jueves, 31 de marzo de 2011

Hora Santa para Niños y Adolescentes para Cuaresma



Entramos respetuosamente en el Oratorio. Jesús está en la Hostia, escondido, y desde allí me ve, me oye, y lee todos mis pensamientos. Sabe qué pienso, qué quiero, qué voy a decir, qué voy a hacer. Jesús es Dios, y está en la Eucaristía por amor a mí. Nos arrodillamos ante Su Presencia, con el deseo de adorarlo y amarlo cada vez más. Nos persignamos y hacemos la señal de la cruz: “Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén”.
Estamos en Cuaresma, y nos acordamos de los cuarenta días que Jesús estuvo en el desierto, sin comer nada, y rezando a Dios Padre. También nosotros vamos a rezar junto con Jesús, y vamos a hacer ayuno, sobre todo de las obras malas. La Cuaresma es tiempo de ayuno y de oración, y es el tiempo de cambiar el corazón, para que el corazón se vuelva cada vez más parecido al Corazón de Jesús, manso y humilde.
-INICIO: Canto de entrada: Oh Víctima Inmolada.
-Oración de NACER: “Dios mío, Yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni Te aman” (Tres veces).
-Oración para comenzar la adoración: “Querido Jesús Eucaristía, venimos a visitarte en tu Oratorio, para decirte que te queremos mucho. Queremos estar junto a Ti, porque estar contigo es más lindo que estar en el cielo. Ahora que comenzamos la Cuaresma, venimos a decirte que queremos preparar nuestro corazón por el ayuno y la oración, para recibir tu gracia y así cambiar el corazón. Te prometemos el ayuno, sobre todo de las obras malas: queremos portarnos bien, ser buenos con todos, especialmente con los papás, los hermanos y los seres queridos. Te prometemos que no vamos a pelear con nadie, y que vamos a pedir perdón si hemos faltado el respeto a alguien, y vamos a perdonar a quien nos haya ofendido. Queremos, en esta Cuaresma, rechazar todo mal pensamiento, todo mal deseo, toda mirada mala, y tener los mismos pensamientos que tenías Vos cuando estabas en el desierto.
-Silencio de tres minutos. En este momento de oración en silencio, aprovechamos para hablarle a Jesús no con los labios, sino con el corazón. Le podemos decir que lo queremos mucho, y que queremos estar en el cielo con Él para siempre.
-Canto eucarístico. Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar.
-Oración intermedia: “Querido Jesús Eucaristía, Tú eres un horno ardiente de caridad. Nuestros corazones son como carbones, negros, secos, duros. Te pedimos que tomes nuestros corazones y los introduzcas en ese horno ardiente de Amor que es Tu Corazón, para que ellostambién se incendien en el fuego del Espíritu Santo. Sé bueno con nosotros, danos un poquito de Tu Amor, y así nosotros podremos ser cada día más buenos. Te damos gracias porque pasaste cuarenta días en el desierto rezando por nosotros, aguantando el calor del sol durante el día, y el frío de hielo por las noches. Te damos gracias, Jesús, porque estás en la Eucaristía por amor a nosotros. Te damos gracias porque Tú eres un mar infinito de Amor eterno, y todo ese amor nos lo das en la cruz y en la Eucaristía”.
-Silencio de tres minutos. Rezamos con el corazón, en silencio. Le pedimos por nuestros seres queridos, y también por aquellos a los que no queremos tanto. Que todos conozcan y amen a Jesús Eucaristía.
-Oración de despedida: “Querido Jesús, en este rato de oración, nos pareció estar en algo más lindo que el cielo, porque estuvimos en Tu Corazón. Volvemos al mundo, que es muy oscuro cuando Tú no lo alumbras. Ilumina nuestros corazones, para que nosotros podamos iluminar a nuestros padres, a nuestros hermanos, y a todo el mundo, con la luz de Tu Amor.
-Oración de NACER: “Dios mío, yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman” (tres veces).
-Oración final: “Querido Jesús Eucaristía. Ya es hora de retirarnos. Debemos regresar a nuestros hogares y a nuestra tarea cotidiana. Nos vamos, y nos despedimos de Ti, pero aunque nos vayamos con el cuerpo, dejamos nuestros corazones a los pies de Tu altar, para que estén siempre delante de ti. Tú dijiste en el Evangelio que donde estuviera nuestro tesoro, allí estaría nuestro corazón. Nuestro tesoro eres Tú en la Eucaristía, y por eso los dejamos a tus pies. No dejes que nunca nos apartemos de Ti”.
-Canto de despedida. Canción de los pastorcitos de Fátima.

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