Mostrando entradas con la etiqueta Perpetua Virginidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Perpetua Virginidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de febrero de 2017

Hora Santa en reparación por ultraje a la Perpetua Virginidad de María Santísima


         Inicio[1] : ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado, en reparación y desagravio por las gravísimas ofensas cometidas contra la Madre de Dios y Madre nuestra, María Siempre Virgen, por parte de una religiosa dominica. La información relativa al lamentable ultraje se encuentra en el siguiente enlace: http://observatorioantisectas.blogspot.com.ar/2017/01/monja-profiere-blasfemia-publicamente.html

         Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración de entrada: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación.

Dios te salve, Santa María, Madre de Dios, Siempre Virgen; el excelso Arcángel enviado desde el cielo te saluda con una reverencia y nosotros junto con él; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, en quien Dios Hijo, por obra de Dios Espíritu Santo y por voluntad de Dios Padre, se hizo hombre sin dejar de ser Dios para que nosotros, hombres pecadores, nos hiciéramos Dios por participación. Dios te salve, Madre Siempre Virgen, por ti nos viene la alegría y el gozo celestial, Cristo Jesús; Dios te salve, Madre del Amor hermoso, por ti no solo nos viene Aquel que nos cancela la pena, sino que también nos concede la Alegría y el Júbilo de nuestras almas, el Verbo de Dios Encarnado, que naciendo milagrosamente de ti y dejando intacta tu Purísima Virginidad, se nos dona como alimento super-substancial en el Verdadero Maná bajado del cielo, la Santa Eucaristía. Dios te salve, oh Santa Madre de Dios, María Siempre Virgen, Madre del Dios Viviente, Cristo Jesús; tú eres de veras el Trono Viviente, la Custodia Viva, el Sagrario Amoroso, el Tabernáculo Feliz, el Regazo Celestial en el que el Dios Invisible se encarna y así por ti se vuelve Visible; por ti, el Dios que es Puro Espíritu se hace Carne, la Carne del Cordero de Dios que alimenta nuestras almas con la substancia exquisita del Divino Amor; Dios te salve, Madre Purísima y Amantísima, Siempre Virgen, que permaneciste Virgen antes y durante el parto celestial del Verbo de Dios y permaneces Virgen por la eternidad en el Reino de los cielos; Dios te salve, Madre del Dios Viviente, en cuyo seno virginal y purísimo mora Aquél que ha creado el universo visible e invisible, y que por ti se nos dona en el Altar Eucarístico como Pan Vivo bajado del cielo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dios te salve, Relámpago que alcanzas nuestras almas; Dios te salve, con un trueno espantas tus enemigos; Dios te salve, más potente que un ejército formado en batalla; Dios te salve, Madre de Dios siempre Virgen, Estrella brillante de la mañana, Lucero de la aurora que nos anuncia la llegada del Nuevo Día, el Sol que alumbra nuestras almas con la gracia santificante, Cristo Jesús, Nuestro Dios; Dios te salve, en ti se aloja Aquél que es la delicia de los ángeles en el cielo; Dios te salve, en tu seno virginal y Purísimo anida como embrión humano, sin dejar de ser Dios y sin intervención de hombre alguno, el Verbo Eterno del Padre, Nuestro Dios Jesucristo, llevado a tu seno materno por Dios Espíritu Santo, por Voluntad de Dios Padre; Dios te salve, Custodia Viviente y Purísima del Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del Cordero, tú eres el anticipo y el modelo del Altar Eucarístico, en donde la Iglesia, Madre y Virgen como tú, concibe al Verbo del Padre, por el poder del Espíritu Santo, por las palabras de la transubstanciación, pronunciadas por el sacerdote ministerial; Dios te salve, Hija predilecta del Padre, Madre amorosísima de Dios Hijo, Esposa amabilísima de Dios Espíritu Santo, a ti te alabamos, te veneramos y te exaltamos, porque en ti se ampara la Iglesia, de quien eres su Madre y celestial Protectora. Dios te salve, oh Virgen Santa y Pura, que por tu “Fiat” a la Voluntad del Padre anunciada por el Arcángel, concebiste por el Espíritu Santo y sin intervención de amor humano, a tu Creador, al Creador Omnipotente de ángeles y hombres y del universo entero; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, Diamante celestial, que encierras la Luz Eterna e Increada que proviene de la Luz Eterna e Increada y, luego de nutrirla por nueve meses con tu substancia materna y luego de recubrirla con tu carne y tu sangre, la derramas milagrosamente a esta Luz Increada, Cristo Jesús en la Eucaristía, para que ilumine las tinieblas de nuestras almas, mientras permaneces Virgen después del parto, tan Virgen como eras antes y durante el mismo.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dios te salve, Virgen y Madre Purísima, Virgen del parto, Virgen antes, durante y después del parto; Dios te salve, celestial Custodia Viviente del Cuerpo y la Sangre del Verbo de Dios Encarnado; Dios te salve, Madre del Dios Viviente, compendio sagrado e intangible de los dogmas sobrenaturales de Cristo, el Hombre-Dios; Dios te salve, Portal santo por el cual viene a nuestro mundo el Dios Tres veces Santo, Cristo Jesús, para salvarnos por su Cruz y para donarnos su Vida y su Amor en el Pan Eucarístico; Dios te salve, Celestial Escalera por la cual desciende a la tierra el Dios Eterno, el Creador Omnipotente, para revestirse en tu seno y manifestarse a nuestros ojos en Belén como un Niño pequeño y recién nacido; Dios te salve, Puente celestial por el que los hombres suben al cielo; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, que nos das en la Eucaristía a tu Hijo, Dios hecho Niño sin dejar de ser Dios para que nosotros, recibiendo de Él su Vida divina y el Amor inefable de su Sagrado Corazón, seamos hechos partícipes, ya en la tierra, de los gozos celestiales, como anticipo de la feliz bienaventuranza que por la Divina Misericordia esperamos, oh Madre de Dios, alcanzar al fin de nuestra vida terrena. Dios te salve, gozo de los ángeles de luz, terror de los ángeles caídos, tu solo Nombre de Madre y Virgen hace huir al Príncipe de las tinieblas, el cual tiembla ante tu solo recuerdo; Dios te salve, Reina de los Ángeles de Dios, que junto a ti adoran al Cordero por los siglos sin fin; Dios te salve, Celestial Vencedora de la Serpiente Antigua, que por la Sangre de tu Hijo y por tu participación en su Pasión, haces huir al infernal enemigo cuando un alma te invoca desde el abismo de su miseria; Dios te salve, Virgen y Madre, que ante el anuncio del Arcángel, concebiste a la Sabiduría de Dios en tu mente sapientísima, libre de toda mancha de error, de falsía y herejía; Dios te salve, Madre de Dios y de los hombres, que ante el anuncio del Arcángel, concebiste a la Palabra de Dios en tu Inmaculado Corazón y la atesoraste como Tesoro Preciosísimo, más precioso que los cielos eternos; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, que ante el anuncio del Arcángel, engendraste en las entrañas purísimas de tu Cuerpo Sin mancha, y por obra del Espíritu Santo, al Verbo de Dios que de ti, de tu purísima substancia materna, recibió Carne y Sangre y las unió a su Persona Divina, para luego así entregarse por nuestra salvación, en la Última Cena, en la Cruz y en la Eucaristía.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dios te salve, Madre Siempre Virgen, a ti te aclaman las generaciones, porque el Poderoso hizo en ti grandes cosas: te creó para Él, para que seas la Morada Santa del Verbo de Dios hecho Carne; te cubrió con su Espíritu, el poder del Altísimo; te conservó Madre Virgen y Esposa Intacta, resguardando tu seno virginal, por Dios fecundado, para que germine en él el Árbol de la Vida, Jesús crucificado, de cuyo costado traspasado brota, como de una fuente inagotable, la gracia santificante que nos da la vida divina. Dios te salve, Virgen de la Eucaristía, que alojaste en tu seno purísimo al Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, lo diste a luz en Belén, Casa de Pan, como un Niño, y nos lo continúas donando cada vez, en la Santa Misa, oculto en apariencia de pan, en la Santa Eucaristía. Dios te salve, Madre Siempre Virgen, rama del Fruto incorrupto, el Hombre-Dios, Cristo Jesús, Quien venció a la Muerte, al Demonio y al Pecado, de una vez y para siempre con su sacrificio en Cruz; Dios te salve, Madre Siempre Virgen, tallo bendito del verde Retoño; Dios te salve, campo fecundo y fragante donde Dios se planta; Dios te salve, mesa repleta de dones divinos, tu seno virginal es anticipo y modelo del altar eucarístico, donde se nos dona el fruto bendito de tu vientre: el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Dios te salve, Refugio de pecadores, Consuelo de los atribulados, Esperanza de los hijos pródigos de Dios, Nueva Arca de Dios, Asilo de las almas que, refugiadas en tu Inmaculado Corazón, se libran de la Ira Divina; Dios te salve, tú albergaste en tu seno purísimo a Dios Hijo por nueve meses y lo diste a luz, y por eso eres Madre de Dios, pero también eres Madre de los hombres, porque los concebiste en tu Inmaculado Corazón al pie de la cruz, para darlos a luz como hijos adoptivos de Dios, como don del Padre para el mundo sediento del Verdadero Amor. Dios te salve, tú que nutriste con tu carne y tu sangre al Cordero en tu vientre materno, dándole así un Cuerpo para ofrecer en el Santo Sacrificio de la Cruz, Cuerpo que habría de ser entregado cada vez en la Santa Misa, por medio del Santo Sacrificio del Altar Eucarístico, para nuestra salvación y redención. Dios te salve, Celestial Capitana del Ejército de Dios, que ahuyentas al orgulloso Lobo Infernal, el Ángel caído, con tu solo nombre, María, Virgen y Madre; Dios te salve, por ti Dios viene del cielo a la tierra, y por ti los hombres ingresan al Paraíso, el Corazón de tu Hijo Jesús. Dios te salve, celestial Reina, Virgen, Madre, Esposa, por ti se alegran los hombres pecadores, que en tu Corazón Inmaculado encuentran refugio; Dios te salve, por ti los ángeles exultan y admiran tu belleza, porque Dios te creó más hermosa que los cielos eternos, ya que el Hijo al encarnarse, debía fijar en ti su Morada terrena. Dios te salve, te ensalzamos, Santa Madre de Dios, Virgen Santa y Pura, Refulgente Estandarte de gracia divina, por ti es despojado el Averno, por ti contemplamos la gloria del Padre, Jesús de Nazareth, nacido milagrosamente de ti -como el rayo de sol atraviesa el cristal y lo deja intacto- como Pan de Vida eterna, para ser alimento y manjar celestial de nuestras pobres almas.

         Un Padrenuestro, tres Ave Marías, un gloria, para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.




[1] Las meditaciones están basadas en el Himno Akathistos, Himno Litúrgico Mariano, compuesta en acción de gracias por el patriarca Sergius en 626 d. C., en acción de gracias por la liberación de Constantinopla del asedio musulmán, liberación atribuida a la Madre de Dios. El aniversario de la victoria, y en el que se canta el Himno Akathistos –de pie- es el 8 de Agosto.

jueves, 27 de marzo de 2014

Hora Santa en honor y desagravio al Inmaculado Corazón de María Santísima


Inicio: ingresamos en el oratorio. Jesús Eucaristía está en la custodia, invisible, silencioso. A los ojos del cuerpo y a los sentidos corporales, la Eucaristía parece solo un poco de pan, de forma circular, de color blanco. Sin embargo, la fe de la Iglesia nos dice que no es así; es solo la apariencia de pan. Por la consagración operada en la Santa Misa, el pan ha sufrido una conversión substancial, y ya no es más pan, ya no hay más substancia de pan: ahora la substancia es otra: es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Es un Pan, sí, pero super-substancial, el Cuerpo y el Alma glorificados y divinizados de Nuestro Señor Jesucristo, unidos hipostáticamente, personalmente, a la Persona Divina del Verbo de Dios. La Eucaristía es Jesucristo, el Hombre-Dios, el Hijo de Dios hecho Hombre, sin dejar de ser Dios. Cuando adoramos la Eucaristía no adoramos un pan común, sino a la Persona Segunda de la Santísima Trinidad, el Verbo de Dios hecho Carne, Dios Hijo, Jesús de Nazareth, oculto en apariencia de pan, pan que parece pan pero que ya no es más pan porque es el Verbo de Dios hecho Hombre sin dejar de ser Dios, oculto en apariencia de pan. Ofrecemos esta Hora Santa en honor y desagravio al Inmaculado Corazón de María Santísima.

Canto inicial: “Sagrado Corazón, eterna alianza”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Meditación     
                     
Jesús, queremos honrar a tu Madre, María Santísima, que por ser Madre tuya, es Madre de Dios, porque Tú eres Dios Hijo en Persona, que siendo Dios, quisiste nacer como un Niño pequeño, sin dejar de ser Dios, y para eso, elegiste como Madre a María. Jesús, en la eternidad, vivías en el seno del eterno Padre, y al encarnarte para venir a salvar a la humanidad, para no extrañar el amor y la ternura del Padre, la Trinidad decidió crear a la más amorosa y tierna Madre que jamás haya existido, María Santísima, de manera que al encarnarte y bajar del cielo a la tierra, no extrañaras el Amor del Padre, pues en el seno virginal y maternal de María Santísima, habrías de encontrar el mismo Amor en el que vivías en la eternidad, en el seno del Padre, el Espíritu Santo, el Amor Divino. Jesús Eucaristía, honramos y veneramos el misterio de la Maternidad Divina de María, misterio que se prolonga y actualiza en el seno de la Iglesia, el altar eucarístico, cada vez que en la Santa Misa el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración porque en ese momento el altar eucarístico se convierte en el seno virginal que concibe, por obra y gracia del Espíritu Santo, al Verbo de Dios hecho carne, Jesús en la Eucaristía, que se dona por medio de la Madre Iglesia como Pan de Vida eterna para la salvación de las almas. Jesús, honramos, veneramos y agradecemos el altísimo don de la Maternidad Divina de María, misterioso don del Amor Divino que se actualiza y perpetúa, para asombro de los cielos y consuelo de los hombres, en cada Santa Misa, y por este don inefable de tu Sacratísimo Corazón, nos postramos en acción de gracias y te adoramos y te bendecimos, en el tiempo y en la eternidad. Amén.

Silencio para meditar.

Jesús, queremos honrar y venerar a la Inmaculada Concepción de María Santísima. Tú, que eres el Cordero Sin Mancha, no podías encarnarte y nacer en un alma y en un corazón mancillados por el pecado y por eso, la Santísima Trinidad ideó crear la más hermosa creatura que jamás haya existido ni pueda existir jamás, la Virgen Inmaculada. Su hermosura, su candor, su dulzura, enamoraron no sólo a los ángeles del cielo, sino a la mismísima Trinidad, que quedó prendida de tanta belleza y pureza inmaculada, que juzgó ser la única creatura digna de alojar en su seno purísimo a Ti, oh Cordero celestial, Rey bendito, ante quien las potestades angélicas se postran en adoración incesante, día y noche, sin cesar, por eternidades de eternidades. Sólo la Virgen María, creada en Gracia e Inhabitada por el Espíritu Santo en cuerpo y alma desde el primer instante de su Concepción Inmaculada, podía alojar al Verbo de Dios, cuyo Ser trinitario, purísimo y perfectísimo, no admitía ante su Presencia ni la más pequeñísima sombra no solo de malicia, sino de imperfección, y ese requisito lo cumplía única y exclusivamente la Virgen Santísima, cuya Alma y cuyo Cuerpo fueron preservados de la mancha del Pecado Original, precisamente, para servir de Sagrario Viviente a la Hostia Viva, Cristo Jesús, que habría luego de inmolarse en el ara de la cruz para la salvación de la humanidad. Jesús Eucaristía, veneramos, honramos y agradecemos el don de la Inmaculada Concepción, y pedimos, con el corazón contrito y humillado, que María Santísima interceda por nosotros, para que por la gracia, podamos imitarla en pureza de cuerpo y alma y así poder recibirte en la comunión eucarística, así como Ella te recibió en la Encarnación ante el Anuncio del Ángel. Amén.

Silencio para meditar.

Jesús, queremos ahora honrar la Perpetua Virginidad de tu Madre, María Santísima. Quien habría de concebir y dar a luz al Rey de los cielos, al Hombre-Dios, al Cordero Inmaculado, al Verbo del Padre, a la Sabiduría Encarnada, al Redentor de los hombres, al Salvador de la humanidad, no podía tener amores profanos y jamás los tuvo, y por este motivo María fue Virgen antes, durante y después del parto, y continúa siendo Virgen por eternidades de eternidades. María Virgen es como un Diamante celestial, como una Roca cristalina, que atrapando la luz del sol, la encierra en sí misma, la hace brillar, y luego la esparce con fulgores celestiales, sin sufrir detrimento alguno en su integridad. Así es María Virgen, como la roca cristalina cuando la atraviesa un rayo de sol: permanece intacta antes, durante y después de que el rayo de sol pasa por ella. Nosotros, con la fe de la Santa Madre Iglesia, firmemente creemos y proclamamos que María Santísima es Virgen antes del parto; en la fe de la Santa Madre Iglesia, firmemente creemos y proclamamos que María Santísima permaneció Virgen durante el parto milagroso; en la fe de la Santa Madre Iglesia, firmemente creemos y proclamamos que María Santísima permanece y permanecerá Virgen por los siglos de los siglos, por toda la eternidad, y por este don inefable del Sagrado Corazón de Jesús damos gracias y adoramos a la Santísima Trinidad. Amén.

Silencio para meditar.

Jesús, queremos honrar y venerar el misterio de la Asunción de María Santísima. Según la Santa Tradición, María Santísima, la Llena de Gracia, no murió, sino que fue Asunta en Cuerpo y Alma al cielo. La Virgen no sufrió la corrupción del cuerpo, porque en vez de morir, sufrió lo que la Tradición llama la “Dormición”: su cuerpo Purísimo fue invadido por la plenitud de gracia de la que estaba colmada su alma, y en ese mismo instante, su cuerpo y su alma fueron glorificados y ascendidos al cielo, y así fue como la Virgen Santísima, acompañada por un séquito de innumerables miríadas de ángeles, fue conducida ante tu Presencia, en donde se encuentra junto a Ti, ahora y para siempre, gozando de la hermosura de tu Rostro por eternidades sin fin. Jesús, con la Asunción y glorificación en cuerpo y alma de María Santísima, Tú premiabas a Aquella que en la tierra te había acompañado desde el primer instante de tu Encarnación y había permanecido de pie junto a la cruz hasta tu último suspiro agónico al morir, siendo también la primera en recibir tu filial beso y tu abrazo de Resucitado. Jesús, veneramos, honramos y agradecemos el misterio de la Asunción y glorificación de María Asunta y glorificada en cuerpo y alma a los cielos, y te suplicamos que hagas que María Santísima, nuestra Madre, nos conceda la gracia de morir antes de cometer un pecado mortal o venial deliberado, nosotros o nuestros seres queridos, para que podamos participar también, algún día, de la eterna felicidad que significa contemplar tu Santa Faz. Amén.

Silencio para meditar.

Jesús, queremos ahora venerar y honrar el misterio de María Corredentora. Tú eres el Salvador del mundo, y Ella también salva al mundo, junto a Ti, porque está indisolublemente unida a Ti, no solo por el hecho de ser tu Madre, sino porque además Ella, por el inmenso Amor que te tiene, toma tu Corazón y todos los dolores que hay en Él a causa de los pecados de los hombres, y los hace suyos, para aliviarte el peso y la amargura que la malicia del corazón humano te causa. La Virgen es Corredentora porque Ella si bien Ella no sufrió físicamente la Pasión, sí la sufrió místicamente, es decir, participó con su espíritu, uniéndose con su alma y con su Inmaculado Corazón a los dolores y sufrimientos atroces de su Hijo, tomándolos a todos, sin ahorrarse ninguno, los del cuerpo y los del alma, participando de todos ellos, para sufrir junto con su Hijo y para redimir junto con su Hijo a toda la humanidad perdida, caída y en riesgo seguro de condenación eterna. La Virgen es Corredentora porque Ella ofrece, en el Calvario, a Dios Padre, la Víctima Inmolada, la Víctima Santa, la Víctima Suprema, la Víctima de sus entrañas Purísimas, su propio Hijo, Jesús, el Cordero Inocente, y al ofrecerlo, es como si se ofreciera Ella misma, porque con el Hijo se le va la vida, en el Hijo está su vida, sin el Hijo Ella se siente morir, si el Hijo se muere Ella siente que no tiene vida, si el Hijo muere a la Virgen le parece que le quitan su propia vida, y por eso, ofrecer su Hijo a Dios Padre, por la salvación de los hombres, es ofrecerse a Ella misma, porque es ofrecer su propia vida, y por eso la Virgen es Corredentora, porque en el Hijo se ofrece Ella misma. Jesús, veneramos, honramos, agradecemos y bendecimos el misterio de María Santísima como Corredentora de los hombres, y te pedimos que hagas que la Virgen interceda por nosotros, para que nosotros y nuestros seres queridos y todos el mundo, por los méritos de tu Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, seamos salvados de la eterna condenación y lleguemos a las alegrías de la bienaventuranza en los cielos, que es la contemplación de la Santísima Trinidad. Amén.

Silencio para meditar.

Meditación final

Jesús Eucaristía, debemos ya retirarnos, para cumplir con nuestros deberes de estado, pero al mismo tiempo, deseamos continuar en tu Presencia, y para ello, dejamos nuestros pobres corazones a los pies de tu Madre Santísima, que está junto a Ti, en el sagrario. A Ella le pedimos que los cubra con su manto virginal para que las acechanzas del demonio, las tentaciones del mundo y las propias concupiscencias y debilidades, no nos desvíen de nuestro propósito de adorarte siempre en nuestro interior, de adorarte en espíritu y en verdad, de hacer de nuestro corazón un sagrario y un altar en donde mores Tú, Jesús Eucaristía, en el tiempo y en la eternidad. Amén.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.


Canción final: “El trece de mayo en Cova de Iría”.