lunes, 27 de enero de 2020

Hora Santa en reparación por ataque contra la Virgen de Guadalupe en México 290819



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por un ataque sufrido por la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en México. Para mayor información, consultar los siguientes enlaces:



          Canto inicial: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (misterios a elección).

Meditación

Las palabras de la Consagración son las más poderosas que Dios Trino haya podido conceder a la Iglesia, más poderosas aun que las pronunciadas por la Trinidad para la creación del universo visible e invisible[1]. La razón de su poder es que tienen la capacidad de poder transformar un poco de pan y de vino en Jesús, que es Dios Crucificado.

Silencio para meditar. 

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación

          Las palabras de la Consagración realizan un misterioso hecho sobrenatural, de potencia infinita, que supera infinitamente al poder de todos los ángeles juntos y algo que pertenece a este hecho es que este poder Dios Trino no lo ha dado ni a los ángeles, ni a la Madre de Dios, sino a los sacerdotes ministeriales[2]. Es por esta razón que no debemos maravillarnos de que haya habido sacerdotes santos que sufrían místicamente cuando pronunciaban aquellas divinas palabras, como San José de Cupertino y el Padre Pío de Pietralcina, entre muchos otros.

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.

Meditación

          Algunos santos tenían verdaderos raptos místicos cuando pronunciaban las palabras de la Consagración, como el Padre Pío de Pietralcina: en algunas ocasiones, el santo Padre Pío quedaba dominado por una mística y visible angustia mortal y sólo a duras penas, entrecortadamente, lograba terminar las fórmulas de la Consagración[3]. Una vez, el Padre guardián preguntó a San José de Cupertino: “¿Cómo es posible que pronuncie tan claramente toda la Misa y tropiece en cambio en cada sílaba de la Consagración?”. El Santo respondió: “Las palabras santísimas de la Consagración están en mis labios como carbones encendidos; al pronunciarlas, tengo que hacer como quien debe engullir una comida hirviendo”.

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio.

Meditación

          El gran misterio que caracteriza a la Iglesia Católica y la diferencia de las demás iglesias –de otras denominaciones-, es que Jesús, la Segunda Persona de la Trinidad, está en Persona en nuestros altares, en la Eucaristía y en nuestros sagrarios, a raíz de las palabras de la Consagración[4]. ¿De qué manera? Esto se lo preguntaba un estudiante de religión a un obispo misionero: “¿Cómo es posible que el pan y el vino se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo?”. El obispo le respondió: “Cuando tú naciste eras pequeño; has crecido porque has transformado en carne y en sangre el alimento que has tomado. Si el cuerpo del hombre es capaz de transformar en carne y en sangre el pan y el vino que consume, con mayor facilidad podrá hacerlo Dios mismo”.

          Silencio para meditar.

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación

          Muchos, ante el misterio de la Eucaristía, se hacen la siguiente pregunta: “¿Cómo es posible que en una hostia tan pequeña esté presente Jesús todo entero?”. La respuesta de la Iglesia puede ser la siguiente: “Contemplen el paisaje que tienen delante y piensen cuánto más pequeño es el ojo y así mismo encierra la imagen de esta campiña tan grande. ¿No puede Dios hacer realidad en su Persona lo que hay en figura en nosotros?”. Y si alguien pregunta: “¿Cómo es posible que el mismo Cuerpo se encuentre al mismo tiempo en todas las iglesias y en todas las Hostias consagradas?”. La respuesta de la Iglesia es: “Para Dios no hay nada imposible y esta respuesta debería bastar. Pero también la naturaleza responde a esta pregunta. Si alguien tiene un espejo y lo tira al suelo y lo rompe, cada trozo del espejo roto presentará la misma imagen que reproducía el espejo entero. Así, el mismo Jesús se reproduce, no en figura sino en realidad, en todas las Hostias consagradas; Él está verdaderamente en cada una de ellas”[5].

          Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria pidiendo por la salud e intenciones de los Santos Padres Benedicto y Francisco.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canción de despedida: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.



[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonio de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 100.
[2] Cfr. Manelli, ibidem, 100.
[3] Cfr. Manelli, ibidem, 100.
[4] Cfr. Manelli, ibidem, 101.
[5] Cfr. Manelli, ibidem, 101.

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