domingo, 10 de enero de 2021

Hora Santa en reparación por película blasfema “María, Madre de Jesús” 100121

 


          Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la película blasfema “María, Madre de Jesús”. En dicha película se describen una serie de inexactitudes que constituyen una verdadera blasfemia, no solo contra la Madre de Dios, sino también contra su Hijo, Cristo Dios. Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace:

          https://www.facebook.com/photo?fbid=10223735621688958&set=gm.3283726775064958

          Canto inicial: “Tantum ergo Sacramentum”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

Con toda razón y justicia, la Virgen Santísima es llamada, entre otros títulos, como “Nuestra Señora de la Eucaristía”, porque fue de su seno virginal de donde surgió el Pan de Vida Eterna, Cristo Jesús en la Eucaristía. Si Jesús es el Pan Vivo bajado del cielo, la Virgen es el horno ardiente de caridad en donde este Pan celestial se puso a punto gracias al Fuego del Divino Amor, el Espíritu Santo.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

          Que la Virgen sea la Madre de la Eucaristía se prueba también por otros nombres y títulos que le pertenecen, como el de “Nuestra Señora del Santísimo Sacramento” y esto no como si fuera un título que se le adjudica solo nominalmente, sino porque fue Ella quien contribuyó, con sus nutrientes maternales, a que el Santísimo Sacramento del altar, Jesús Eucaristía, creciera seguro durante nueve meses en su seno materno y virginal.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación.

          Los santos también reconocían a la Virgen como “Nuestra Señora de la Eucaristía”, o títulos análogos; por ejemplo, el Padre Pío de Pietralcina, les decía a sus hijos espirituales: “Pero, ¿no veis a Nuestra Señora siempre junto al Sagrario?”[1], es decir, él la llamaba “Nuestra Señora del Sagrario”, porque la Virgen está siempre a los pies de cada Sagrario del mundo, adorando y amando a su Hijo, y haciendo reparación por quienes no lo adoran, no lo aman, no creen en su Presencia Eucarística y no esperan en su Venida Eucarística al alma por la Comunión sacramental.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

          La Virgen está siempre donde está el Hijo, y el Hijo está siempre donde está la Madre. Así, la Virgen está en el Calvario, cumpliendo su rol de Corredentora de la humanidad, junto a su Hijo Jesús, Redentor de los hombres. Por esta presencia adorante de la Virgen delante de cada Sagrario, San Alfonso María de Ligorio, en cada visita a Jesús Eucaristía unía siempre la visita a María Santísima; a su vez, San Juan Bosco decía: “Os recomiendo a todos primero hacer la adoración a Jesús Eucaristía y después el respeto a María Santísima”.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

          Muchos, al leer las vidas de los santos, probablemente experimenten el santo deseo de que la Virgen se les apareciera en sus vidas, pero pocos se dan cuenta de que, si hacen una visita a Jesús Sacramentado, se encontrarán en persona con la Virgen -aunque no la vean con los ojos del cuerpo-, debido a que la Virgen está en cada Sagrario del mundo, como dijimos, adorando, amando y reparando ante Jesús Eucaristía. Por esta razón, San Maximiliano María Kolbe recomendaba que, al ir a Jesús Eucaristía, no se dejase nunca de recordar la presencia de la Virgen, invocándola -como Nuestra Señora de la Eucaristía, agregamos nosotros- y uniéndose a Ella en su adoración, amor y reparación a Jesús Eucaristía.

          Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.

Un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria, pidiendo por las intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

 



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Editorial Testimonio de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 132.

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