Dice Jesús Eucaristía: "Y ustedes, almas queridas, ¿por qué están frías e indiferentes a Mi amor? Sé que tienen que atender las necesidades de su familia, de su casa y del mundo que los solicita sin cesar. Pero, ¿no tendrán un momento para venir a darme prueba de su amor y de su gratitud? No se dejen llevar de tantas preocupaciones inútiles y reserven un momento para venir a visitar al Prisionero del amor".
jueves, 7 de febrero de 2019
Hora Santa en reparación por ultraje contra Jesucristo 070219
viernes, 25 de marzo de 2011
Hora Santa pidiendo por la paz en las familias, en la Patria, en el mundo

«
(Jn 14,27)
La paz es uno de los deseos más profundos del ser humano: la paz que brota de aceptarse a sí mismo, de aceptar a los demás, de estar reconciliado con el pasado, de haber sanado viejas heridas, de vivir en un entorno de buena convivencia y entendimiento con las personas que a uno le rodean: familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o estudios… Es bueno y necesario ese deseo ¡honesto! Pero basta cualquier pequeño sufrimiento, conflicto, contrariedad, desengaño, soledad, fracaso… y se rompe esa paz psicológica o social.
Paz honda
Cualquier persona quiere una paz más honda, más estable, más arraigada en el hondón del alma, que nadie te pueda arrebatar. Esa paz existe. Es la paz que nace de lo alto, que trae el Príncipe de
La paz es uno de los frutos del Espíritu Santo. Es la paz del anuncio del ejército celestial a los pastores en la noche de Belén: «Gloria a Dios en el cielo; y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2,14); esa alabanza de los ángeles también se ha traducido así: «y en la tierra paz a los hombres que Dios ama».
Silencio meditativo
La paz: don y tarea
Las dos maneras de expresar la alabanza de los ángeles se complementan y se iluminan: la paz como don de Dios, fruto de los que se dejan amar por el Padre e «invadir» por el Espíritu Santo; y la paz como tarea de los hombres, fruto de los hombres de buena voluntad que trabajan por la reconciliación de los pueblos, las familias y las personas, en cualquier ámbito o situación.
La paz: don y tarea. Quienes se dejan bendecir por el amor de Dios y se ponen a trabajar en favor de la paz son dichosos: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,10).
Hoy, delante de Jesús Eucaristía, Príncipe de
ORACIÓN:
Creo, Señor Jesús, que tú eres el Príncipe de
que tú has derribado el odio que separaba judíos de paganos,
libres de esclavos, creyentes de no creyentes.
Tú eres quien ha derribado el muro de separación, el muro que enfrentaba
a los pueblos, razas, lenguas, culturas y religiones.
Tú eres quien nos ha reconciliado con el Padre y entre nosotros,
como hermanos, destruyendo el poder del pecado: odio, rivalidad, venganza, ira…
Tú has dado muerte a la muerte, resucitando a
¡¡Gracias, Jesucristo!! Tú has sembrado en cada uno de nosotros,
los que creemos en Ti, semillas de eternidad.
Tú nos llamas a participar de tu Eternidad, de
donde la paz será duradera para siempre.
Pero, mientras peregrinamos por la tierra,
nos anticipas tu Vida divina en
y en el perdón de los pecados por tu misericordia. ¡Gracias!
PALABRA DE DIOS
• «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Jn 14,27).
• «Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: Maravilla de consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz. Para dilatar el principado con una paz sin límites» (Is 9,5-6).
• «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia» (Jn 15, 18-19).
Silencio meditativo
ESCUCHEMOS A BENEDICTO XVI
«La violencia no se vence con la violencia. Que nuestro grito de dolor vaya siempre acompañado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios. El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda, para la construcción de un orden social justo y pacífico, a nivel nacional e internacional.
La paz es un don de Dios y, al mismo tiempo, un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente. Una sociedad reconciliada con Dios está más cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente» (Mensaje para
ESCUCHEMOS AL BEATO MANUEL GONZÁLEZ
«Se ha hablado mucho, y nunca lo bastante, del primer milagro de la vida pública de Jesús y se habla poco de la primera palabra de su vida de resucitado. Si los muertos hablaran, ¿cuál debería ser la primera palabra que pronunciara el que hubiera pasado por las ignominias, bajeza y dolores de una pasión y muerte como la de Jesús?
Estoy cierto de que a ninguno, por sabio y generoso que fuera, se le hubiera ocurrido proferir la palabra con que Jesús, recién salido del sepulcro, empieza a hablar de nuevo a los hombres: ¡Paz! ¿Verdad que hace falta ser más que hombre para volver a hablar con los hombres con esa palabra?» (Nuestro barro: OO.CC. II, 3049)
Silencio meditativo
PRECES:
Oremos a Dios Padre, que ha enviado a su Hijo como Primogénito de toda la creación, el arquetipo del hombre, el Hombre Perfecto, imagen del Dios invisible, para que se extienda por toda la humanidad el don de la paz:
R/: Dios de Amor, trae la paz y la reconciliación entre todos los pueblos.
· Padre Eterno, que nos has mostrado tu Amor en la presencia real y sacramental de tu Hijo en
· Padre de Misericordia, que en
· Padre de Bondad, que en tu Hijo has roto la distancia entre los divino y lo humano, haciéndolo en todo igual a nosotros excepto en el pecado, conviértenos en mensajeros del Evangelio, Buena Noticia de Salvación, para que sean muchos los que se vean libres del odio, la violencia y la opresión. Tráenos tu paz. R/.
· Padre Santo, que has hecho a tu Hijo “Portador de
ORACIÓN FINAL:
Creo, Señor Jesús, que sólo Tú traes la paz, que Tú me has hecho experimentar la verdadera alegría en cada acontecimiento:
– la paz de mi corazón colmado de tu infinito amor;
– la paz cuando te recibo en cada Comunión eucarística;
– la paz cuando me perdonas mis pecados;
– la paz cuando me das la gracia para perdonar a otros;
– la paz cuando tu Espíritu me mueve a pedir perdón;
– la paz cuando sé que alguien me busca como hermano;
– la paz cuando tu amor me empuja al servicio de los pobres;
– la paz cuando me conduces a mayor intimidad contigo;
– la paz cuando me abandono, como tú, en las manos del Padre;
– la paz cuando tu Presencia eucarística me lleva a adorarte;
– la paz cuando tu amor llena todas mis expectativas;
– la paz cuando me muestras lo bueno y bello de las personas;
– la paz cuando me regalas, en el sufrimiento, el consuelo de tu Espíritu;
– la paz cuando me llevas a la contemplación gozosa de todo lo creado;
– la paz cuando me concedes contemplarte en la bondad de los buenos.
¡Gracias, Jesucristo, por el don infinito de
Miguel Ángel Arribas, Pbro.
(Extraído de eucaristia.wordpress.com)
miércoles, 2 de marzo de 2011
Hora Santa pidiendo por la unidad de los cristianos

Hora santa
«TODOS HEMOS SIDO BAUTIZADOS EN UN MISMO ESPÍRITU» (1Cor 12,13)
Miguel Ángel Arribas, Pbro.
Monición de entrada:
La unidad de los cristianos es una dimensión de la vida de
El mundo creerá en Jesucristo si estamos unidos quienes nos llamamos cristianos. El mundo creerá en el Salvador si nos amamos unos a otros como Él nos ha amado. El mundo creerá en el Hijo de Dios si testimoniamos que nos amamos hasta llegar a ser «Uno» en la unidad trinitaria del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
En este tiempo de adoración eucarística presentamos al Señor esta inquietud: el anhelo por la unidad. La oración ha de tener prioridad en este camino que estamos recorriendo juntos los cristianos de distintas Iglesias y Confesiones. La oración eucarística de hoy nos hará vivir en esperanza: la esperanza que el Espíritu Santo activa y actualiza.
Esperanza que nos conduce, con fuerza y lucidez, a dar los pasos necesarios para el diálogo ecuménico: el diálogo como conocimiento mutuo; como examen de conciencia de lo que se hizo mal y del pecado de cada uno; como acercamiento de posturas teológicas; como medicina para sanar viejas heridas, rivalidades y desconfianzas; como instrumento para resolver las divergen- cias; como búsqueda sincera de los misterios divinos; como posibilidad para un trabajo en común en lo pastoral y en la solidaridad.
Delante de Jesús Eucaristía, adorémosle por su Presencia permanente entre nosotros y pidámosle que se disuelvan las divisiones y desconfianzas que existen todavía hoy entre los cristianos. Porque Cristo llama a todos los bautizados a la unidad: «Padre, que sean uno, como nosotros somos uno» (Jn 17,22).
Canto: Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo
Palabra de Dios:
«Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu» (1Cor 11,12-13).
Silencio meditativo
«Así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros y no desempeñan todos los miembros la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros» (Rm 12,4-5).
Silencio meditativo
«Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: Manteneos unánimes y concordes, con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad el interés de los demás» (Flp 2,1-4).
Silencio meditativo
Canto: A elección
Nos habla el Concilio Vaticano II:
«El Señor de los tiempos, que continúa sabia y pacientemente el propósito de su gracia para con nosotros pecadores, últimamente ha comenzado a infundir con mayor abundancia en los cristianos separados entre sí el arrepentimiento y el deseo de la unión.
Muchísimos hombres, en todo el mundo, han sido movidos por esta gracia, y también entre nuestros hermanos separados ha surgido un movimiento cada vez más amplio, con ayuda de la gracia del Espíritu Santo, para restaurar la unidad de los cristianos.
Participan en este movimiento de unidad, llamado ecuménico, los que invocan a Dios Trino y confiesan a Jesús como Señor y Salvador, y no sólo individualmente, sino también reunidos en grupos, en los que han oído el Evangelio y a los que consideran como su Iglesia y de Dios.
No obstante, casi todos, aunque de manera diferente, aspiran a una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, a fin de que el mundo se convierta al Evangelio y así se salve para gloria de Dios» (Decreto Unitatis redintegratio, 1).
Silencio meditativo
Canto: A elección
Nos dice el Bto. Manuel González:
«
Purificados por la contrición y la humildad, iluminados por la fe y la oración, y unidos a Jesús y a nuestros hermanos por el amor más grande, o sea, el amor llevado hasta el sacrificio. Así nos ponen nuestras Misas si nos empeñamos en vivirlas» (¡Si viviéramos nuestras misas!: OO.CC. III, 5291).
«La liturgia es en Cristo, por Cristo y con Cristo, la grande obrera de la predestinación de los elegidos, trabajando por conformarlos y unirlos a Él y hacerlos crecer en Él. Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, es el arquitecto que, por los medios que la liturgia aplica, obtiene la realización de su oración sacerdotal: Que sean uno» (El abandono de los Sagrarios acompañados: OO.CC. I, 176).
Oramos juntos: Padrenuestro
Oración final:
«Oh Dios, uno y trino, unidad perfectísima, comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que nos llamáis a todos los cristianos a trabajar por la unidad de tu Pueblo peregrino, derrama incesantemente tu Espíritu Santo para que, orando juntos y dando continuidad al diálogo teológico, podamos llegar a ser, verdaderamente, un solo corazón y una sola alma, como lo eran los primeros cristianos». P.J.N.S.
HORA SANTA Diciembre 2008
“HA APARECIDO
Miguel Angel Arribas
