Inicio:
ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación
por el robo sacrílego -con toda probabilidad, para ser usada en misas negras o
satánicas- de la Hostia consagrada en una parroquia de México. Para mayores
datos acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=K-ddeRMVVKA
Canto
de entrada: “Sagrado Corazón, Eterna Alianza”.
Inicio
del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).
Meditación.
Con relación a la Santa Misa, Nuestro Señor le dijo a Santa
Gertrudis: “Puedes estar segura de que quien asistió a la Santa Misa devotamente.
Yo le mandaré durante los últimos momentos de su vida tantos de mis Santos a que
lo consuelen y lo protejan, como Misas haya oído bien”[1].
Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.
Segundo
Misterio.
Meditación.
¡Cuánto consuelo traen estas palabras! Por esta razón decía
el Santo Cura de Ars: “Si supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa,
¡qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella!”. Y San Pedro Julián
Eymard decía: “Sepan, oh cristianos, que la Misa es el acto de religión más
sagrado. No pueden hacer nada para glorificar más a Dios, ni para mayor provecho
de su alma, que asistir a Misa devotamente y tan a menudo como sea posible”.
Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.
Tercer
Misterio.
Meditación.
Por esto, debemos considerarnos afortunados cada vez que
tengamos la oportunidad de asistir a la Santa Misa; y a fin de no perder la
oportunidad, no debemos nunca echarnos atrás frente a cualquier sacrificio para
asistir, especialmente los días de precepto (Domingos y días de fiesta), en los
que la obligación de participar de la Misa es grave y quien no asiste, comete
pecado mortal.
Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.
Cuarto
Misterio.
Meditación.
Son los Santos de todos los tiempos, los que nos dan ejemplo
de amor a la Santa Misa. Por ejemplo, Santa María Goretti, quien para ir a Misa
los domingos, viajaba veinticuatro kilómetros a pie para ir y regresar a su casa.
O también Santina Campana, quien iba a Misa aun cuando tenía altísima fiebre.
San Maximiliano María Kolbe ofrecía la Santa Misa incluso cuando su salud
estaba en tan lastimoso estado, que uno de sus hermanos en religión tenía que
sostenerlo en el altar para evitar que cayera. Y muchísimas veces el Padre Pío
de Pietrelcina celebró la Santa Misa, aun cuando le sangraban las manos y ardía
en fiebre.
Un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.
Quinto
Misterio.
Meditación.
Ahora bien, si a algún santo la enfermedad le hacía
verdaderamente imposible el asistir personalmente a Misa, se unían al menos
espiritualmente a los Sacerdotes celebrantes en todas las iglesias de la
tierra. Así hacía por ejemplo Santa Bernardita cuando debía estar en el lecho
durante mucho tiempo. Decía a sus hermanas: “Las Misas son perpetuamente celebradas
de una a la otra parte del globo: yo me uno a todas estas Misas, sobre todo
durante las noches que paso a veces sin poder dormir”.
Oración
final: “Dios
mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen,
ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo
os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor
Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los
ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente
ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del
Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.
Amén”.
Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los
Ángeles”.
Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo
por las intenciones del Santo Padre Francisco.
[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús,
Amor Eucarístico, Ediciones del Alcázar, Buenos Aires 2005 31.
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