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miércoles, 14 de noviembre de 2018

Hora Santa en reparación por profanación de iglesia en Nápoles, Italia, en ocasión de Halloween 121018



         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la profanación cometida contra una iglesia en Nápoles, Italia, el pasado 31 de octubre de 2018. Dicha profanación consistió en la celebración de una fiesta de tintes satánicos y mundanos en el interior de la histórica iglesia de San Gennaro all’Olmo, en Nápoles, Italia. La información pertinente a tan lamentable suceso se encuentra en el siguiente enlace[1]:


Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario (misterios a elección). Primer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Cuando asistimos a Misa, asistimos a un misterio: el misterio del sacrificio en cruz de Cristo en el Calvario que se renueva, incruenta y sacramentalmente, sobre el altar eucarístico. Por esto podemos decir, con absoluta certeza, que en la Santa Misa y por la liturgia eucarística, nos encontramos delante del Santo Sacrificio de la Cruz. Por este misterio de la liturgia eucarística, la Santa Misa no es un rito ni vacío ni simbólico, sino pleno del misterio de la vida divina: al igual que en la Cruz, en donde Cristo dona su Vida, entrega su Cuerpo y derrama su Sangre, así en la Santa Misa el mismo Jesús, con el mismo y único sacrificio, solo que ahora oculto bajo los velos sacramentales, hace lo mismo en el altar eucarístico que en la Cruz: dona su Vida, entrega su Cuerpo en la Eucaristía y derrama su Sangre en el cáliz. Entonces, la Santa Misa, como la Santa Cruz, es un misterio de muerte y de vida: es el misterio de la muerte del Cordero que, por medio de su muerte, da muerte a nuestra muerte, para donarnos su Vida eterna. La Misa es el misterio de Cristo que, muriendo en el altar de la cruz, renueva y actualiza sacramentalmente su muerte en la cruz del altar, para destruir nuestra muerte y donarnos su Vida divina.

Un Padre Nuestro, diez Ave Marías, un Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Jesús se inmola en la Cruz del Calvario, muriendo para donarnos una nueva vida, no esta vida natural y terrena que tenemos y no una vida nueva en un mero sentido moral, sino una vida nueva que es ontológicamente nueva, porque es la Vida divina que brota del Ser divino trinitario como de una fuente inagotable. Esa misma muerte, ofrecida como inmolación del sacrificio, es perpetuada y renovada en el tiempo, bajo el velo sacramental, sobre el altar eucarístico, sobre la Cruz del altar, para que nosotros, hombres del siglo XXI, recibamos, en nuestro aquí y ahora, la Vida divina que brota del Ser divino trinitario y que está contenida en la Eucaristía y en el Cáliz del altar. La Misa es un misterio sobrenatural que sobrepasa absolutamente, tanto lo que nuestros sentidos pueden captar, como lo que la razón puede alcanzar, siendo necesaria la luz de la gracia y de la fe para poder, sino comprender, al menos aprehender el misterio que se desarrolla, en toda su magnificencia y majestuosidad, invisible pero real, ante nuestros ojos, sobre el altar eucarístico. Asistir a Misa sin la luz de la gracia y de la fe, es asistir como espectadores ciegos a un evento que supera toda capacidad de imaginación y de raciocinio creatural.

Un Padre Nuestro, diez Ave Marías, un Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La Misa es entonces la renovación, incruenta y sacramental, del Santo Sacrificio de la Cruz, realizado en el Calvario hace dos mil años. No es otro sacrificio distinto, es el mismo y único Sacrificio de la Cruz, que se renueva incruenta y sacramentalmente sobre el altar eucarístico. Es por esto que decimos que asistir a Misa es asistir al Santo Sacrificio de la Cruz y es esta la razón por la cual la Santa Misa se llama también Santo Sacrificio del Altar. Para asistir a Misa, es necesaria la luz de la fe y de la gracia, como dijimos, pero también es necesario participar con el mismo espíritu de amor y de adoración con el que la Santísima Virgen y San Juan Evangelista se encontraban al pie de la Cruz, durante la agonía de Jesús. La Virgen y San Juan no asistían como espectadores pasivos, ni como espectadores ciegos, ni su acompañamiento era meramente moral, como si estuvieran ahí, pero solo para dar ánimo a Jesús que agonizaba y moría en la Cruz. La asistencia y la presencia de la Virgen y de San Juan consistían en la unión, por el amor, al amor y a las intenciones de Jesús, de manera tal que no solo estaban ahí presentes, sino que participaban del sacrificio redentor de Jesús en la Cruz. Es así como debe ser la participación del cristiano –y no solo del sacerdote que celebra la Misa- al Santo Sacrificio del altar: participar, por medio de la unión en el amor y en la intención de Jesús, de su Sacrificio en Cruz, un sacrificio que es redentor y que implica la donación de la propia vida.

Un Padre Nuestro, diez Ave Marías, un Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Para participar del misterio de la Santa Misa, el cristiano debe considerar también otro aspecto, puesto que forma parte del Pueblo de Dios que asiste, atraído por el Espíritu Santo, al Santo Sacrificio de la Cruz. En la Misa se cumplen las palabras de Jesús: “Cuando Yo sea elevado en alto, entonces atraeré a todos hacia Mí”. Jesús, con su Espíritu, es quien nos llama, nos invita, a estar cerca de Él, que no está glorioso sobre el Tabor, sino cubierto de Sangre en la Cruz. Para poder asistir correctamente a Misa, además de reflexionar sobre la participación de la Virgen y de San Juan, debemos considerar la doble oblación de Jesús, la interior y la exterior. Por la oblación interior, Jesús realiza sobre la Cruz lo que hace en la eternidad, esto es, ama al Padre, del cual procede eternamente, con el Amor del Espíritu Santo y en este acto de Amor le entrega al Padre todo su Ser divino trinitario. Por la oblación exterior, Jesús ofrenda la materia del sacrificio, esto es, su Humanidad Santísima, su Cuerpo, su Sangre, su Alma, consumados y sublimados por el Fuego del Divino Amor, el Espíritu Santo, que presenta esta oblación de Jesús –su Humanidad Santísima unida a su Divinidad- ante el trono de la majestad de Dios Trino. Para participar en la Santa Misa debemos, entonces, como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, meditar y reflexionar acerca de la participación de la Virgen, de San Juan y del mismo Jesús.

Un Padre Nuestro, diez Ave Marías, un Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Si Jesús realiza, en el altar de la Cruz y en la Cruz del altar, la oblación interior, que precede y da significado a la oblación exterior, entonces también así debemos nosotros, en imitación de Cristo y como participación a su sacrificio redentor, participar en la Santa Misa, de la misma manera. Es decir, por la oblación interior, Jesús ama al Padre con el Amor del Espíritu Santo, entregándole todo su Ser divino trinitario y es este Espíritu Santo el que, unido a su Humanidad Santísima, así como el fuego se une al carbón, convirtiéndolo en brasa incandescente, el que lleva ante el trono de Dios Trino la oblación exterior, esto es, su Cuerpo, su Sangre, su Alma, unidos a su Divinidad. De la misma manera, también nosotros debemos asistir a la Santa Misa, haciendo una doble oblación: interior y exterior. En nosotros, la oblación u ofrenda interior, debe consistir en ofrecer a Dios Padre, por medio del sacrificio de su Hijo en la Cruz del altar y en el Espíritu Santo, todo nuestro ser y todo nuestro amor. Si no está presente la oblación interior, que consiste en la entrega, por amor y en espíritu de adoración de todo nuestro ser, nuestra participación a la Santa Misa es vacía y carente de sentido. Esta oblación interior debe preceder a la oblación exterior, que es el ofrecimiento de todo nuestro cuerpo, unida a la ofrenda de Cristo en el altar. De esta manera, ofreceremos a Dios todo nuestro ser, nuestro cuerpo con sus sentidos y nuestra alma con sus potencias, pero no por nosotros mismos, sino unidos a la oblación de Cristo sobre el altar eucarístico y esta unión la haremos por medio del Divino Amor, el Espíritu Santo, es decir, no con nuestro simple amor humano. Así, no solo imitaremos a Cristo en su oblación interior y exterior, sino que, ante todo y mucho más profundamente que una mera imitación extrínseca, participaremos de su Santo Sacrificio en Cruz redentor, convirtiéndonos en corredentores de la humanidad. En la Santa Misa, entonces, debemos participar de la renovación incruenta y sacramental del Sacrificio de Jesús en la Cruz, haciendo nosotros, al igual que Jesús y en el Espíritu Santo, una doble oblación, interior y exterior, a Dios Uno y Trino. En la Santa Misa, debemos ofrecernos como víctimas en la Víctima, con Cristo, por Cristo y en Cristo, a Dios Uno y Trino, por la salvación del mundo, postrándonos con todo nuestro ser a los pies del altar y de la Cruz, adorando al Cordero con todas las fuerzas y con todo el amor del que seamos capaces.
        
         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.





[1] Los títulos y subtítulos de la noticia dicen literalmente así: “Escándalo en el Vaticano: organizaron fiesta satánica en una iglesia de Nápoles. La noche del 31 de octubre se desarrolló una fiesta de Halloween en la histórica iglesia de San Gennaro al Olmo, en el corazón de Nápoles. Alcohol, música y mucho descontrol.
”.

jueves, 25 de octubre de 2018

Hora Santa en reparación por Halloween 241018



          Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por la festividad diabólico-pagana de Halloween. En esta festividad, de manifiesto carácter satánico, se cometen innumerables sacrilegios eucarísticos, además de sacrificios humanos. Para reparar por esta celebración del Infierno, ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado.

         Canto inicial: “Cristianos, venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario (misterios a elección). Primer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Santo Tomás de Aquino afirma que “el bien de la gracia de un hombre solo es mayor que el bien de la naturaleza de todo el universo”[1]. Es decir, la gracia santificante que embellece el alma de un solo hombre, tiene más valor que todo el universo. Y según San Agustín, la gracia de Dios no solamente sobrepasa a todas las estrellas y todos los cielos, sino también a todos los ángeles[2]. La razón es que, por la gracia, el alma recibe la participación en la vida divina trinitaria, lo cual es un bien infinitamente más grandioso que si Dios diera a alguien todos los bienes del mundo y le concediera todas las perfecciones naturales de un ángel[3]. Por esta razón, no hay nada más precioso que la gracia que nos mereció el Hijo de Dios con su sacrificio en la cruz, así como tampoco hay mayor desgracia que su pérdida por parte de un alma[4]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, Mediadora de todas las gracias, que pueda yo comprender el valor infinito de la gracia!

         Un Padre Nuestro, diez Ave Marías, un Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

En la Escritura se narra que el profeta Jeremías se puso a llorar la pérdida de toda una ciudad. Cuando Job perdió todos sus bienes naturales –casas, ganados, hijos y salud-, sus amigos quedaron sin habla por siete días. Ahora bien, si alguien pierde la gracia, pierde algo inmensamente más valioso que una ciudad entera y que todos los bienes naturales que se puedan poseer. Si se pierde la gracia, se pierde aquello que levanta al alma por encima de la naturaleza, no solo la humana, sino también la angélica; se pierden los dones del Espíritu Santo y al mismo Espíritu Santo; se pierde el ser hijo adoptivo de Dios; se pierde el ser su amigo y gozar de su Presencia trinitaria en el corazón; se pierde a Dios Uno y Trino y con esto no se necesita perder nada más, porque quien perdió a Dios, lo perdió todo. El desprecio y la pérdida de la gracia hace al hombre el ser más miserable del universo, así como su posesión lo enaltece por encima de los ángeles, hasta ponerlo a los pies de Dios. Pierden la gracia quienes estiman por más valiosos los tesoros de la tierra que al mismo Dios. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, danos una conciencia viva y un amor sobrenatural a la gracia, para que seamos capaces de preferir morir antes que ofender a Dios y perder la gracia por el pecado!

         Un Padre Nuestro, diez Ave Marías, un Gloria.

         Tercer Misterio del Santo Rosario.

         Meditación.

El hombre terrenal, que “atesora para sí y no para Dios”, que idolatra los bienes materiales y les da su corazón, no sabe lo que hace, porque prefiere el oro y la plata, que comparados con la gracia son como la arena y el barro, antes que el más grande bien espiritual que jamás el alma pueda siquiera soñar, la participación en la vida divina de Dios Uno y Trino. El corazón del hombre, herido por el pecado original, se engaña cuando se deja atrapar por el mundo y sus bienes, siendo esto el mayor mal, porque en el corazón no hay lugar para Dios y el mundo: o está entronizado Dios en el corazón, por medio de la gracia, o está entronizado el mundo en el corazón del hombre sin Dios y sin la gracia. Para no caer en este engaño, es necesario meditar acerca de la grandeza de la gracia y cuánto supera en majestad y gloria a todos los bienes del mundo. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, ayúdanos para que seamos prontos en rechazar al mundo y sus atractivos, y prontos para conservar la gracia y acrecentarla!

         Un Padre Nuestro, diez Ave Marías, un Gloria.

         Cuarto Misterio del Santo Rosario.

         Meditación.

El Apóstol Pedro nos llama también a apreciar la gracia, con estas palabras: “Grandísimas y preciosas promesas nos ha dado Dios para que por ellas nos hagamos participantes de la naturaleza divina, huyendo de toda la corrupción de deseos que hay en el mundo” (2 Pe 1). Las maravillas de la gracia divina, que nos hace partícipes de la naturaleza y de la vida de Dios Trino, son incompatibles con las cosas del mundo, porque el mundo y todo lo que el mundo ofrece es perecedero, mientras que por la gracia nos unimos a Dios, que es eterno. Los bienes de la gracia son llamados “grandísimos y preciosos”, mientras que los bienes del mundo son de tal naturaleza dañinos para el alma, que hay que “huir” de ellos lo antes posible. Con respecto a la grandeza de la gracia, dice San Juan Crisóstomo: “Quien aprecia y admira la grandeza de la gracia que viene de Dios, este tal será para adelante más cuidadoso y atento de su aprovechamiento y salud espiritual y mucho más inclinado al estudio de las virtudes”. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, inclina nuestro corazón a tu Hijo, Jesús Eucaristía, Gracia Increada y Fuente de toda gracia, para que viviendo en la gracia en el tiempo, merezcamos la gloria eterna!

         Un Padre Nuestro, diez Ave Marías, un Gloria.

         Quinto Misterio del Santo Rosario.

         Meditación.

La gracia es un bien tan grande, que es digno de estimarse por encima de cualquier otro bien terreno, por grande y numeroso que este sea. Éste es el bien del cual dijo Nuestro Señor que hay que atesorar en el cielo: “Atesorad tesoros en el cielo”. No se pueden atesorar en el cielo ni el oro ni la plata, pero sí la gracia que hace al alma partícipe de la naturaleza divina y fue obtenida para nosotros al altísimo precio de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Es de Dios Uno y Trino, Dios eterno, de donde descienden, a través del Corazón traspasado de su Hijo en la Cruz, y a través del Corazón Eucarístico de su Hijo Presente en la Eucaristía, toda gracia y todo bien, de donde se sigue que quien esté tanto más cerca de la Cruz y de la Sagrada Eucaristía, tanta más gracia recibirá en su alma. Y al contrario también es verdad: quien más se aleje de la Cruz y de la Eucaristía, tanta menos gracia poseerá en sí. Es la Virgen la que está al pie de la Cruz y al pie del sagrario, por lo que a Ella le debemos implorar que no permita que nuestras pasiones nos alejen de su Hijo Jesús. ¡Oh Virgen Santísima, Nuestra Señora de la Eucaristía, que estás de pie en la Cruz, en la cima del Monte Calvario, y estás de rodillas ante el sagrario, adorando la Presencia Eucarística de tu Hijo Jesús, no permitas que la mundanidad a la que estamos inclinados nos aleje de ti y de tu Hijo, Fuente Increada de la gracia!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.



[1] 1, 2, q. 113, ad. 2.
[2] Lib. Ad. Bonif., cap. 6.
[3] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 9.
[4] Cfr. Nieremberg, o. c.

martes, 29 de octubre de 2013

Hora Santa en reparación por los ultrajes y sacrilegios cometidos contra la Eucaristía en Halloween



         Inicio: ingresamos al Oratorio. Nos postramos ante la Presencia sacramental de Jesús en la Eucaristía y le pedimos a Nuestra Señora de la Eucaristía que nos ayude en esta Hora Santa, ofrecida en reparación por los ultrajes y sacrilegios que se cometen contra la Sagrada Eucaristía, especialmente en este tiempo denominado “Halloween”. Pedimos también el auxilio de nuestros ángeles custodios, para que nuestra oración sea llevada por ellos hasta el Inmaculado Corazón de María y, desde allí, hasta el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.  

         Canto inicial: “Sagrado Corazón, eterna alianza”.

         Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón, y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Meditaciones

Jesús Eucaristía, Tú eres el Rey de los hombres y de los ángeles, porque Tú eres Dios Creador, Redentor y Santificador; Tú en el cielo eres la alegría de los bienaventurados, que delante de tu Presencia se postran en adoración y exultan en cantos de gozo, de admiración y de amor, ante el estupor sagrado que les provoca la indecible hermosura de tu Ser divino trinitario; sólo Tú, Dios de la Vida, del Amor y de la Paz, mereces ser adorado, ensalzado, bendecido, glorificado, y solo a Ti debe el Universo entero festejarte y alabarte, en el tiempo y en la eternidad. Sin embargo, existen hombres que, aliados a los ángeles caídos, se empeñan sacrílegamente en celebrar impíamente al Príncipe de las tinieblas por medio de festejos en apariencia inocentes, pero que esconden una perversa y siniestra realidad, y es la adoración oculta del Ángel caído. Ten piedad, Jesús, de estos hermanos nuestros, pues “no saben lo que hacen”, y por intercesión de María Santísima, concédeles la gracia de la conversión del corazón, para que solo a Ti te adoren y glorifiquen. Amén.

         Silencio para meditar.

         Jesús Eucaristía, Tú eres el Dios de la Vida Increada que brota como de un manantial purísimo e inagotable de tu Ser divino trinitario; Tú eres la Vida Increada y el Creador de toda vida participada; de Ti viene todo ser viviente, porque Tú creas la vida con tu Sabiduría infinita y tu Amor eterno; sólo Tú eres la Vida que alegra el alma, ilumina la mente y arroba el corazón; sólo Tú, Vida Increada e inagotable, Vida que al mismo tiempo es Amor, Paz y Alegría de Dios, das vida y alegría al universo y por esto sólo Tú debes ser festejado, ensalzado, glorificado; Tú no creaste la muerte, sino que la muerte entró por envidia del Diablo, quien a su vez la creó en su perverso corazón angélico al decidir separarse de Ti, Fuente de Vida eterna, para siempre; fue el Diablo quien, al separarse de Ti, Vida Inagotable, se dio muerte a sí mismo, para siempre, y busca contaminar con su pestilente veneno de rebelión a los hombres, para que también prueben como él el amargo gusto de la muerte. Jesús, te pedimos perdón y reparamos por  aquellos hermanos nuestros que, oscurecidas sus mentes y corazones por las densas nieblas del error, celebran y festejan al Príncipe de las tinieblas, el Homicida desde el principio y autor de la muerte y de la corrupción. Concédeles, por intercesión de Nuestra Señora de la Eucaristía, la gracia de la conversión del corazón y el arrepentimiento perfecto. Amén.

         Silencio para meditar.

         Jesús Eucaristía, Tú eres el Dios que da la vida nueva, la vida de la gracia en esta vida, y la vida de la gloria en el Reino de los cielos; tu gracia rejuvenece el alma y sana el cuerpo y en la vida futura, nos concede la juventud eterna, la juventud que procede de Ti, Dios eternamente Joven; Jesús, con tu sacrificio en Cruz, renovado incruentamente en cada Santa Misa, nos concedes tu gracia, gracia que nos hace participar de tu Vida divina, Vida que nos eleva a una dignidad infinitamente más alta que la de los ángeles porque nos hace participar de la Vida de las Tres Divinas Personas; Jesús, te pedimos perdón y reparamos por quienes festejan la muerte y la corrupción, muerte y corrupción que fueron introducidas por el pecado original cometido por nuestros primeros padres, instigados por el demonio. Si bien la muerte y el pecado fueron vencidos por Ti en la Cruz, con tu Muerte y Resurrección, de una vez y para siempre, el festejo de la muerte en Halloween es un festejo siniestro, porque se trata de la muerte sin redención en el tiempo, que conduce a la segunda y definitiva muerte, la condenación eterna, en la otra vida; la perversidad del festejo de la muerte en Halloween radica en esto, en que se trata de la muerte no redimida ni santificada por Ti, sino de la muerte sin Ti, que conduce al alma a una eternidad separada de Ti; la perversión del festejo de Halloween consiste en que se celebra y festeja a los ángeles caídos, a aquellos que, rebelándose contra Dios Uno y Trino en el cielo, crearon la muerte para sí mismos y para el hombre y se hicieron merecedores del fuego del Averno para siempre. Jesús, ten piedad de los hermanos nuestros que, por ignorancia o aun sabiendo lo que hacen, te ofenden en estas macabras celebraciones del infierno, y haz que se arrepientan, antes de que sea demasiado tarde. Amén.

         Silencio para meditar.

         Jesús, Tú en la Eucaristía eres el Rey de hombres y ángeles; Tú en la Eucaristía eres el Dios de Amor infinito que, rodeado de ángeles que se postran ante tu Presencia sacramental, así como se postran ante Ti en el cielo, esperas a los hombres ingratos a que vengan a visitarte en tu Prisión de Amor, el sagrario; Jesús, Tú das de tu Amor eterno e infinito, el Amor que arde en tu Sagrado Corazón eucarístico, a todo aquel que se te acerca, aunque sea por breve tiempo, y lo colmas con tanto Amor que el alma moriría de contento si al menos pudiera apreciar mínimamente la inmensidad del Amor que brindas en cada visita al sagrario; Jesús, cuyo Amor por los hombres te llevó a la locura de la Cruz y a la locura de permanecer solo y abandonado en el sagrario, como quedaste solo y abandonado en la Cruz, pero aún así, continúas esperando a los hombres para darles las llamas de Amor que abrasan tu Sagrado Corazón; te pedimos perdón por quienes, en Halloween, profanan Tu Presencia eucarística, cometiendo los más aborrecibles ultrajes y sacrilegios a Ti, Presente con tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía; te pedimos perdón y reparamos también por tantos cristianos que, consciente o inconscientemente, se alían con las fuerzas del mal, sino profanando la Eucaristía, al menos colaborando en la promoción, difusión, organización y puesta en escena de eventos como Halloween, en donde se exaltan la magia, la brujería, el esoterismo, el ocultismo, y todo lo que es aborrecible ante tus ojos. Concédeles, por intercesión de Nuestra Señora de la Eucaristía, un conocimiento del pecado en el que se encuentran, e ilumínalos para que te conozcan y te amen en la Eucaristía. Amén.

         Silencio para meditar.

Meditación final

Jesús Eucaristía, te pedimos perdón por quienes en Halloween ultrajan la infancia y la inocencia de la niñez, figura de Ti, Víctima Inocente, contaminando sus almas con celebraciones paganas, plagadas de alabanzas a lo oculto, a lo esotérico, a lo satánico, a todo lo que es despreciable y aborrecible a tus ojos; ocultando a los niños la devoción a la Eucaristía y presentándoles como bueno y agradable el gusto por los seres que habitan en el infierno; te pedimos perdón por quienes, en esta fecha, secuestran niños para ofrecerlos en misas negras, como sacrílegas ofrendas a Satanás, Moloch, Baal, Asmodeo, y cuanto demonio anda disperso por el mundo; te pedimos perdón y reparamos por quienes, movidos por oscuros intereses, engañan y pervierten a los hombres, principalmente a los niños, y haz que, movidos por tu gracia, y por intercesión de Nuestra Señora de la Eucaristía, te conozcan y te amen en la Hostia consagrada, en el tiempo y en la eternidad. Amén.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón, y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “La Virgen María nos reúne en nombre del Señor”.