viernes, 28 de febrero de 2020

Hora Santa en reparación por ultraje a imagen de la Virgen de Guadalupe en Jalisco, México 270220



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el ultraje cometido contra una imagen de la Virgen de Guadalupe en Jalisco, México. Para mayores detalles acerca de este lamentable hecho, consultar el siguiente enlace:


Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Cristianos venid, cristianos llegad”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

Si el alma se acostumbra a una vida santa y devota, conforme al Evangelio de Cristo, viviendo con fervor y caridad, a medida que pasa el tiempo, será cada vez más fervorosa y evitará la tibieza[1]. No da lo mismo ser fervoroso que tibio, porque cuanto más fervor, mayor grado de gracia. Y puesto que la gracia no se gasta ni se puede hurtar, es el tesoro que se acumula en el cielo y así quien más fervoroso es, si se mantiene así hasta el final de la vida, habrá ganado mayor grado de gloria que aquel que por tibieza dejó pasar la gracia.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Los santos son quienes se esforzaron por vivir toda la vida en gracia, evitando el pecado y la tibieza y por eso dicen con el Apóstol: “Por ti nos mortificamos todo el día”, de modo tal que merecieron tanta mayor gloria en el cielo cuanta mayor gracia obtuvieron, conservaron y acrecentaron en esta vida[2]. Al morir a esta vida terrena, los santos entraron en el cielo con gran majestad y enormes riquezas de gracia y por eso nos animan a que seamos uno de ellos, porque con la ayuda de Dios todo es posible.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

El alma que quiera vivir en gracia y acrecentar la gloria, debe buscar de hacer más y no menos, en lo que se refiere a obras de caridad, o el dar limosna, o el hacer penitencia y es así que si puede, por ejemplo, ayunar viernes y sábado, no se debe contentar con ayunar sólo los viernes, sino que lo hará los días que pueda, para acrecentar la gracia y por lo tanto los grados de gloria[3].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Dicha alma –la que ama la gracia y hace todo el esfuerzo que está a su alcance para conservarla y acrecentarla-, puesto que ama tanto a Dios, preferirá que se pierda mil veces el mundo, antes que perder la gracia por el más ligero pecado. Esta alma está muy atenta a no sólo no ofender a Dios exteriormente, sino que, como vive siempre en presencia de Dios, se cuida en extremo de no ofender a Dios ya no solo evitando el pecado mortal o venial deliberado, sino evitando en todo hasta el más mínimo afecto desordenado[4].

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Quien desee vivir en gracia y acrecentar la gloria, debe considerar la mortificación interior como muy necesaria, porque si no se merece gracia mortificando la pasión que sobresale, se merece pena con el desorden de la voluntad y se ofende con ello a Dios. Ahora bien, se puede no hacer una mortificación exterior, y el alma no tendrá culpa, pero si el alma se muestra, por ejemplo, impaciente y presuntuosa, tiene culpa, como así también si consiente a un deseo desordenado, aunque sea venial[5]. Por eso el alma no se debe engañar pensando que hace mucho al mortificarse interiormente, porque en esta mortificación interior se juega el no ofender a Dios y ganar más gracia. Es por esto que las almas fervorosas y piadosas prefieren la muerte antes que cometer un pecado mortal o un pecado venial deliberado.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.





[1] Cfr. Juan Eusebio Nieremberg, Aprecio y estima de la Divina Gracia, Apostolado Mariano, Sevilla s. d., 342.
[2] Cfr. Nieremberg, ibidem, 342.
[3] Cfr. Nieremberg, ibidem, 342.
[4] Cfr. Nieremberg, ibidem, 343.
[5] Cfr. Nieremberg, ibidem, 343.

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