viernes, 31 de enero de 2014

Hora Santa en reparación por los pecados de los hombres cometidos contra la Eucaristía y contra María Santísima





         
      Inicio: ingresamos en el Oratorio. Pedimos el auxilio de nuestros ángeles custodios para recoger nuestros sentidos, a fin de poder hacer silencio exterior e interior y así poder entablar un diálogo de amor con Jesús en la Eucaristía con mayor provecho. Ofrecemos esta Hora Santa en reparación por los distintos pecados de los hombres.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

         Canto inicial: “Cristianos, venid”.

         Meditación

         Jesús, reparamos y pedimos perdón por el pecado de acedia, la pereza espiritual, el pecado que arrasa las almas de los bautizados, los templos del Espíritu Santo, como un huracán devastador que destruye y deja todo devastado a su paso. La acedia es un mal particular de nuestro tiempo: todo parece más “divertido” e “interesante” que Dios; todo merece atención, dedicación, menos Dios. Si un poderoso de la tierra llamara a los hombres, no dudarían un instante en abandonarlo todo por obtener aunque sea un segundo de su dádiva; si un ídolo del fútbol mundial les concediera a los niños y a los jóvenes una sonrisa y un momento de atención personal, no dudarían en hacer todo lo que esté a su alcance para lograrlo; pero si es el mismo Dios el que desde el sagrario les pide unos minutos de su atención, una sonrisa del corazón, una elevación del pensamiento, un homenaje de la mente y un obsequio de amor, encuentran miles de pretextos para no hacerlo, para postergarlo, primero temporalmente, y luego definitivamente. El pecado de acedia es el mal que asola y devasta el templo de los bautizados, el alma de los hijos de Dios, y por ese pecado, en el que nosotros mismos hemos caído y caemos repetidas veces, te pedimos perdón y reparamos, oh Jesús, y te ofrecemos para ello tu mismo Corazón Eucarístico.

         Silencio para meditar.

         Jesús, reparamos y pedimos perdón por los que están involucrados en el horrible crimen del aborto, un crimen que lacera tu Sagrado Corazón doblemente, porque destruye una vida creada por Ti, una vida salida de tus manos, una vida a la que Tú hiciste a tu imagen y semejanza, y lacera también tu Sagrado Corazón porque Tú sufriste físicamente la muerte de todos y cada uno de los hombres en Getsemaní, y por lo tanto sufriste la muerte de cada uno de estos niños, con sus atroces dolores. Al meditar en sus espantosos dolores, provocados por los crudelísimos métodos inhumanos inventados por médicos que han traicionado a su profesión, comprendemos, oh amadísimo Jesús, cuánto has sufrido por nosotros, porque Tú sufriste en carne propia en Getsemaní el dolor y la muerte de cada uno de estos niños abortados, cargando sobre tus espaldas el pecado original con el que habían nacido e introduciendo en tu Sacratísimo Corazón sus dolores y sus muertes para infundirles el soplo del Espíritu Santo y trasfundirles tu Sangre Preciosísima, Sangre y Espíritu por medio de los cuales habrías de concederles la vida divina y conducirlos al Paraíso. Te suplicamos, oh amantísimo Jesús, por este abismo de Misericordia que es tu Sacratísimo Corazón, que no tengas en cuenta el pecado del aborto a quienes lo cometieron, y por la intercesión y los dolores del Inmaculado Corazón de María, concédeles, a quienes cometieron este horrible pecado a lo largo de la historia, el don del arrepentimiento perfecto y la salvación eterna. Amén.

         Silencio para meditar.

         Jesús, reparamos por los ateos, por los que no creen en ti, por los que no quieren creer en ti, por los que, violentando las señales que les transmite de continuo la hermosura de la Creación, toman la errónea decisión de no querer creer en Ti. Oh buen Jesús, no les tengas en cuenta esta mala elección; nosotros reparamos y pedimos perdón por ellos, y en su lugar, te damos gracias y te alabamos y reconocemos tu Sabiduría infinita y tu Amor eterno, Sabiduría y Amor que están presentes en cada átomo de la Creación, en cada segundo del tiempo y en toda la eternidad. No existen palabras adecuadas para describir, ni siquiera mínimamente, la grandiosidad y majestuosidad ni del microcosmos, ni del macrocosmos, pues es tal la magnificencia y esplendor con el que los has creado, y es tal la precisión científica y al mismo tiempo la hermosura y belleza artística y la poesía que se refleja en cada molécula y en cada partícula del Universo, que toda inteligencia que contemple tu Creación -visible e invisible- no puede hacer otra cosa que asombrarse y quedar sin palabras ante tanta maravilla y hermosura. Por este motivo, oh Buen Jesús, no tengas en cuenta el pecado de incredulidad en el que caen nuestros prójimos ateos; nosotros reparamos por ellos y, si merecen un castigo por su incredulidad, dánoslo a nosotros, porque nosotros, unidos a Ti en la Cruz, repararemos con gusto y daremos gloria, en el tiempo y en la eternidad, a la Trinidad, por toda la Creación, que refleja tu Sabiduría infinita y tu Eterno Amor. Amén.

         Silencio para meditar.

         Jesús, reparamos por los cristianos que beben su espiritualidad en fuentes heréticas, en las fuentes, las fuentes gnósticas y neo-paganas de la Nueva Era. Jesús, muchos cristianos se han dejado seducir por esta secta anticristiana que por medio de una religiosidad extraña a la Verdad Revelada por Ti, los confunde y los conduce por equivocados caminos espirituales. Jesús, Tú solo eres el Camino, la Verdad y la Vida; sólo en Ti encuentran las almas el Acceso al Padre, solo en Ti se iluminan las mentes con la Verdad de Dios Uno yTrino; solo en Ti las almas reciben el manantial inagotable de la Vida y del Amor eterno, pero a pesar de eso, inexplicablemente, llevados por el misterio de iniquidad y cegados por el humo de Satanás que ha entrado en la Iglesia, muchos cristianos han abandonado la Santa Misa, el Santo Rosario, la Adoración Eucarística, la Meditación de la Pasión, la Meditación de las Sagradas Escrituras y han dejado los Sacramentos, para cavarse cisternas agrietadas que no retienen el agua, al acudir al yoga, al reiki, al tarot, al ocultismo, al satanismo, dejando de lado el Credo de los Apóstoles, para creer en las fantasías tenebrosas de la Nueva Era: reencarnación, eneagrama, constelaciones familiares, budismo, terapias alternativas, y cuanta novedad pseudo-espiritual les proponga esta verdadera secta luciferina. Te pedimos perdón y reparamos, oh Buen Jesús, por estos hermanos nuestros y te proclamamos como el Kyrios, como el Rey de la gloria, como el Único Señor de cielos y tierra, en la Cruz y en la Eucaristía, ante quien se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo. Amén.

         Silencio para meditar.

         Jesús, te pedimos perdón y reparamos por los que ofenden al Inmaculado Corazón de María, Tu amantísima Madre, quien es también, por dignación de tu Amor infinito, nuestra Madre amorosísima. Muchos de nuestros hermanos, lamentablemente cegados por el humo siniestro del Ángel caído, blasfeman horriblemente, por los medios de comunicación, contra Tu Madre y Nuestra Madre, estrechando así la corona de espinas que rodea su Corazón Purísimo, la corona de espinas con la que se apareció en Fátima. Muchos de nuestros hermanos ultrajan su Nombre, desconocen su virginidad, profanan su memoria, blasfeman contra su condición de ser Madre de Dios, niegan su Pureza Inmaculada, reniegan de su condición de ser Ella la Esposa del Espíritu Santo y así es como publican incesantemente por Internet y por otros medios imágenes que nos avergüenzan y por las cuales, postrados ante Ti, oh Jesús Eucaristía, pedimos una y mil veces perdón, con lágrimas en los ojos y con el corazón estrujado por el dolor. Te suplicamos, oh Buen Jesús, que no descargues tu justa ira sobre estos blasfemos; ten piedad, porque enceguecidos por el Príncipe de las tinieblas y endurecidos sus corazones por su propio pecado, no saben lo que hacen; estamos seguros que si pudieran, al menos por un instante, contemplar las indescriptibles bellezas y las inenarrables hermosuras de María Santísima en los cielos, caerían postrados en acción de gracias a Ti por haberles dado una Madre tan hermosa y amantísima, y morirían de alegría por tanta dicha; pero no lo saben y no lo pueden hacer de momento, por eso te pedimos perdón y reparamos por ellos y te pedimos, por el Amor y los méritos de tu Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, que los perdones y les concedas el don de la eterna salvación. Amén.

         Silencio para meditar.

         Meditación final

         Jesús, debemos ya retirarnos, pero deseamos quedarnos ante tu Presencia eucarística, día y noche. Para ello, dejamos nuestros corazones a los pies de tu Madre Santísima, para que sea Ella quien los custodie y los mantenga vivos en tu amor y no permita que amores mundanos y profanos los aparten de Ti. Que María Santísima nos mantenga siempre entre sus manos, y cuando vea que nuestro amor por Ti decae, que Ella acerque nuestros corazones a tu boca, para que Tú soples tu Espíritu Santo sobre ellos y así avives el Fuego de Amor, así como una brasa se aviva con el viento para que no se apague, para que nunca dejen nuestros corazones de arder en el Amor Divino.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

         Canto final: “Los cielos, la tierra, el mismo Señor Dios”.

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