jueves, 6 de febrero de 2020

Hora Santa en reparación por demolición de santuario católico en China 290120


La Puerta del Cielo antes y después de ser rectificada.

Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la demolición, ordenada por el Partido Comunista Chino, de un santuario católico. Para mayor información, consultar el siguiente enlace:


Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación

          Los santos tenían, desde pequeños, una viva fe en la Presencia real de Jesús en la Eucaristía. Según consta en la biografía de Santa Isabel de Hungría, cuando era niña y jugaba con sus amigas, elegía siempre un lugar cerca de la Capilla porque de vez en cuando, sin que los demás se dieran cuenta, se paraba ante la puerta, besaba la cerradura y decía a Jesús: “Jesús mío, estoy jugando pero no te olvido; bendíceme y también a mis compañeras. Adiós!”[1]. Esto sí es una muestra de amor a Jesús.

          Silencio para meditar. 

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación

          De los tres pastorcillos de Fátima, Francisco era el más contemplativo y solía hacer frecuentes visitas al Santísimo y buscaba la manera de estar cada vez más tiempo con “Jesús escondido”, como él lo llamaba a Jesús en la Eucaristía[2]. Cuando la enfermedad lo inmovilizó y le imposibilitó las visitas, le confió a su prima Lucía que su pena mayor era la de no poder ir a visitar a “Jesús escondido”, para darle todos sus besos y sus afectos. Así es como nos enseñan los santos a amar a Jesús Eucaristía.

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación

          San Francisco de Borja hacía al menos siete visitas al Santísimo cada día. Santa María Magdalena dei Pazzi, en un período de su vida, hacía al menos treinta y tres Visitas al día. Lo mismo hacía la Beata María Fortunata Viti, humilde monja benedictina de nuestro tiempo. La Beata Águeda de la Cruz, terciaria dominicana, llegó a hacer cien visitas al día. Y Alejandrina da Costa, estuvo inmovilizada en cama durante años y años, por lo que sus visitas no eran físicas sino espirituales y según se narra, no hacía más que volar con el corazón a todos los “Santos Sagrarios” de la tierra[3]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, enciende en nuestros corazones el deseo de hacer comuniones espirituales cada día a Jesús en el sagrario!

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación

          Las visitas a Jesús son un hecho de fe y amor: quien tiene más fe y amor, más siente la necesidad de estar con Jesús. Un obispo misionero de la India contó que había encontrado un poblado cristiano en el que todos los habitantes habían construido sus casas con las respectivas puertas dirigidas hacia la Iglesia. De esa manera, cuando no podían ir a la Iglesia, se asomaban a la puerta y miraban con amor a la Casa del Señor. La razón es que la ley de amor es tender hacia quien se ama[4]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que las puertas de nuestros corazones estén siempre abiertas de par en par para recibir a Jesús Eucaristía!

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación

          Un valiente catequista explicaba un día a sus catecúmenos: “Si viniera a vosotros un ángel del cielo y os dijese: “Jesús en Persona está en tal casa y os espera”, ¿no dejaríais todo inmediatamente y correríais hacia Él? Con toda seguridad, interrumpiríais toda diversión y suspenderíais cualquier ocupación, al consideraros afortunados de poder hacer un pequeño sacrificio para ir con Jesús. Pues bien, sabed y recordad que Jesús está en el sagrario, que os espera siempre porque quiere tenerlos bien cerca y desea colmar sus corazones con su gracia”[5].

          Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canción de despedida: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonio de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 108.
[2] Cfr. Manelli, ibidem, 108.
[3] Cfr. Manelli, ibidem, 109.
[4] Cfr. Manelli, ibidem, 109.
[5] Cfr. Manelli, ibidem, 110.

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