Este es Carlos Santiago, infame ofensor de la Virgen
y por quien debemos rezar.
Inicio:
ofrecemos esta Hora
Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por un brutal insulto
proferido contra María Santísima y el Apóstol Santiago en Santiago de
Compostela, España, el 14 de febrero de 2018. El insulto, uno de los más graves
y brutales de que se tenga memoria, fue proferido públicamente con ocasión de
los pregones de Carnaval, por parte del escritor y dramaturgo gallego Carlos
Santiago. La bajeza de los insultos fue tal, que numerosas familias se
retiraron inmediatamente del lugar. Entre otras blasfemias, el mencionado
escritor afirmó que llamar “p***” a la Virgen María es algo “normal” y que
debería ser enseñado a los niños. Los informes periodísticos acerca de tan
execrable suceso se encuentran en los siguientes enlaces electrónicos:
Además de la reparación, nos
solidarizamos con el Arzobispado de Santiago de Compostela, desde donde se
manifestó el “profundo sentimiento de disgusto y dolor” por tan aberrante hecho.
Pedimos por nuestra conversión, la de nuestros seres queridos, la de todo el
mundo y, especialmente, por el autor de este intolerable sacrilegio y ofensa a
la Madre de Dios y Madre Nuestra, Carlos Santiago.
Canto
inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.
Oración
inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te
adoro y te amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran,
ni te aman” (tres veces).
“Santísima
Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco
el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo,
Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes,
sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los infinitos
méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os
pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Inicio
del rezo del Santo Rosario meditado (misterios a elección).
Primer
Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
María Santísima es Madre de Dios y también es Nuestra Madre,
y a Ella le suplicamos que nos una a su Inmaculado Corazón, de manera tal que
obtengamos la gracia de la perfecta contrición del corazón. Con esta gracia, el
alma prefiere “morir antes que pecar”, porque percibe, por la luz divina que le
es infundida de lo alto, no solo la fealdad y malicia extrema del pecado -que
como mancha oscura espiritual invade el alma, la oscurece y la envuelve en
tinieblas, alejándola de Dios-, sino que le hace ver la hermosura incomparable
de la vida de Dios en el alma y así, deseando asemejarse a su Madre celestial,
se propone despreciarlo todo, incluida la vida terrena, antes que perder el
estado de gracia santificante. A María Santísima, Medianera de todas las
gracias, le imploramos la gracia de un rechazo profundo al pecado y un amor tan
grande a la vida de la gracia, que seamos capaces de elegir siempre la muerte
temporal, antes que perder la vida eterna por medio del pecado. Sin este horror
al pecado y sin el deseo vivo y ardiente de imitar a Aquel que es la Gracia
Increada, el Hijo de María, Jesús de Nazareth, de nada nos serviría el haber
nacido.
Silencio
para meditar.
Padre
Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Segundo
Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
La Madre de Dios, la Virgen Santísima, engendró en su seno
purísimo al Hijo del Eterno Padre, convirtiéndose así en Sagrario y Tabernáculo
Viviente más precioso que el oro. Al engendrar, por obra del Espíritu Santo, al
Verbo de Dios, que asumió a su Persona divina, la Segunda de la Trinidad, la
naturaleza humana de Jesús de Nazareth, la Virgen se convirtió también en
Nuestra Señora de la Eucaristía, porque alojó en su seno, cual hermosísima Custodia
Viviente, el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor
Jesucristo. Desde la Encarnación y aun antes, desde su Inmaculada Concepción,
la Virgen es Nuestra Señora de la Eucaristía, porque fue concebida sin mancha
de pecado original para ser el Tabernario y Sagrario Viviente del Hijo de Dios
Encarnado. Concebida sin mancha para ser la Madre de su Hijo Dios, la Virgen
está tan unida a su Hijo, que es imposible pensar en María, sin pensar en
Jesús, así como es imposible pensar en Jesús, sin pensar en María. Es por esto que,
donde está la Virgen, está Jesús, y donde está Jesús, está la Virgen. Allí donde
llega la Madre, llega su Hijo y allí donde está el Hijo, está la Madre. Quien acude
a la Madre, acude al Hijo; quien se confía a la Virgen, a Cristo se confía;
quien se consagra al Inmaculado Corazón de María, se consagra al Sagrado Corazón
de Jesús, porque ambos Corazones están íntima y estrechamente unidos por el
Amor de Dios, el Espíritu Santo. Quien adora al Hijo Presente en Persona en la
Eucaristía, venera a la Madre Presente al pie del sagrario; quien desea
comulgar a Jesús Eucaristía y recibirlo con todo el amor del que es capaz, es
porque la Madre le ha hecho partícipe del infinito y eterno Amor a Jesús,
contenido en su Inmaculado Corazón.
Silencio
para meditar.
Padre
Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Tercer
Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
Al pie de la cruz, acompañando a su Hijo que agoniza en su
dolor redentor, la Virgen ama y repara con su amor el frío desamor de los hombres
hacia Dios; un desamor tan grande, capaz de crucificar a Dios Hijo encarnado. Al
pie del altar eucarístico, acompañando a su Hijo que renueva de modo incruento
y sacramental su sacrificio del Calvario, sacrificio por el cual entrega su
Cuerpo en la Eucaristía y derrama su Sangre en el cáliz, para nuestra
salvación, la Virgen ama y repara, con el amor de su Inmaculado Corazón, el
frío desentendimiento de los hijos de Dios, que asisten a la Santa Misa como
quien asiste a un espectáculo teatral, con la misma indiferencia como quien
observa a través de la ventana la lluvia caer. Al pie de la custodia, en la que
está expuesta la Sagrada Eucaristía, la Santísima Virgen, de rodillas ante la
Presencia sacramental de su Hijo Jesús, ama, adora y repara, por los continuos
ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales es ofendido diariamente
el Santísimo Sacramento del altar, principalmente por parte de aquellos hijos
predilectos del Corazón de su Hijo, los consagrados. Consagrémonos al
Inmaculado Corazón, para participar, junto con Ella, de sus continuos actos de
amor, adoración, reparación y desagravio que los hombres infligimos
continuamente al Cordero de Dios, Jesús, Eucaristía.
Silencio
para meditar.
Padre
Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Cuarto
Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
Queremos reparar por tantas ofensas que recibe a diario
Jesús en la Eucaristía, pero solo podremos hacerlo si nos consagramos al
Inmaculado Corazón de María. Es decir, solo desde dentro del Corazón de la
Madre, que arde en el Fuego del Divino Amor, podremos reparar adecuadamente y
como Jesús Eucaristía lo merece, todas las ofensas que recibe a cada instante
en su Prisión de Amor. La humanidad parece haber olvidado a Dios, al Dios
Verdadero, Dios Uno y Trino, y su Mesías, Cristo Jesús, que está entre nosotros
“todos los días, hasta el fin del mundo”, como Él lo había prometido, en la
Santa Eucaristía. Sin embargo, la humanidad lo ha olvidado y lo ha reemplazado
por un falso dios, un dios construido a la medida de sí mismo, un dios que es
el hombre mismo. La humanidad ha dejado al Cordero de Dios abandonado en el
sagrario; lo ha desplazado del trono de su corazón y se ha entronizado a sí
misma, porque ha convertido al hombre en su propio dios. Los hombres han
abandonado al Hombre-Dios Jesucristo, oculto en la apariencia de pan del
Santísimo Sacramento del Altar y se ha construido un dios a su medida, que es
el propio hombre. Así, los Mandamientos de Dios, que son los mismos
Mandamientos dados a través de Jesucristo, han quedado en el olvido y han sido
reemplazados por un solo mandamiento, dictado por el hombre para sí mismo: “Hago
lo que quiero”. Pero Dios Padre quiere que los hombres abandonen este camino de
perdición y regresen a su Hijo, Único Camino de salvación y la Salvación en sí
misma y el único modo de regresar a Dios Hijo es por medio del Corazón de la
Madre. Quien se consagra al Corazón de la Madre ama y adora al Hijo, que vive
en ese Corazón Inmaculado, en el que inhabita el Espíritu Santo y además de reparar
por el desamor de sus hermanos, se convierte en un instrumento del Divino Amor
por medio del cual los hombres, dejando de lado el falso dios, se postren en
adoración al Único y Verdadero Dios, Jesús Eucaristía.
Silencio
para meditar.
Padre
Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.
Quinto
Misterio del Santo Rosario.
Meditación.
Postrados
ante la cruz del Señor y ante el sagrario y puesto que en ambos lugares se
encuentra siempre María Santísima –donde está el Hijo está la Madre-, al tiempo
que adoramos al Hijo, le suplicamos a María Santísima que interceda ante su
Hijo Jesús para que recibamos de sus manos maternales la gracia de la perfecta
contrición del corazón. Así, nuestro corazón, renovado y purificado por la
gracia santificante, tendrá horror del pecado y un amor intenso a la vida de la
gracia. Recibiendo de María Virgen el bálsamo refrescante de la gracia de
Jesús, las heridas de nuestros corazones sanarán y, de corazones endurecidos
por el pecado y fríos por la falta del Divino Amor en ellos, se convertirán en
otras tantas brasas ardientes, que ardiendo en el Fuego del Espíritu Santo,
iluminarán el mundo oscurecido por las tinieblas vivientes, los ángeles caídos,
y comunicarán a nuestros hermanos el calor del Amor de Dios, en medio del frío
glacial que se ha abatido en un mundo que cada vez se aleja más y más de la
fuente de calor espiritual, Dios y el Amor de su Corazón trinitario. “Oh María, Nuestra Señora de la Eucaristía,
enséñanos a amar a tu Hijo, Jesús Eucaristía, Presente en el Santísimo Sacramento
del Altar. Tú, que llevaste en tus entrañas purísimas el Cuerpo, la Sangre, el
Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, danos del amor de tu
Inmaculado Corazón, para que al recibir la Eucaristía por la Sagrada Comunión,
seamos capaces de amar a Jesús con el mismo amor con el que lo amas tú. Amén”.
Un
Padre Nuestro, Tres Ave Marías y Gloria para ganar las indulgencias del Santo
Rosario, pidiendo también por la salud e intenciones de los Santos Padres
Benedicto y Francisco y por las benditas almas del Purgatorio.
Oración
final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te
amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te
aman” (tres veces).
“Santísima
Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco
el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo,
Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes,
sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los
infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de
María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Canto
final: “Plegaria a Nuestra Señora de los
Ángeles”.
Praywithmary se une a este acto de reparación ante tan gravísimo hecho🙏🏽🇪🇸
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