jueves, 18 de febrero de 2021

Hora Santa en reparación por acto vandálico contra Iglesia San Pío X en El Paso, Texas 110221

 



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el acto vandálico sufrido por la iglesia parroquial San Pío X en la localidad de El Paso, Texas, EE. UU. Para mayores datos acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:

https://www.catholicnewsagency.com/news/vandalism-outside-el-paso-catholic-church-damages-three-angel-statues-15588?fbclid=IwAR1hgT5qjzpKMEgEV22Gss5ahYwuwhhyI8AxlzCg8BqWHeLOW69xhJfjHP8

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Es una verdad reconocida por teólogos y doctores que el alma, que en sí misma fue creada hermosa, a esa hermosura natural, la gracia le añade una hermosura sobrenatural, de manera tal que un alma en gracia es más hermosa y valiosa que todo el universo entero. Ahora bien, si esto es cierto, es cierto también que el pecado afea el alma, quitándole tanto la hermosura sobrenatural como la natural, convirtiéndola en un ser abominable y horrible que espanta a los mismos demonios[1].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

Además de quitarle su hermosura, el pecado le agrega al alma “hábitos viciosos e inclinaciones de las bestias, convirtiéndola en una enorme monstruosidad”[2]. Como afirma un autor, como consecuencia del pecado, el alma tiene “las inclinaciones de las bestias, la soberbia del león, la lujuria del caballo, la atrocidad del águila, la venganza del elefante, el descuido del buey para lo que está bien”[3]. Es tanta la fealdad del pecado, que es mejor tener “alma racional en cuerpo de bestia, que no alma de bestia en cuerpo de hombre”[4].

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

Además de privarla de una doble hermosura, la natural y la sobrenatural, el pecado le quita al alma dos veces la vida: la natural y la sobrenatural[5]. Así como el alma es vida del cuerpo, así la gracia es vida del alma y vida sobrenatural y divina: del mismo modo, el pecado es muerte y muerte eterna, no sólo porque priva al alma de la vida de la gracia sobrenatural, sino porque la priva de la vida de la razón natural, porque desordena sus potencias y sus afectos, además de inclinarla a los vicios, al oscurecerle la razón y al debilitar su voluntad[6]. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que apreciemos la gracia para que nunca nos veamos privados de la vida del alma!

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

Debido a que el pecado oscurece y ofusca el normal funcionamiento de la razón, el comportamiento del pecador se vuelve tanto más irracional, cuantos más pecados comete; por esto mismo, no solo deja de estar iluminada su razón por la luz de la gracia santificante, sino que su razón natural misma se ve oscurecida a tal punto que ya no es más capaz de funcionar naturalmente, esto es, de razonar. A esto se refiere Nuestro Señor cuando dice que “es del corazón del hombre –pecador- de donde salen toda clase de desatinos” (cfr. Mc 7, 21), es decir, de sinsentidos. Esto quiere decir que cuanto más lejos está el alma de Dios Trino y su gracia, tanto más irracional se vuelve su obrar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

Por todo esto, el cristiano debe mirar al pecado, cuando se oculta detrás de la tentación, como una horrible doble muerte del alma, doble muerte que se produce en la realidad, aun cuando la persona continúe respirando, hablando y caminando[7]. Los santos de todos los tiempos, incluidos los del Antiguo Testamento, consideraron siempre al pecado como la más cruel y espantosa muerte del alma, por lo que siempre prefirieron morir, antes que pecar, como decía Santo Domingo Savio. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que deseemos la muerte antes que caer en el pecado mortal o venial deliberado!

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 

 



[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 442.

[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 443.

[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 443.

[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 443.

[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 444.

[6] Cfr. Nieremberg, ibidem, 444.

[7] Cfr. Nieremberg, ibidem, 445.

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