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viernes, 13 de marzo de 2020

Hora Santa en reparación por ataque a varias iglesias por feministas en México 090320



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el violento ataque sufrido por diversas iglesias en la Ciudad de México el pasado 08 de marzo de 2020, en el marco de la marcha feminista proaborto. Para mayores datos, consultar el siguiente enlace:


Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

         A los cristianos que están sin gracia sólo les queda libre el Sacramento de Penitencia para que por él se reconcilien con Dios; y mientras no lo hicieren, están privados de esta reconciliación[1]. El que carece de gracia está fuera de la comunión estrecha y total de los santos y es maldito a los ojos de Dios. “Y no es necesario –dice un doctor- que para contraer delante de Dios esta censura, que algún Pontífice fulmine y tire un rayo sobre la cabeza del que peca; tu misma conciencia, oh desdichado pecador, te hace delante de Dios y de todos los espíritus celestiales que no tengas parte en esta comunión”.

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Al contrario, si a un justo inocente, convencido con testigos falsos, castigare su superior con censura como a delincuente, si muriere no hallará cerrado el cielo y mientras viviere será participante de la gracia con que todos los santos viven, como miembro que tiene vida y que está unido con los demás, aunque para lo exterior esté muerto y apartado. Porque el ramo del árbol que en el rigor del invierno parece seco, con todo eso en el interior vive y trae vida y jugo vital de su raíz[2].

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Pues si una censura de la Iglesia es tan formidable, que algunas veces aun los hombres más perdidos la tienen por sumo mal y deshonra; si les parece cosa horrible ser privados del sacrificio de la Misa, de la entrada en los templos, de la sepultura sagrada, de estar presente en las oraciones comunes, ¿cuánto más formidable cosa es un pecado que propiamente priva al hombre de la comunión antes que sea denunciado? ¿Cómo no tiembla el pecador de esta oculta excomunión?[3]. ¿Cómo por cosas que no tienen ser ni substancia, como el deleite, la honra, el interés que se encuentra con la Ley de Dios, permite ser proscrito, entregado a Satanás y ser borrado de la lista de los hijos de Dios?

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         En todos estos bienes está el pecador fuera de la comunión entera de los santos, pero goza de ellos el que tiene gracia; porque el mismo Espíritu que vivifica a los serafines y endiosa a los bienaventurados, participa de él y tiene dentro de sí; satisface con todas sus obras buenas por las penas que debe y puede satisfacer por quien quisiere y otros justos por él; goza del tesoro de la Iglesia, del Sacrificio de la Misa, de los Sacramentos y de muchos otros bienes espirituales, de modo que por sólo esto, sería incomparable bien de la gracia[4].

         Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Y es bien lleno de bendiciones de Dios y de sus santos, de cuyos bienes comunica. Dios echa por bendición al que está en gracia que todos le bendigan, no como al pecador, que como descomulgado, está maldito. A quien está en gracia conviene aquella bendición de Dios (Éx 25): “Echaré mi bendición a quien te echare bendiciones y echaré mi maldición a quien te maldijere”. Pero los que carecen de gracia son tan execrables a Dios, que lo bueno que parece que tienen le es abominable y como con descomulgados no quiere hablarles, ni quiere que le hablen[5]. Terrible estado el del pecador que está sin gracia; que la Virgen de la Eucaristía, Mediadora de toda gracia, nos preserve de este gran mal y nos conserve siempre en estado de gracia santificante.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.




[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 352.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 352.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 352.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 353.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 353.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Hora Santa en reparación por ataque a iglesia dedicada a la Virgen en Chile 161219



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por el violento ataque sufrido por una iglesia dedicada a la Virgen en Antofagasta, Chile. Además, en este asalto, se produjo el robo de unas reliquias invalorables del P. Pío de Pietralcina. Para mayor información acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:


          Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

          La Eucaristía, al contener la substancia humana divinizada y la divinidad del Hombre-Dios Jesucristo, es un bien tanto para el alma, como para el cuerpo[1]. Para el alma, lo dice así San Cirilo de Jerusalén: “Si te hincha el veneno del orgullo, recurre a la Eucaristía y el Pan, bajo cuya apariencia se ha ocultado tu Dios, te enseñará la humildad. Si arde en ti la fiebre de la avaricia, come de este Pan y aprenderás generosidad”.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

          Con respecto a los beneficios de la Eucaristía, continúa San Cirilo: “Si te entristece el viento helado del egoísmo, recurre al Pan de los Ángeles y en tu corazón brotará lozana la caridad. Si te sientes empujado por la intemperancia, aliméntate del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que tan excelentemente practicó la sobriedad en su vida terrena y harás temperante”.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.  

Meditación.

          Continúan los beneficios de la Eucaristía para el alma, siempre según San Cirilo: “Si eres perezoso e indolente para las cosas espirituales, cobra fuerzas con este alimento celeste, y te harás fervoroso. Si, en fin, sientes que te arde la fiebre de la impureza, siéntate en el banquete de los Ángeles y la Carne inmaculada de Cristo te hará puro y casto”. Al respecto, fue San Carlos Borromeo quien recomendó la comunión frecuente al joven Luis Gonzaga, quien luego fue un santo destacado por su caridad y castidad. A su vez, San Felipe Neri decía: “La devoción al Santísimo Sacramento y la devoción a la Virgen son, no el mejor, sino el único medio para conservar la pureza. No hay como la comunión para conservar puro el corazón de veinte años… No puede haber castidad sin Eucaristía”.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

          La Eucaristía es también un gran bien para el cuerpo, no solo para el alma. Esto se puede constatar, por ejemplo, en los milagros ocurridos en Lourdes, lo cual recuerda lo dicho por el Evangelio: “Salía de Él una virtud que curaba a todos” (Lc 8, 46). Por otra parte, innumerables cuerpos han sido curados por el Señor, que viene a lo más profundo del ser del hombre, oculto en apariencia de pan y vino.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Es una verdad que se puede constatar día a día, que innumerables enfermos del cuerpo, han experimentado notable mejoría e incluso la curación, al recibir al Santísimo Sacramento del altar. Una persona puede alimentarse con el pan material, pero si no se alimenta con el pan del altar, tanto el cuerpo como el alma se resienten de esta falta. Una vez, San José Cottolengo se dio cuenta que muchos de los menesterosos de la “Casa de la Providencia” no se habían acercado a la Santa Comunión, por lo que el copón seguía lleno. Precisamente aquel día escaseaba el pan. El santo, dejando el copón sobre el altar, se volvió y dijo expresivamente: “¡Copón lleno, bolsas vacías!”. Y esto es así: Jesús es la plenitud de la vida y del amor del alma; sin Él, sin la Eucaristía, el alma queda vacía y árida; con Él, en cambio, se poseen sin reserva todos los bienes, toda la santa pureza y toda la alegría celestial.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonios de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 86-87.