miércoles, 2 de octubre de 2019

Hora Santa en reparación por intento de quema de la Catedral de México por parte de abortistas 280919



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el intento fallido de quemar la Catedral de México por parte de un grupo de abortistas. Para mayor información sobre el lamentable hecho, el siguiente enlace:


Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

         Para el alma que está en gracia, los atractivos de la tierra pierden sentido, al tiempo que ve cómo su corazón se endulza con el Amor de Dios. Dice así San Efrén: “En viniendo la gracia, toda mi amargura se endulza, porque la presencia de la gracia, juntamente con la compunción del corazón, trae la dulzura y tranquilidad del alma; recrean las aguas de la gracia en nuestros pechos y el resplandor del Espíritu Santo y hacen que el alma de repente se olvide de las cosas de la tierra y de los deseos carnales dañosos”[1].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

         Segundo Misterio.

         Meditación.

         Los santos, como San Efrén, en relación a la presencia de la gracia en el alma, afirman que el alma ve convertido su corazón como en nuevo paraíso: “Es semejante la gracia de Dios en nuestra alma a un paraíso o jardín real, que está lleno de hermosos árboles y sazonados frutos, que en el sabor y olor y suavidad y hermosura causan en todos los sentidos una admirable recreación y deleite; así también los frutos de la gracia divina nos dan gran dulzura, alegría y resplandor”[2].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

         Tercer Misterio.

         Meditación.

         Continúan los santos acerca de la presencia de la gracia en el alma, destacando cuán dichosa sea el alma que la posee: “¡Oh dichosa el alma que está adornada con los dones de la gracia de Dios! Esta tal alma nada considera de la tierra, pero toda está elevada en Dios, porque la gracia y suavidad del Esposo no la permiten volverse a otra parte”[3].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

         Cuarto Misterio.

         Meditación.

         La dulzura de la gracia es tan grande, que es la causa de las grandes obras de amor que los santos realizan y conservan con santas obras: según un autor, “si Dios puso gusto en todas las obras de la naturaleza que son necesarias para conservarse, como es en la comida y la generación, ¿cómo había de faltar poner gran gozo en las obras santas y heroicas con que se ha de conservar la gracia? Antes, cuanto va de obras a obras y de la naturaleza a la gracia, tanto mayor dulzura y suavidad y purísimo deleite pone en el alma santa, fecunda de santas obras”[4].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

         Quinto Misterio.

         Meditación.

         A las almas que están en gracia -afirma un autor[5]- y que por la gracia son esposas de Jesús, Él las regala aun en esta vida con grandes muestras de dones y afectas, si estas le son fieles. La razón es que la unión y el matrimonio espiritual con Dios no carece de incomparables gustos y celestiales deleites, en comparación con la cual son hielos todas las dulzuras de la tierra y contentos todos sus tormentos. Sin embargo, a esto no llegará el alma que sea remisa en el servicio de Dios, su Divino Esposo, y en vez de lo cual, pusiere su afición en otra cosa, porque Dios es celosísimo y sólo Él debe ser servido, glorificado, amado y adorado por sobre todas las cosas y seres. El alma debe conocer sus obligaciones y ha de unirse a Dios con todo su ser, con todas sus potencias y facultades, con toda su substancia. A Dios vea en su entendimiento, a Dios conserve en su memoria, a Dios quiera y ame y adore con su voluntad, a Dios tenga en lo íntimo de su esencia, a Dios dedique las obras santas y por Él las haga.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.



[1] De timore animi, 67; cit. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d. 244.
[2] Cfr. De timore animi, ibidem.
[3] Cfr. ibidem.
[4] Cfr. Nieremberg, o. c., 245.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 246.

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