viernes, 17 de julio de 2026

Hora Santa en reparación por imagen demoníaca de San La Muerte en Santiago del Estero, Argentina 050526

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la imagen demoníaca de San La Muerte erigida en Santiago del Estero, Argentina. Para mayor información acerca de este demoníaco ídolo, consultar el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/photo?fbid=122109113276699985&set=a.122094816686699985   

Canto de entrada: “Cantemos al Amor de los amores”.

Inicio de la Hora Santa y del rezo del Santo Rosario (misterios a elegir).

Primer Misterio.

Cuando los poderosos de la tierra quieren agraciar a sus vasallos conceden a estos, en la totalidad de los casos, bienes de valor finito, limitado, aun cuando estos bienes sean considerados bienes del mayor valor que pueda ser considerado en la tierra. Sin embargo, Dios, en su ilimitada bondad, concede a sus hijos adoptivos, los hombres, un bien que es de valor infinito y este bien es la gracia santificante[1].

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Segundo Misterio.

Afirma un autor que “la nueva naturaleza que nos confiere la gracia posee el privilegio único de ser en cierto modo algo infinito, como participación que es de la naturaleza infinita de Dios”[2]. La razón por la cual es, por así decirlo, “necesario”, de que la gracia sea “infinita”, es “sacar” a la naturaleza humana de su marco natural para “permitirle la visión de Dios en su esencia infinita”. Una naturaleza limitada, finita, no puede contemplar lo infinito: “No se concibe que esto -la contemplación de Dios, que es infinito, N. del R.- sea posible sin que ella -la naturaleza humana- contenga algo del poder infinito de Dios -en este caso, la gracia santificante-. “En tal supuesto, su valor iguala en cierta manera al bien infinito que confiere”, afirma nuestro autor, Scheeben y en esto reside el valor inapreciable de la gracia santificante que nos confieren los Sacramentos de la Iglesia Católica.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Tercer Misterio.

La acción de la gracia en el alma tiene como efecto la superación sobrenatural de la naturaleza humana. En efecto, tal como afirma un autor[3], “las criaturas, sin excepción, tienen en su perfección un límite del que no pueden pasar. Cuando se ven libres de toda escoria, les es imposible seguir perfeccionándose. Cada planta llega a una altura determinada en donde se detiene. Los diversos animales crecen hasta que sus cuerpos se desarrollen y se forme su organismo; una vez alcanzado ese término, no les es posible seguir avanzando; cuando han vivido su tiempo, comienza su decadencia y sobreviene la muerte”. Este mismo límite natural lo posee el hombre: “Las mismas criaturas racionales, según su naturaleza, tienen un límite en la línea de la perfección: progresan mientras se desarrollan sus fuerzas naturales; como éstas son limitadas, también el desarrollo se detendrá en un punto determinado”. Pero este límite natural lo supera la gracia, elevando infinitamente a la naturaleza humana. Dice así Scheeben: “Sólo la gracia desconoce fronteras. Rayo de la naturaleza divina que cae sobre nuestra alma, no conoce otra medida y limitación que la infinidad de Dios y, por tanto, puede crecer de día en día, a cada instante, y enriquecerse sin cesar; nunca traspasará sus límites, pues no los tiene. Siempre será gracia y participación de la naturaleza divina. Se hace más y más lo que es y lo que debe ser”. Solo la gracia, comunicada por los Sacramentos, puede elevar al hombre para que deje de ser hombre y sea Dios por participación, es decir, solo la gracia santificante puede divinizar al hombre.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Cuarto Misterio.

Así como nada puede poner límites al amor sobrenatural, así también sucede con la gracia, puesto que la misma se origina “en el poder eterno e infinito de Dios”, siendo “una participación de la infinita santidad divina”. Nuestra naturaleza tiene una capacidad limitada, pero una vez que es elevada sobre su condición, aumenta infinitamente esa capacidad”. Dice así Scheeben: “Toda medida de gracia que recibe lo hace apto para una medida ulterior mayor todavía; todo aumento prepara un nuevo aumento; cuanto más sube, más se hace susceptible de seguir creciendo. En cierto sentido la gracia es infinita. La nueva naturaleza que nos confiere la gracia posee el privilegio único de ser en cierto modo algo infinito, como participación que es de la naturaleza infinita de Dios”[4].

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Quinto Misterio.

Al meditar en el efecto de la gracia sobre la naturaleza humana, esto es, la deificación, se comprende porqué los santos de todos los tiempos la prefirieron antes que todos los tesoros del mundo y hasta incluso la propia vida. La gracia es un tesoro que aumenta y se multiplica hasta el infinito, sin límites, aunque esto necesita de la colaboración del hombre: “Una acción sobrenatural cualquiera efectuada en estado de gracia y toda utilización de la gracia ya poseída, máxime cuando la hacemos fructificar, nos hacen acreedores ante Dios de un aumento de nuestro tesoro. De nosotros depende pues el duplicarlo en poco tiempo. En la proporción en que la gracia aumenta, crece también el capital y se multiplica”. Lo que aumenta la gracia en nuestras almas son la recepción frecuente de los Sacramentos -ante todo, Confesión Sacramental y Eucaristía- y las obras de misericordia corporales y espirituales. Hagamos el propósito de no solo evitar cualquier pecado, que quita la vida de la gracia, sino el de vivir en gracia e incrementar esta gracia día a día, hasta el encuentro definitivo con Nuestro Señor Jesucristo en el Último Día.

Meditación.

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por las intenciones del Santo Padre y por las Almas del Purgatorio.

Canto de salida: “Los cielos, la tierra y el mismo Señor Dios”.

 

 

 



[1] Cfr. Matthias Joseph Scheeeben, Las maravillas de la gracia, 131.

[2] Cfr. ibidem.

[3] Cfr. ibidem.

[4] Cfr. ibidem.


No hay comentarios:

Publicar un comentario