jueves, 18 de febrero de 2016

Hora Santa y rezo del Rosario en reparación a los ultrajes a la Madre de Dios en Pamplona


Procesión blasfema en Pamplona, febrero de 2016.

         Inicio: ofrecemos esta Hora Santa en reparación por los ultrajes cometidos contra la Madre de Dios –y, en consecuencia, también contra su Hijo, Cristo Dios- en su advocación de “Nuestra Señora de los Dolores” o “Nuestra Señora de la soledad” en Pamplona, España, en el mes de febrero de 2016, según lo consignan los siguientes sitios digitales: http://infovaticana.com/blog/cigona/nueva-profanacion-y-provocacion-en-pamplona/; http://elirrintzi.blogspot.com.es/2016/02/una-nueva-profanacion-nuevo-desagraqvio.html; https://www.youtube.com/watch?v=o3ILvPRuPAg
La lamentable profanación consistió en una blasfema parodia de los tradicionales “pasos” -procesión de imágenes sagradas portadas por sus respectivas cofradías- por las calles de Pamplona, en donde la Madre de Dios fue ultrajada al llevarse en procesión una imagen que remedaba en todo a la Nuestra Señora de los Dolores, pero que en vez del rostro de la Virgen, la imagen tenía el rostro del Demonio. Deseamos que Nuestra Señora de los Dolores socorra a estos pobres infelices, cuando se encuentren cara a cara con aquél a quien sirven, el Demonio, al tiempo que le pedimos que interceda ante su Hijo Jesús por la conversión de quienes cometieron tan lamentable acto –también pedimos por nuestra conversión y la de nuestros seres queridos-. Es entonces en reparación por este ultraje sufrido contra la Madre de Dios que ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Rosario meditado.

Canto inicial: “Cristianos, venid, cristianos, llegad”.

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

 Inicio del rezo del Santo Rosario (misterios a elección). Primer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Santa María, Virgen Pura e Inmaculada, Llena de gracia, concebida sin mancha del pecado original e inhabitada desde tu Concepción Purísima por el Espíritu Santo, tú eres la Madre de Dios por privilegio divino, pero también eres Nuestra Madre celestial porque nos engendraste en tu Inmaculado Corazón en la cima del Monte Calvario, el Viernes Santo, como pedido de tu Hijo, el Hijo de Dios, Cristo Jesús. Al nombrarte como Nuestra Madre celestial, Jesús nos entregaba lo más preciado para Él en esta vida terrena, su Madre amantísima y es por eso que nosotros, tus hijos, nacidos al pie de la cruz, queremos decirte que te honramos, te veneramos, te ensalzamos, por el doble prodigio concedido a ti por la Trinidad, el ser Virgen y Madre de Dios al mismo tiempo y es en nuestra condición de hijos de tu Inmaculado Corazón que pedimos perdón y reparamos por los ultrajes cometidos contra ti, al tiempo que imploramos que intercedas ante tu Hijo para que otorgue a los profanadores de tu imagen y del Santísimo Nombre de Jesús, la gracia de la contrición perfecta del corazón. ¡Oh María Santísima, Virgen Santa y Pura, te pedimos que no les tengas en cuenta, a nuestros hermanos, sus ultrajes y sacrilegios y que intercedas para obtener de tu Hijo la gracia de la conversión! Amén.

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías y Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

María Santísima fue concebida Inmaculada y Llena de gracia porque estaba destinada a ser, por la Encarnación y Nacimiento del Verbo de Dios, la Madre de Dios Hijo. Su seno purísimo fue la cuna, más preciosa que el oro, en donde el Verbo de Dios Encarnado se alojó durante nueve meses al tomar la forma de un embrión humano, recibiendo de María Santísima todos los nutrientes necesarios para el correcto desarrollo de su naturaleza humana, unida a la divinidad. Pero antes de concebir en su seno purísimo, la Virgen ya había concebido a la Palabra de Dios en su mente y en su corazón: en su mente, porque creyó a la Palabra de Dios que se le revelaba por medio del Arcángel Gabriel; en su corazón, porque amó a la Palabra de Dios más que a cualquier otra cosa en la vida. Así, la Virgen es nuestro modelo para recibir a la Palabra de Dios encarnada y glorificada en la Eucaristía: con la mente unida estrechamente a la Verdad de Dios Encarnada, Jesucristo, que prolonga su Encarnación en la Eucaristía, rechazando toda duda acerca de esta verdad de Fe y rechazando también los errores acerca de la Presencia real, verdadera y substancial de Jesús en la Eucaristía. La Virgen es nuestro modelo para recibir en el corazón a Jesús Eucaristía, porque Ella amó a su Hijo, que era Dios, y todo lo que amó fuera de su Hijo, lo amó por Él, para Él y en Él: así también nosotros, no debemos amar a nada ni a nadie que no sea Jesús Eucaristía, y si amamos algo fuera de Jesús Eucaristía, lo debemos amar en la Eucaristía, por la Eucaristía y para la Eucaristía. ¡Oh María Santísima, Virgen Santa y Pura, te pedimos que no les tengas en cuenta, a nuestros hermanos, sus ultrajes y sacrilegios y que intercedas para obtener de tu Hijo la gracia de la conversión! Amén.

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías y Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Una vez nacido el Niño, María Santísima llevó a su Hijo al templo para presentarlo ante el Señor tal como prescribía la ley, el consagrar a Dios a los primogénitos (cfr. Lc 2, 22-40). Este episodio del Evangelio nos revela el porqué de la advocación de María Santísima como “Nuestra Señora de la Candelaria”: ingresando en el templo con su Hijo recién nacido en brazos, es como cuando alguien ingresa en una habitación a oscuras con una candela encendida, porque el Hijo que lleva María Santísima no es un niño más entre tantos, sino el Hijo de Dios; es Dios Hijo que, en cuanto Dios, es Luz, puesto que la naturaleza divina es luminosa e irradia la luz de la gloria divina, una luz más brillante que cientos de miles de soles juntos, una luz que es vida y vida eterna, porque es la luz misma del Ser divino trinitario. El Niño que lleva María entre sus brazos es la “Luz del mundo” (cfr. Jn 8, 12), es la Candela celestial que alumbra a todo hombre que nace en este mundo, un mundo inmerso en las “tinieblas y sombras de muerte” (cfr. Lc 1, 68-79). Ingresando al templo con su Hijo en brazos, la Virgen se convierte en “Nuestra Señora de la Candelaria”, porque es la portadora de la luz eterna de Dios, que a través suyo se esparce sobre los hombres. Entonces, allí donde va María, va la luz de Cristo; va Cristo, que es Luz divina y porque es Luz divina disipa las tinieblas del pecado, del error, de la ignorancia, y sobre todo disipa y dispersa a las tinieblas vivientes, los ángeles caídos, los tenebrosos y siniestros “espíritus de las alturas” (cfr. Ef 6, 12). Cuando un alma rechaza a María Santísima –como sucede con quienes ultrajan su nombre- rechaza la Luz Eterna, Cristo Dios, que Ella porta para el mundo y se queda a oscuras, inmerso en las tinieblas, apartado del Salvador por propia voluntad: ofender a María es ofender a su Hijo Dios; honrar a María, es honrar a su Hijo, Cristo Dios. ¡Oh María Santísima, Virgen Santa y Pura, te pedimos que no les tengas en cuenta, a nuestros hermanos, sus ultrajes y sacrilegios y que intercedas para obtener de tu Hijo la gracia de la conversión! Amén.

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías y Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

San José -esposo meramente legal de la Virgen, varón casto y puro-, recibió en sueños el aviso por parte del ángel de que el rey Herodes “buscaba al niño para matarlo” y que por lo tanto debía la Sagrada Familia huir a Egipto (cfr. Lc 2, 13ss). Obedeciendo a la Voluntad de Dios transmitida por el Ángel, la Virgen Santísima tomó al Niño entre sus brazos, emprendiendo con San José un largo y peligroso camino para poner a salvo a su Hijo de las intenciones homicidas del rey Herodes, instrumento del Maligno: “La mujer huyó al desierto con el Niño, para ponerlo a salvo del Dragón” (cfr. Ap 12, 1-6). “El Dragón Grande Rojo, la serpiente antigua” (Ap 12, 9) es el que “persigue a la Mujer” (cfr. v.13), que es la Madre de Dios con su Hijo, Jesucristo -pero también es la Iglesia de Cristo y los bautizados-, y “hace la guerra” (cfr. v. 17) contra los hijos de Dios, descendientes de la Mujer. Pero la Virgen no solo cuidó con inefable amor maternal a su Hijo durante la Huida a Egipto, sino a lo largo de toda su vida terrena, desde el momento mismo de la Encarnación, y luego cuidó de Él durante toda su vida oculta, su niñez y juventud, y cuidó también de Él cuando llegó el tiempo de su predicación pública, pero muy especialmente acompañó la Virgen a su Hijo en la Pasión y en el Via Crucis. Fue aquí en el Calvario, cuando su Hijo fue crucificado, que Nuestra Señora de los Dolores permaneció de pie, junto a la cruz de Jesús, quedándose a su lado y cuidándolo con todo amor todo el tiempo que duró su dolorosísima agonía, hasta su Muerte preciosísima. También con nosotros, sus hijos adoptivos -nacidos al pie de la cruz y engendrados por el Divino Amor en el Inmaculado Corazón de María-, la Virgen se comporta como Madre amorosísima, protegiéndonos y cuidándonos en todo momento, nutriendo nuestras almas con el Pan de Vida eterna, su Hijo Jesús en la Eucaristía, cubriéndonos con su manto celestial, cobijándonos entre sus brazos y, sobre todo, ayudándonos a llevar nuestra cruz de cada día, para que en esta vida caminemos siempre detrás de Jesús, que va con la cruz a cuestas por el camino del Calvario, para que tomando parte en sus sufrimientos en esta vida, seamos luego dignos de participar de su gloria en la eternidad, en el Reino de los cielos. ¡Oh María Santísima, Virgen Santa y Pura, te pedimos que no les tengas en cuenta, a nuestros hermanos, sus ultrajes y sacrilegios y que intercedas para obtener de tu Hijo la gracia de la conversión! Amén.

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías y Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

En las Bodas de Caná, Jesús realiza su primer milagro público, con el cual “manifiesta su gloria”, iniciando así su predicación de la Buena Noticia (cfr. Jn 2, 17). El prodigio realizado por Nuestro Señor fue en favor de unos esposos que “se habían quedado sin vino”: convirtió el agua de las tinajas de piedra en “vino de exquisita calidad”, para alegría y dicha de los esposos y gracias a este milagro, estos pudieron celebrar dignamente su amor esponsal. Pero en las Bodas de Caná no sólo se manifestó públicamente Nuestro Señor como Dios, Dueño y Señor de la Creación: las Bodas fueron también el episodio del Evangelio en el que la Madre de Dios se manifestó públicamente como Omnipotencia Suplicante, porque fue la primera intercesión pública de María Santísima ante la Santísima Trinidad. Pero si los esposos de Caná tuvieron la dicha de que su boda no fuera ensombrecida por la falta de vino, eso se debió a Jesús, que hizo el milagro con su divino poder –al convertir el agua en vino, prefiguraba así el milagro de la Misa, en el que el vino se convierte en su Sangre-, pero también se debió a María Santísima, que fue la que intercedió y suplicó a su Hijo, para que hiciera un milagro que no estaba dispuesto a hacer –“¿A ti y a Mí, qué, mujer?”-; intercedió ante Dios Padre, que tampoco quería hacer el milagro porque “aún no había llegado su Hora”; intercedió ante Dios Espíritu Santo para que revelara, de modo anticipado, el Amor de Dios hacia los esposos y hacia la humanidad toda. Que nuestros corazones, vacíos y duros, como las tinajas de Caná, por intercesión de María Santísima, queden vacíos de amores mundanos, se llenen luego de la gracia santificante y, por último, queden colmados con la Sangre del Cordero de Dios. ¡Oh María Santísima, Virgen Santa y Pura, te pedimos que no les tengas en cuenta, a nuestros hermanos, sus ultrajes y sacrilegios y que intercedas para obtener de tu Hijo la gracia de la conversión! Amén.

Silencio para meditar.

Padre Nuestro, Diez Ave Marías y Gloria.

Meditación final.

Nuestra Señora de los Dolores, la Virgen Santísima, que estuvo al pie de la cruz de Jesús, ofreciendo su Hijo al Padre por nuestra salvación, está también al pie del altar eucarístico, renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio de la Cruz, renovando Ella su ofrecimiento, junto al sacerdote ministerial, a Jesús Eucaristía, para que nosotros, que vivimos en el siglo XXI, seamos capaces de alcanzar los frutos de la Redención, obtenidos al precio altísimo de la Sangre del Cordero. La Virgen también está al pie del sagrario, adorando a su Hijo Jesús en la Eucaristía, reparando por quienes lo ofenden, creyendo por quienes no creen, esperando por quienes no esperan, amando por quienes no lo aman, adorando por quienes no adoran y así la Virgen se convierte en nuestro modelo inigualable para creer, amar, esperar y adorar a su Hijo en la Cruz, en la Santa Misa y en la Adoración Eucarística.

Un Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria, pidiendo por los santos Padres Benedicto y Francisco, por las Almas del Purgatorio y para ganar las indulgencias del Santo Rosario.

Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Los cielos, la tierra”.



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