sábado, 19 de octubre de 2019

Hora Santa en reparación por los que rinden culto a ídolos paganos 191019



         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por aquellos que, a sabiendas o no, rinden culto a ídolos paganos, con lo cual se comete grave ofensa contra Dios Uno y Trino y su Mesías, Cristo Dios, el cual sólo debe ser adorado por sobre todas las cosas. Por otra parte, hay que recordar las palabras de las Escrituras: “Los dioses de los gentiles son demonios” (cfr. 1 Cor 10, 20; Dt 32, 17; Sal 96, 5).

         Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Afirma un autor que “el que está en estado de gracia es amigo de Dios con todo rigor”[1]. Si entre los hombres fluye el amor de amistad porque hay una semejanza entre ellos en el amor, esta semejanza con Dios está dada para el hombre por la gracia, de ahí que el hombre en gracia es amigo de Dios, tal como Jesús lo dice en el Evangelio: “Ya no os llamo siervos, sino amigos” (Jn 15, 15).

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

         Entre los amigos, todas las cosas son comunes y como Dios es Señor de todo y de todos, el que es su verdadero amigo por la gracia es también señor de todo[2]. De ahí que el alma en gracia posea señorío celestial sobre todas las cosas. Esto tiene lugar entre Dios y el hombre que entre dos hombres, porque la amistad de los hombres sólo puede llegar a unir las voluntades, no las personas; en cambio la amistad divina llega a unir a Dios con el hombre, al ingresar Dios en el que es su amigo y habitando en él, entregando al hombre, por ser amigo suyo, no sólo su afecto, sino su Ser. Esta amistad tan íntima no se da entre los hombres.

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

         Sostiene un autor que “la amistad humana, como no es tan fina ni poderosa, une sólo los accidentes y esto sólo moralmente y entrega entre los amigos sólo las voluntades, uniéndolas a éstas, pero no a las substancias de los amigos, los cuales pueden estar muy lejos unos de otros; pero debido a que como en Dios no hay accidentes, sino que todo es substancia y su amor es el mismo Dios, y por otra parte su amistad, siendo finísima y eficacísima, une no accidentes y no entrega accidentes, sino su misma substancia y la Persona del Espíritu Santo, el cual no se aparta ni puede apartar de quien está en gracia”[3].

         Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

El don de la gracia es tan grande e inefable, que por ella el hombre no sólo tiene los dones de Dios, sino a Dios mismo: “Y así como el que está en gracia no sólo tiene –por ser amigo de Dios- su Amor, sino también al mismo Dios realmente, viene a ser que tenga juntamente todo cuanto Dios tiene; y como Dios no hace a su amigo entrega sólo moral de sí, sino real, viene a ser que la comunicación de todas las cosas y bienes de Dios Trino sea mayor que la que puede haber entre amigos humanos, porque es por entrega y posesión real de la Persona del Espíritu Santo. En otras palabras, Dios ama tanto a sus amigos, que no entrega sólo dones de su Amor, sino su Amor en Persona, el Espíritu Santo”[4].

 Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

         Por todo esto dijo Santa Ángela de Foligno que por la caridad, que es por donde se constituye la amistad de Dios, merece el alma heredar todos los bienes divinos. La misa santa dice: “Mirad lo que dice Dios: Todas mis cosas son tuyas. ¡Oh, quién será el que merezca esto, que todos los bienes de Dios sean suyos! En realidad de verdad, no hay cosa que lo merezca, sino la caridad”, porque hace amigos de Dios.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.    


[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 254.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 254.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 254.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 255.

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