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viernes, 17 de febrero de 2023

Hora Santa en reparación por clínica de abortos a cargo de la secta Templo Satánico en Nuevo México 170223

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la apertura de una clínica abortista en Nuevo México, Estados Unidos, a cargo de la secta satánica “Templo Satánico”. Recordemos que para el satanismo el aborto es un “ritual religioso”, en el que se ofrece sacrílegamente la vida y la sangre del niño por nacer al Príncipe de las tinieblas, Satanás. Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace:

https://fsspx.news/fr/news-events/news/le-temple-satanique-va-ouvrir-une-clinique-avortement-au-nouveau-mexique-80144

Canto de entrada: “Postrado a vuestros pies humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

¿Qué es la Eucaristía? Es, ante todo, el misterio sobrenatural más grandioso de la Iglesia Católica, un misterio que deja pasmados de admiración a los ángeles más poderosos y grandiosos del Cielo[1]. ¿Y qué más es la Eucaristía? La Eucaristía es el Hijo de Dios encarnado, Presente en Persona en el Santísimo Sacramento del altar, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. La Eucaristía es algo más valioso que el Reino de los cielos en su totalidad, porque la Eucaristía es el Rey del Reino de los cielos en Persona, Cristo Jesús.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Acerca de la Eucaristía, afirma así un autor: “La Eucaristía es Jesús Amor. Por esa razón, es el Sacramento del Amor, de todo el amor: contiene a Jesús, viviente y verdadero, Quien es “Dios Amor” (Jn 4, 8) y Quien nos amó “hasta el extremo” (Jn 13, 1)”[2] y nos continúa amando desde el sagrario y continúa donándonos el Espíritu Santo, el Divino Amor, cada vez que comulgamos en gracia y con piedad, amor y fervor. Por esta razón, no hay nada más grande, ni en los cielos ni en la tierra, que la Sagrada Eucaristía.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Si el Sagrado Corazón de Jesús arde en las llamas del Divino Amor, entonces, como Él está en la Eucaristía en Persona, desde la Eucaristía nos comunica ese amor que arde en su Sagrado Corazón. Así dice un autor: “Jesús Eucarístico es Amor crucificado en el Santo Sacrificio de la Misa, en la cual se renueva su inmolación por nosotros; es Amor que une en la Comunión sacramental y espiritual, haciéndose “uno” con la persona que lo recibe”[3]. Por la Comunión sacramental, Jesús Eucaristía nos une a Sí mediante el Espíritu Santo, el Divino Amor.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

Continúa el mismo autor: “La Eucaristía es Amor contemplativo, en su encuentro con las almas de los que desean “estar a sus pies”, como María de Betania (Lc 10, 39); es Amor que ora en su “incesante intercesión a nuestro favor” ante el Padre (Hb 7, 25)”. Quien desee recibir el Amor del Padre, debe acudir por lo tanto a la Eucaristía, porque por el Santísimo Sacramento del altar, el Hijo nos comunica, desde su Sagrado Corazón Eucarístico, el Divino Amor, el Espíritu Santo.

Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Por último, la Eucaristía es “Amor que embriaga, en los gozos celestiales de la unión esponsal con sus elegidos -los castos y las vírgenes, los que viven en gracia, en la pureza de cuerpo y alma- a quienes Él tiene cerca de Sí con amor exclusivo, del mismo modo con que tuvo a San Juan Evangelista, el apóstol virgen, el único que “se recostó sobre el pecho de Jesús” en el Cenáculo (Jn 21, 20)”[4].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones del Santo Padre Francisco.

 

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, 6.

[2] Cfr. Manelli, ibidem.

[3] Cfr. Manelli, ibidem.

[4] Cfr. Manelli, ibidem.

domingo, 7 de febrero de 2021

Hora Santa en reparación por quienes practican el satanismo y además lo inculcan a niños y jóvenes 050221

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el agresivo proselitismo de la secta Templo Satánico, mediante el cual se pretende inculcar el satanismo a niños y jóvenes. A quien deben conocer los niños y jóvenes es al Hombre-Dios Jesucristo, porque es su Creador y su Redentor: Cristo dio su vida en la Cruz por la salvación de los niños y jóvenes y por eso lo deben conocer a Él y no al Príncipe de las tinieblas. El demonio no ama a nadie porque solo puede odiar, por lo tanto es un grave daño el que se comete a una persona cuando se la hace conocer al Padre de la mentira, cuyo objetivo es arrastrar a las almas al Infierno eterno. Para conocer mayores datos acerca de esta iniciativa del Templo Satánico, consultar el siguiente enlace:

https://www.portaluz.org/articulo.asp?idarticulo=4098&fbclid=IwAR3ON0Af23MspF0LIXOlXc_jmK6tg3GBG6Y8vqSNduPVmC4VBYfnevVKYzQ

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Así como un alma es infinitamente agradable a Dios cuando está en gracia, de la misma manera, es infinitamente aborrecible a Dios cuando el alma está en pecado[1]. Cuando está en gracia, el alma participa de la vida misma de Dios Uno y Trino y Dios Uno y Trino encuentra tanta complacencia y tanto agrado en esta alma, que hace de ella su morada y del cuerpo de esta persona el “templo del Espíritu Santo”. Pero cuando el alma está en pecado, no tiene ya la vida de la Trinidad en ella y por eso Dios Trino se retira de esa alma y al retirarse Dios, el alma queda inmersa en las tinieblas, pero no en las tinieblas de la naturaleza, sino en las tinieblas vivientes, los ángeles caídos.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Dios no aborrece al pecador, sino al pecado y el grado de este aborrecimiento se puede establecer en la Pasión y Muerte de su Hijo Único, Jesucristo, en cuya Divina Persona se castigó un pecado ajeno que fue el de Adán, con atroces tormentos y penosísima muerte[2]. Es decir, Dios ama a su Hijo con amor infinito, pero este amor no fue impedimento para que se disminuya el aborrecimiento que Dios tiene del pecado y es por eso que envió a su Hijo Amado a morir en cruz, para expiar pecado ajeno. Entonces, cabe la pregunta: si a su propio Hijo trató así por el pecado de Adán, ¿cómo castigaría a Adán si no se hubiera arrepentido? ¿Y cómo nos castigaría a los pecadores, si no se interpusiera entre nosotros y la Ira Divina el Cordero de Dios, Cristo crucificado?

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Otra muestra –terrible- del aborrecimiento de Dios hacia el pecado es el Infierno y los tormentos eternos que en él sufren, tanto los ángeles que se rebelaron contra Dios, como los hombres impenitentes que no quieren ni convertirse ni amar a Dios. Los hombres deberían pensar y meditar, con más frecuencia, el grado de horrenda malicia en el que consiste el pecado, porque basta con un mal pensamiento, producido en un instante, para merecer una eternidad de sufrimientos en el Infierno. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestros pensamientos sean santos y puros como los pensamientos de Nuestro Señor Jesucristo coronado de espinas!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

         El pecado tiene tanta malicia en sí mismo, que obliga a un Padre amorosísimo a realizar un notable acto de justicia y rigor, el de hacer pagar a sus hijos –que no lo aman y que prefieren el pecado a su gracia- con las penas del Infierno[3]. Dios se encuentra en la obligación, por así decirlo, de condenar a creaturas a las que había adoptado por hijos, pero que por el pecado decidieron libremente apartarse de Él, de su Amor y de su Misericordia. Y fuera de Dios y su Misericordia, sólo existe su Justicia Infinita.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Es tal el aborrecimiento de Dios al pecado, que siendo Él la Bondad Increada en Sí misma, castiga a la culpa con tanto rigor y por toda la eternidad y es esto lo que se ve en el castigo eterno que sufren creaturas que fueron excelentes al momento de ser creadas, pero que luego se volvieron perversas por propia voluntad, como los ángeles, los querubines y los serafines. El aborrecimiento de Dios es infinito y por eso castiga al pecado, que se comete en un instante, por toda la eternidad y esto no porque en Dios falte amor y mansedumbre, sino porque precisamente su amor y mansedumbre son tan grandes, que debe aborrecer en extremo la maldad y mucho más cuando esa maldad proviene de un pecado mortal. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, protégenos con tu manto y refúgianos en tu Inmaculado Corazón, para que nunca jamás cometamos un pecado mortal o venial deliberado!

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

                                                                    

                                                                    



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 438.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

Hora Santa en reparación por quienes practican el satanismo y además lo inculcan a niños y jóvenes 050221

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el agresivo proselitismo de la secta Templo Satánico, mediante el cual se pretende inculcar el satanismo a niños y jóvenes. A quien deben conocer los niños y jóvenes es al Hombre-Dios Jesucristo, porque es su Creador y su Redentor: Cristo dio su vida en la Cruz por la salvación de los niños y jóvenes y por eso lo deben conocer a Él y no al Príncipe de las tinieblas. El demonio no ama a nadie porque solo puede odiar, por lo tanto es un grave daño el que se comete a una persona cuando se la hace conocer al Padre de la mentira, cuyo objetivo es arrastrar a las almas al Infierno eterno. Para conocer mayores datos acerca de esta iniciativa del Templo Satánico, consultar el siguiente enlace:

https://www.portaluz.org/articulo.asp?idarticulo=4098&fbclid=IwAR3ON0Af23MspF0LIXOlXc_jmK6tg3GBG6Y8vqSNduPVmC4VBYfnevVKYzQ

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Así como un alma es infinitamente agradable a Dios cuando está en gracia, de la misma manera, es infinitamente aborrecible a Dios cuando el alma está en pecado[1]. Cuando está en gracia, el alma participa de la vida misma de Dios Uno y Trino y Dios Uno y Trino encuentra tanta complacencia y tanto agrado en esta alma, que hace de ella su morada y del cuerpo de esta persona el “templo del Espíritu Santo”. Pero cuando el alma está en pecado, no tiene ya la vida de la Trinidad en ella y por eso Dios Trino se retira de esa alma y al retirarse Dios, el alma queda inmersa en las tinieblas, pero no en las tinieblas de la naturaleza, sino en las tinieblas vivientes, los ángeles caídos.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Dios no aborrece al pecador, sino al pecado y el grado de este aborrecimiento se puede establecer en la Pasión y Muerte de su Hijo Único, Jesucristo, en cuya Divina Persona se castigó un pecado ajeno que fue el de Adán, con atroces tormentos y penosísima muerte[2]. Es decir, Dios ama a su Hijo con amor infinito, pero este amor no fue impedimento para que se disminuya el aborrecimiento que Dios tiene del pecado y es por eso que envió a su Hijo Amado a morir en cruz, para expiar pecado ajeno. Entonces, cabe la pregunta: si a su propio Hijo trató así por el pecado de Adán, ¿cómo castigaría a Adán si no se hubiera arrepentido? ¿Y cómo nos castigaría a los pecadores, si no se interpusiera entre nosotros y la Ira Divina el Cordero de Dios, Cristo crucificado?

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Otra muestra –terrible- del aborrecimiento de Dios hacia el pecado es el Infierno y los tormentos eternos que en él sufren, tanto los ángeles que se rebelaron contra Dios, como los hombres impenitentes que no quieren ni convertirse ni amar a Dios. Los hombres deberían pensar y meditar, con más frecuencia, el grado de horrenda malicia en el que consiste el pecado, porque basta con un mal pensamiento, producido en un instante, para merecer una eternidad de sufrimientos en el Infierno. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestros pensamientos sean santos y puros como los pensamientos de Nuestro Señor Jesucristo coronado de espinas!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

         El pecado tiene tanta malicia en sí mismo, que obliga a un Padre amorosísimo a realizar un notable acto de justicia y rigor, el de hacer pagar a sus hijos –que no lo aman y que prefieren el pecado a su gracia- con las penas del Infierno[3]. Dios se encuentra en la obligación, por así decirlo, de condenar a creaturas a las que había adoptado por hijos, pero que por el pecado decidieron libremente apartarse de Él, de su Amor y de su Misericordia. Y fuera de Dios y su Misericordia, sólo existe su Justicia Infinita.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Es tal el aborrecimiento de Dios al pecado, que siendo Él la Bondad Increada en Sí misma, castiga a la culpa con tanto rigor y por toda la eternidad y es esto lo que se ve en el castigo eterno que sufren creaturas que fueron excelentes al momento de ser creadas, pero que luego se volvieron perversas por propia voluntad, como los ángeles, los querubines y los serafines. El aborrecimiento de Dios es infinito y por eso castiga al pecado, que se comete en un instante, por toda la eternidad y esto no porque en Dios falte amor y mansedumbre, sino porque precisamente su amor y mansedumbre son tan grandes, que debe aborrecer en extremo la maldad y mucho más cuando esa maldad proviene de un pecado mortal. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, protégenos con tu manto y refúgianos en tu Inmaculado Corazón, para que nunca jamás cometamos un pecado mortal o venial deliberado!

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

                                                                    

                                                                    



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 438.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 439.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Hora Santa en reparación por misa negra a cargo del Templo Satánico en Houston EE. UU. 231119



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por la realización de una misa negra satánica en Houston, Estados Unidos, a cargo de la secta satánica “Templo Satánico”. En una publicación en su cuenta de Twitter el día 24, el grupo satánico indicó que ni los católicos ni la Virgen María “detuvieron nuestra misa negra” en la que, según afirman, una hostia consagrada fue destruida y “arrojada a la basura”. Para mayor información acerca de este repudiable hecho, consultar el siguiente enlace:


Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         Los hombres necios llaman bien al mal y mal al bien, y tanto es así que al pecado lo llaman bien y a la gracia mal, porque se dejan llevar por sus pasiones y sus concupiscencias. Las cosas no son malas, sino que pueden ser bienes; lo único malo es el pecado y es imposible que éste sea un bien o pueda hacer algún bien[1]. La pasión se inclina al pecado, llamándolo bien, pero se engaña, porque el pecado sólo es mal y nada más que mal.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

No se debe creer al apetito carnal, sino al Espíritu Santo, que nos advierte acerca de la malicia del pecado, iluminando las conciencias y también a través de las voces de sus profetas. Isaías dijo de Cristo que habría de “reprobar el mal y elegir el bien” y es así como Cristo eligió y tomó para sí la pobreza, la humillación y los dolores, siendo llamado por esto “el despreciado, el último de los hombres, el varón de dolores”[2].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         El Hijo de Dios no reprobó la mendiguez, las aflicciones, la humillación, por lo tanto, estas cosas no son malas en absoluto; sin embargo, sí aborreció al extremo al pecado y de tal manera, que a lo largo de toda su predicación lo vituperó y hasta dio su vida y su sangre por condenarlo. Es decir, eligió para sí lo que el mundo juzga por males, encomendándolos por obras y palabras, al extremo de llamar “bienaventurados” a los pobres de espíritu, a los afligidos y a los perseguidos. No es difícil considerar que es verdad lo que dice la Sabiduría Encarnada, Cristo Jesús y no nuestras pasiones desviadas.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

         Cristo dice que las penas de esta vida, llevadas bien, son bienaventuranzas y que sólo es mala la culpa; el mundo dice lo contrario, por lo tanto el alma cristiana debe juzgar según Cristo y no según el mundo. El Apóstol dice que Cristo “fue probado en todas las cosas adversas, fuera del pecado”[3], al cual fue el único al que reprobó, porque sólo éste es mal verdadero. Puede suceder que Dios dé penas y esto porque Él mismo las padeció y las quiso padecer; luego, no son malas, pues se compadecen con la bondad divina.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         El pecado es un monstruo tan atroz, que ni Dios lo puede causar, ni lo puede ver, ni lo puede tener, porque en el mismo instante dejaría de ser Dios. Los tormentos, mayores o menores, que se pueden tener en esta vida, no por eso se llaman malos, pero si se tiene un solo pecado mortal, por ése sólo será y se dirá malo, porque sólo el pecado es mal[4]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, intercede para que nunca caigamos bajo el yudo del mal, el pecado y para que siempre vivamos a la luz de la gracia!

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 295.
[2] Cfr. Is 53.
[3] Hebr. 4.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 296.