martes, 23 de abril de 2019

Hora Santa pidiendo el eterno descanso de cristianos masacrados durante un bautismo en Nigeria 220419



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado pidiendo por el eterno descanso de los cristianos muertos en un ataque terrorista de una secta islamista durante un bautismo. La información relativa al lamentable episodio se encuentra en el siguiente enlace:


Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado (misterios a elección).

Primer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Por el don de la gracia, obtenida al precio altísimo del sacrificio en cruz de Nuestro Señor Jesucristo, el alma se ve no solamente adornada con dones del Espíritu Santo, sino que el Espíritu Santo en Persona viene a inhabitar en ella, convirtiéndola en su templo; además, junto con el Espíritu Santo, el alma recibe también la visita y compañía de las Personas Divinas del Padre y del Hijo[1]. Por esta razón, quienes poseen la gracia poseen un bien de valor incalculable y deben corresponder –nobleza obliga- a tan grande don, con una vida de santidad. Si el alma no se esfuerza por llevar una vida de santidad, en acción de gracias por este don tan inmerecido y de tan alto valor, demostraría una gran falta de gratitud y reconocimiento al Amor Divino. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que siempre tengamos presente el inmenso don de la gracia, para que vivamos agradeciendo continuamente a la Trinidad por esta dignación de su amor!

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Que el que posee la gracia posee un gran bien –de valor incalculable- y que debe esforzarse en retribuir, viviendo santamente, lo expresa así Dionisio Cartujano[2]: “Compañeros se llaman aquellos que están juntos de buena gana y hablan familiarmente y no llevan bien estar apartados, aspirando a una particular unión; los cuales se descubren unos a otros los secretos, guárdanse fidelidad, regocíjanse de verse presentes y en todas sus acciones se comunican, porque hacen de buena gana unas mismas cosas; y ayúdanse unos a otros, dándose la mano cuando es menester y cada uno desea la prosperidad del otro. Pues a este modo, el que es verdadero y devoto cristiano está con Dios de buena gana, confesando con el Salmista (73, 28): “Bien me está a mí allegarme a Dios”. Y entre Dios y este fiel a Jesucristo hay familiar y continua conversación, porque está siempre hablando largamente con Dios en la oración y en la meditación (…) Finalmente, este hombre no puede llevar vivir sin Dios, porque le ama de todo corazón y siempre aspira a unirse más con Dios y trata de acercársele más y más. Dios también le acaricia y le trae a sí de muchas maneras”. Entonces, cuanto más ama a Dios, tanto más busca el alma permanecer en gracia, evitando todo lo que la aleje de ella.

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

El alma que ama a Dios no solo evita las aficiones mundanas y las de la carne, sino que busca en todo momento mantenerse fiel y constante en el amor a Dios. Este amor a Dios se manifiesta en que el alma se goza en Dios, como quien está con su mejor amigo: en efecto, el alma amante de Dios “derrama su corazón como agua”[3] delante de Dios, como dice la Escritura y a su vez Dios, de su parte, le enseña la divina sabiduría que esconde a los necios. Es decir, Dios y el alma que lo ama se comportan como amigos que comparten secretos, siendo Dios quien instruye al alma con conocimientos íntimos, como lo dice Jesús en la Escritura: “Todas las cosas que oí de mi Padre os hice conocer”[4].

Silencio para meditar. 

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Quien está unido a Dios por la gracia, está unido por el Divino Amor, quien viene a hacer morada en su corazón y no hay nada ni nadie que pueda apartarlo de este amor. Es a esto a lo que se refiere el Apóstol San Pablo cuando dice: “¿Quién me apartará de la caridad –el amor- de Dios?”[5]. Ni el hambre, ni el peligro, ni las tribulaciones de ningún tipo, pueden apartar al alma que ama verdaderamente a Dios y que a Él está unido por la gracia, porque la gracia es más fuerte que todas estas cosas. El que está en gracia ama a Dios a causa de esta misma gracia, porque la gracia atrae al alma al Divino Amor y hace que esta se incendie en el fuego del Amor de Dios, así como la madera, por la acción del fuego, se convierte en una brasa incandescente. El alma se compenetra tanto con el Amor de Dios, que se vuelve una sola cosa con Él, del mismo modo a como en el hierro candente el fuego y el hierro se vuelven una misma cosa. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que deseemos la gracia para vivir siempre en el Amor de Dios!

Silencio para meditar. 

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Quien tiene la gracia tiene a Dios y a su Amor y por Dios y su Amor, hace las obras que a Dios le agradan, porque el alma se comporta con Dios como el amigo con su mejor amigo. Quien está en gracia, recibe la ayuda de Dios para obrar las obras que son meritorias para el cielo. De esta manera, el justo vive en Dios, por Dios y para Dios, porque es Dios quien lo guía y lo inspira en el obrar[6]; al mismo tiempo, como el Bien y el Amor son difusibles de sí, quien ama a Dios obra de manera tal que los otros también amen a Dios y es para esto que hace obras buenas y santas, para que viéndolas las demás en su bondad y santidad, se unan en el Amor a Aquel que es la Bondad y la Santidad Increadas. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, intercede ante tu Hijo, para que obremos de manera tal que nuestros hermanos abandonen las cosas del mundo y se sientan atraídos al Divino Amor!

Un Padre Nuestro, Tres Ave Marías y Gloria para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo también por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco y por las benditas almas del Purgatorio.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.




[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 130.
[2] Comment. in 1 Joan.
[3] Lam 2, 19.
[4] Jn 15, 15.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 131.
[6] Cfr. Nieremberg, ibidem, 132.

domingo, 21 de abril de 2019

Hora Santa en reparación por atentados terroristas contra iglesias católicas en Pascuas en Sri Lanka 200419

Sri Lanka, una delle chiese in cui, nel giorno di Pasqua,  si sono verificate le esplosioni  Resultado de imagen para atentado en sri lanka pascua 2019

Una de las iglesias atacadas en Sri Lanka por lo que las autoridades califican como 
"terrorismo religioso".


         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por los sangrientos atentados cometidos en diversas iglesias de Sri Lanka, en ocasión de la celebración de las fiestas pascuales. Como consecuencia de los atentados explosivos, murieron alrededor de treinta y cinco cristianos, además de quedar heridos centenares de ellos. El informe completo acerca de estos horribles y sacrílegos atentados contra la Iglesia Católica y los cristianos se encuentra en el siguiente enlace:


Canto inicial: “Cantemos al Amor de los amores”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado (misterios a elección).

Primer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Tanto la Iglesia en su Magisterio, como los santos con sus escritos, nos enseñan que la gracia es un don inestimable porque con ella nos viene no uno o varios dones del Espíritu Santo, sino el Espíritu Santo en sí mismo. Así, por ejemplo, San Juan Crisóstomo[1], dio el ejemplo de Josué, cuando detuvo el sol, para que nos diésemos una idea del valor de la gracia: “¿Acaso cada uno de vosotros quisiera tener esa gracia de mandar al sol y a la luna? Pero si queremos cosas mayores, mayores cosas podemos alcanzar. Mirad qué es lo que nos prometió Cristo: no que detengamos al sol y la luna; no que volvamos el sol atrás; pues, ¿qué fue? “Vendremos, dice, al hombre Yo y mi Padre y haremos en él mansión” –y el Padre y el Hijo vienen por el Espíritu Santo, por eso es que también el Espíritu Santo mora en el alma del justo. ¿Qué he de menester yo al sol o a la luna, o a otros milagros semejantes, pues el Señor de todas las cosas vino a mí y queda en mí firme y estable?”. Es decir, San Juan Crisóstomo nos dice: ¿qué importancia puede tener que yo haga milagros como detener el sol y la luna, si algo infinitamente más grandioso sucede en mí por la gracia y es la Presencia del Divino Amor, junto al Padre y al Hijo?

         Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Cuando Dios viene en sus Tres Divinas Personas, afirma un autor[2], no para crear un nuevo paraíso, ni para crear un mundo mejor, ni para un nuevo cielo empíreo: es para el alma de quien está en gracia, porque por ella viene Dios, a ella viene Dios, en ella descansa Dios, porque es tan grande la gracia, que convierte al alma del hombre pecador en digna morada de la Santísima Trinidad[3]. Es decir, sin la gracia, el alma del hombre es “un muladar de vicios, un infierno de pecados y cueva de ladrones”[4], mientras que por la gracia, el cuerpo se vuelve templo del Espíritu Santo, el alma morada de Dios Padre y el corazón en altar y sagrario de Dios Hijo en la Eucaristía. ¡Qué gran cosa es la gracia y cuánta poca estima se le tiene!

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         La gracia es tan poderosa, dice un autor[5], que “antes dejará Dios de estar en el cielo empíreo que en un alma en gracia”, dando a entender la firmeza y seguridad con que la gracia atrae al alma del justo a las Tres Divinas Personas. Por esta razón, la gracia es mayor que el mundo visible e invisible –el constituido por los ángeles-; es el palacio y la morada que Dios tiene entre los hombres: así como el Dios de la Eucaristía está en el sagrario, así Dios Trino está en ese sagrario viviente en el que lo convierte la gracia. De esto se sigue el gran valor y aprecio que debemos tener a los Sacramentos –sobre todo el de la Penitencia y el de la Eucaristía, que son los que más frecuentemente recibimos-, porque por ellos nos viene la gracia y nuestros pobres corazones son convertidos en moradas del Dios Altísimo, puesto que las Tres Divinas Personas vienen al alma del que está en gracia.

          Silencio para meditar. 

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         También de esto se sigue cuán grande es la temeridad, necedad y ceguera de los pecadores, porque por un bien efímero y además ilícito, dejan de lado el bien infinito de la gracia y lo que ella trae, Dios Trino, para deleitarse en las cosas del mundo. No puede calificarse, la acción del pecador, que elige el pecado a la gracia, de otra cosa que de “estupendo atrevimiento y de prodigiosa maldad”[6]. Por un solo pecado mortal, las Tres Divinas Personas son expulsadas del corazón del que hasta entonces era justo por la gracia; por el pecado mortal, se derriba el trono majestuoso en el que Dios asentaba, en el corazón del que estaba en gracia. Si viéramos a alguien que, sin temor de Dios, se acercara al Pesebre y tomara al Niño y lo arrojara por el suelo, ¿no merecería este hombre el ser calificado, como mínimo, de falto de razón, además de impiadoso, hereje y sacrílego? Eso mismo sucede con el pecador, que por el pecado arroja de sí no a solo al Niño Dios, sino a todas y a las Tres Divinas Personas. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nunca caigamos en la peor desgracia que puede sobrevenir a un alma en este mundo, el cometer un pecado mortal! ¡Que frente al pensamiento de un pecado mortal, antes de cometerlo y de siquiera pensarlo y consentirlo, muramos a esta vida terrena, con tal de conservar la gracia en el alma!

         Silencio para meditar. 

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Ahora bien, cuando las Tres Divinas Personas vienen al alma del justo por la divina gracia, es para ser adoradas y amadas, sí, pero también para deleite de quien está en gracia, pues las Tres Divinas Personas vienen para hacer compañía al alma del justo. Quien esto considera, no puede hacer otra cosa que no salir del asombro: ¿cómo puede ser, que una creatura tan miserable y baja, como es el hombre, tenga por compañía a las Tres Divinas Personas, y esto por la gracia?[7] ¿Cómo puede ser que una creatura esté al nivel del Creador, Redentor y Santificador, Dios Tres veces Santo? ¿Cómo un esclavo, deja de ser tal, para alojar en su casa, convertida en templo de la divinidad, a Dios Uno y Trino? Esta dignación infinita que le sobreviene al hombre, le sobreviene sólo y exclusivamente por la gracia, por eso no nos alcanzará, ni lo que nos queda de vida en esta tierra, ni las eternidades de eternidades, para dar gracias a la Trinidad por el inmerecido don de la gracia, conseguido para nosotros al altísimo precio de la Sangre del Hombre-Dios derramada en la Cruz.

Un Padre Nuestro, Tres Ave Marías y Gloria para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo también por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco y por las benditas almas del Purgatorio.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Cantad a María, la Reina del cielo”.

        
        
        


[1] Homil. 27, in ep. ad Hebr.
[2] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 128.
[3] Cfr. Nierember, ibidem, 129.
[4] 128.
[5] Cfr. Nierembeg, o. c., 129.
[6] Cfr. Nierember, ibidem, 129.
[7] Cfr. Nieremberg, ibidem, 130.

viernes, 19 de abril de 2019

Hora Santa en reparación por decapitación de imagen de la Virgen en Francia 180419



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el Santo Rosario meditado en reparación por la decapitación de una imagen de la Virgen en Francia. La información relativa al lamentable episodio se encuentra en el siguiente enlace:


Canto inicial: “Cristianos, venid, Cristianos llegad, a adorar a Cristo que está en el altar”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado (misterios a elección).

Primer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Afirman reconocidos autores[1] que quien está en gracia no solo tiene al Espíritu Santo, sino a toda la Santísima Trinidad, es decir, las Tres Divinas Personas moran en su corazón. Esta inhabitación trinitaria del alma, dada por la gracia, fue representada por el Señor en la parábola del grano de mostaza[2]: en esa parábola, la semilla pequeña que se convierte en árbol frondoso adonde van los pájaros a hacer sus nidos, es el alma que, primero pequeña sin la gracia, cuando adquiere la gracia, crece “en sabiduría y gracia”[3] hasta alcanzar la “estatura del Señor Jesús”[4], porque participa de su vida divina; a su vez, los pájaros de la parábola, que en nuestro caso son solo tres, que van a hacer nido en sus ramas, son las Tres Divinas Personas, que acuden presurosas al alma del que está en gracia para inhabitar en ellas, así como los pájaros acuden a sus nidos en los árboles.

         Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         A la excelencia de la gracia de traer consigo a la Persona del Espíritu Santo, se le agrega también en quien la posee, el tener a las Tres Divinas Personas, que en él habitan y lo acompañan[5]. San Juan dice[6]: “En esto conoceremos que estamos en Dios y que Dios está en nosotros, porque nos dio de su Espíritu”. Debido a que el Espíritu es una sola esencia y un solo Acto de Ser Purísimo con el Padre y el Hijo, donde está una de las personas, allí están las otras. Al hablar de la gracia y de la caridad que el Espíritu Santo derrama en las almas, dice Alcuino[7]: “Por ella toda la Santísima Trinidad habita en nosotros”. A su vez, San Agustín dice: “Hace el Espíritu Santo, con el Padre y el Hijo, en los santos, morada interiormente, como Dios en su templo; Dios que es la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, vienen a nosotros cuando nosotros venimos a ellos”.

         Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         En el Evangelio, Nuestro Señor Jesucristo, el Redentor de los hombres, se refirió a esta inhabitación de la Trinidad por la gracia cuando dijo[8]: “Si alguno me ama y guardare mi palabra, mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él morada”. Ahora bien, como el Padre y el Hijo no pueden amar sino es con el Amor del Espíritu Santo, el Amor con el que el Padre y el Hijo vienen a quienes aman a Cristo, es el Divino Amor, el Espíritu Santo, con lo cual es verdad que las Tres Divinas Personas se hacen presentes en el alma en gracia. Al hablar de la venida del Espíritu Santo, Jesús dice[9]: “En aquel día conoceréis cómo Yo estoy en el Padre y vosotros en Mí y Yo en vosotros”. De igual manera, la única forma en que el Hijo esté en el Padre, es en el Espíritu Santo, y si alguien está con el Hijo, entonces está también con el Padre y el Hijo. Una vez más, vemos la excelencia de la gracia, que trae al alma a las Tres Divinas Personas.

         Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         Otro autor, Orígenes, al comentar las palabras de San Juan[10]: “Nuestra compañía sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo”, advierte que ésta es la compañía del Espíritu, compañía de la cual habló San Pablo[11]: “¿Qué compañía puede haber de las luz con las tinieblas?”. San Pedro, hablando de la gracia, nos enseñó que por ella éramos partícipes de la naturaleza divina, esto es, compañeros, mientras que Orígenes dice[12]: “Pues si  nos han dado que estemos en compañía del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, obligación nos corre de mirar que no neguemos esta santa y divina compañía con algún pecado; porque si hiciéramos obras de tinieblas, cosa cierta es que hemos negado la compañía de la luz”.

         Silencio para meditar.  

Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

         San Agustín, declarando cómo Dios, que está en todas partes, se dice en la oración que nos enseñó Jesucristo, que está en los cielos, dice que estos cielos son los justos en la tierra y los ángeles que están en el cielo, en los cuales está por gracia con particularísima presencia; porque no hay cielos más puros ni corte donde resida toda la Santísima Trinidad con más gusto, que en una creatura que está en gracia[13]. De esto se deduce la grandeza de la gracia y cómo no hay nada con la que se la pueda comparar: Dios Uno y Trino, las Tres Divinas Personas, dentro de un alma. Es decir, la gracia proporciona no sólo la participación en la naturaleza divina –lo cual ya es en sí algo grandioso-, sino que están en Acto de Ser las Tres Divinas Personas, con la substancia divina que les pertenece. Es admirable la fuerza de la gracia, que trae consigo a toda la Santísima Trinidad al alma del justo.

         Un Padre Nuestro, Tres Ave Marías y Gloria para ganar las indulgencias del Santo Rosario, pidiendo también por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco y por las benditas almas del Purgatorio.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amor. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “El trece de mayo en Cova de Iría”.



[1] Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 127.
[2] Mt 13, 31-58.
[3] Lc 2, 52.
[4] Ef 4, 13.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 127.
[6] 1 Jn 4.
[7] De Fide Trin., lib. 2, cap. 19.
[8] Jn 14, 23.
[9] Jn 14, 20.
[10] 1 Jn 1.
[11] 2 Cor 6.
[12] Homil. 4, in Levit.
[13] Cfr. Nieremberg, o. c., 128.