Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el
rezo del Santo Rosario meditado en reparación y desagravio por el robo de
Hostias consagradas –para ser usadas sacrílegamente en rituales satánicos- en
Lerdo de Tejada, México, el pasado mes de julio. La información pertinente al
lamentable hecho se encuentra en el siguiente enlace:
Canto
inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.
Oración
inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te
adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran,
ni te aman” (tres veces).
“Santísima
Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco
el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo,
Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes,
sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido.
Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado
Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Inicio
del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).
Meditación
¿Qué
es la gracia y qué provoca en el alma?[1] Según
Alejandro de Alés, la gracia “es un candor o blancura de luz eterna, que clarifica
el entendimiento, inflama la voluntad y hermosea toda el alma”[2]. Y
así como el rayo de sol, al incidir en un espejo, forma una imagen expresa del
sol, la cual es casi tan hermosa y luciente como el mismo sol, así también por
la gracia reverbera en el alma un retrato divino, llamado “imagen de Dios” por
Santo Tomás, de manera que deja al alma toda endiosada, pareciéndose a Dios[3].
Silencio
para meditar.
Un
Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.
Segundo
Misterio.
Meditación
Es verdad que se puede comparar y hacer una representación
de Dios con los rayos del sol, que hacen reflexión natural en un espejo, puesto
que de manera análoga se causa la representación de Dios por la gracia en el
alma; ahora bien, hay diferencias, porque el rayo que da en el espejo no trae a
sí la misma substancia del cuerpo solar, porque no está el sol en el mismo
espejo, pero la gracia que se infunde en el alma trae consigo la misma
substancia del Espíritu Santo, porque se infunde con la gracia en el alma la
misma persona del Espíritu Santo, convirtiéndose así el alma como en un
relicario viviente de Dios.
Silencio para meditar.
Un
Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.
Tercer
Misterio.
Meditación
Supongamos e imaginemos lo siguiente: que dentro de un
hermoso cristal estuviese el sol entero[4]:
¿habría por si acaso alguien capaz de soportar su visión? ¿Y si fuese dado al
hombre ver un cuerpo transparente y revestido de sol, como el de la Mujer del
Apocalipsis? Por supuesto que los ojos corporales no resistirían tales
visiones, pues exceden en mucho sus capacidades. Si esto es así, ¿cómo podría
el corazón humano sufrir, y también el más perspicaz ingenio o inteligencia
humana, con sólo sus fuerzas naturales, ser capaces de sobrellevar el impacto
que produce la sobrehumana hermosura sobrenatural de un alma que está llena del
Espíritu Santo y emana de sí rayos de luz divina?
Silencio
para meditar.
Un
Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.
Cuarto
Misterio.
Meditación
Un alma en pecado es algo similar o peor a un monstruo del
infierno, pero la gracia tiene el poder de trocarla en algo tan magníficamente
hermoso, que hasta los ángeles mismos del cielo se admiran de ella[5]. Y
la razón es que por la gracia el alma se hace semejante al Nuevo y Segundo
Adán, el definitivo Adán, Cristo Jesús, el Hombre-Dios. Esta conversión la
narra así San Juan Crisóstomo: “Si uno tomase para curar a quien estuviese todo
lleno de pies a cabeza de sarna o lepra, además de otras enfermedades
incurables y encima fuese un viejo decrépito, pobre y hambriento y a este tal
de repente, de estado tan feo y abominable, le hiciese hermosísimo y gallardo,
sanísimo y sin enfermedad alguna y de viejo se volviese mozo, permaneciendo en
la flor de la edad y además le ataviase con riquísimas sedas y trajes y le
pusiese una corona; si esto sucediera, sólo sería una lejana imagen de lo que
Dios hace con el alma que, del pecado, pasa al estado de gracia”.
Silencio para meditar.
Un
Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.
Quinto
Misterio.
Meditación
Afirma un autor[6]
que es tal la hermosura de la gracia, que no sólo los hombres morirían de gozo
si la vieran, y no sólo los ángeles de Dios se maravillan de ella, sino que al
mismo Señor de los cielos y ángeles enamora tanto, que le hace como salir de
Sí, según dice San Dionisio. ¡Nuestra
Señora de la Eucaristía, que nunca nuestra ceguera nos quite la hermosura de la
gracia, para que jamás la fealdad del pecado roce siquiera nuestras almas!
Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por la salud e
intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.
Oración
final: “Dios mío, yo creo, espero, te
adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran,
ni te aman” (tres veces).
“Santísima
Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco
el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo,
Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes,
sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido.
Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado
Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.
Canción
de despedida: “El Trece de Mayo en Cova de Iría”.
[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio
y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 206.
[2] 3. P., q. 99.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 206.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 207.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 207.
[6] Cfr. Nieremberg, ibidem, 208.
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