martes, 16 de junio de 2020

Hora Santa en reparación por inauguración de primera iglesia satánica en Sudáfrica 150620



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la inauguración de la primera iglesia satánica en Sudáfrica. Puesto que en estas iglesias se adora falsamente a Satanás y puesto que el Único que merece ser adorado es Dios Uno y Trino, se impone siempre, en estos casos, la reparación y la adoración eucarística. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:


Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

Sin la gracia, estamos literalmente perdidos, pues, como dice Jesucristo, “Sin Mí, nada podéis hacer”. Es decir, sin la gracia de Jesucristo, nada, literalmente nada bueno para la salvación, podemos hacer. Sin la gracia, estamos perdidos[1]; por esta razón, la gracia posee una gran excelencia, pues por ella nos hacemos agradables a Dios, al sernos quitada la indignidad del pecado que teníamos y al concedernos el don de la gracia santificante que nos hace hijos de Dios, la cual no teníamos.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La necesidad que tenemos de los auxilios de Dios es tanta, que sin ellos no podemos poner en ejecución ni un propósito bueno, ni tampoco podemos hacer ninguna obra meritoria para la eternidad. Todo auxilio y pensamiento con que en efecto obramos bien para la eternidad, no es debido a nuestra naturaleza, sino que es un favor singular que se le hace por la gracia y por esto se llaman estos pensamientos “gracia”, porque no son debidos a nosotros[2]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que siempre elevemos cánticos de alabanza a Jesucristo, pues por Él tenemos la gracia que nos hace merecedores del Cielo!

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Se llama “gracia actual” para distinguirla de la “gracia habitual”, con la cual somos gratos y amigos de Dios. De manera que, aunque de sólo poder obrar bien o poder no obrar mal fuéramos capaces con aquel mínimo pensamiento con el que se salvaría nuestra libertad, nunca sin embargo llegaríamos a obrar bien para la eternidad, con méritos suficientes para el Reino de los cielos, porque sin la gracia no podemos, de ninguna manera, obrar sobrenaturalmente[3]. Cuando obramos el bien sobrenaturalmente, esto es, meritoriamente para el Cielo, eso se debe a la gracia.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

De esta manera, el poner por obra una obra buena y meritoria para la vida eterna, no se puede hacer de modo alguno sin auxilio de Dios, que es su gracia. Con la culpa de Adán, nuestra naturaleza quedó corrupta e inficionada por el pecado, destituida de todo favor del Cielo, aborrecida de Dios, indigna de toda gracia; y así, muerta también para obrar obra alguna meritoria para la eternidad. Por esta razón, sin la gracia no podemos tener ni siquiera un pensamiento santo[4]. Nuestro Señor Jesucristo lo enseñó claramente, diciendo (Jn 12): “Sin Mí, nada podéis hacer”, esto es, sin la gracia de Jesucristo, estamos incapacitados para ejecutar obra alguna buena para el Cielo.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

De la misma manera dice San Pablo (2 Cor 3): “No somos suficientes para pensar alguna cosa de nosotros como de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios”. El Profeta Jeremías (10, 23) dice: “Conocí, Señor, que no está el hombre en su camino, ni es del varón que ande y enderece sus pasos”. Por lo cual define el Concilio Milevitano (c. 4, canon 9) que uno y otro es don de Dios, el saber lo que debemos hacer y el querer hacerlo. El Concilio Arausicano (can. 22) dice: “Nadie tiene de suyo sino mentira y pecado”. El obrar bien, o el saber para obrar bien, es de Dios: beneficio divino es, del cual éramos indignos y ahora son indignos cuantos están en pecado[5]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que vivamos siempre en gracia, para que nuestras obras nos abran las puertas del Cielo!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del Cielo”.



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 367.
[2] Cfr. ibidem, 368.
[3] Cfr. ibidem, 368.
[4] Cfr. ibidem, 368.
[5] Cfr. ibidem, 369.

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