domingo, 29 de diciembre de 2019

Hora Santa en reparación por quema de Pesebre en Toledo, España 271219



Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por la quema de un Pesebre en Toledo, España. Para mayor información acerca de este lamentable suceso, consultar la siguiente dirección electrónica:


Canto inicial: “Tantum ergo, Sacramentum”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Inicio del rezo del Santo Rosario. Primer Misterio (Misterios a elección).

Meditación.

          La Comunión espiritual es la reserva de vida y de amor eucarístico que está siempre al alcance para las almas enamoradas de Jesús Eucaristía. A través de la comunión espiritual se satisfacen los deseos de amor del alma que quiere unirse a Jesús, su Amado Esposo[1]. La comunión espiritual es la unión entre el alma y Jesús Hostia. Es una unión que es toda espiritual, pero no por eso deja de ser real, tan real como la unión misma entre el alma y el cuerpo “porque el alma vive más donde ama que donde vive”, dice San Juan de la Cruz.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Segundo Misterio.

Meditación.

          La comunión espiritual supone la fe en la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía y es esto lo que lleva al deseo de la comunión sacramental, para agradecer el don de la Presencia Real[2]. San Alfonso María de Ligorio lo expresa así: “Jesús mío, creo que estás en el Santísimo Sacramento. Os amo sobre todas las cosas. Os deseo en mi alma. Ya que ahora no puedo recibiros sacramentalmente, venid al menos espiritualmente a mi corazón. Como si hubierais venido ya, os abrazo y me uno todo a Vos. No permitáis que yo me separe ya de Vos”.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Tercer Misterio.  

Meditación.

          Dependiendo de las disposiciones –fe, amor, piedad, estado de gracia- de quien desee recibir a Jesús y se ve impedido físicamente de hacer, la comunión espiritual, hecha con verdadero fervor, piedad y amor, produce los mismos efectos que la comunión sacramental[3]. Pero de todas las disposiciones, es la caridad con la que se desee recibir a Jesús Sacramentado, la que más sobresale entre todas las disposiciones.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Cuarto Misterio. 

Meditación.

          A diferencia de la Comunión Sacramental, que solo se puede realizar dos veces por día, la Comunión espiritual se puede hacer cuantas veces se quiera, en el momento que se quiera –incluso en plena noche- y también en el lugar que se quiera –puede ser en un desierto, en un avión en vuelo, o en cualquier otra circunstancia-[4]. Si no se puede hacer la Comunión sacramental, es conveniente hacer la Comunión espiritual, de modo particular si se asiste a Misa. Cuando el sacerdote comulga –y alguien asiste a Misa, pero no puede comulgar-, el alma también lo puede hacer llamando a Jesús a su corazón. De ese modo, la Misa queda completa, con sus tres aspectos: ofrecimiento, inmolación, comunión.

          Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria.

Quinto Misterio.

Meditación.

          Sería una gracia verdaderamente suprema –gracia que se debería invocar con todas fuerzas- que en la Iglesia se llegara a realizar pronto el deseo del Concilio de Trento: “Que todos los cristianos –católicos- comulguen en cada Misa que oyen” –y nosotros agregamos, que lo hagan con amor, fe, piedad y devoción-, de tal manera que quien pueda participar cada día en más Misas, pueda hacer también más Comuniones espirituales, además de las sacramentales[5].

          Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Un día al cielo iré y la contemplaré”.




[1] Cfr. Stefano María Manelli, Jesús, Amor Eucarístico, Testimonios de Autores Católicos Escogidos, Madrid 2006, 88.
[2] Cfr. Manelli, ibidem, 88.
[3] Cfr. Manelli, ibidem, 88.
[4] Cfr. Manelli, ibidem, 89.
[5] Cfr. Manelli, ibidem, 89.

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