viernes, 4 de octubre de 2019

Hora Santa en acción de gracias por el Santo Sacrificio de la Misa 041019



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en acción de gracias por el don inestimable de la Santa Misa, renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio del Calvario.

Canto inicial: “Tantum ergo, Sacramentum”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Muchos hombres se pasan la vida buscando honores, gloria y poderes terrenos y no se dan cuenta que tienen, al alcance de la mano, en la gracia, honores, gloria y poderes dados por el mismo Dios, que no los tiene ni el hombre más poderoso de la tierra. En efecto, el cristiano, por la gracia, es convertido en monarca de un reino celestial, convirtiéndose en un ser poderosísimo[1], porque participa de la vida misma de Dios. Estar en gracia no es indistinto: es participar de la vida de Dios Uno y Trino, Aquel que es Omnipotencia, Sabiduría y Amor infinitos y eternos.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Afirma un autor: “Al cristiano se le entregan todas las cosas en sus manos y por eso mismo es lícito decir que el cristiano es poderosísimo –y esto sin tener en cuenta ni sus posesiones materiales ni su condición social-; aún más, es omnipotentísimo y esto según lo que dice el Apóstol en la Escritura, cuando dice: “Todas las cosas puedo en Aquel que me conforta” (cfr. Fil 4). Y San Bernardo dice: “Omnipotente soy. Y si es poco la autoridad del Apóstol, baste la autoridad de Cristo, que dice: “Al que cree, nada le es imposible”[2].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

El señorío del alma sobre el universo también se encuentra en otro lado en las Escrituras y es cuando el Apóstol escribe a los Romanos: “El que no perdonó a su propio Hijo, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dio también con Él todas las cosas?” (cap. 8). Entonces, el alma que es fiel a Jesucristo tiene la garantía del Hijo, entregado por nosotros por el Padre, de que en Cristo posee el señorío por sobre todas las cosas. San Pablo, escribiendo a Timoteo, dice: “que nos dé abundantemente a gozar de todas las cosas” (1 Tim 6). Y San Jerónimo dice: “Todo el mundo de riquezas es del que cree”.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación.

En la Sagrada Escritura se llama, misteriosamente, a los justos, “reyes”, como cuando San Lucas dice: “Muchos profetas y reyes” habían deseado ver a Cristo y esto es porque los que están en gracia son reyes y más que reyes, por el principado dilatadísimo y universal que tienen de todas las cosas. Por esta razón se honra a Dios al llamarlo “Rey de reyes y Señor de señores”, esto es, de los justos, que son reyes y señores del mundo, porque en comparación, la grandeza que tienen los imperios y reinos de hombres pecadores es igual a la nada[3].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Afirma un autor: “Por la misma razón se llama a la gracia “reino”, porque es el título con que son reyes los que la tienen. Es decir, el Reino de Dios en la tierra consiste en la presencia de la gracia de Dios en las almas de los justos. El mismo Salvador del mundo dijo que “buscásemos el Reino de Dios y su justicia y que con ella se nos darán todas las demás cosas. La justicia del Reino de Dios es la gracia, dice Gerson, porque ella da derecho y justicia para el reino y monarquía de todas las cosas. El Demonio, Padre de la mentira, promete falsamente todas las cosas con tal que le adoren: Cristo Dios, que es la infinita Bondad en sí misma, da en la realidad el señorío sobre todas las cosas a quien le adora y le sirve como justo, es decir, en gracia”[4].

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del Cielo”.


[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 248.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 248.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 249.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 249.

1 comentario:

  1. Como hago para ver las otras horas santas con rosario meditado. Soy adoradora perpetua

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