiento se puede establecer en la Pasión y Muerte de su Hijo Único, Jesucristo, en cuya Divina Persona se castigó un pecado ajeno que fue el de Adán, con atroces tormentos y penosísima muerte[2]. Es decir, Dios ama a su Hijo con amor infinito, pero este amor no fue impedimento para que se disminuya el aborrecimiento que Dios tiene del pecado y es por eso que envió a su Hijo Amado a morir en cruz, para expiar pecado ajeno. Entonces, cabe la pregunta: si a su propio Hijo trató así por el pecado de Adán, ¿cómo castigaría a Adán si no se hubiera arrepentido? ¿Y cómo nos castigaría a los pecadores, si no se interpusiera entre nosotros y la Ira Divina el Cordero de Dios, Cristo crucificado?

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Otra muestra –terrible- del aborrecimiento de Dios hacia el pecado es el Infierno y los tormentos eternos que en él sufren, tanto los ángeles que se rebelaron contra Dios, como los hombres impenitentes que no quieren ni convertirse ni amar a Dios. Los hombres deberían pensar y meditar, con más frecuencia, el grado de horrenda malicia en el que consiste el pecado, porque basta con un mal pensamiento, producido en un instante, para merecer una eternidad de sufrimientos en el Infierno. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestros pensamientos sean santos y puros como los pensamientos de Nuestro Señor Jesucristo coronado de espinas!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

         El pecado tiene tanta malicia en sí mismo, que obliga a un Padre amorosísimo a realizar un notable acto de justicia y rigor, el de hacer pagar a sus hijos –que no lo aman y que prefieren el pecado a su gracia- con las penas del Infierno[3]. Dios se encuentra en la obligación, por así decirlo, de condenar a creaturas a las que había adoptado por hijos, pero que por el pecado decidieron libremente apartarse de Él, de su Amor y de su Misericordia. Y fuera de Dios y su Misericordia, sólo existe su Justicia Infinita.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Es tal el aborrecimiento de Dios al pecado, que siendo Él la Bondad Increada en Sí misma, castiga a la culpa con tanto rigor y por toda la eternidad y es esto lo que se ve en el castigo eterno que sufren creaturas que fueron excelentes al momento de ser creadas, pero que luego se volvieron perversas por propia voluntad, como los ángeles, los querubines y los serafines. El aborrecimiento de Dios es infinito y por eso castiga al pecado, que se comete en un instante, por toda la eternidad y esto no porque en Dios falte amor y mansedumbre, sino porque precisamente su amor y mansedumbre son tan grandes, que debe aborrecer en extremo la maldad y mucho más cuando esa maldad proviene de un pecado mortal. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, protégenos con tu manto y refúgianos en tu Inmaculado Corazón, para que nunca jamás cometamos un pecado mortal o venial deliberado!

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

                                                                    

                                                                    



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 438.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

Hora Santa en reparación por quienes practican el satanismo y además lo inculcan a niños y jóvenes 050221

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el agresivo proselitismo de la secta Templo Satánico, mediante el cual se pretende inculcar el satanismo a niños y jóvenes. A quien deben conocer los niños y jóvenes es al Hombre-Dios Jesucristo, porque es su Creador y su Redentor: Cristo dio su vida en la Cruz por la salvación de los niños y jóvenes y por eso lo deben conocer a Él y no al Príncipe de las tinieblas. El demonio no ama a nadie porque solo puede odiar, por lo tanto es un grave daño el que se comete a una persona cuando se la hace conocer al Padre de la mentira, cuyo objetivo es arrastrar a las almas al Infierno eterno. Para conocer mayores datos acerca de esta iniciativa del Templo Satánico, consultar el siguiente enlace:

https://www.portaluz.org/articulo.asp?idarticulo=4098&fbclid=IwAR3ON0Af23MspF0LIXOlXc_jmK6tg3GBG6Y8vqSNduPVmC4VBYfnevVKYzQ

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Así como un alma es infinitamente agradable a Dios cuando está en gracia, de la misma manera, es infinitamente aborrecible a Dios cuando el alma está en pecado[1]. Cuando está en gracia, el alma participa de la vida misma de Dios Uno y Trino y Dios Uno y Trino encuentra tanta complacencia y tanto agrado en esta alma, que hace de ella su morada y del cuerpo de esta persona el “templo del Espíritu Santo”. Pero cuando el alma está en pecado, no tiene ya la vida de la Trinidad en ella y por eso Dios Trino se retira de esa alma y al retirarse Dios, el alma queda inmersa en las tinieblas, pero no en las tinieblas de la naturaleza, sino en las tinieblas vivientes, los ángeles caídos.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Dios no aborrece al pecador, sino al pecado y el grado de este aborrecimiento se puede establecer en la Pasión y Muerte de su Hijo Único, Jesucristo, en cuya Divina Persona se castigó un pecado ajeno que fue el de Adán, con atroces tormentos y penosísima muerte[2]. Es decir, Dios ama a su Hijo con amor infinito, pero este amor no fue impedimento para que se disminuya el aborrecimiento que Dios tiene del pecado y es por eso que envió a su Hijo Amado a morir en cruz, para expiar pecado ajeno. Entonces, cabe la pregunta: si a su propio Hijo trató así por el pecado de Adán, ¿cómo castigaría a Adán si no se hubiera arrepentido? ¿Y cómo nos castigaría a los pecadores, si no se interpusiera entre nosotros y la Ira Divina el Cordero de Dios, Cristo crucificado?

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Otra muestra –terrible- del aborrecimiento de Dios hacia el pecado es el Infierno y los tormentos eternos que en él sufren, tanto los ángeles que se rebelaron contra Dios, como los hombres impenitentes que no quieren ni convertirse ni amar a Dios. Los hombres deberían pensar y meditar, con más frecuencia, el grado de horrenda malicia en el que consiste el pecado, porque basta con un mal pensamiento, producido en un instante, para merecer una eternidad de sufrimientos en el Infierno. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestros pensamientos sean santos y puros como los pensamientos de Nuestro Señor Jesucristo coronado de espinas!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

         El pecado tiene tanta malicia en sí mismo, que obliga a un Padre amorosísimo a realizar un notable acto de justicia y rigor, el de hacer pagar a sus hijos –que no lo aman y que prefieren el pecado a su gracia- con las penas del Infierno[3]. Dios se encuentra en la obligación, por así decirlo, de condenar a creaturas a las que había adoptado por hijos, pero que por el pecado decidieron libremente apartarse de Él, de su Amor y de su Misericordia. Y fuera de Dios y su Misericordia, sólo existe su Justicia Infinita.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Es tal el aborrecimiento de Dios al pecado, que siendo Él la Bondad Increada en Sí misma, castiga a la culpa con tanto rigor y por toda la eternidad y es esto lo que se ve en el castigo eterno que sufren creaturas que fueron excelentes al momento de ser creadas, pero que luego se volvieron perversas por propia voluntad, como los ángeles, los querubines y los serafines. El aborrecimiento de Dios es infinito y por eso castiga al pecado, que se comete en un instante, por toda la eternidad y esto no porque en Dios falte amor y mansedumbre, sino porque precisamente su amor y mansedumbre son tan grandes, que debe aborrecer en extremo la maldad y mucho más cuando esa maldad proviene de un pecado mortal. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, protégenos con tu manto y refúgianos en tu Inmaculado Corazón, para que nunca jamás cometamos un pecado mortal o venial deliberado!

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

                                                                    

                                                                    



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 438.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.